Momento inolvidable de Historias de Filadelfia (1940) de George Cukor

Desde el momento de la fiesta.

Cuando la diosa, la figura de bronce, Tracy Lord, quiere ser mujer de carne y hueso.

Porque como dice ella no quiere ser deseada, ni adorada, quiere ser mujer amada.

Y en esa fiesta rompe su perfección.

Con unas copitas de champán.

Se vuelve única, cuando pierde la formas.

Y entonces, borracha, medio dormida, mujer… se vuelve la amada pelirroja.

La mujer amada.

Y el escritor, periodista y poeta… la dice que irradia luz por cada poro.

Ambos se ríen de la luna.

Juntos se zambullen en una piscina.

Ella pierde el sentido… pero siempre será la mujer divertida.

Porque Tracy en la piscina logra romper la estatua de cobre.

Abrir su cuerpo de diosa.

Y ser por fin, la mujer amada.

La pelirroja.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Idilio de El Gordo y La Flaca de Ray Bradbury

Como sabéis, que alguna vez lo hemos comentado en algún que otro post, Ray Bradbury es un escritor estadounidense especializado en literatura de ciencia ficción, fantástica y terror. Sobre todo os sonará porque es el autor de Crónicas Marcianas y de la única obra que adaptó Truffaut para hacer su única película en Hollywood, Fahrenheit 451.

 

Mi hermana que habita en tierras mexicanas y sabe de mi amor hacia el cine y mi búsqueda de cosas curiosas, me regaló en su última visita un pequeño y precioso librito que contiene un cuento de Bradbury absolutamente delicioso Idilio de El Gordo y La Flaca. Sus personajes son un hombre y una mujer que se hacen llamar como los célebres cómicos, Stantaley y Ollie.

 

Es una maravillosa historia de amor, con tintes de cine mudo y comedia absurda e indudablemente tierna.

 

Algunas frases ya enamoran:

 

“—Yo —empezó a decir ella, con un brillo cada vez más intenso en la cara—… conozco el lugar, a menos de tres kilómetros de aquí, donde está la escalinata de 131 peldaños por la que el Gordo y el Flaco, en 1932, subieron y bajaron aquella caja con un piano adentro”.

 

(Añado que se refiere al cortometraje The music box de, efectivamente, 1932)

 

“Fueron a ver muchas películas, nuevas y viejas, pero principalmente las del Gordo y el Flaco. Se aprendieron de memoria las mejores escenas y las repetían a gritos cuando paseaban en auto por Los Ángeles. Ella dejó que su alma rebosara como una fuente y lo bañara a él, y era correspondida con el mismo gozo.

 

Durante aquel año subieron y bajaron la escalinata del piano por lo menos una vez al mes, y organizaron meriendas con champaña sobre los peldaños, en la parte media de esa cuesta, y así descubrieron algo increíble”.

 

Te deja un buen sabor de boca su lectura y confirma cómo el cine ha influido en el mundo de la literatura y viceversa. Y cómo es un mundo apasionante, el navegar por estas influencias, y disfrutar de momentos mágicos.

 

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.