Sergio, un peculiar agente topo…

¿Se imaginan a un hombre encantador y bueno de 83 años como agente topo en una residencia de ancianos? ¿No les parece una ficción con mil y una posibilidades? Pues es pura vida, pura realidad. Rescato de nuevo una frase del documentalista John Grierson: “El documental no es más que el tratamiento creativo de la realidad”, para centrarme en la mirada personal de la realizadora chilena Maite Alberdi y su última obra, El agente topo. Y es que Alberdi desarrolla a través de una premisa que resulta divertida e ingeniosa, una dura reflexión sobre la soledad en las residencias. Ella misma explica en sus intervenciones en diferentes entrevistas o encuentros cómo fue la personalidad del agente topo, Sergio, quien empujó el documental por otros derroteros diferentes.

Alberdi tiene una sensibilidad muy especial para acercarse a los temas que le interesan. Para el montaje del material grabado emplea distintos recursos del lenguaje cinematográfico, y lo usa como si hubiese filmado una ficción. La joven directora refleja temas muy serios, pero sabe siempre impregnar sus cintas de un humor que sirve de catalizador para desarrollar asuntos dolorosos. Otro aspecto que me fascina de sus documentales es el tratamiento del color. Sí, el mundo de Maite Alberdi registra una variedad abundante de colores que pintan una realidad oscura. No hay lugar para el gris. En espacios donde no hay sitio para la belleza, Alberdi encuentra una paleta de tonos increíbles. Así de esta contradicción, unos colores vivos y bien combinados y unos hechos deprimentes, surge un discurso visual potente. Y su baza más importante, la directora quiere a las personas que filma, su cámara se enamora de ellas, y la identificación con sus universos particulares es inmediata.

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