Diccionario cinematográfico (175)

Boda (1ª parte): ceremonia en la cual dos personas se unen. Fiesta después del acto de unión. La boda es un acto social que puede ser público o privado, íntimo. La boda por tanto es un momento cinematográfico. Que puede causar alegria o pena.

Está la boda simbólica y secreta que sella un amor. Maria y Tony en el fondo de una tienda con maniquíes por invitados se casan para siempre. Así ocurre en West Side Story.

Está la boda como ceremonia social que presenta la trama y a todos los personajes de una historia. Y ahí tenemos la preparación y boda en el maravilloso principio de El cazador. Como maravilloso principio es la celebración de la boda de Connie en El padrino.

Alrededor de la boda gira El hombre tranquilo. O cuatro ceremonias tenemos ni más ni menos para contar una historia de amor, de encuentro y desencuentro y vuelta al encuentro, en Cuatro bodas y un funeral.

Y hay bodas que nunca llegan a celebrarse como la de la pobre Jane Eyre con su querido Rochester. Porque es cuando van a juntar sus destinos cuando se descubre el terrible secreto del caballero que intenta ser feliz. Y ese secreto impide la boda.

O como la de Elaine… Que justo cuando va a casarse viene Benjamin, El Graduado, y delante de todos huyen de la iglesia. Y se suben a un autobús donde les espera un futuro incierto… Ella, por supuesto, vestida de blanco.

… Hay ceremonias donde se casa el mejor amigo… y novias que se dan a la fuga. Hay bodas en las que se casa la persona a la que más amamos… con otro o con otra. La boda de mi mejor amigo, Novia a la fuga, Love actually…

Hay bodas unidas a la melancolía. Como esa novia vestida de blanco con la depresión como amiga… y que en medio de una celebración nota cómo hay un planeta que se acerca irremediablemente a la tierra… Melancolía.

Y otras que traen el drama. Como la de Después de la boda…, después de la celebración vienen los secretos de familia.

Hay bodas que nunca debieron celebrarse y que convierten a las novias en mujeres que viven para la venganza. Así pasa en La novia vestía de negro. Un novio cae abatido por las balas… y una novia desesperada ve a los culpables. Como también decide vengarse La Novia en Kill Bill, una asesina a sueldo que no puede celebrar su día… porque los de su banda tratan de matarla. Y eso es lo que creen, que la han matado. Pero La Novia despierta del coma… con ganas de venganza.

Hay bodas de melodrama como la que ve Stella Dallas, una madre sacrificada. Y lo ve desde una ventana. Bajo la lluvia. Empapándose. Y detrás de esa ventana quien se está casando es la hija a la que ha renunciado… para que pueda ser feliz. Y casarse con un chico de buena familia…

Sí, la boda es cinematográfica.

To be continued…

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Foto de familia

Te regalo una fotografía.

De familia.

… Y ya han pasado cuarenta años.

Sonny Corleone.

Vito Corleone.

Michael Corleone.

Fredo Corleone.

… Y ya han pasado cuarenta años.

Ninguno queda con vida.

A Sonny le mataron a balazos.

Vito murió de viejo… mientras jugaba con su nieto.

Michael murió de viejo en soledad absoluta. Sentado en una silla.

Fredo… en una barca. De un disparo. Sabía lo que iba a pasar.

Antes se despidió de su sobrino.

Pero cuando tomaron esta fotografía.

No sabían que iba a ser de ellos.

Sonny no sabía que su temperamento y amor loco por su familia le llevarían a caer en una trampa. (Y como te he amado y te sigo amando estos cuarenta años… a pesar de que te fuiste el primero).

Vito no sabía que los tiempos estaban cambiando y que querían otras familias quitarle el poder y el trono. No sabía que pronto el invencible iba a sufrir un atentado que minaría su posición y su salud.

Michael, el más rebelde, el que más se quería alejarse de la influencia de la familia, no se sabía tan vinculado a su padre y hermanos. No sabía que el deseo de venganza y poder iba a regir su vida.

Fredo que creía que siempre iba a ser protegido por los suyos, no esperaba que un error no iba a ser perdonado por el hermano poderoso. Él, el mayor, pero el más débil… no sabía que su sentencia de muerte la firmaría aquel quien le quería.

Los cuatro miran el objetivo.

Nos miran.

…Y ya han pasado cuarenta años…

Y siguen muy presentes.

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Judith Anderson

Gran dama de los escenarios visitó en contadas ocasiones la pantalla blanca pero en ambos mundos mostró su versatilidad. Con un rostro peculiar y extraño representó personajes femeninos complejos. No solía pasar desapercibida. Aunque la mayoría de sus papeles fueron secundarios, con los directores adecuados brilló con luz propia. En el cine le llegó la popularidad en su papel más recordado, la señora Danvers, en Rebeca, 1940. Su personaje eclipsa el universo de Manderley. Hitchcock, en su primera aventura americana, hizo que sus apariciones fueran similares a las de un fantasma y Anderson ofreció su lado más siniestro. La actriz construyó un personaje eterno.

Cuatro años más tarde volvió con un personaje secundario en película mítica. Esta vez en Laura de Otto Preminger. Ahí se muestra magnífica en papel de tía de la protagonista y a la vez amante del prometido de su sobrina (genial Vicent Price). Anderson resulta magnífica y compleja en su papel ambiguo de mujer que oculta información, que guarda las apariencias, que esconde un doble rostro…, y capaz de todo por ser mujer enamorada. Así Judith Anderson y Vicent Price forman una de las parejas de ficción más singulares.

Continúa realizando trabajos con directores como René Clair (Diez negritos), Jean Renoir (Diario de una camarera) o el guionista Ben Hecht (El espectro de la rosa)… hasta que vuelve a estar siniestra en la magnífica El extraño amor de Martha Ivers, 1946. Judith Anderson se transmuta en mujer amargada, poderosa, rica y castrante que será el detonante del conflicto que nublará la vida de los tres protagonistas en su más tierna infancia (luego de adultos tendrán los rostros de Barbara Stanwyck, Van Heflin y Kirk Douglas). Y un año más tarde será madre coraje y fuerte que oculta terrible pasado en olvidado y onírico  western de aires shakesperianos, Pursued.

Anderson continua paseando su rostro en películas de culto como La casa roja, 1947, o a reivindicar como Las Furias, 1950, o en grandes superproducciones como Los diez mandamientos de DeMille en 1956. Sorprende a todos en 1958 con su papel en La gata en el tejado de zinc donde se mimetiza en personaje sureño de Tennessee Williams. Alcanza una personalidad dramática extrema como mujer apocada, doblegada y desgraciada, esposa de un marido déspota.

A partir de las siguientes décadas sus papeles cinematográficos se irán espaciando cada vez más… y podemos perseguir su pista hasta 1984 que aparece en una de las películas de la saga de Stark Trek. No abandonó los escenarios teatrales y también se pudo contar con su presencia en la pequeña pantalla.

Judith Anderson sin embargo alcanza un puesto destacado en esos rostros representados en la sala oscura. Su señora Danvers siempre estará en el recuerdo… y se convierte en puerta abierta para descubrir a una actriz en otros registros mostrando su versatilidad en la construcción de personajes dramáticos.

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Los hombres de Deborah Kerr

… Reconozco que siento especial predilección por Deborah Kerr, una actriz de filmografía abundante y con muy buenos títulos. Y en esta sección de dúos compruebo que Kerr tuvo varias parejas cinematográficas con las que protagonizó historias de distintos matices. Normalmente el amor estaba de por medio. Algunas eran historias felices y otras trágicas. Kerr iba de unos brazos a otros protagonizando escenas que se quedan en la retina. Kerr no sólo aportaba a sus personajes matices, carisma y elegancia sino que facilitaba una química especial con sus compañeros de reparto que hacía ganar puntos a sus enamoramientos cinematográficos. Así primero fue la mujer de los aventureros, después la mujer desencantada pero capaz de enamorarse y apasionarse. Alcanzó el estatus de heroína de un cine romántico al borde del melodrama o también se mimetizaba en la mujer exquisita y divertida… Kerr y sus muchos rostros.

Curiosamente Kerr tuvo una química muy especial con tres de los actores ‘más duros’ y eróticos del panorama cinematográfico de los años cincuenta. Absolutamente inolvidable y natural junto a Robert Mitchum, Burt Lancaster y Yul Brynner.

Pero también llegó a la cumbre del cine romántico junto a Cary Grant, el hombre elegante y rey de la comedia (y el suspense). O estuvo magnífica como mujer del aventurero Stewart Granger. Y entre la tragedia, el terror y la comedia trabajó varias veces junto al eficaz y carismático David Niven.

Con Robert Mitchum. Y aunque pasen los años…

Con Mitchum, el duro y desencantado por experiencia protagonizó tres películas… y cuando ya eran mayores ambos volvieron a reunirlos en un telefilm. Y desde que se encontraron en pantalla su química fue evidente. Las películas que protagonizaron juntos quizá no son las mejores de sus filmografías pero sin embargo sí que ambos desprenden una naturalidad especial que hace que sintamos no sólo que están enamorados sino que se quieren de verdad o que son cómplices en cuanto están juntos…

Primero los juntó John Huston en Sólo Dios lo sabe, 1957. Ella, una monja. Él, un soldado. Y ambos solos en una isla del Pacífico en plena Segunda Guerra Mundial y con los japoneses pululando… Una historia de amor imposible… Después en Página en blanco, 1960, una fallida pero elegante comedia, siguen dando rienda suelta a su química en una historia a cuatro bandas. Donde una aristócrata venida a menos (de nuevo Deborah) casada con otro aristócrata venido a menos Cary Grant sienten cómo su vida se ‘vuelve’ a revolucionar con la presencia de un americano multimillonario (sólo Mitchum podía hacerla ser infiel) que seduce a Kerr y una dama alocada con cara de Simmons que también quiere conquistar a Grant. Hasta que llegamos a una especie de narración crepuscular de una familia errante donde la Kerr busca asentarse y Mitchum seguir con su caminar. Se trata de Tres vidas errantes, 1960. En 1985 volverían a protagonizar una historia de amor de dos personas en la recta final de sus vidas pero esta vez para televisión… y la química continuaba intacta, Reunion at Fairborough.

Con Burt Lancaster. El dulce encanto del adulterio…

La heroína romántica Deborah Kerr, la dama elegante, protagonizó el escándalo en los años cincuenta junto a Burt Lancaster. Ella se convirtió en Karen, esposa de un alto cargo militar, un capitán. Karen es la esposa adúltera que se va a los brazos de un hermoso Burt Lancaster, un sargento. Su tórrida escena en la playa con beso apasionado es un hito. Pero inocente comparado con el triste y desencantado amor que protagonizan en 1969 en Los temerarios del aire. De nuevo, Kerr es esposa adúltera y desencantada que trata de aferrarse a otra oportunidad de amar. Entre medias compartieron pantalla pero no amor de ficción en un maravilloso melodrama coral, Mesas separadas, 1958.

Con Yul Brynner. Colisión de culturas…

La elegante dama colisiona con la fuerza bruta. Así ocurrió las dos veces que unieron sus destinos en ficción. Kerr protagonizó un maravilloso musical con uno de los papeles más recordados del divino calvo (que también lo llevó a los escenarios), Yul Brynner. Se trata de El rey y yo, 1956. Un amor tan sólo sugerido pero que deja miradas y erotismos. Y mucha química.

Después unieron de nuevo sus químicas para ser protagonistas de una tragedia. Ahí está la olvidada Rojo atardecer, 1959, donde un oficial soviético se siente atraído por una mujer británica en una Hungría revuelta en 1956.

Con Stewart Granger. De aventura en aventura…

… pero Deborah Kerr también fue damisela de los sueños de espectadores que disfrutaban con las aventuras protagonizadas por el galán Stewart Granger a principios de los cincuenta. Populares películas de aventuras nunca olvidadas donde la dama delicada Kerr enamora al héroe. Así se convierten en pareja inolvidable en Las minas del rey Salomón, 1950… donde viven una exótica aventura en el continente africano. Y también están presentes en película de capa y espada, El prisionero de Zenda, 1952. Ahí vuelven a enamorarse y a hacer soñar…También ambos estuvieron juntos en película histórica con una Jean Simmons (señora esposa de Granger) en el papel principal, La reina virgen, 1953… a ella le corresponde ser reina de la función y vivir trágicos amores con Granger.

Con David Niven. Del amor trágico al terror…

Y con otro actor británico protagonizó dos amores trágicos, alguna que otra escena cómica… y una de terror de culto (que no he visto) donde aparece por primera vez la malograda Sharon Tate. David Niven el actor carismático del bigote eterno. Niven se movía entre la comedia y la tragedia. Entre el romanticismo trágico y la elegancia. Con la Kerr fue hombre trágico pero extremadamente emocionante en Mesas separadas, donde son dos corazones solitarios que a pesar de sus trágicas existencias logran encontrarse. Película coral y reivindicable. Del mismo año 1958 es Buenos días, tristezas donde un play boy, con ganas de asentarse, y su joven hija (Jean Seberg) crearán una tela de araña y un triste destino a una historia de amor condenada donde la principal víctima será la mujer amada (y aparentemente más fuerte), Deborah Kerr. Años después, a finales de los sesenta, comparten escena delirante y divertida en la paródica Casino Royale y se convierten en extraño matrimonio de película de terror de culto, Ojo del diablo.

Con Cary Grant. Siempre quedará el Empare State Building…

Trabajaron tres veces juntos pero alcanzaron la gloria del cine romántico con sólo una de ellas. Se unieron en una película que nunca he visto con título premonitorio La mujer soñada en 1953. Se convirtieron en leyenda en el remake de Tú y yo borrando a Charles Boyer e Irene Dunne del recuerdo (magníficos también en la película de los años treinta). Leo McCarey director de ambas logra el recuerdo eterno con su remake. Así se enamoran en un viaje en barco pero ambos están comprometidos… sin embargo quedan en el State Empire Building en un plazo de seis meses… si es que siguen sintiendo lo mismo. Así quedaron Kerr y Grant para el recuerdo como pareja romántica eterna… Y siguieron mostrando su química juntos en la elegante pero a la vez fallida Página en blanco donde son el matrimonio aristócrata que vuelve a sentir sensaciones y revoluciones cuando su unión peligra por las posibles infidelidades de ambos.

Después de estas palabras… no saben la cantidad de películas que me apetece volver a ver.

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La invención de Hugo (Hugo Cabret, 2011) de Martin Scorsese

A mi padre… no me acostumbro a tu ausencia

… dice mi hermana amada que La invención de Hugo es como un testamento de Scorsese… para decirnos a todos que ama el cine. Que al cine lo necesita como el aire que respira. Quiere dejar una herencia. Unas palabras. Un amor inusitado al arte que ha practicado. Y para ello adapta un libro infantil ilustrado de Brian Selznick y lo convierte en imágenes. Y en su propio discurso.

Y Scorsese muestra y juega. Crea e imagina. Y emplea como un ilusionista, como el primigenio Méliès, una técnica cinematográfica a la que exprime todo su jugo, el 3D. Todo es cine, puro cine. Y al servicio de contarnos una historia… o una confesión. Su propio amor al séptimo arte.

Nos regala un cuento donde el cine es protagonista total y absoluto. No falta el homenaje, la sala de cine, el proyector, las imágenes en la pantalla blanca, el rodaje, el estudio, el entusiasmo creador, los actores, las actrices, el director, los espectadores-cinéfilos, el triunfo, el fracaso, el olvido, el renacimiento…, el arte de mirar, el cine como centro de vida, el cine como arte al que cuidar, analizar, estudiar, rescatar. El cine sobre el que escribir.

Y todo este enorme testamento nos lo regala como si fuera un sencillo cuento sobre dos niños que se encuentran y buscan aventura. Sobre el padre ausente. Sobre el abuelo gruñón que esconde un pasado hermoso, que le duele, porque cree que hay olvido. Y no es cierto. Sobre una tienda de juguetes… Sobre cartas, dibujos, mecanismos que arreglar…

… Nos regala unos escenarios de lo más cinematográficos. París. Los relojes. Sus mecanismos. Las calles nevadas. La estación de tren. El tren… y los propios habitantes de la estación.

Todo lleno de elementos cinematográficos. El bibliotecario misterioso. El amor no sólo al cine. También a los libros. El encanto del ilusionismo. La llave secreta. El maravilloso autómata… que esconde un secreto. El vigilante malvado de corazón de oro. El perro fiero pero tierno. La florista sensible, los abuelos enamorados…

Todo encaja. Todo funciona. Y Scorsese nos envuelve con una mirada mágica, llena de ilusión y de pasión por contar…

Porque de eso trata el cine. De contar. Como los libros. De contarnos mil y una historias… Del arte de narrar. Y de cómo ese poder da sentido a nuestras vidas.

Porque como imagina Hugo todos formamos parte de una enorme maquinaria. Todos somos piezas con un sentido. Y todos tenemos una función.

Narrar, contar… cinematográficamente es una de esas funciones. Y disfrutar, escuchar y mirar lo narrado es otra.

Y Scorsese, con mirada inocente, nos grita su función. Trasmitirnos la magia del cine. Su amor por él.

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Intocable (Intouchables, 2011) de Olivier Nakache, Eric Toledano

Phillip y Driss son dos intocables por distintos motivos. Phillip es un multimillonario tetrapléjico que se encierra en su torre de marfil con todos sus dolores, recuerdos y su dependencia total. Driss es un inmigrante senegalés que acaba de salir de la cárcel y vive en un barrio de la periferia. No tiene muchas oportunidades laborales y su familia ya se encuentra al límite. Dos seres opuestos que se unen. Eso es lo que ofrece Intocable. Ni más ni menos.

Intocable está inspirada en un hecho real. Phillip es el millonario Philippe Pozzo di Borgo y Driss, su cuidador argelino, Abdel Selloun. Pozzo di Borgo escribió dos textos (publicados por Anagrama en único libro que se titula igual que la película) que explicaban sus recuerdos, sensaciones, sentimientos y memorias y daba forma a esa relación especial que estableció con Abdel. Los directores y guionistas (desconozco sus anteriores trabajos pero se decantan normalmente por la comedia) Olivier Nakache y Eric Toledano conocieron su historia a través de un documental… y la transforman en una historia de encuentro y amistad. Sacuden los aspectos más duros y se quedan con la esperanza de lo que se puede llegar a construir en una relación entre dos hombres que se acercan.

Así Intocable se mece en el ámbito de la tragicomedia, más comedia que tragedia, y en el terreno de las amistades opuestas que juntas logran una unidad especial. Ni más ni menos.

Y si Intocable funciona es gracias a la interpretación y a la química que se establece entre los dos actores protagonistas (François Cluzet y Omar Sy). Que convierten las situaciones que viven juntos en creíbles. Las humanizan y las llenan de verdad. Te crees esa relación. La vives con ellos. La sientes. Sientes cómo empatizan y cómo se convierten en amigos.Y cómo ambos disfrutan de su mutua compañía.

Intocable no es una gran película. Ni una obra maestra. Ni hace avanzar la historia del cine. Su esquema lo hemos visto mil veces repetido… Pero su pareja protagonista es creíble y provoca la sonrisa y la risa. Y en momentos emociona. Me quedo con las miradas y la contención de Phillip, me quedo con la risa contagiosa y la vitalidad de Driss. Me gustaría conocer algo más de algunos personajes secundarios que forman parte del servicio del millonario que se convierten en entrañables (me sobran algunas tramas secundarias como la de la hija de Phillip que si desapareciera de los fotogramas no pasaría absolutamente nada).

Intocable, a través del humor, deja pinceladas de temas intensos. Y entendemos por qué Phillip se siente a gusto con Driss y viceversa. Ninguno de los dos tiene nada que perder. Ninguno de los dos siente compasión o piedad el uno por el otro. Ni uno está por encima ni el otro por debajo. Se tratan como iguales, como intocables. Se tratan desde la horizontalidad. Desde lo positivo. Desde lo que pueden dar. Driss encuentra un trabajo y un acceso a un mundo que le enriquece, Phillip tiene frente a frente a alguien que le trata con naturalidad a pesar de su discapacidad y que se interesa por él como persona. Y ambos mundos logran fundirse.

Y la vitalidad que logra transmitir la película me llena bastante más que las encorsetadas Paseando a Miss Daisy o El discurso del Rey (películas que forman parte de una frase promocional que acompaña el cartel de Intocable). Conectas más con la pareja protagonista y su relación que, por ejemplo, en El solista (interesante pero fallido trabajo de Joe Wright) o en El secreto de Joe Gould (de nuevo interesante pero fallido trabajo de Stanley Tucci) y no alcanza, sin embargo, la belleza y la sensibilidad dramática de esa joya, también basada en hechos reales (y donde también su protagonista plasmó sus sensaciones en un libro), La escafandra y la mariposa.

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Dos tristes y melancólicas historias de amor…

One day (One day, 2011) de Lone Scherfig

¿Qué ocurriría sin contáramos nuestra vida teniendo como referencia un único día al año? ¿Qué descubriríamos? ¿Se sabría algo de nosotros? Según la directora danesa Lone Scherfig (en su aventura cinematográfica americana) y el escritor y también guionista David Nicholls (One day es una adaptación de su novela con el mismo título), sí.

Así vemos lo que ocurre todos los 15 de julio en la vida de Emma (Anne Hathaway) y Dexter (Jim Sturgess) desde el año 1988 hasta la actualidad. Y lo que se construye es la historia de dos seres humanos con sus virtudes, sus carencias, sus sueños y fracasos, sus frustraciones… que están ‘condenados’ a entenderse desde la primera noche que pasaron juntos. Así surgen encuentros y desencuentros, acercamientos y alejamientos… pero sin nunca romperse la conexión que les une.

Así Scherfig y Nicholls crean una elegante historia de amor, con ecos a Tú y yo (sólo al final entendemos la elección del día, como sólo al final de Tú y yo entendemos porque la protagonista no acude a su cita en el Empire State Building) o Cuando Harry encontró a Sally (¿amigos o enamorados o ambas cosas?) o Antes de amanecer/Después del atardecer (las conversaciones entre los protagonistas construyen sus caracteres y la historia), con la mezcla de la tragicomedia (que es el género de la vida, risas y lágrimas), para finalmente deleitarnos con una melancólica y triste historia de amor.

Y éste es el terreno en el que la directora danesa se mueve desde su Italiano para principiantes. Historias humanas, entre la risa y la tragedia, que cuentan las dificultades de las relaciones personales y el amor. Y es la huella de cada una de sus creaciones: Wilbur se quiere suicidar, An education… y One day.

Nunca me abandones (Never let me go, 2010) de Mark Romanek

… un relato cinematográfico de ciencia ficción que no abandona nunca una sensación de alejamiento y extrañamiento que conduce a la tristeza y la melancolía ante la vida ‘determinada’ (¿acaso no lo estamos todos?) de los jóvenes protagonistas. Nunca me abandones adapta la novela del mismo título de Kazuo Ishiguro… y te deja en un estado de reflexión y tristeza profundo. El para mí desconocido Mark Romanek (su trabajo más conocido era Retratos de una obsesión) presenta una película de colores fríos y ambiente elegante con una banda sonora que se instala en la memoria.

La narradora es una de las protagonistas y todo es desde su visión melancólica y creativa. Es la historia de un triángulo que empieza en un colegio de elite entre tres niños que luego serán adultos con un destino ‘diseñado’. No hay lugar para la rebelión o la huida ante la revelación temprana de su función en la tierra (una profesora decide hablarles francamente). No cuentan con las herramientas para hacerlo. No las han aprendido. Y en ese ‘mundo artificial y aislado’ que les han creado, y conociendo su destino, sólo les queda ser humanos. Con defectos y virtudes. Y sobre todo amarse… sobre todas las cosas. Aunque su destino fatal sea grito y desgarro.

Así Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley te rompen con su desvalimiento y sufrimiento pero también con su capacidad de amar. De atrapar la vida que desconocen. La que no les dejan experimentar. Y su capacidad para la esperanza…

Como resultado queda una película para la reflexión (y el debate científico que no puedo desvelar para aquellos que no hayan visto la película y no hayan leído el libro como era mi caso) con una melancólica historia de amor a tres bandas. Un historia de destinos tristes y solitarios donde ni el amor puede conducir a la salvación…

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El escritor (The ghost writer, 2010) de Roman Polanski

Lo reconozco más que la historia me atrajo la atmósfera, la inquietud que me despertaba, los ambientes, las sensaciones… todo envuelto en la música hipnotizante de Alexandre Desplant. Polanski me hipnotiza con su manera de contar y su potencial visual. Polanski da vida a los espacios y a los objetos. Espacios y objetos poblados y tocados por seres humanos que aparecen y desaparecen, seres humanos distantes, casi fantasmas. Seres extraños. Eso es lo que convierte a El escritor en una película estimulante.

El escritor es más que un thriller, es una especie de estado de extrañeza. Un estado de extrañeza que acompaña durante toda la película al protagonista, ese escritor contratado para terminar de dar forma a la biografía de un ex ministro británico, que además no está en su momento de popularidad más álgido sino que le rodea la polémica y el escándalo político. Ese escritor contratado porque su antecesor murió en circunstancias extrañas y no pudo terminar su obra…

Así el escritor llega a un espacio, a un ambiente que no es el suyo, plagado de apariciones extrañas, de personajes extraños, plagado de incertidumbres y misterios que trata de descifrar. Y cada vez se va metiendo en un laberinto más complejo que parece no tener salida.

Y ese manuscrito inconcluso. Esa obra no terminada cobra vida. Esas hojas mecanografiadas que acompañan todo el periplo del escritor que investiga a su pesar… Esas hojas mil veces leídas, subrayadas y tachadas… Ese manuscrito se convierte en otro personaje apasionante. Como la casa del ex ministro y su equipo. Como el ferri misterioso. Como la playa desolada…, todo cobra vida. Más vida que los personajes fantasmales y extraños que pululan por la historia.

De pronto nos damos cuenta de que a pesar del estado de hipnosis en el que vivimos, ese estado que también vive el propio escritor, vamos despertando y construyendo ese puzzle extraño que nos permite dar un sentido a lo que estamos viendo… con una última escena demoledora y poética con miles y cientos de páginas volando…

… Dentro de esa atmósfera donde pululan esos seres humanos distantes, extraños, que aparecen y desaparecen como fantasmas pero que van construyendo un thriller inquietante (aunque no nos demos cuenta y nos quedemos perplejos ante la llegada del final del camino… digo de la historia), vemos los rostros e interpretaciones de una interesante galería de actores que dejan su firma. Desde Ewan McGregor, el escritor, hasta un ex ministro con rostro de Pierce Brosnan que nunca llegamos a saber cuál es su cara o su máscara, pasando por una inquietante y misteriosa esposa con los rasgos de Olivia Williams o una eficiente y distante secretaria que cuenta con la presencia de Kim Canttrall. Y luego un retahíla de rostros que van dejando su huella como el veteranísimo Eli Wallach o Tom Wilkinson…

El escritor no me llamó la atención por su historia me atrajo su ambiente, su atmósfera… la inquietud que se instaló en mi mirada durante todo el metraje.

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Veredicto final (The verdict, 1982) de Sidney Lumet

Una escena sirve para que Frank Galvin cambie su percepción sobre un caso. Para que se dé cuenta de que es el caso. Galvin es un abogado alcohólico y desencantado que dejó su idealismo en el camino…, ahora sólo tiene un caso que le ha conseguido su amigo y socio, el único que sigue creyendo en él (aunque cada vez está más cansado…). Y resulta que es el caso para alcanzar la redención. Para volver a creer en su trabajo o mejor dicho que su trabajo merece la pena. El caso que le hará sentirse de nuevo persona.

En un hospital gestionado por la Iglesia una muchacha embarazada por un fallo en la anestesia queda para siempre en estado vegetativo. Sus familiares, una hermana y su marido, quieren una indemnización por negligencia. Lo que parece un caso que se solucionará llegando a un acuerdo entre las partes y no llegar a juicio… —y donde sólo será una transacción económica para todos y donde a nadie le importa la víctima (‘porque ya no se puede hacer nada’)… los familiares ya no pueden cuidarla, tienen que ir a otra ciudad a buscarse la vida. El abogado sólo quiere sacarse algo de dinero. La Iglesia no quiere un escándalo y el hospital (y los dos doctores inculpados) tampoco además quieren continuar con su prestigio intacto—, será el caso.

Galvin en un principio se lo toma como un mero trámite. Como una manera de ganar algo de dinero. Se comporta desde hace tiempo como un muerto en vida. Un picapleitos que va a los entierros para buscar posibles clientes. Que pasa su tiempo en las barras de los bares y juega a las máquinas… Pero cuando va un día a la sala del hospital donde se encuentra la víctima… para hacer unas fotografías…, entonces por primera vez la mira. Y los espectadores también la vemos en esas instantáneas polaroid que nos van ‘revelando’ la tragedia de ese ser humano. Y esa mujer se convierte en una persona a la que le han arrebatado la vida. Una mujer que ha sufrido una injusticia. Y es absolutamente vulnerable y desvalida, y esta sola como él, su abogado. Y entonces se convierte en la apuesta personal de Galvin. En el caso.

De nuevo Lumet ofrece película para pensar. Con más claros que sombras. Porque crea buenos personajes. Porque narra bien cinematográficamente. Porque toca temas candentes y espinosos y crea reflexiones. Porque crea claros y oscuros. Porque deja escenas enteras para la evocación. Por un guion de frases potentes realizado por un dramaturgo bueno en diálogos incisivos, David Mamet. Y por unos intérpretes que desarrollan sus personajes con calidad y mucho oficio… y los convierten en reales.

Así es una película que no sólo está bien contada (quizá su único punto débil —pero por su desarrollo—, aunque tiene importancia en la trama, es la historia de amor sin redención posible… pero con escenas bien logradas, como ese teléfono que no deja de sonar) sino muy bien interpretada.

Paul Newman crea el antihéroe atormentado, el hombre que no levanta cabeza pero que encuentra una razón para seguir luchando, para enfrentarse a la desesperanza… aunque sigue siendo vulnerable a lo largo de toda la película. No sabemos nunca si va a conseguir la redención. Es un David débil contra un Goliat sin compasión alguna. Y ese Goliat lo representa un James Mason (gigante y magistral) con todos sus jóvenes abogados capaces de todos los métodos posibles para conseguir ganar un caso, cualquier caso. James Mason, ‘el príncipe de las tinieblas’ y su bufete de jóvenes cachorros, representa a la Iglesia, a su hospital y a los dos doctores inculpados. Paul Newman sólo cuenta con su buen amigo ya cansado, un genial Jack Warden, y una misteriosa y desencantada mujer (con sorpresa incluida) con el rostro de una triste y bella Charlotte Rampling. Lumet y Mamet cuidan también cada uno de los personajes secundarios que en sus breves apariciones van dando un arañazo o zarpazo más a la historia.

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Diccionario cinematográfico (174)

Gemelos, desdoblamientos y parecidos: últimamente he visto una película en la que aparecen unas gemelas. Así que he empezado a recordar dónde había visto más dobles en el cine. A veces son hermanos… y otras el celuloide se deja llevar por esa teoría por la cual todos tenemos nuestro doble repartido por el mundo. O también la ciencia ficción y el relato fantástico nos relatan otras maneras de crear ‘un doble’. O simplemente la existencia de personas milagrosamente parecidas que un día se encuentran…

… la película mencionada en el primer párrafo: A través del espejo de Robert Siodmak. El director articula un thriller policiaco y psicológico a través de dos gemelas (con el rostro de Olivia de Havilland) que son las principales sospechosas de un asesinato. Ambas se protegen, se cubren, y establecen —desde su más tierna infancia— una enfermiza relación de dependencia. Aquí surge un tema tratado en otras ocasiones el gemelo bueno y el gemelo malo.

De la interesante temática ‘todos tenemos un doble por el mundo’ (y si ya nos vamos a los distintos tiempos y reencarnaciones… es otro cantar u otro post) me vienen a la cabeza varios ejemplos:

La maravillosa e hipnótica La doble vida de Verónica de Kieslowski donde Irene Jacob se desdobla en una mujer polaca y otra francesa ambas amantes de la música y con una enfermedad de corazón.

Una comedia que perdurará por los siglos de los siglos, El gran dictador donde paralelamente vemos la historia de un barbero judío muy parecido al dictador del momento (de un país imaginario Tomania pero todo muy parecido a Alemania y Hitler). Los dos tienen la cara de Charlie Chaplin… y uno por supervivencia y necesidad terminará suplantando al otro. Como ocurre en una comedia española de los años 80, Espérame en el cielo donde a un hombre sencillo se le ‘robará su vida’ por su extraordinario parecido al dictador Franco.

Y el maestro Hitchcock nos engaña con la teoría del doble en Vértigo donde un hombre eternamente enamorado de una muerta trata de crearla de nuevo a través de otra mujer de gran parecido… pero el maestro del suspense sabe de giros y sorpresas. Madeleine y Judy tienen el rostro de Kim Novak.

Hay otra modalidad que es cómo un mismo personaje normalmente por un problema de salud mental se desdobla en dos… y el horror que causa el descubrimiento. El ejemplo más cercano ha sido una Natalie Portman que se transmuta en Cisne blanco o Cisne negro según le dé a su frágil mente. Pero también Scorsese lo hizo en Shutter Island o nadie olvida El club de la lucha.

Nos encontramos con los dobles ‘creados’. Ya desde el cine mudo se juega a ello en la mítica Metrópolis de Lang donde la dulce heroína María tiene que lidiar con su doble ‘creada’. O en la película de culto La invasión de los ladrones de cuerpos de Siegel… y las misteriosas vainas que ‘suplantan’ a seres humanos…

Los gemelos cuentan historias de celuloide. Cronenberg también se dejó seducir por los gemelos en la inquietante Inseparables donde también jugaba a la oposición de personalidades. Los gemelos tenían el rostro de Jeremy Irons.

Después en el mundo infantil han existido gemelas como las encarnadas por el rostro de Hayley Mills en Tú a Boston y yo a California. O esas gemelas españolas, las hermanas Bayona o Pili y Mili.

También hace poco Spielberg en su personal adaptación de Tintín rescata a los hermanos gemelos y detectives Hernández y Fernández… pareja desternillante y entrañable.

El terror también se ha surtido de gemelos. ¿Alguien olvida a las inquietantes niñas gemelas que habitan el hotel de El resplandor? O Mulligan, que sabe reflejar mundos infantiles… se deja arrastrar por el terror y lo oscuro en la historia de dos hermanos gemelos en El otro.

… Dos + dos…

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