Robert Redford

Icono cinematográfico que empezó a ascender en los años sesenta y aún sigue su reinado porque ha diversificado. Actor que en sus primeros tiempos le caracterizaba su sonrisa profident y melena rubia supo moverse en el mundo del celuloide porque sin duda lo amaba. Así se fue creando una imagen: un héroe romántico que ha ido evolucionando todas estas décadas. Después, como ya hemos contado alguna vez en este blog, se puso detrás de la cámara como director con películas muy interesantes (ahora espero con ganas su último trabajo, La conspiración), también se encuentra al frente de una iniciativa de cine independiente, el festival de Sundance… El rubio mostró que era más que un bello rostro y mucho más que un galán. Durante estas décadas se ha mostrado como rubio reflexivo, con ideas claras, abogando por el ecologismo, el pacifismo y otras ideas que le colocan el corazón a la izquierda. Y así su héroe romántico se iba revistiendo de progresismo. Fue rostro imprescindible durante tres décadas y aún sigue presente. Además ha sabido crearse relaciones profesionales interesantes como convertirse en el actor fetiche del director, ya fallecido, Sydney Pollack o ser pareja con química del también desaparecido Paul Newman. Es un fenómeno cinematográfico similar a un Clint Eastwood que comenzó su carrera en los cincuenta y aún no la ha terminado…

Sus prometedores comienzos en los años sesenta le presentaban ya como galán romántico con final desgraciado (su romanticismo le lleva casi siempre a la muerte) en películas que analizaban y criticaban algún aspecto de la sociedad norteamericana. También alcanzó cierto éxito como galán cómico y complemento de una fogosa y divertida Jane Fonda (una de sus parejas cinematográficas con química) en un género que apenas ha visitado, la comedia. Así vemos su sonrisa pero también su héroe atormentado en la impactante La jauría humana. Le vemos protagonizando trágica historia de amor con aires de Tennessee Williams en la interesante (que no redonda) Propiedad condenada donde comienza su idilio como actor fetiche de un joven director del momento, Pollack. Y logra hacernos reír en Descalzos en el parque… que muestra que la vieja comedia nunca muere. Culmina los sesenta con western nostálgico y con compañero de aventuras con una química chispeante: Dos hombres y un destino. Paul Newman es el personaje encantador, Redford el rudo con buen fondo, ambos entrañables.

La década de los setenta construye su perfil de hombre romántico con corazón a la izquierda. Así, de nuevo junto a Pollack, protagoniza película ecologista de héroe romántico, libre y solitario, Las aventuras de Jeremias Johnson. O muestra los peligros de la política y el poder con la impactante El candidato. Vuelve con Newman a reconstruir una película nostálgica pero además tremendamente divertida e ingeniosa, El golpe. Y su héroe romántico con historia de amor triste o final desgraciado sigue construyéndose bien en la interesante (por su mensaje político y su reflejo de la caza de brujas… no desarrollado del todo pero latente en todo el metraje) Tal como eramos, de nuevo con Pollack. O me conmueve en la elegante y fría adaptación de El gran Gatsby (qué novela, dios, qué novela). Como no, se convierte en el mejor héroe de thriller político o puro cine documental sobre investigación periodística y consigue tenernos en vilo, actor al servicio de una buena historia tanto en Los tres días del cóndor como en Todos los hombres del presidente. Termina la década con héroe romántico, mensaje ecologista, película nostálgica, cowboy rebelde anclado en unos ideales y por supuesto hombre enamorado en El jinete eléctrico. De nuevo con Pollack y con Jane Fonda como paternaire.

Continúa carrera fulgurante en los ochenta. No sólo sigue mostrando las fallas de la sociedad norteamericana en Brubaker (esta vez la crítica se dirige al sistema penitenciario) o a la filosofía del american way life con El mejor sino que construye el mito definitivo de su héroe romántico por excelenia con final trágico. Y de nuevo de la mano de Pollack. Robert Redford da vida al cazador Denys Finch Hatton. Así quedan para la posteridad imágenes románticas con Karen Blixen (Meryl Streep) imposibles ya de borrar del imaginario colectivo. El vuelo en avioneta, el baile, cómo escucha al oír los cuentos de la amada, cómo la lava el pelo… y sobre todo el amor libre e incondicional sin ataduras ni posesivos y por supuesto ese halo de final fatal y trágico. Hablo claro está de Memorias de África.

Cada vez diversifica más sus actividades en el mundo del séptimo arte y va espaciando sus apariciones cinematográficas. Pero en los noventa sigue recordándonos que ahí está. Así vuelve a enseñar su romanticismo y sigue mostrándonos que está en activo, que su sonrisa continúa, que enamora a las damas, que las lleva al éxtasis y que puede llegar a desaparecer de manera trágica. Su héroe, hombre ya maduro, funciona. Así tras el resbalón de la Habana (que aún no he visto pero le daré pronto una oportunidad), dos éxitos taquilleros, la entretenida sin más Los fisgones y la ‘polémica’, Una proposición indecente, pongo las comillas porque vale es por dinero el sexo con el millonario con cara de Redford pero creo que hubiera sido más efectiva la propuesta con un rostro más siniestro, con alguien ‘más desagradable’. Este Gatsby envejecido que quiere devolver una cara oculta se nos queda en un galán maduro y atractivo e incluso con mucho encanto… La Moore tiene que hacer esfuerzos para no enamorarse y mandar a paseo al pobre Harrelson.

Después Redford vuelve a cuidar su prototipo de héroe romántico libre y trágico con el corazón a la izquierda y comprometido con causas imposibles. Así de nuevo suspiramos con sus escenas en películas correctas y entretenidas como Íntimo y personal (qué bien le sienta ser periodista de causas perdidas) y El hombre que susurraba a los caballos (cómo le sienta ser hombre amante de la naturaleza…).

Y en el siglo veintiuno Robert Redford sigue alimentándonos de cine con conciencia delante y detrás de las cámaras. Nos deja en el asiento con el interesante thriller La sombra de un secuestro, nos deja pensar en su propuesta delante y detrás de la cámara de la incomprendida Leones por corderos… y le espero detrás de la cámara en el interesante drama histórico (eso espero) La conspiración.

Así sigo acudiendo a la sala tras su rastro… ese Gatsby eterno.

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