Uno de los momentos más desatados de La noche deseada.

Las últimas películas de Otto Preminger fueron cada vez más denostadas por crítica y público. El “ogro” fue poco a poco abandonado por Hollywood hasta tal punto que su última película El factor humano no la rodó allí, contó con poco presupuesto y tuvo que ser prácticamente financiada por él. La última obra en la que manejó todavía un gran presupuesto y un reparto estelar fue un melodrama desatado, La noche deseada. Eligió para ello un tema provocativo y polémico, como era de esperar en él. Estaba a punto de nacer el nuevo cine americano, que también suponía un cambio generacional (de hecho, Preminger descubrió a Faye Dunaway, que triunfaría ese mismo año en Bonnie and Clyde); el sistema de estudios estaba en un periodo de decadencia y el código de censura contra el que había luchado durante años llegaba a su fin.

Como punto de partida para la película, un best seller, Hurry Sundown, de K.B. Gilden (el pseudónimo que empleaba el matrimonio Katya y Bert para escribir sus novelas). La noche deseada, en plena época del movimiento por los derechos civiles, recrea un melodrama sureño, donde se apuesta por una relación interracial entre dos granjeros, uno blanco y otro negro, para combatir contra los todopoderosos que quieren arrebatarles sus granjas para especular con los terrenos, además con su actitud colaborativa levantan más los odios en la sociedad en la que viven.

Otto Preminger y su equipo no tuvieron un rodaje fácil, y los actores negros no fueron bien recibidos en los lugares de filmación (Louisiana, en pleno sur de EEUU) y tuvieron numerosos problemas. Se tuvieron que enfrentar con el mismísimo Ku Klux Klan. Pero Preminger llevaba años luchando por la igualdad y los derechos en la industria de los actores negros, ya había rodado anteriormente dos películas musicales solo con reparto negro: Carmen Jones (1954) y Porgy y Bess (1959).

Así La noche deseada es un melodrama desatado e imperfecto que, no obstante, logra enganchar en sus más de dos horas de duración, con momentos arrebatadores, de catarsis, y otros tan kitsch que no pueden olvidarse. Curiosamente los héroes de la función, los dos granjeros (un soso John Phillip Law y un correcto, pero plano, Robert Hooks), son los personajes menos atractivos de la función. Son mucho más interesantes sus parejas femeninas (Faye Dunaway y Diahann Carroll), pues tienen más matices. Pero los que se llevan la palma son los blancos malos malísimos, que llegan prácticamente a la caricatura. Ahí están maravillosos Michael Caine, Jane Fonda, Burgess Meredith y George Kennedy.

El matrimonio sureño formado por Caine y Fonda tienen un momento sexual excepcional y kitsch difícil del olvidar: con un saxofón como protagonista. ¡Esa secuencia no hay que perdérsela! Y Burgess Meredith en su papel de juez racista, al borde de la caricatura, está deslumbrante. La noche deseada tiene todos los ingredientes de una película poscódigo de censura: sexualidad, violencia, sordidez, complejas relaciones familiares, juicio tenso y escándalo. No falta de nada, y el drama desatado estalla en todo momento. Las principales víctimas serán los niños. Por una parte, el hijo enfermo del matrimonio malvado (Jane Fonda más bien es arrastrada por la atracción sexual que siente por Michael Caine, que la nubla la mente) y, por otra, el hijo mayor del granjero blanco, que siente admiración por el personaje de Caine (que es el primo malvado del granjero blanco, que representa al hombre íntegro), mucho más divertido y carismático que su recto padre.

Aunque el tratamiento de los temas es demasiado hosco, quedan apuntados asuntos interesantes (como el amargo personaje de Rose Scott, la madre del granjero negro, cuando es consciente de que toda la vida ha sido una esclava, y que ella ha fomentado esa situación) y logra transmitir una atmósfera enrarecida, enferma y de odio que se transforma en un estallido de violencia con consecuencias trágicas, pero también catárticas. De hecho, se nota la pluma de Horton Foote, que ya había tratado temas similares en Matar un ruiseñor y La jauría humana.

La noche deseada es un melodrama desatado que merece una revisión urgente, pues tiene momentos de una gran fuerza visual, envueltos con notas de jazz y espirituales negros.

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