Películas a descubrir y lecturas placenteras de cine

1.- Me interesa mucho el periodo pre-code en Hollywood, es decir, todas aquellas películas que se rodaron durante el inicio del sonoro hasta la imposición del código Hays (o sin eufenismo alguno código de censura), de 1927 hasta 1934. Porque ahí está el germen de qué temas se hubieran tratado y cómo si no se hubiera impuesto el código que savalguardaba la moral de los americanos y de paso del mundo. Ahí tenemos a una maravillosa Barbara Stanwyck en Baby Face (1933) de Alfred E. Green. Hace poco pude ver alguna de sus imágenes al visionar un documental… y me dije tengo que verla. Por desgracia, que yo sepa, no ha sido aún editada por estos lares. La película parece ser que muestra la subida hacia al poder de una dama a través del uso y manejo de los hombres que pasan a su lado. Uno de los hombres será un jovencísimo John  Wayne.

2.- … sin embargo mi otro foco de interés sí que ha sido recientemente editado y me veo pronto intentando adquirir el dvd a buen precio. La película es Aviso de tormenta. El director, Stuart Heisler. Y uno de los guionistas Richard Brooks. El argumento: una chica va a ver a su hermana y se encuentra que está casada con un hombre violento y que además la localidad no es muy hospitalaria… sino más bien muy unida al Ku klux Klan. Una historia cercana al cine negro, oscuro. Pero lo que más me ha sorprendido ha sido su reparto (por inesperado): las dos hermanas tienen el rostro de Ginger Rogers y Doris Day. El bueno de la función es Ronald Reagan. Y el malote es un actor secundario que arrastró muchas historias de amor y escándalo con un final entre trágico y absurdo, Steve Cochran (protagonizó películas de gánteres como Al rojo vivo y otros roles como el amante de Virginia Mayo en Los mejores años de nuestras vidas, voló a Italia y rodó con Antonioni en El grito…). Cochran es uno de los personajes que pueblan la novela de Paul Auster, Sunset Park.

3.- … siguiendo con un Hollywood oscuro me fascinó la novela El día de la langosta de Nathanael West. Y ahí llevo tiempo tras su adaptación cinematográfica de la mano de John Schlesinger, Como plaga de langosta de 1975 con Donald Shutherland, Karen Black, Burgess Meredith, Geraldine Page… Pero creo que pronto voy a poder conseguir verla.

4.- Hace relativamente poco me compré en la Feria del libro antiguo dos obras de teatro que tienen que ver con el cine. La primera porque cuenta con una adaptación cinematográfica y la otra porque fue escrita por un actor.

La primera es Flor de cactus de Pierre Barrillet y Jean-Pierre Gredy. La obra teatral se lee con agrado y funciona. Es muy similar a su adaptación a la pantalla de cine (con toques en el guión de I. A. L Diamond sin Wilder pero con Gene Saks). Pero no podía evitarlo según leía me iba a esa película de 1969 que funciona porque el reparto es redondo. La sonrisa no desaparece del rostro. Y así pasaban por mis ojos Ingrid Bergman, Walter Mathau y Goldie Hawn.

La segunda es A mitad de camino que fue una obra escrita por Peter Ustinov que no sólo fue actor sino mil y una facetas relacionadas con el arte. La versión escrita que existe en estos lares la realizó Ana Diosdado. Me ha sorprendido, es una obra muy de los sesenta, pero que su lectura vale para hoy. Sobre las distintas generaciones, sus choques y un análisis de qué es verdaderamente la rebeldía o un acto rebelde o qué es realmente la libertad. Una comedia absurda con mucha racionalidad de por medio… Su protagonista el General termina atrapado ‘viviendo la vida’ en lo alto de un árbol. Sin embargo no lo puedo evitar siempre que pienso en Ustinov me viene a su cabeza su Nerón demente, con su lira, o su muerte como hombre pusilámine después de todo el dolor que ha causado (y aun así consigue que una mujer le ame).

5.- Ahora estoy con la lectura de dos libros (regalos maravillosos) que me están adentrando en las entrañas más cinéfilas. Uno es Imágenes de Ingmar Bergman donde paso a paso el director nos habla de la creación artística a través de su obra cinematográfica. Así el lector va dando un paseo por cada una de sus películas y cómo fueron creadas. Y también se adentra en la vida y en las reflexiones del director… porque Bergman une irremediablemente su vida con el cine.

El otro libro es una curiosidad maravillosa la novela inacabada de Luchino Visconti, Angelo. Son cuatro capítulos y se fecha el manuscrito en 1937 cuando el realizador se estaba empapando de realismo, con gotas de poesía, en Francia y cuando ya se estaba gestando su abrazo a los postulados del neorrealismo. De momento las páginas que he ido pasando demuestran su capacidad de observación, una mirada especial y una sensibilidad extrema.

6.- Y ya por último siguiendo por el terreno literario he adquirido por recomendación un libro de cuentos de Antonio Tabucchi (recientemente dejó de estar entre nosotros y se fue a crear a otras dimensiones desconocidas), Pequeños equívocos sin importancia porque su último cuento es una gozada y se llama Cine. Así Tabucchi nos lleva a través de sus páginas a una historia de amor que podemos reconstruir mirando a una gran pantalla imaginada porque es la historia de un reencuentro de dos actores. Tabucchi nos deja entrever como las vidas de cada uno son como películas que avanzan y como son protagonistas, estrellas de una existencia que los lleva a veces a la comedia, otras a la acción y la aventura o chocan con el melodrama (vamos, como la vida misma)… y logra atrapar. Me encantó. Pero además me estoy leyendo los otros cuentos del libro y me están entusiasmando… y siempre tiene alguna que otra referencia cinéfila.

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Una rubia fenómeno (It should happen to you, 1953) de George Cukor

¡Me encanta llevarme sorpresas y Una rubia fenómeno me ha proporcionado muchas! Era una película que había estado persiguiendo durante bastantes años y por fin llegó a mis manos. Es de esas comedias maravillosas que no se entiende muy bien por qué pasan al olvido o no adquieren tanta popularidad como otras del propio director. Y sin embargo tiene un montón de elementos para situarse a unas alturas elevadas… Tiene unos buenos intérpretes, una buena dirección, un buen guion (Garson Kanin), una buena dirección de fotografía… una de esas películas que junta todos los ingredientes para que surja una obra redonda. Una comedia inteligente y romántica…, uff. Como veis me ha gustado mucho. Y la espera ha merecido la pena.

Empecemos poco a poco. En el elenco de actores me fascina una Judy Holliday que ha caído en un absoluto olvido pero que fue una buena comediante que sabía hacer reír y se convirtió en una de las actrices fetiches de George Cukor. Su carrera cinematográfica no es extensa y trabajó casi siempre con el mismo director (Cukor pero también repitió con ella Richard Quine)… Hubo varios motivos por los cuales no pudo tener una carrera más prolífica: uno es que estuvo durante un tiempo en las listas negras durante la Caza de Brujas y otro que murió demasiado joven, con 43 años. Normalmente el papel que representaba era el de rubia explosiva y sexy a la que se subestima en inteligencia, la rubia tonta, que muestra que es más humana que todos los que la rodean y que no es tan estúpida como aparenta. Verla en Una rubia fenómeno ha sido recibir más aire fresco de una Holliday que divierte y emociona. También puede ser que ahora le haya llegado el olvido porque ha sido más mito cinematográfico otra rubia explosiva y sexy, otra rubia tonta no tan tonta que también eclosionó en los años cincuenta: Marilyn Monroe (que el año de esta película alcanzó el super estrellato con Los caballeros las prefieren rubias y Cómo casarse con un millonario).

Pero otra de las sorpresas maravillosas es sin duda presenciar el debut de Jack Lemmon en el cine… y ver que fue genial desde el principio. Ya regala escenas increíbles. Ya es tierno. También amargo. Hombre enamorado. Y divertido y ocurrente. Representa como nadie al hombre normal de la gran ciudad… que además suele ser encantador. De una manera natural… como si nada le costara. Y conquista (y convence) desde el primer momento que aparece. El antagonista no es más que un Peter Lawford en el papel que mejor supo representar: un pijo hombre de negocios, conquistador y playboy (… pero finalmente solitario).

La historia empieza con una escena maravillosa, de cine documental, para presentarnos a los dos personajes protagonistas. Un día en Central Park (un parque de lo más cinematográfico). Y el estilo documental es necesario porque Jack Lemmon es un documentalista cinematográfico que va con su cámara captando la vida del parque y de pronto su mirada-objetivo repara en algo que le llama la atención: unos pies descalzos de una dama que no es otra que Judy Holliday. Así se nos presenta a los personajes, el conflicto y la primera premisa de toda comedia romántica (chico encuentra chica). El conflicto que no va a dejarles ser absolutamente felices: ella quiere a toda costa que su nombre, Gladys Glover sea famoso. Ambiciona la fama por la fama (¿os suena?), no por ningún mérito propio. El arranque es tan bueno que ya engancha irremediablemente al espectador.

El plan de Gladys no tiene desperdicio: emplea sus ahorros para comprar una enorme valla publicitaria en la ciudad y poner en enormes caracteres su nombre. Su valla la quiere una empresa de jábones… que no tienen más remedio que hacer un trato con ella para conseguir el espacio publicitario: la ceden seis vallas más por toda la ciudad… Y ahí está esta comedia divertida, romántica e inteligente.

Algunos sabréis mi predilección por coleccionar escenas románticas, bueno, pues Una rubia fenómeno atesora una de estas escenas. Gladys Glover, muy famosa ya, llega a su apartamento, a su habitación. Y ahí hay un proyector y unas instrucciones para ponerlo en marcha. Sigue todas las indicaciones y ve un pequeño corto llamado Goodbye, Gladys de su enamorado Lemmon que no es más que una preciosa declaración de amor cinematográfica porque como dice en pantalla ante una Gladys emocionada a él no se le da bien hablar ni tampoco escribir, lo que sabe es filmar.

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Un método peligroso (A dangerous method, 2011) de David Cronenberg

Sobriedad. Es ésta la primera palabra que me viene a la cabeza tras ver Un método peligroso. Distanciamiento. La segunda. Análisis. La tercera. Oscuridad. La cuarta. Historia. La quinta… Y así podría ir enumerando una larga lista de palabras. Por no ponerme con las asociaciones de palabras tan significativo en este ‘método’ peligroso que es indagar en la mente humana tratando de que no te afecten las palabras oídas… Por no ponerme a reconocer las grandes lagunas que servidora tiene sobre el tema tratado que sin embargo trata siempre de solventar porque reconoce que la mente humana así como sus comportamientos la apasionan. Así Un método peligroso también se convierte en fuente de conocimiento no sólo de los orígenes del psicoanálisis sino también de la época histórica en la que surgió y de los protagonistas del método.

Y es que Un método peligroso es una película rica en miradas, matices, punto de vista, interpretaciones… Es de esas narraciones cinematográficas que permiten una ristra de estudios y abre puertas a asuntos interesantes. Y por supuesto es una película de Cronenberg que como es habitual en su filmografía indaga en la parte oscura del ser humano, en partes de la mente humana difíciles de entender pero que están ahí. Y esa oscuridad sobrevuela sobre su película más luminosa… donde sus personajes también arañan y descienden a las partes más oscuras de su ser arrastrados por una época histórica que se dirige al horror y la inestabilidad y que descenderá a los peldaños de lo terrible. Los personajes, como los tiempos en los que viven, son funambulistas de la cordura.

Cronenberg parte de una obra teatral del también guionista Christopher Hampton que a su vez adaptó una obra de no ficción de John Kerr. Así el espectador sobrevuela por la mirada de una relación a tres bandas a lo largo de 1908 hasta 1913. Años claves de la evolución del psicoanálisis centrándose en los vínculos que se establecen entre: Carl Gustav Jung, Sigmund Freud y Sabina Spielrein. Y esta relación deja el paso a dos personajes más en la trama importantes para poder formar asociaciones continuas: la esposa de Jung y el también psicoanalista Otto Gross. Todo arranca cuando llega a un hospital de Zúrich una joven paciente, Sabina Spielrein, con la que el joven doctor Jung aplica un método experimental, el psicoanálisis. Éste es el momento en el que Jung, que ha seguido el tratamiento divulgado por Freud, entra en contacto con él para intercambiar pareceres sobre el caso y establecen una relación profesional, maestro-alumno y de amistad.

Esposa-amante. Maestro-alumno. Humillación-placer. Sueño-interpretación. Libertad-cadenas. Amistad-ruptura. Amor-pasión. Judío-ario. Sexualidad-espiritualidad. Viaje-alas. Voces-cartas. Pipa-puro. Viena-Zúrich. Agua-Oasis… al igual que la interesante escena en que Jung prueba con su esposa las asociaciones de palabras con una Sabina de testigo que muestra sus dotes de interpretación. La película de Gronenberg se sustenta y se cuenta a través de asociaciones de paisajes, vestuarios, personajes, relaciones, situaciones y formas de contar. Así vivimos la relación que se establece entre Jung, Sabina y su esposa. Jung y Freud o Otto y Jung… permitiendo una lectura muy rica y aspectos que seguramente se nos escapan y que hace interesante un posible visionado de Un método peligroso con un coloquio posterior con expertos en psicoanálisis e historia del psicoanálisis.

Cronenberg vuelve a trabajar con su actor fetiche de los últimos años Viggo Mortensen que se convierte en Freud. También repite con Vincent Cassel que le ofrece una breve aparición pero de un personaje crucial e importante en la trama, Otto Gross. Jung tiene la piel de un Michael Fassbender que borda la caída al fondo oscuro de la mente del psicoanalista. Y una sorprendente y arriesgada Keira Knightley se convierte en Sabina, un interesante y complejo personaje histórico. Pese a la luz de Zúrich y los recovecos de Viena la sombra de un futuro negro en la Historia sobrevuela sobre los pioneros del psicoanálisis que se sumergieron en sus partes oscuras, en el subconsciente, en el mundo de lo onírico, para aplicar un ‘método peligroso’ que aún hoy sigue vigente.

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Diccionario cinematográfico (179)

Amish y otros: los amish, los cuáqueros, los mormones, los menonitas… grupos religiosos que han sido protagonistas de muchas películas donde se reflejan sus vidas por contraste con el mundo que les rodea. Grupos aislados que nada tienen que ver… con la vida moderna. Y como espectadores miramos asombrados su mundo, sus historias, sus comportamientos… son una representación de los otros. Distintos. Y a veces hay un encuentro entre dos mundos que suele ser enriquecedor para ambas partes pero también nido de historias imposibles, otras de amor y las de más allá de redención. Y en el encuentro hay choque pero también un intento de acercamiento para que sea posible el entendimiento. A estos grupos religiosos algunos espectadores solo los conocemos a través del celuloide… con la mirada de un director concreto.

Así surge el amor imposible entre un policía duro y una viuda amish en Único testigo. En una comunidad amish se desarrolla un thriller policial e intimista. Los amish son una comunidad incomprendida e incluso rechazada u objeto de burla. Ellos viven aislados. Así lo quieren porque el mal está fuera, en lo que se conoce por civilización o mundos urbanos. El tiempo no pasa por sus casas y formas de vida. Viven en comunidad y se apoyan unos a otros (con sus ventajas y desventajas). La ventaja está, por ejemplo, en la construcción entre todos de un granero para una pareja de recién casados… La desventaja en ser vigilado continuamente y en el seguimiento férreo de unas normas religiosas y morales que si son incumplidas puede recibirse el castigo del rechazo de toda la comunidad.

Ahora nos vamos a un clásico de 1950. En blanco y negro y dirigido por John Ford. La preciosísima Caravana de Paz. Y esta caravana está formada por unos mormones que se lanzan a la conquista del Oeste. Sin embargo necesitan protección y unos guías expertos y se la piden a dos vaqueros jóvenes… que en un principio se prestan por dinero pero terminarán realizando un viaje del que aprenden unos de otros. A esta singular caravana se unirá también un grupo de artistas ambulantes. Una auténtica gozada.

El turno ahora es de los cuáqueros con dos películas que me encantan. Una fue una agradable sorpresa. Un western intimista con un John Wayne desconocido y sensible (también ejercía de productor). Un pistolero herido que termina en una familia de cuáqueros que entre otras cosas rechazan visceralmente la violencia. Wayne se va haciendo con la vida de esta familia que le va queriendo bien además de conocer a la hija del matrimonio que le ha acogido. Ambos empiezan a sentir. Y a él cada vez le apetece más dejar su vida pasada de disparos y violencia. Pero no lo tiene fácil. Se trata de una pequeña joya, El ángel y el pistolero (1947) de James Edward Grant.

También el amigo Wyler se acercó a los cuáqueros en La gran prueba donde Gary Cooper y Dorothy McGuire son un matrimonio cuáquero a los que la cámara de Wyler sigue en sus alegrías y en sus penas. En sus quehaceres cotidianos. En sus discusiones y dilemas. En sus sueños y desventuras. Así la película pasa de la comedia y el costumbrismo al drama… como la vida misma. Pero todo en una comunidad cuáquera. El conflicto es cuando se declara la guerra de la independencia americana… y los cuáqueros son reacios a intervenir pues están en contra de la violencia y por tanto de la guerra. Sin embargo entre ellos también surgirán las diferencias…

El ejemplo más reciente ha sido el del mexicano Carlos Reygadas que nos cuenta una historia melodramática de amores imposibles y milagros en la maravillosa Luz silenciosa. Toda la historia transcurre en una comunidad menonita… Bajo la larga influencia de Dreyer el espectador no vislumbrará solo un milagro sino seres humanos que sufren por amor y pasión.

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Un cóctel de policias en el cine: Único testigo, Infernal affairs, Querido detective

… pues seguimos con los cócteles que con ellos me lo paso bien. Si ayer tocaba el turno de los hermanos, hoy damos paso a los policías. El cine con policías de distinta índole es todo un género. Aquí van tres ejemplos. Tres casos y tres policías… muy, muy diferentes.

Único testigo (Witness, 1985) de Peter Weir

Es curioso pero los amish, los cuáqueros, los mormones, los menonitas… son protagonistas de películas a tener en cuenta. Mañana mismo hago una entrada al diccionario cinematográfico. En los ochenta fue Peter Weir el que se adueñó de una película de encargo y realizó una hermosa historia de amor imposible entre policía duro y viuda amish. Así queda para siempre en la memoria de las escenas románticas ese granero oscuro y cerrado, la luz de una lámpara de gas, un coche destartalado… y una bella canción.

Único testigo es puro cine policíaco pero con una peculiaridad externa: el héroe encuentra un refugio que contrasta con su vida de policía en Philadelphia, encuentra un refugio en una comunidad amish. Tenemos un caso que resolver, unos testigos que proteger y una trama que desentrañar. Y por supuesto unas gotas de corrupción policial para que sea más brillante y entrañable nuestro policía héroe. Pero todo en un sitio por donde no pasan los siglos, un espacio nada habitual para resolver casos…una comunidad amish. Lejos del mundanal ruido y la violencia de la ciudad…

Peter Weir y su director de fotografía muestran su maestría a la hora de contarnos una historia de acción con muchas gotas de intimismo. Y dejan escenas para el recuerdo. Me la sé de pe a pa y siempre quiero volver a verla, siempre me fascina. Único testigo es una película de los años ochenta cuando se volvió otra vez a las grandes historias al servicio del carisma de sus estrellas… y cuando había un director con arte y maestría y mucho sentido de la narración cinematográfica surgían obras redondas como ésta. Gran parte del secreto de la longevidad de esta cinta es la química entre Harrison Ford y una olvidada pero bellísima Kelly McGillis. Por ahí vemos a un niño Lukas Haas que fue todo un descubrimiento. Danny Glover y Josef Sommer, secundarios siempre eficaces. Un bailarín convertido en actor, Alexander Godunov. Y una de las primeras apariciones de Viggo Mortensen.

Juego sucio (Infernal Affairs, 2002) de Wai-Keung Lau y Alan Mak

Lo confieso. Si no fuera porque Scorsese realizó en 2006 Infiltrados, probablemente no hubiese accedido al dvd de esta película de Hong Kong, Juego sucio (que se ha convertido en trilogía). Lei en varios sitios que Infiltrados era un remake de Juego sucio. A mí Infiltrados me gustó mucho pero se creó un debate sobre si Scorsese había realizado una mera copia del original, sin esfuerzo alguno en el lado creativo, consiguiendo además un éxito total. Ahora tengo más reciente Juego sucio… pero a mí parecer sí hubo creación y firma de Scorsese en Infiltrados… que sin duda, por otra parte, es un remake.

Juego sucio es un relato policial de ritmo trepidante con dos personajes muy atractivos. Dos topos que se introducen en dos mundos diferentes (intercambian sus mundos) al suyo cuando prácticamente son adolescentes. Uno al departamento de policía, y otro al mundo de las tríadas (la mafia, organizaciones criminales). De tal forma que cada uno se ‘crea’ un mundo propio, se ‘crean’ una identidad… y muy pocas personas saben realmente quiénes son de verdad. Esto según van pasando los años va haciendo mella en sus personalidades y formas de vida. En Juego sucio se da algo muy interesante que creo recordar no es tan evidente en Infiltrados y es que el topo que pertenece a la policía (que consigue una carrera muy exitosa) llega un momento en que hace una elección de vida (es un personaje quizá más trabajado en la versión de Hong Kong). El enfrentamiento entre ambos personajes se vive con tensión y sabes que sólo uno saldrá bien parado. Y ese enfrentamiento entre ambos profesionales, entre ambos topos, es lo que envuelve toda la película. Toda la narración está al servicio de este enfrentamiento… llegando a un muy buen final con un clímax altísimo.

Querido detective (The big easy, 1987) de Jim McBride

Otra película de los ochenta… que en su momento fue muy taquillera. Una película policial con erotismo de por medio y por supuesto con una pareja de estrellas de moda con química. Este tipo de películas era muy de los ochenta… Lo que se dice un ejercicio puro de entretenimiento efímero… pero que al cabo de los años se vuelve a ver con alegría y nostalgia y te vuelve a hacer pasar una buena tarde.

La pareja estrella: un Dennis Quaid, de pícaro divertido y sensual, y una Ellen Barkin que se convirtió en la fea más erótica y sensual de los ochenta. Por supuesto como en toda película con policía hay un caso que resolver. Aquí está el policía algo tramposillo pero muy cachondo y gran amante de su profesión (le viene ese amor de familia) y la seria fiscal que lucha contra la corrupción policial que encuentra en el policía tramposillo un aliado y un amante. Lo que parece una lucha entre bandas de narcotraficantes oculta algo mucho más oscuro. La película está ambientada en un Nueva Orleáns con toques canjún y con música de fondo (incluso Dennis Quaid nos canta a la guitarra…). Así en la película hay acción, sexo, amor, amistad, familia y violencia. Y aún hoy sigue siendo entretenida. Y como siempre hay un cuidado reparto de secundarios donde nos encontramos con Ned Beatty o John Goodman.

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Un cóctel de hermanos en el cine: American History X, Silencio de amor, La voz dormida

… últimamente he visto o he vuelto a ver películas donde se refleja una relación entre hermanos. Y es un tema realmente bonito (y complejo como todas las relaciones) para tratar en el cine. Ahí van las historias de Derek y Danny, Alessandro y Luigi, Hortensia y Pepita…

American History X (1998) de Tony Kaye

La he visto muchísimas veces y siempre me provoca el mismo impacto, la misma emoción. American History X cuenta de manera certera cómo los jóvenes pueden llegar a abrazar ideologías neonazis y por qué. Lo hace desde el punto vista de dos hermanos que abrazan esas ideas y se hunde en las profundidades para entender cómo se puede llegar a ese extremo.

Y te metes de lleno en la historia de Derek (Edward Norton) y Danny (Edward Furlog) —ambos actores impresionantes—. Caminas junto a Derek y su furia… le rechazas y después le compadeces y más tarde llegas a comprender cómo ha llegado a lo que ha llegado y das una segunda oportunidad al personaje que paga muy caro su despertar. El odio y la furia regresan con fuerza a todo su rostro, a golpearle la vida, a devolverle que sí es responsable de cómo ha actuado y pensado… y que la redención no va a ser fácil. Porque sus acciones, su pasado, rebotan en una de las personas que más ama, su hermano pequeño Danny. El hermano que observa, el hermano que le admira y que le ama, el hermano que trata de asimilar las acciones que ve de aquellos a los que ama con locura y aunque no entienda y le duela prefiere emular esas acciones que analizarlas. Pero tanto Derek como Danny son inteligentes y tienen capacidad de análisis, de comprensión y autocrítica y son capaces de mirar, de ver, de entender… de apartar el odio y la furia, de razonar… Y es en una última escena impactante como pocas y muy dura cuando nos damos cuenta de la fuerte relación entre los dos hermanos y la imposibilidad de un futuro juntos. Han mirado y comprendido… pero demasiado tarde.

Es un tema de dolorosa actualidad no hay más que leer un periódico o mirar las noticias…

Silencio de amor (2011) de Philippe Claudel

A mí hay películas-medicina que irremediablemente me emocionan cada segundo. Suelen ser películas sencillas, películas de personajes, de situaciones cotidianas. Bien contadas, bien rodadas. Y el otro día la emoción me iba embargando según iba disfrutando fotograma a fotograma de Silencio de amor.

El protagonista absoluto es un profesor universitario de música barroca (magnífico Stefano Accorsi), viudo e italiano que vive en Estrasburgo. Es padre de una adolescente de 15 años y además tiene un hermano siempre a su lado… Echa de menos a su esposa ausente. Prefiere la soledad y no darse otra vez la oportunidad de enamorarse. Adora a su familia, a sus amigos, su profesión… Además canta en un coro de música del pasado y es voluntario en un hospital de enfermos terminales donde asume el papel de lector. Así tenemos la oportunidad de recuperar a una anciana pero bellísima Anouk Aimée.

Nuestro protagonista vive además de con su hija con su hermano, anarquista que sin embargo es uno de sus mayores apoyos y viceversa (a pesar de sus discusiones diarias). Un hermano que ha prometido no salir jamás de la casa hasta que Berlusconi abandone su cargo en Italia. Cocina, ve telenovelas y pinta distintas variantes de una manzana y un móvil. Además está siempre pendiente, a su manera, de su sobrina y de su hermano.

El escritor Philippe Claudel en su segunda obra cinematográfica como director regala una película desde el sentimiento en forma de tragicomedia como la propia vida. Y de manera sencilla y elegante (en una película bien contada y mejor interpretada) nos va dejando derramar lágrima o asomar la sonrisa. Mientras, dos hermanos discuten en italiano en Estrasburgo u oímos en una pequeña iglesia (que se convierte en recinto sagrado donde están los presentes y los ausentes) cantar canciones barrocas como Silencio de amor…

La voz dormida (2011) de Benito Zambrano

Benito Zambrano e Ignacio del Moral realizan su propia ‘mirada’ y ‘lectura’ de la obra literaria La voz dormida de Dulce Chacón y la convierten en celuloide. La novela coral, retrato de un amplio grupo de mujeres antifranquistas, se convierte en película intimista sobre dos hermanas en distinta situación después de la Guerra Civil. Una es presa política, embarazada y condenada a muerte. La otra es una superviviente que trata de estar al lado de su hermana… y que no quiere saber nada (aunque lo tiene difícil) de compromiso político, sino que todos puedan vivir en paz. Finalmente es una triste historia de dos hermanas que no volverán a estar juntas y donde una de ellas se da cuenta de que es imposible mantenerse al margen, que hay que implicarse… aunque cueste la vida.

Zambrano sabe de emociones y como en sus anteriores películas sabe llevar al espectador a un momento de catarsis sobre todo en los encuentros entre rejas de ambas hermanas. Al no querer sacrificar del todo el retrato coral femenino quedan muchos personajes muy desdibujados… y por lo tanto nos falta información…, a veces, hay personajes y situaciones inacabadas. La voz dormida de Zambrano posee, sin embargo, una mirada y una fotografía que refleja el lirismo y la poesía que tenían las páginas de Chacón.

Las dos hermanas no podrán ya tocarse o abrazarse durante toda la película aunque estén unidas por miradas, pensamientos y rejas… sólo queda como constancia de que una vez pudieron estar abrazadas físicamente una vieja fotografía, un instante, un momento roto por la Historia.

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Joe Gillis, guionista y gigoló

 

Te regalo un fotograma…

donde ya estoy muerto en una piscina.

Floto.

Todavía no me hundo.

Quizá ya no era posible hundirme más.

Soy un fantasma que cuenta su historia.

No puedo remediarlo.

Quería ser un buen guionista en Hollywood.

Ya que no tuve oportunidad en vida…

desde más allá de la muerte escribo entonces el mejor de los guiones.

Mi propia historia.

Joven guionista y gigoló.

… rey de la decadencia junto a diva olvidada y alocada.

Norma Desmond vive en película continua

y me veo convertido en antagonista principal.

Su película, mi película se convierte en la cárcel de ambos.

La diva enamorada y despechada me deja protagonizar el mejor de los personajes.

Soy Joe Gillis.

Guionista y gigoló.

Y mi historia comienza con mi muerte en una gran piscina en la mansión de una gran estrella del cine mudo.

… Les voy a contar una historia… aunque me haya ido.

Aunque esté muerto.

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Al desnudo de Chuck Palahniuk (Mondadori, 2012)

 … es la primera novela que leo de Palahniuk que consiguió introducirse en la mitología cinéfila por la adaptación cinematográfica de su tercera novela (y primer éxito editorial) El club de la lucha. Al desnudo ha llegado a mis manos como buen regalo. Y lo he devorado en apenas unos días… porque como sabéis soy una buscadora innata de cuentos y novelas que tengan al cine como protagonista.

Palahniuk ofrece su personal visión del viejo Hollywood dorado en decadencia a través de varios referentes que vienen a la cabeza del lector apasionado por el cine cuando se hunde en sus páginas. Así lo que destaca sin duda es un ambiente decadente y unas situaciones extremas con gotas de humor ácido y negro. Y entonces surgen imágenes de aquel Aldrich (¿Qué fue de Baby Jane?) que unía a viejas glorias en la pantalla cinematográfica, a divas del viejo Hollywood, y las hacía protagonizar una relación enfermiza donde nada era lo que parecía (nada es lo que parece). Así Aldrich creó escuela y hubo otros directores que crearon películas con divas y relaciones desconcertantes como Harrington (¿Qué le pasa a Helen?).

… La historia de la decadente diva cinematográfica que pasea su vejez y el olvido, Katherine Kenton, con su colección de des-maridos y sus mascotas, siempre acompañada de la fiel Hazie Coogan, su amiga, su dama de compañía, su asesora, su vigilante… es como una película que pasa ante nuestros ojos en pantalla grande. Con sorpresas y giros. Detrás de la batuta puede estar Billy Wilder… cuando se produce el encuentro de la decadencia con un joven apuesto Webster Carlton Westward III (y probablemente ambicioso… y aprovechado) a lo El crepúsculo de los dioses. El peso de las arrugas en el rostro, la obsesión por borrar el rastro de la historia a través de operaciones, maquillajes, pelucas… nos lleva a Fédora. Katherine Kenton se refugia en una cripta donde va enterrando des-maridos y mascotas y donde en un ritual con Hazie esconde en un espejo (como el cuadro de Dorian Gray) su rostro sin máscara.

A través de lo grotesco, de los apuntes señalados, los giros inesperados de sus personajes ‘reales y ficticios’, es como si el mismísimo Anger siguiera aportando apuntes a su peculiar Hollywood Babilonia. Y varios de los nombres que aparecen pulularon por sus páginas.

Al hundirse el lector en las páginas de Palahniuk es meterse en la crónica grotesca y amarillista que alimentaron las famosas comadres de cotilleos y otros periodistas que crearon ‘otro Hollywood’ oscuro y funesto para alimentar las horas de ocio y vida gris de los lectores ávidos de luces y sobre todo sombras de las estrellas cinematográficas. Así no puede faltar el trío de Hedda Hopper, Louella Parsons y Sheila Graham (que acunó en sus brazos a todo un ‘personaje’ de la generación perdida, Scott Fitzgerald quien dejó una maravillosa novela inacabada sobre Hollywood, El último magnate).

Para al final Palahniuk dejarnos su reflexión o su discurso, lleno de interés y para remarcar una reflexión profunda, que podríamos resumir en una de las frases de la novela: “No, ninguno de nosotros da la sensación de ser muy real. No somos más que personajes secundarios en las vidas de los demás”. Porque por una parte existe la ‘ficción’ de las películas donde los actores y actrices con rostro van dando vida a distintos personajes. Y por otro está la ‘ficción’ de sus vidas. Es decir, la creación de ‘imágenes vivientes’ y de ‘mitos hollywoodienses’ sobre los que se vomitan litros y litros de tinta. Estas imágenes vivientes alimentan los sueños y las horas de los espectadores y tras esas imágenes se ocultan unos seres humanos a los cuales no tenemos acceso. Y en la creación de esas imágenes vivientes se crean sueños y monstruos para alimentar hojas y hojas de revistas, periódicos, libros, ensayos… o para alimentar las televisiones de los hogares a través de entrevistas, documentales, programas-homenaje… etcétera (todos los soportes, redes sociales y nuevas tecnologías que podáis imaginar).

Chuck Palahniuk se mete de lleno, incluso en su escritura y en su forma de presentar esta historia, en el mundo del cine. Así la narración de Palahniuk es pura narración cinematográfica siguiendo las técnicas de un guion. Y cada capítulo es una secuencia. Donde sabemos cómo va a mirar la cámara-lector y los detalles que va a ver o en lo que se va a fijar. Entre primeros planos y flash back… y distintas alternativas de finales vamos viendo la película que crea y construye la narradora de esta historia, una reina del montaje final.

No quiero terminar la reseña sin señalar el ‘personaje’ creado por Palahniuk para Al desnudo que más me ha llamado la atención y más me ha llenado (y sorprendido). Y es el reflejo que crea de la dramaturga y guionista del Hollywood clásico, Lilliam Hellman. Un ‘personaje secundario’ de la propia película que plantea Palahniuk que se va apropiando con fuerza de la historia y comiéndose casi a la pareja protagonista. Una Lilliam Hellman extravagante de imaginación desbordante que crea siempre argumentos imposibles donde es una mujer de acción que cambia continuamente el rumbo de la Historia. Este ‘personaje’ creado protagoniza los momentos más hilarantes y estrambóticos de esta interesante visión de un ‘viejo Hollywood’ que cuenta con innumerables miradas y matices.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El suicidio en el cine y otros asuntos: Le père de mes enfants y Profesor Lazhar

Una película que vino de Francia y apenas se estrenó en unos cuantos cines (pero ¡se estrenó!) y ahora hay oportunidad de poder verla en DVD. Otra que actualmente está en las salas de cine y que estuvo nominada a los Oscar a la mejor película de habla no inglesa y viene desde Canadá. La primera, buen cine sobre cine. La segunda, un cine que expone su mirada sobre un espacio determinado: el de la enseñanza, el de la educación (un padre mira al profesor Lazhar condescendiente y le dice: enseñe a mi hija, no la eduque). Y ambas además de otros asuntos se unen por un tema: el suicidio, cómo asumirlo y la huella del ausente. Y ambas películas contadas con una sensibilidad extrema que deja al desnudo un tema crudo y duro en Occidente: hablar, reflexionar y pensar sobre la muerte.

Le père de mes enfants (2009) de Mia Hansen-Løve

Grégoire Canvel es un hombre apasionado que trabaja en lo que ama: es productor de cine con su propia empresa, Moon films y además saca adelante proyectos de cine independiente en los que cree. Es un hombre con energía y encanto que saca adelante los proyectos en los que cree y cuida a todos. Además también es un hombre con una vida familiar feliz. Ama y es amado por su esposa italiana y tiene tres hijas que le adoran. Además cuenta con amigos. Pero su sueño, su productora está en quiebra. Los problemas económicos se le van acumulando, la dificultad para acabar sus películas es cada vez mayor… Hasta que sin que nadie sea consciente, porque no lo exterioriza, Grégoire Canvel se agota. Se siente atrapado en un laberinto sin retorno. Siente que su imagen de hombre responsable y que todo lo controla se cae en pedazos… y no puede con ello. Se agota. No pide ayuda a aquellos que le quieren. Y en la soledad más absoluta y de la manera más radical decide quitarse la vida. Así Mia nos enseña toda una primera parte delicada de un hombre con encanto que se quiebra…

Y una segunda parte estremecedora de cómo sus hijas, su esposa, los trabajadores de Moon films, sus amigos siguen viviendo después de su desaparición y cómo trata cada uno de asimilar el vacío que ha dejado Canvel. Afloran todo tipo de sentimientos pero en un estado de calma… como la quiebra del productor que amaba el cine. Todos van asumiendo como pueden la ausencia y tratan de, a pesar de las deudas y de las soledades, seguir adelante con lo que él amaba. Y seguimos conociendo a Canvel tras su ausencia y suicidio.

Durante toda la película estuve con una emoción contenida al borde de la lágrima. Porque sentía el abismo en el que se hallaba Canvel y te hace pensar en cómo reaccionamos ante la cadena de problemas que te depara la vida en un estado de bienestar (que además ahora nos hacen ver que se va derrumbando a marchas forzadas). Y te hace pensar que si en un estado de bienestar puedes llegar a la fractura total y absoluta de quitarte la vida (al cansancio y hundimiento radical), cómo será para el gran número de personas que cada día es una supervivencia continúa. Le père de mes enfants te habla también de que a pesar de que estés rodeado de familia, amigos… cada uno de nosotros terminamos estando totalmente solos (y en momento de crisis es cuando vivimos nuestro aislamiento)… y es triste cuando la hija adolescente, después de la muerte del padre, descubre ese sentimiento de soledad. Y asusta como la vida parece en calma pero en realidad siempre es un puro polvorín donde las buenas formas pueden terminar desapareciendo para surgir el instinto de sálvese quien pueda. Y hasta un encantador y seductor de serpientes puede terminar agotado frente a las responsabilidades que se van contrayendo… y ni su pasión le puede salvar.

Y Mia Hansen-Løve presenta todos estos temas duros con delicadeza y sutileza y con una puesta en escena elegante donde somos testigos de ciertos rituales con la figura del padre y nos los vuelve a repetir sin su presencia (la visita a la ermita). Y donde los estallidos de dolor son silenciosos. Con calma, mucha calma, como el disparo inesperado que hace que Canvel acabe con todas sus responsabilidades…

La directora se inspiró en la figura del productor francés Humbert Balsan que acabó con su vida en el año 2005. Ahora mismo en cartelera se encuentra otro largometraje de la joven directora Hansen-Løve, Primer amor.

Profesor Lazhar (2011) de Philippe Falardeau

Profesor Lazhar comienza de manera brutal e impactante para terminar siendo una mirada a la vida, a la cercanía y al encuentro. Pero también una llamada de atención a cuidar la escuela como un espacio para la vida, el conocimiento y todo lo mejor para los más pequeños. Un espacio para aprender también los asuntos fundamentales de la vida (a la que inevitablemente va unida la muerte), para poder expresar nuestros sentimientos de una manera natural y saber canalizarlos. Un espacio para el aprendizaje intelectual y de espíritu.

En un espacio educativo aparentemente idílico con niños de clase media alta, un niño de unos once años va corriendo a su aula para realizar el reparto de leche en los pupitres de sus compañeros. De pronto se encuentra con su joven maestra colgada de una viga.

Desde ese momento en el día a día en esa ‘escuela bonita’ se abre un abismo entre los niños, los padres y los maestros. ¿Qué llevó a la joven maestra hacia el suicidio? Cómo asumirlo. ¿Hay que indagar en el porqué? ¿Por qué eligió la clase de sus niños? ¿Es mejor no hablarlo claramente para que los niños no se traumaticen? ¿Es mejor que no expresen cómo se sintieron? ¿Es necesario tan sólo la intervención de una psicóloga? ¿Los maestros deben callar y ocultar? ¿Qué ha significado para ellos? ¿Cómo se está enseñando en la escuela? ¿Los maestros no pueden ‘tocar’ o regañar bajo ningún concepto al alumno? ¿El maestro no puede consolar, cuidar o advertir? ¿Dictar a Balzac o ir a una obra de teatro es un nivel de enseñanza demasiado alto?

En esta vorágine emocional llega el profesor Lazhar, un hombre bueno (no un héroe). Lazhar es argelino y sólo a nosotros los espectadores se nos dejará conocer su situación, lo que arrastra sobre sus hombros. Y, sin embargo, es un hombre afable que no pierde la sonrisa ni la calidez y que da un valor trascendental, respetuoso y sagrado al espacio escolar (aunque su metodología no sea la más moderna…), algo que parece aparentemente olvidado. Y Lazhar piensa que es adecuado transmitir el respeto hacia todo ser humano, hacia esos niños y tratar de entenderles. Lazhar trata de comprender a la maestra aunque no comparte la manera en que ha expresado su dolor ni el sitio donde ha decidido acabar con todo. Y piensa que se debe hablar de la muerte, de lo sucedido, y que los niños tienen que expresarse y sentir y hablar. Y que todo debe fluir. Y que hay que escuchar. Y que la escuela es para enseñar y educar… un espacio de vida que merece toda la dedicación y el respeto. Y Lazhar pone en evidencia que los maestros también deben plantearse asuntos, dejar cartas sobre la mesa, hablar sobre educación. Y deja también al descubierto la actitud de unos padres que piensan que sus hijos tienen todos los derechos y todas las razones del mundo y no se plantean que también tienen que aprender unos deberes y a vivir y comportarse en una sociedad de la que pronto formarán parte activa.

Philippe Falardeau, con una puesta en escena sencilla, en una película que priman los personajes sobre todo el profesor Lahzar y sus niños, reflexiona sobre la vida, la muerte, la enseñanza, la educación, la psicología, los padres, los maestros, los niños… Y nos deja la incógnita de la terrible decisión que toma una profesora dulce, sensible y joven (cómo podemos ver a través de una fotografía que tiene uno de los niños) que se quita la vida en un aula. Un grito trágico y silencioso… Con su acto revuelve y remueve muchas cosas que hay que mirar…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Muerte entre las flores (Miller’s Crossing, 1990) de Joel y Ethan Coen

Una de las películas que más me gusta de los Coen es Muerte entre las flores. No sólo su reinterpretación y homenaje al cine de gánsteres con gotas de cine negro sino la forma en la que está contada engancha al espectador. Así la historia está narrada bajo el punto de vista de Tom (Gabriel Byrne), el hombre de confianza del gánster Leo (Albert Finney), el dueño y señor de una ciudad americana poco antes del crack.

Los Coen aplican todos los ingredientes de una buena película negra de gánsteres y además cuidan, junto al director de fotografía Barry Sonnenfeld, la manera de desarrollarnos esta historia, la puesta en escena. Nos encontramos con ecos de La llave de cristal (aquella película de los cuarenta que contribuyó a convertir en leyenda a Alan Ladd y Veronica Lake) que adaptaba además a Dashiell Hammett cuyo espíritu planea por Muerte entre las flores.

Al igual que Alan en aquella película, Gabriel Byrne recibe continuamente palizas durante el largometraje… pero él siempre, hombre duro, vuelve a levantarse una y otra vez… y los golpes no anulan su capacidad de estrategia y pensamiento… Aunque juegan a su favor el azar y la suerte y su propia melancolía y desencanto ante el ser humano y ante sí mismo.

Muerte entre las flores es una película muy rica en matices, referencias y análisis. Casi imposible de abarcar en una reseña, sí permite apuntar la punta del iceberg. Como en una buena película de gánsteres no faltan las bandas rivales, sus correspondientes jefes y sus segundos, fieles. El conflicto es lo que hace saltar la guerra entre bandas. Diálogos certeros. Lealtades y traciones. Códigos de honor propios. Un especial tratamiento visual de la violencia. La mujer fatal. Los triángulos amorosos. Amores imposibles. Los bajos fondos. El desencanto. La amistad… y un humor negro presente en los Coen (jefe de policía y alcalde en los despachos de los distintos gánsteres… cambian de chaqueta según sienten quién es el más fuerte…).

La propia narración es compleja, como muchas buenas películas de cine negro con argumentos intrincados y laberínticos. Personajes, nombres, tramas, oscuridades y trampas. Azar, destino, inteligencia, estrategia, manipulación, personajes oscuros…

… son muchas las escenas que se quedan grabadas. Porque los Coen nos cuentan cinematográficamente una historia potente. El espectador queda envuelto visualmente por una puesta en escena inolvidable. Una de las más nombradas es el intento de asesinato del gánster Leo. Y es que una vez que la ves no la olvidas. En el cine de gánster éstos tienen un carisma que los hace atrayentes incluso a pesar de su brutalidad. Es uno de los grandes misterios del cine… cómo crea una imagen atrayente del mal. Así durante los años 30 preocupó este tipo de cine porque los espectadores se identificaban más con los gánsteres que con los ‘buenos’. Es un punto que merece un atento análisis e interpretación. Los Coen presentan a Leo en su mansión, en su cama, tumbado apaciblemente, fumando un puro y escuchando una hermosa canción en su tocadiscos. Pero Leo es perro viejo e intuye y escucha cómo unos matones suben las escaleras de su mansión. La música no deja de sonar. El apacible y tranquilo Leo (así le hemos conocido) apaga su puro… y vuelve a coger su metralleta y la agilidad de un hombre de acción… y ante la mirada perpleja del espectador ve cómo él solo se enfrenta a todos aquellos que quieren asesinarle además de quemar su mansión. Con una hermosa música de fondo y un Leo con metralleta y batín, asesina a todos sus matones. Es una maravilla cómo está contada visualmente esta escena.

Su manera de narrarnos cinematográficamente la historia… de presentar a los personajes no pasa desapercibida. Así el conflicto de la película empieza por un personaje: Bernie (un John Turturro espectacular), el hermano de Verna (Marcia Gay Harden), la mujer fatal (o no tan fatal… en el cine negro o de gánster nada es lo que parece o nada es tan fácil como creemos) que protagoniza un triángulo amoroso con Leo y Tom.

La primera vez que aparece Bernie en casa de Tom es como si fuera una aparición, un fantasma. Tom está en su cuarto, suena un teléfono, se sienta en el sillón, tarda en cogerlo… y justo hay un cambio de plano, se enfoca a otro sillón donde ya está sentado Bernie. Es como digo una aparición.

… Las apariciones de Bernie, un John Turturro increíble, deja escenas potentes como su famoso paseo hacia la muerte en Miller’s Crossing… y su súplica continua de ¡Mira en tu corazón! Bernie protagoniza además el segundo triángulo amoroso de la función. Entre él, Mink (un etéreo Buscemi… Mink es ese personaje fundamental de la trama pero que es el gran ausente…) y el matón y segundo de la banda rival.

El fetichismo hacia el buen cine negro y el de gánsteres… la importancia que toma el sombrero de Tom. Las gabardinas, las metralletas, las mansiones, los locales, los matones, las matanzas, las redadas… El fatalismo y el desencanto del personaje protagonista, Tom, que a pesar de los pesares le persigue la suerte y el azar aunque termine sin mujer fatal, sin mejor amigo, y sin enemigo… Más solitario que ninguno.

Tom ha caminado en la cuerda floja entre su mejor amigo y jefe Leo y el enemigo, el gánster rival de origen italiano (Jon Polito). Recibe golpes de unos, de otros, y además es un jugador empedernido con deudas (por lo que también recibe tundas). Tom aparece en cada fotograma y el espectador ve cómo le sigue la suerte… no sabemos si es estratega o simplemente el azar está siempre de su parte… pero le seguimos en su aventura vital y en su correría tras ese sombrero soñado que se niega a perder.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.