Ausencias cinéfilas recientes…

1.- Ernest Borgnine. Desapareció un actor que nos recuerda la casta de intérpretes secundarios y de carácter. Actores secundarios que construyen personajes tan inolvidables que a veces logran ser más recordados que los propios protagonistas. Borgnine tuvo papel protagonista en contadas ocasiones y cuando lo logró fue igual de grande que en sus ‘recreaciones’ secundarias. En más ocasiones fue el antagonista. Ahora que se nos ha ido es buen momento para rescatar su filmografía… y tener ocasión de encontrárnoslo de nuevo. De aquí a la eternidad, Johnny Guitar, Marty, Doce del patíbulo, Grupo salvaje, La aventura del Poseidón… son sólo algunos de los títulos que llevan su rostro.

2.- Nora Ephron. También ha sido reciente la desaparición de la directora y guionista Ephron. Durante los noventa fue la ‘reina’ de la comedia romántica. A Ephron yo la recuerdo y recordaré con cariño.

Como guionista-estrella creó el esqueleto de una comedia romántica de 1989 que reavivó el género y le hizo avanzar. Cuando Harry encontró a Sally se ha convertido en un clásico.

Antes ya había mostrado su oficio en la construcción de historias en dos interesantes películas de los ochenta (con Meryl Streep de protagonista. La última película que dirigió Julie y Julia también contó con la presencia de la actriz). Silkwood, un drama con industria nuclear de fondo, y Se acabó el pastel, una disección irónica sobre el interior de un pareja con gotas autobiográficas.

Dirigió Algo para recordar que convirtió en fenómeno la química entre Meg Ryan y Tom Hanks y realizó su personal relectura de uno de los grandes clásicos de la comedia romántica, Tú y yo (del segundo remake de Leo McCarey con Grant y Kerr). Y de nuevo con ambos ‘revisitó’ la comedia romántica clásica, la maravillosa El bazar de las sorpresas, con Tienes un e-mail. Por cierto yo veneró los clásicos en los que se inspiró… si estas películas de Ephron logran que nuevos espectadores rescaten las películas originales… entonces podemos valorar de otra manera estas obras cinematográficas, como guardianas de memoria cinéfila.

3.- Andrew Sarris. Una de las profesiones más bonitas para la que esto escribe es ejercer la crítica cinematográfica. El crítico o la crítica de cine que analiza, disecciona y muestra formas de ‘mirar’ una obra cinematográfica. Recientemente se ha ido un crítico norteamericano, Andrew Sarris. Sarris nos ha dejado sus textos (hay la oportunidad de leer algunos en castellano en un libro reciente que estoy deseando adquirir La mirada americana. 50 años de ‘Film Comment’). Durante el ejercicio de su profesión fue un amante del cine europeo de autor y lo dio a conocer en EEUU. También tenía su particular mirada al cine americano. Andrew Sarris también fue famoso por sus batallas dialécticas y choques durante los años setenta con la crítica cinematográfica Pauline Kael.

4.- Anne Rutherford. En 1939 se estrena Lo que el viento se llevó. Durante años y décadas se han hecho incontables homenajes a uno de los más populares melodramas sureños cinematográficos. Y hasta hace poco en esos homenajes se podía contar con el rostro de Rutherford. Actriz que ha pasado a la eternidad por un papel mínimo: una de las dos hermanas de Scarlata O’Hara. Antes de salir en esta mítica película, Rutherford ya tenía cierta popularidad al convertirse en la novia de ficción de Mickey Rooney en la serie de películas sobre Andy Harvey. Anne Rutherford trató de no caer en olvidó y protagonizó roles secundarios durante la década de los cuarenta pero al no lograr prosprerar se retiró de las pantallas cinematográficas. Todavía queda entre los intérpretes de Lo que el viento se llevó la figura de Olivia de Havilland.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Películas a descubrir y lecturas placenteras de cine

1.- Me interesa mucho el periodo pre-code en Hollywood, es decir, todas aquellas películas que se rodaron durante el inicio del sonoro hasta la imposición del código Hays (o sin eufenismo alguno código de censura), de 1927 hasta 1934. Porque ahí está el germen de qué temas se hubieran tratado y cómo si no se hubiera impuesto el código que savalguardaba la moral de los americanos y de paso del mundo. Ahí tenemos a una maravillosa Barbara Stanwyck en Baby Face (1933) de Alfred E. Green. Hace poco pude ver alguna de sus imágenes al visionar un documental… y me dije tengo que verla. Por desgracia, que yo sepa, no ha sido aún editada por estos lares. La película parece ser que muestra la subida hacia al poder de una dama a través del uso y manejo de los hombres que pasan a su lado. Uno de los hombres será un jovencísimo John  Wayne.

2.- … sin embargo mi otro foco de interés sí que ha sido recientemente editado y me veo pronto intentando adquirir el dvd a buen precio. La película es Aviso de tormenta. El director, Stuart Heisler. Y uno de los guionistas Richard Brooks. El argumento: una chica va a ver a su hermana y se encuentra que está casada con un hombre violento y que además la localidad no es muy hospitalaria… sino más bien muy unida al Ku klux Klan. Una historia cercana al cine negro, oscuro. Pero lo que más me ha sorprendido ha sido su reparto (por inesperado): las dos hermanas tienen el rostro de Ginger Rogers y Doris Day. El bueno de la función es Ronald Reagan. Y el malote es un actor secundario que arrastró muchas historias de amor y escándalo con un final entre trágico y absurdo, Steve Cochran (protagonizó películas de gánteres como Al rojo vivo y otros roles como el amante de Virginia Mayo en Los mejores años de nuestras vidas, voló a Italia y rodó con Antonioni en El grito…). Cochran es uno de los personajes que pueblan la novela de Paul Auster, Sunset Park.

3.- … siguiendo con un Hollywood oscuro me fascinó la novela El día de la langosta de Nathanael West. Y ahí llevo tiempo tras su adaptación cinematográfica de la mano de John Schlesinger, Como plaga de langosta de 1975 con Donald Shutherland, Karen Black, Burgess Meredith, Geraldine Page… Pero creo que pronto voy a poder conseguir verla.

4.- Hace relativamente poco me compré en la Feria del libro antiguo dos obras de teatro que tienen que ver con el cine. La primera porque cuenta con una adaptación cinematográfica y la otra porque fue escrita por un actor.

La primera es Flor de cactus de Pierre Barrillet y Jean-Pierre Gredy. La obra teatral se lee con agrado y funciona. Es muy similar a su adaptación a la pantalla de cine (con toques en el guión de I. A. L Diamond sin Wilder pero con Gene Saks). Pero no podía evitarlo según leía me iba a esa película de 1969 que funciona porque el reparto es redondo. La sonrisa no desaparece del rostro. Y así pasaban por mis ojos Ingrid Bergman, Walter Mathau y Goldie Hawn.

La segunda es A mitad de camino que fue una obra escrita por Peter Ustinov que no sólo fue actor sino mil y una facetas relacionadas con el arte. La versión escrita que existe en estos lares la realizó Ana Diosdado. Me ha sorprendido, es una obra muy de los sesenta, pero que su lectura vale para hoy. Sobre las distintas generaciones, sus choques y un análisis de qué es verdaderamente la rebeldía o un acto rebelde o qué es realmente la libertad. Una comedia absurda con mucha racionalidad de por medio… Su protagonista el General termina atrapado ‘viviendo la vida’ en lo alto de un árbol. Sin embargo no lo puedo evitar siempre que pienso en Ustinov me viene a su cabeza su Nerón demente, con su lira, o su muerte como hombre pusilámine después de todo el dolor que ha causado (y aun así consigue que una mujer le ame).

5.- Ahora estoy con la lectura de dos libros (regalos maravillosos) que me están adentrando en las entrañas más cinéfilas. Uno es Imágenes de Ingmar Bergman donde paso a paso el director nos habla de la creación artística a través de su obra cinematográfica. Así el lector va dando un paseo por cada una de sus películas y cómo fueron creadas. Y también se adentra en la vida y en las reflexiones del director… porque Bergman une irremediablemente su vida con el cine.

El otro libro es una curiosidad maravillosa la novela inacabada de Luchino Visconti, Angelo. Son cuatro capítulos y se fecha el manuscrito en 1937 cuando el realizador se estaba empapando de realismo, con gotas de poesía, en Francia y cuando ya se estaba gestando su abrazo a los postulados del neorrealismo. De momento las páginas que he ido pasando demuestran su capacidad de observación, una mirada especial y una sensibilidad extrema.

6.- Y ya por último siguiendo por el terreno literario he adquirido por recomendación un libro de cuentos de Antonio Tabucchi (recientemente dejó de estar entre nosotros y se fue a crear a otras dimensiones desconocidas), Pequeños equívocos sin importancia porque su último cuento es una gozada y se llama Cine. Así Tabucchi nos lleva a través de sus páginas a una historia de amor que podemos reconstruir mirando a una gran pantalla imaginada porque es la historia de un reencuentro de dos actores. Tabucchi nos deja entrever como las vidas de cada uno son como películas que avanzan y como son protagonistas, estrellas de una existencia que los lleva a veces a la comedia, otras a la acción y la aventura o chocan con el melodrama (vamos, como la vida misma)… y logra atrapar. Me encantó. Pero además me estoy leyendo los otros cuentos del libro y me están entusiasmando… y siempre tiene alguna que otra referencia cinéfila.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El suicidio en el cine y otros asuntos: Le père de mes enfants y Profesor Lazhar

Una película que vino de Francia y apenas se estrenó en unos cuantos cines (pero ¡se estrenó!) y ahora hay oportunidad de poder verla en DVD. Otra que actualmente está en las salas de cine y que estuvo nominada a los Oscar a la mejor película de habla no inglesa y viene desde Canadá. La primera, buen cine sobre cine. La segunda, un cine que expone su mirada sobre un espacio determinado: el de la enseñanza, el de la educación (un padre mira al profesor Lazhar condescendiente y le dice: enseñe a mi hija, no la eduque). Y ambas además de otros asuntos se unen por un tema: el suicidio, cómo asumirlo y la huella del ausente. Y ambas películas contadas con una sensibilidad extrema que deja al desnudo un tema crudo y duro en Occidente: hablar, reflexionar y pensar sobre la muerte.

Le père de mes enfants (2009) de Mia Hansen-Løve

Grégoire Canvel es un hombre apasionado que trabaja en lo que ama: es productor de cine con su propia empresa, Moon films y además saca adelante proyectos de cine independiente en los que cree. Es un hombre con energía y encanto que saca adelante los proyectos en los que cree y cuida a todos. Además también es un hombre con una vida familiar feliz. Ama y es amado por su esposa italiana y tiene tres hijas que le adoran. Además cuenta con amigos. Pero su sueño, su productora está en quiebra. Los problemas económicos se le van acumulando, la dificultad para acabar sus películas es cada vez mayor… Hasta que sin que nadie sea consciente, porque no lo exterioriza, Grégoire Canvel se agota. Se siente atrapado en un laberinto sin retorno. Siente que su imagen de hombre responsable y que todo lo controla se cae en pedazos… y no puede con ello. Se agota. No pide ayuda a aquellos que le quieren. Y en la soledad más absoluta y de la manera más radical decide quitarse la vida. Así Mia nos enseña toda una primera parte delicada de un hombre con encanto que se quiebra…

Y una segunda parte estremecedora de cómo sus hijas, su esposa, los trabajadores de Moon films, sus amigos siguen viviendo después de su desaparición y cómo trata cada uno de asimilar el vacío que ha dejado Canvel. Afloran todo tipo de sentimientos pero en un estado de calma… como la quiebra del productor que amaba el cine. Todos van asumiendo como pueden la ausencia y tratan de, a pesar de las deudas y de las soledades, seguir adelante con lo que él amaba. Y seguimos conociendo a Canvel tras su ausencia y suicidio.

Durante toda la película estuve con una emoción contenida al borde de la lágrima. Porque sentía el abismo en el que se hallaba Canvel y te hace pensar en cómo reaccionamos ante la cadena de problemas que te depara la vida en un estado de bienestar (que además ahora nos hacen ver que se va derrumbando a marchas forzadas). Y te hace pensar que si en un estado de bienestar puedes llegar a la fractura total y absoluta de quitarte la vida (al cansancio y hundimiento radical), cómo será para el gran número de personas que cada día es una supervivencia continúa. Le père de mes enfants te habla también de que a pesar de que estés rodeado de familia, amigos… cada uno de nosotros terminamos estando totalmente solos (y en momento de crisis es cuando vivimos nuestro aislamiento)… y es triste cuando la hija adolescente, después de la muerte del padre, descubre ese sentimiento de soledad. Y asusta como la vida parece en calma pero en realidad siempre es un puro polvorín donde las buenas formas pueden terminar desapareciendo para surgir el instinto de sálvese quien pueda. Y hasta un encantador y seductor de serpientes puede terminar agotado frente a las responsabilidades que se van contrayendo… y ni su pasión le puede salvar.

Y Mia Hansen-Løve presenta todos estos temas duros con delicadeza y sutileza y con una puesta en escena elegante donde somos testigos de ciertos rituales con la figura del padre y nos los vuelve a repetir sin su presencia (la visita a la ermita). Y donde los estallidos de dolor son silenciosos. Con calma, mucha calma, como el disparo inesperado que hace que Canvel acabe con todas sus responsabilidades…

La directora se inspiró en la figura del productor francés Humbert Balsan que acabó con su vida en el año 2005. Ahora mismo en cartelera se encuentra otro largometraje de la joven directora Hansen-Løve, Primer amor.

Profesor Lazhar (2011) de Philippe Falardeau

Profesor Lazhar comienza de manera brutal e impactante para terminar siendo una mirada a la vida, a la cercanía y al encuentro. Pero también una llamada de atención a cuidar la escuela como un espacio para la vida, el conocimiento y todo lo mejor para los más pequeños. Un espacio para aprender también los asuntos fundamentales de la vida (a la que inevitablemente va unida la muerte), para poder expresar nuestros sentimientos de una manera natural y saber canalizarlos. Un espacio para el aprendizaje intelectual y de espíritu.

En un espacio educativo aparentemente idílico con niños de clase media alta, un niño de unos once años va corriendo a su aula para realizar el reparto de leche en los pupitres de sus compañeros. De pronto se encuentra con su joven maestra colgada de una viga.

Desde ese momento en el día a día en esa ‘escuela bonita’ se abre un abismo entre los niños, los padres y los maestros. ¿Qué llevó a la joven maestra hacia el suicidio? Cómo asumirlo. ¿Hay que indagar en el porqué? ¿Por qué eligió la clase de sus niños? ¿Es mejor no hablarlo claramente para que los niños no se traumaticen? ¿Es mejor que no expresen cómo se sintieron? ¿Es necesario tan sólo la intervención de una psicóloga? ¿Los maestros deben callar y ocultar? ¿Qué ha significado para ellos? ¿Cómo se está enseñando en la escuela? ¿Los maestros no pueden ‘tocar’ o regañar bajo ningún concepto al alumno? ¿El maestro no puede consolar, cuidar o advertir? ¿Dictar a Balzac o ir a una obra de teatro es un nivel de enseñanza demasiado alto?

En esta vorágine emocional llega el profesor Lazhar, un hombre bueno (no un héroe). Lazhar es argelino y sólo a nosotros los espectadores se nos dejará conocer su situación, lo que arrastra sobre sus hombros. Y, sin embargo, es un hombre afable que no pierde la sonrisa ni la calidez y que da un valor trascendental, respetuoso y sagrado al espacio escolar (aunque su metodología no sea la más moderna…), algo que parece aparentemente olvidado. Y Lazhar piensa que es adecuado transmitir el respeto hacia todo ser humano, hacia esos niños y tratar de entenderles. Lazhar trata de comprender a la maestra aunque no comparte la manera en que ha expresado su dolor ni el sitio donde ha decidido acabar con todo. Y piensa que se debe hablar de la muerte, de lo sucedido, y que los niños tienen que expresarse y sentir y hablar. Y que todo debe fluir. Y que hay que escuchar. Y que la escuela es para enseñar y educar… un espacio de vida que merece toda la dedicación y el respeto. Y Lazhar pone en evidencia que los maestros también deben plantearse asuntos, dejar cartas sobre la mesa, hablar sobre educación. Y deja también al descubierto la actitud de unos padres que piensan que sus hijos tienen todos los derechos y todas las razones del mundo y no se plantean que también tienen que aprender unos deberes y a vivir y comportarse en una sociedad de la que pronto formarán parte activa.

Philippe Falardeau, con una puesta en escena sencilla, en una película que priman los personajes sobre todo el profesor Lahzar y sus niños, reflexiona sobre la vida, la muerte, la enseñanza, la educación, la psicología, los padres, los maestros, los niños… Y nos deja la incógnita de la terrible decisión que toma una profesora dulce, sensible y joven (cómo podemos ver a través de una fotografía que tiene uno de los niños) que se quita la vida en un aula. Un grito trágico y silencioso… Con su acto revuelve y remueve muchas cosas que hay que mirar…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Palabras para Jafar Panahi

No te conocía.

Ni tu rostro.

Ni tus películas.

Sí, sabía que eras un director de cine iraní.

Sí, sabía de tu condena.

Seis años de prisión y veinte años de inhabilitación.

Veinte años sin poder escribir guiones ni realizar películas.

Sí, conocía cuando viviste un arrestro de 88 días, entre otras cosas, y sólo era la punta del iceberg de tu calvario.

Sólo por apoyar a otro gobierno.

Por el Movimiento Verde.

“Juro por el cine en el que creo, que no voy a cesar mi huelga de hambre hasta que se cumplan mis peticiones”.

Juro por el cine en el que creo…

Sí, conocía las muestras de apoyo de otros directores de cine… de todas partes del mundo.

… hasta que la semana pasada… entré en una sala de cine. Y te vi y te conocí.

Fue una buena recomendación.

Además también he podido disfrutar de tres tus películas.

Y entonces entendí ese Juro por el cine en el que creo…

En ese descubrimiento de ponerte rostro y además conocer tan sólo una mínima parte de tu obra he pasado el fin de semana…

¿Puede una película cambiar algo?

… a ti te han silenciado.

No quieren que mires.

Luego tu cine muestra, transforma, cambia…

Y fue un privilegio asistir a ESTO NO ES UNA PELÍCULA.

Donde te resistes a vivir sin mirar.

… tú eres una cámara a cuestas.

Un narrador cinematográfico.

Y es emocionante escucharte.

Y mirarte.

Notar cine puro.

Tu elaborado discurso cinematográfico.

Lecciones de puro cine.

Sentir y entender tu situación.

Sentir la situación de Irán… (a pesar de mi ignorancia… lo sentí).

Salí del cine… sintiendo tu resistencia, tus ansias de seguir siempre filmando, siempre.

Salí del cine… sintiendo tu pasión. Cómo me emocionastes cuando tratas de contar (de contarnos), con la mirada de Mojtaba Mirtahmasb sobre ti, ese guion ya elaborado. Lloré porque cuánto te duele llegar a una dura afirmación: por qué contárnoslo si no vas a poder firmarlo…

Pero me lo contaste.

Me llegó esa historia.

Y me alcanzó esa vitalidad por ser testigo.

… ese viaje emocionante en un ascensor, cámara en mano…

Y entonces me descubrí riendo y llorando en el salón de mi casa cuando en mi televisor empecé a ver OFFSIDE.

Cómo me emocioné.

En ese enorme estadio de fútbol…

Con ese grupo de chicas vestidas como hombres y viviendo con pasión.

Con ese grupo de soldados que tienen que custodiarlas… y cómo todos se encuentran metidos en un sistema absurdo.

En la camioneta, con ellos y con ellas, reía y lloraba a la vez.

Entre bengalas.

Y me estremecí con el grito silencioso y la resistencia de esas mujeres que viven encerradas en un círculo kafkiano que las convierte en supervivientes cotidianas.

EL CÍRCULO me atrapó con toda su crudeza.

… Y me angustié con ese principio brutal de SANGRE Y ORO… De un Hussein solitario que siente que todo se desmorona a su alrededor. Y el espectador se desmorona con él.

Apenas te conozco…

Y me angustia que no te dejen dedicarte en lo que crees. EL CINE. Con letras mayúsculas.

Sé que poco puedo hacer.

Sólo seguir pronunciando tu nombre.

Seguir viendo tus películas.

Conocer tu mirada.

Y tu resistencia.

Todo mi respeto… trataré de ser menos ignorante.

Para entenderte más.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Luces y sombras de Nunca Jamás

Qué interesante cuando al espectador le dan oportunidad de disfrutar de ciclos de cine originales y bien programados. Ciclos para abrir horizontes cinéfilos y también humanos. Para reflexionar. Y qué bueno que existan sitios donde se puedan llevar a cabo estas programaciones. Así ocurre durante tres meses en La Casa Encendida (abril, mayo y junio), con el ciclo Luces y sombras de Nunca Jamas, que además recupera de nuevo el concepto de programación doble (los que sobrepasamos los treinta y más recordamos la sesión continúa, los cine de estreno, de reestreno, los cine de repertorio…). En una sesión dos películas y dos películas que tienen una conexión-reflexión. Jordi Costa, comisario del ciclo, realiza todo un discurso lógico a través de las programaciones dobles del concepto de inmadurez.

Ayer fue la conferencia inaugural, Jordi Costa propone un juego, un puzzle de reflexiones, que conforman un discurso perfectamente armado. Una conferencia llena de referencias cinéfilas, visuales, literarias, de cómic, arte, ensayo, psicología, arquitectura, musicales…, una conferencia que pide la participación activa del cerebro de sus oyentes para terminar disfrutando de una exposición lógica donde hemos disfrutado a través de miles de relaciones de conceptos. Un viaje al útero materno, a la inmadurez como trinchera, y un viaje a través del cine como espacio reflexivo, como creador de discursos.

Así que ahí estaba Hildy con su cuadernito (ya sabéis que yo y las nuevas tecnologías… a pesar de mis intentos de modernizarme), su bolígrafo y sus oídos atentos a la caza de la reflexión propuesta en la conferencia Polimorfos perversos en las arquitecturas del placer: de Disnelandia a Neverland, ya el título ofrece un montón de lecturas-reflexiones o por lo menos una pregunta: ¿Qué me van a contar? ¿Qué voy a escuchar?

Asistimos a un viaje por espacios arquitectónicos donde se atrinchera el inmaduro (o inmadura pues también se habló de género). Donde resiste y se protege de los valores del mundo adulto. Una arquitectura del placer donde el inmaduro patológico se refugia en la habitación uterina. Así vamos desde la buhardilla donde se oculta el Harry Langdon de Mis primeros pantalones hasta la habitación de recreo en Vivir para gozar, en las screwball comedy, hasta la creación del parque temático uterino, Disneylandia, el paisaje de una infancia no vivida, amable e inocente, pasando y rozando las arquitecturas de Playboy donde sexo e inmadurez van de la mano o la habitación que muestra al niño exagerado y patológico de Pee Wee, hasta llegar a la culminación de Neverland, el espacio uterino y personal de Michael Jackson.

También podemos apuntar interesantes reflexiones como la que se forma alrededor de una lectura de la screwball comedy. Género maravilloso donde existe la complicidad entre el hombre y la mujer en la inmadurez, en el continuo juego. Donde la mujer es el agente activo que permite el camino hacia una inmadurez transgresora que lleva a caminos de libertad y reconocimiento de una identidad. Un camino donde el hombre y la mujer van de la mano. Irene Bullock y Godfrey, David Huxley y Susan Vance, Linda y Johnny, Oscar y Mildred, Charles y Jean… son maravillosamente inmaduros en Al servicio de las damas, La fiera de mi niña, Vivir para gozar, La comedia de la vida, Las tres noches de Eva… Y por tanto dejan puertas abiertas a situaciones y comportamientos ilógicos… alejados de lo serio y lo responsable y lo maduro… Así Jordi Costa afirma que siguen los coletazos de la screwball comedy crepuscular en dos ejemplos de cine contemporáneo donde lo crepuscular se confirma porque uno de los personajes deja de jugar o ya no puede jugar (o seguir su proceso de inmadurez). Así nos habla de cómo el conflicto de Kill Bill de Tarantino es que La Novia deja de jugar con Bill. O cómo al Fantástico señor Fox le impiden el juego y la inmadurez.

O ese inmaduro transgresor presente en El invisible Harvey donde James Stewart se convierte en el mago de los sueños, aquel ser humano capaz de completar un sueño de la comunidad, al servicio de lograr una comunidad más feliz e inocente. El protagonista con su gran conejo invisible Harvey como amigo transita en una película donde todos, en un principio, ven su comportamiento como locura. Hasta que van surgiendo cómplices como el propio psicólogo que lo trata. Y con él realiza una reflexión clave en la vida entre ser listo y ser agradable, amable. El protagonista elige ser agradable. Otro de los caminos posibles de la inmadurez (o de la creación de espacios uterinos, el espacio amable).

Otro viaje interesante al escuchar la conferencia inaugural fue el de las referencias culturales de todo tipo. Así nos enganchamos a la pasión de la generación del 27 hacia la figura de Harry Langdon o de la maravillosa aventura de la traducción de la novela Ferdydurke del escritor polaco Witold Gombrowicz. Nos adentramos en la teoría del psicoanálisis de Freud y su concepto del polimorfo perverso que nos lleva a una pintura de Dalí. Nos envolvemos en las pinturas de niños de ojos grandes de Margaret Keane o con los cuadros de Mark Ryden. Y desembocamos en el rey del Pop e imágenes de Moonwalker.

Este sólo es un pequeño esbozo de la riqueza de conceptos y simbolismos que conformaron la conferencia. Después disfruté de mi primera sesión doble donde el protagonista es un niño terrible y déspota que tiene aterrorizados a su familia y vecinos. Así primero se proyectó un capítulo de la mítica serie En los límites de la realidad dirigido por James Sheldon y después el fragmento de Joe Dante de la película colectiva En los límites de la realidad. Ambas proyecciones adaptan un relato de Jerome Bixby donde el protagonista es un niño tiránico y terrible…Y después los cortometrajes de animación de Sally Cruikshank (de la cual nunca había visto nada) donde recrea geniales arquitecturas de placer…

La programación de este ciclo puede encontrarse en La Casa Encendida

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

… tragedias de amor para superar noches de insomnio

Tengo cuatro películas unidas a noches de insomnio en las que me encontré frente a la pantalla con ellas. Recuerdo que las viví con intensidad. Ninguna de ellas es redonda al cien por cien… pero me resultaron (y me resultan) absolutamente auténticas. Todas las he ido consiguiendo en dvd y no me importa verlas una y otra vez en noches de insomnio. Y el resultado es el mismo, me quedo plácidamente enganchada. Las cuatro curiosamente son trágicas historias de amor. Y hay mucha química entre sus protagonistas.

Las vi en televisión, de madrugada, y las cuatro me marcaron de tal modo que no se me fueron del recuerdo. Luego poco a poco las he podido ir consiguiendo. Con mejor o peor calidad… porque no son películas de las que hayan hecho ediciones especiales. O se celebren sus aniversarios. Las han sacado pocas veces en dvd y no cuidando mucho el material del que están hechos los sueños. Y siguen pasando las dédacas… y me siguen acompañando en noches de insomnio.

Dos son puro años 70. Una es de 1976 y la otra de 1979. Años donde los héroes trágicos eran leyendas del rock and roll. Hombres y mujeres que cantan para multitudes, amados casi como dioses, pero seres atormentados. Que viven intensamente pero pagan por ello. Y también claro está aman. Uno tiene el rostro de Kriss Kristofferson que tiene frase genial. Cuando después de un concierto multitudinario en el que ha desvariado en exceso (entre drogas, alcohol y mucho, mucho hastío) se monta en su coche con chófer y decide que no se va a ir a dormir al hotel, el chófer le pregunta: ¿Adónde le llevo? Y él contesta: A hace diez años. Ya sólo por esa frase merece la pena seguirle en su desvario y ver cómo pierde la cabeza pero recupera un poco el rumbo (aunque poco) cuando conoce a una cantante (más suave) que tiene el rostro de Barbra Streisand. Es ni más ni menos que la versión hippie de Ha nacido una estrella… así que ya sabéis cómo acaba.

La otra historia está inspirada en la figura de Janis Joplin. Y ella es una Bette Midler al borde del colapso, con drogras, alcohol y desamor que se aferra sin embargo a la vida y al amor a pesar del cansancio existencial que arrastra. Y sigue con su voz desgarradora abarrotando plateas. Pero no puede más. Por un momento recupera un poco la ilusión con un soñador fracasado. Nadie la deja parar, parar, parar… y protagoniza una de las conversaciones telefónicas en una cabina solitaria más tristes. Al borde del colapso. Hablo de La Rosa.

Las otras dos son del mismo año 1982. Una cuenta la vida de Frances Farmer, una historia negra en el Hollywood dorado de los años 30 donde una mujer bella, inteligente, diferente y libre no tenía cábida. Ni en la industria ni en su hogar en Seatle con una madre castrante. El único que la quiere libre es un periodista y amigo llamado Harry York (la verdadera Frances no tuvo un Sam Shepard que la consolara). Entre todos la irán hundiendo en un mundo de locura…con algunos atisbos de luz en compañía de Harry. Por supuesto Hollywood la olvidó pronto. Ella tuvo el rostro de Jessica Lange. A la verdadera sólo he podido verla en una película Rivales de Hawks y Wyler… donde ella es una mujer entre un padre y un hijo… y madera, mucha madera. Y bella era un rato. Y también la hubieran podido dejar ser una buena actriz.

La última película que hoy nombro de mis noches de insomnio es la melancólica y tremendamente dura La decisión de Sophie que adapta la novela de William Styron del mismo título (y merece la pena leerla). Ahí hay un triángulo trágico pero hermoso entre Sophie (Meryl Streep), Nathan (Kevin Kline) y Stingo (Peter McNicol… que luego triunfaría como el abogado raro de Ally McBeal). Transcurre durante un verano en Brooklyn. En verano de 1947. Stingo es un joven soñador que aspira a convertirse en novelista, Sophie es una emigrante polaca que va revelando su pasado terrible y Nathan es judío, un hombre inteligente pero que arrastra algo más que inestabilidad emocional. Los tres unirán sus vidas y se amarán mucho… pero también arrastrarán la tragedia por el pasado de Sophie y la enfermedad mental de Nathan. Stingo los quiere a los dos, los sufre a los dos… y se llena de experiencias.

Son aquellas películas que acompañaron noches de insomnio… y lo siguen haciendo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Diez pasos de cine y pintura

… Hoy he estado toda la mañana y parte de la tarde en el Museo del Prado… así que cuadro a cuadro iba pensando en las interesantes relaciones entre el cine y la pintura. Y así poquillo a poco voy avanzando diez pasos… siempre reflexivos.

1.- Retratos inolvidables. De alguna manera me vienen a la cabeza varias películas memorables donde un retrato cobra suma importancia dentro del relato cinematográfico. El cuadro que todo lo domina. Así por ejemplo se podría crear una galería con cuadros de cine: el cuadro que mira en estado de extasis una hermosa Kim Novak en Vertigo, el misterioso retrato de Carlota Valdés. El retrato de Laura que enamora al detective McPherson. El cuadro en el que se basa la pobre esposa sin nombre de De Winter para disfrazarse y sorprender al amado en Rebeca…, una broma pesada de la señora Danvers. Los retratos inspirados en la prostituta Suzie Wong que realiza un pintor americano en Hong Kong. La mujer del cuadro en esa maravilla de cine negro de Lang. El retrato de Dorian Gray en las distintas versiones cinematográficas. El cuadro de la amargada esposa de un noble asesino en Pasos en la niebla. El cuadro entre fantástico y mágico de Jennie…

2.- Jean Renoir y el impresionismo. El padre de Jean Renoir era Pierre Auguste, maravilloso pintor impresionista (o por lo menos para mí) que creo uno de mis cuadros favoritos El almuerzo de los remeros. El padre tomó como instrumento de creación el pincel, y el hijo la cámara de cine. Pero Jean Renoir llevó las pinturas de su padre al celuloide y se puede notar como una de sus influencias sobre todo en Una partida de campo.

3.- Vincente Minnelli pinta en la pantalla blanca. Así recordamos uno de sus musicales Un americano en París donde Minnelli muestra su amor a la pintura y no sólo Gene Kelly recrea a un pintor sino que con su danza da vida a famosas pinturas de artistas franceses como Toulouse Lautrec. Pero Minnelli que no sólo conoce bien el uso del color y los colores en sus películas (y el significado de esos colores para poder contar de una forma visual su historia) sino que es un amante de la pintura y se atreve con un biopic que trata de captar de nuevo en celuloide la pintura. Esta vez el elegido es Van Gogh. Y también su amigo Gauguin. Todo al alcance del espectador ávido en El loco del pelo rojo.

4.- John Huston traslada el trazo de Toulouse Lautrec a los fotogramas. Huston y su director de fotografía Oswald Morris estudiaron a fondo la obra de Lautrec para plasmarla en la pantalla y lograr captar su colorido y su mundo en Moulin Rouge. Interesante biopic del pintor que atrapa el mundo que recreaba con su pintura.

5.- La influencia de la pintura en el cine es alargada. Stanley Kubrick en Barry Lyndon. John Ford en sus westerns. Visconti en películas como Senso o El Gatopardo. Pintores que se convierten en cineastas como Julian Schnabel. Pintores que se convierten en personajes de ficción (¿o no?) como Barceló en Los pasos dobles (todavía pendiente). Pintores que son el motor de documentales como Antonio López en El sol del membrillo o Piccasso en acción creativa en El misterio de Picasso…

6.- Pintores como personajes. Los pintores son personajes cinematográficos. Porque son creadores. Porque son hijos de la época que les tocó vivir. Porque sus cuadros son radiografías del momento… Vermeer en La joven de la perla. El monje pintor Andrei Rublev en la Rusia medieval según la mirada de Tarkovsky. Rembrandt con cara de Charles Laughton. La desgraciada vida de Modigliani que pasea su vida de amante autodestructivo por Montparnasse. Miguel Ángel con cara de Heston intentando pintar la capilla Sixtina. Las contradicciones y la fuerza creativa de Diego Rivera en esa joya que se llama Abajo el telón. Los tormentos de Basquiat o Pollock…

7.- La última cena. Hay cuadros que influyen e influyen y vuelven a influir. Hay cuadros misteriosos que son reflejados de mil maneras en otras artes como el cine. A veces son el centro de la trama. Otras es pura recreación. Pongamos un ejemplo La última cena de Leonardo Da Vinci. Muchas son las últimas cenas cinematográficas. Como parte de la trama, primero fue la novela El código da Vinci y luego su plasmación en la pantalla. Como inspiración nos encontramos la famosa última cena de Viridiana de Luis Buñuel. Más allá de la pantalla blanca nos encontramos con la última cena en la serie Perdidos e incluso en los Simpson.

8.- Salvando el arte. ¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar por salvar un cuadro de un peligro? Así podemos encontrar reflexiones a esta pregunta en la maravillosa El tren o en la entrañable La hora de los valientes.

9.- Dali. Dali y el cine. El cine y Dali. Se retroalimentaron. Amigo de Buñuel juntos emprendieron la creación cinematográfica que llevaba el surrealismo puro al cine: Un perro andaluz. Pero Dali (que también lo demuestra en sus pinturas) se sentía atraído por Hollywood. Y emprendió la aventura (aunque en algunos casos los proyectos se quedaran en fallidos). Así recordamos su presencia en el mundo onírico de Recuerda del maestro del suspense. Y su proyecto inacabado de cortometraje animado con Walt Disney…

10.- Museos, galerias y cuadros en el cine. Y recorremos galerías y museos en compañía de personajes cinematográficos. Así corremos con los jóvenes de Soñadores por el Louvre (antes corrimos con Jules, Jim y Catherine por un puente). Los personajes de Woody Allen tienen encuentros inesperados o buscados en Match Point o Manhattan en museos o galerías de arte. Robos, museos y cine como El secreto de Thomas Crowe y Pierce Brosnan robando un Monet en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Retazos de cine: hilera de descubrimientos entre Allan Dwan y el grand guignol

1.- Continúo con la filmografía de Allan Dwan que sigue evidenciándome que tras productos de bajo presupuesto, malos guiones y otros asuntos… hay un director con poderosas “artes” cinematográficas que deja vislumbrar escenas de cine. Esta vez las películas son Passion (1954) y El jugador (1955). Dejando a parte los ejercicios kitschs de en la primera ver a la reina del Technicolor, Yvonne de Carlo en un doble papel (hay una familia y dos hermanas, ella es las dos hermanas, sólo explicable por un asunto de presupuesto… no hay otra justificación) donde la distinta personalidad de ambos personajes es por la ropa que lleva, el corte de pelo y el gesto aguerrido de una y el femenino dulce de la otra; y en la segunda quedarte en estado de shock al descubrir que el amigo sin dobleces, leal, valiente y recto tiene el rostro del futuro presidente de los EEUU, Ronald Reagan (que no puede evitar su falta de química), es evidente que se pueden vislumbrar sorpresas sobre todo en la puesta en escena de estas historias.

El jugador es bastante mejor en muchísimos aspectos (desde un guion mejor armado a una puesta en escena más regular) que Passion donde hay que indagar más aunque tiene cierta gracia kitsch. En Passion nos vamos a una California mexicana… con un imposible Cornel Wilde como héroe vengativo mexicano, Juan Obregón o más alucinación ante un representante de la ley con atuendo mexicano y rostro de Raymond Burr. Así Passion es una historia de venganza y violencia en un mundo pionero y duro donde Dawn deja sitio para peleas violentas entre caballos (maravillosamente planificada), paisajes nevados (que ponen en evidencia la pequeñez del ser humano frente la naturaleza hostil y su violencia) o escenas intimistas donde una vela encendida desde una ventana cobra otro significado.

En El jugador, una peculiar historia de amistad entre hombres en un mundo (localidad) hostil, nos muestra de manera original la presentación de los personajes y de uno de los ambientes desde donde va a transcurrir la mayoría del relato cinematográfico. Ya sólo por su arranque merece la pena. Un personaje secundario baja de su caballo y llama a una puerta donde no le dejan entrar, le dicen que vaya a la trasera. En un cartel donde se anuncia una especie de escuela para chicas que ‘buscan’ marido nos conduce a la curiosidad. Entonces el personaje mira ‘dentro’ de la casa a través de las ventanas hasta su llegada a la puerta trasera… y vemos que es una casa de prostitución y juego regentada por una explosiva pelirroja, Rhonda Fleming (que se pega en otro momento cinéfilo un baño lleno de erotismo y con una delicada puesta en escena), y donde están jugadores del calibre del protagonista (John Payne, en su habitual representación del hombre duro)…

2.- … bienvenidos al grand guignol de la mano de Curtis Harrington. El pistoletazo de salida de película excesiva, enfermiza y barroca donde dos divas maduras de la etapa de oro de Hollywood se mueven en ambientes enfermizos, de pesadilla y terroríficos lo dio Robert Aldrich con la maravillosa Qué fue de Baby Jane (1962). Así surgió un nuevo subgénero exagerado que además proporcionaba a nostálgicos la posibilidad de encontrarse con divas divinas (y ya maduras… y caídas en olvido o sin posibilidades profesionales) en papeles desproporcionados y decadentes que mostraban su genialidad como intérpretes (además de una nueva relectura de su personalidad cinematográfica y a veces de su arquetipo por el que eran reconocidas por el gran público, convirtiendo estas interpretaciones en una subversión de sus papeles como estrellas en el pasado). Curtis Harringotn en 1971 nos trae la enfermiza y atrayente ¿Qué le pasa a Helen? donde sus protagonistas Debbie Reynolds y Shelley Winters nos atrapan en una atmósfera asfixiante y de pesadilla para dejarnos una escena final (que no revelaré) altamente grotesca y a la vez fascinante. La Winters pone los pelos de punta con su sonrisa de inocente y trastornada fanática y la Reynolds sorprende (y se revela en lo que podría haber sido otro registro de su carrera siempre matizado con sus aires inocentes y virginales) en el papel de seductora y compleja rubia que trata de alcanzar su sueño de gloria (y empezar desde cero una vida golpeada por los fracasos). La época en la que está ambientada y siempre como referencia el mundo del cine —es la época de la depresión y donde Shirley Temple era reina del celuloide— (y su ‘especial y peculiar’ reflejo de cine dentro del cine con aires de decadencia) es un aliciente más para inmiscuirse en su visionado.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Reflexiones silentes

 

1.- The artist y La invención de Hugo han provocado (gusten o no gusten) que vuelva a hablarse del cine silente. Buen momento entonces para indagar en obras que fueron conformando el lenguaje cinematográfico y que llegaron a momentos sublimes (no es exageración, de verdad).

2.- Lanzo una idea. ¿Qué tal un pack especial de las películas silentes de Charles Farrell y Janet Gaynor dirigidas por Frank Borzage, el director poeta? Unas ediciones especiales y con cariño de El séptimo sello, El ángel de la calle y Lucky Star.

3.- … Estrellas del sonoro dieron sus primeros pasos en el cine silente. Es una maravilla recuperar a una Joan Crawford muda en la extraña Garras humanas de Tod Browning.

4.- Las vidas de estrellas silentes son… de película. Nunca mejor dicho. Algunas inevitablemente han pasado incluso al terreno de la ficción y la novela. Fatty Arbuckle no sólo fue un cómico, ahora olvidado (pero que pueden localizarse sus cortos sobre todo los protagonizados junto Buster Keaton), no sólo protagoniza uno de los escabrosos capítulos de los míticos libros de Kenneth Anger, Hollywood Babilonia, sino que se convierte en personaje literario trágico en Yo, Fatty de Jerry Stahl.

5.- Una de las chicas Chaplin… Edna Purviance protagonizó el melodrama silente, una de las extrañas joyas en la filmografía de Chaplin, Una mujer de París. La propia vida de Edna es una historia silente para ser contada así como su relación (que vivió distintas fases pero fue para siempre) con Chaplin desde el momento en el que se conocieron hasta el fallecimiento de la actriz.

6.- Grandes directores de cine sonoro empezaron sus pasos en el cine silente donde ya alcanzaron una madurez cinematográfica pura convirtiéndose en maestros de la imagen, de la narración cinematográfica, de la puesta en escena… Así es una gozada poder encontrarse con los pasos mudos de Lubitsch, con el silencio de Lang, con las culminaciones silentes de King Vidor, con los primeros pasos de Hitchcock o de Ford…

7.- … tuve la oportunidad de poder ver una proyección de Spione (Fritz Lang) con música en directo en una de las ediciones del Festival de cine alemán que se celebra en los cines Palafox… fue una experiencia maravillosa y la enorme sala estaba ¡espectacularmente llenísima! Sería bonito que se pudieran llevar a cabo, de una forma más continuada, iniciativas como ésta.

8.- También hay cine silente de culto… y estrellas silentes de culto como Louise Brooks. Su personalidad la hizo no someterse a la ‘tiranía’ de los grandes estudios. Su imagen de estrella rebelde ha hecho que su figura no haya caído en el más absoluto de los olvidos. ¿Qué tal un pack, hecho con cariño, de sus películas silentes? Por ejemplo, Una chica en cada puerto, La caja de Pandora, Los mendigos de la vida (Beggars of life) y Tres páginas de un diario.

9.- No es mal momento para recuperar la comicidad de Marion Davies. Tan sólo recordada tanto en ficción como en la realidad por ser la amante del magnate de la prensa Hearst, sin embargo, la descubrí como comediante en dos películas silentes de King Vidor que merecen la pena: Espejismo y La que paga el pato.

10.- Cerrando el círculo de nuevo con La invención de Hugo… recupera los primeros pasos del cine silente como arte creativo y pionero de la mano de uno de sus artífices, Méliès, que venía del mundo del ilusionismo. Otra vida apasionante de la que se atrapan pinceladas… en un cuento infantil y ahora de nuevo en las pantallas. No es mal momento para volver a disfrutar de algunas de sus obras cinematográficas…, toda una apasionante aventura.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Mujeres floreros

El otro día vi una película que en muchas referencias apuntan como ejercicio cinematográfico aburrido, Los puentes de Toko-ri, película bélica de 1955 de corte propagandístico sobre una de las guerras menos llevadas al cine, una de las del periodo de la guerra fría, la de Corea. Presenta sin embargo puntos interesantes. Los personajes protagonistas mueren sin plasmarse de manera heróica sino de manera cruda. Como una gran putada. Así el espectador se queda helado ante el horror de la muerte en guerras que ‘se montan’ por motivos políticos y asuntos internacionales y llevan a morir en directo a hombres que se ven lanzados al abismo sin haberlo pedido. Así vemos cómo tres hombres con los rostros de Mickey Rooney, Earl Holliman y William Holden pierden la vida sin tiempo a heroísmo alguno. Sólo pueden llegar a mostrarnos su compañerismo.

La película cuenta con una parte intermedia para ‘narrar’ que uno de los oficiales, Holden, aviador, era en su vida civil abogado y feliz hombre casado con dos hijas. En uno de sus permisos en Japón antes de la misión suicida (el bombardeo de los famosos puentes) logra reunirse con sus ‘chicas’ que han llegado hasta allí para estar con él. Y su ‘chica’ mayor es una preciosa Grace Kelly que ejerce como nadie de personaje anodino y mujer florero, la buena esposa. De hecho es un paréntesis en la película que rompe su ritmo. Kelly no volverá a aparecer, ni siquiera como contrapunto (así que además de mujer florero su personaje es absolutamente desaprovechado, es también personaje florero). Al personaje de Grace Kelly se le atribuyen todas las claves de la perfecta mujer florero… se muestra siempre bella y deliciosa, preocupada y abnegada. Hasta Japón lleva el personaje de mujer florero su recato, su apariencia perfecta, su papel de esposa preocupada, amante del esposo, que lo admira, que lleva las riendas de la casa en silencio… ‘Magistral’ esa conversación con el superior de su esposo (un Fredric March maduro) advirtiendo a la mujer florero que debe responsabilizarse y ser consciente de que su marido está en una guerra y puede desaparecer. Así le cuenta la historia de su nuera, otra mujer florero, que no quiso darse cuenta de la realidad, y cuando su marido murió en guerra, ella se perdió en brazos de otros hombres… y ya no se sabe su paradero. Así que se pide a la mujer florero un poquito de ‘consciencia’ de la realidad. Y claro Grace Kelly lo arregla todo en la cama con el esposo preguntándole llorosa que cuál es esa misión de los puentes. Ya es ‘consciente’ de los peligros que pasa el esposo… y sabrá aceptar su perdida. Hasta en eso mujer florero perfecta.

Y me viene aquí como reflexión el reflejo, rico en matices, de la mujer florero en el cine. Últimamente ha habido dos ejemplos muy pero que muy interesantes de reinterpretación de la mujer florero. Catherine Deneuve en la interesante Potiche, mujeres al poder de  Ozon. Donde la francesa ofrece un perfil de la mujer florero con careta…, es menos florero de lo que parece (es cómodo, a veces, el papel de florero… y se puede ejercer ‘poder’ en la sombra. Es cómodo ser o aparentar ser ‘inconsciente’), y donde se hace hincapié en cómo las mujeres florero es un rol generacional, que pasa de madres a hijas (es triste ver el retrato de la hija del personaje de Deneuve). La Deneuve como Potiche decide dejar su rol en el plano privado… y desmelenarse en el plano público. Tomar las riendas. Y la americana Criadas y señoras de Taylor donde se nos ofrece toda una galería de mujeres florero sureñas y cómo pasan el tiempo así como sus comportamientos, presentando distintos estereotipos como la infeliz malvada pero florero (el personaje de Bryce Dallas Howard) o la feliz pero tonta aunque de corazón de oro (Jessica Chastain). Y haciendo también hincapié en el paso de perfil de madres a hijas. Y mostrando que el estereotipo sigue en pie. Sigue siendo reconocible y practicado.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.