Estoy viviendo últimamente buenos momentos cinematográficos, así que me ha parecido buena idea escribirlos. Que mejor que celebrar un día dedicado al amor (quitemos los artificios comerciales) que alimentando una pasión que nos cuida. Y ¿qué película, incluso las de más mal rollo, no esconde en el fondo una historia de amor?
The Brutalist, la magia de la sala de cine
Disfruté del espectáculo del cine con una sala llena: The Brutalist de Brady Corbet. Me hubiese gustado verla en una sala de esas enormes de mi infancia con el telón que tapaba la pantalla para vivir la magia completa. La película de Corbet es una de esas películas largas a lo West Side Story, Lawrence de Arabia o Camelot con su intermedio y todo… Un largometraje donde todo se cuida, desde los créditos del principio, porque así se completa una obra.
The Brutalist tiene imágenes de esas que ya no olvidas. Como la llegada al nuevo mundo del protagonista, el arquitecto László Toth (Adrien Brody), después de haberse roto por completo con la brutalidad de los campos de concentración. Lo primero que ve es la Estatua de la Libertad invertida. En un principio, no sabemos bien dónde se encuentra si un tren de la muerte, si en un campo hacia una cámara de gas… No distinguimos dónde quiere o dónde intenta salir, hasta que se descubre que está en un barco y que sale fuera, al aire libre, para ver Nueva York.
Me gusta cómo me cuentan ese relato de un hombre quebrado que llega a EEUU y tiene que seguir lidiando, sin poder recompenerse nunca. La película baila entre dos frases. Una la escribe su esposa en una carta. Su voz se oye en off durante los primeros minutos y le dice: «Quienes más libres se creen, son quienes más lejos están de la libertad». Y la otra forma parte de un discurso que da su sobrina en una muestra de la obra arquitectónica de su tío en el epílogo: «Lo importante no es el camino, sino el destino».
Entre medias, está el proyecto creativo de un hombre que es artista y todo lo que no puede decir, expresar, sentir o contar lo deja en un edificio. No le salen las palabras, no escribe, pero sí puede plasmar en una obra arquitectónica lo que siente.
El camino de László está lleno de dolor, tragedia y daño. Todo lo sufre en un cuerpo y un alma que ya están rotas por el horror sufrido. Dentro de la desgracia, solo puede dejar su firma. Una biblioteca donde lo importante es la luz que entra en un espacio diáfano o un edificio brutalista que significa muchas cosas, incluso cada medida revela algo en concreto. Si venía de una Europa que era puro infierno aterriza en una tierra que no es ningún sueño, sino una pesadilla. En todas partes, hay personas que pisan y los que son pisados. En el infierno y en la tierra prometida.
Buster Keaton, cara de palo tierno
Otro momento especial fue en el salón de casa de mi madre. Nos preparamos una noche para ver El héroe del río (Steamboat Bill, Jr., 1928) y desde que empieza hasta que termina lloramos de la risa. Y sientan tan bien esas risas. Buster Keaton recibe los envites de la vida con su cara de palo y transmite golpe tras golpe una ternura infinita. Yo reía, pero tenía ganas enormes de meterme en la pantalla y abrazar a Willie. Está llena de momentos cumbre, pero no me voy a ir a la tempestad, sino cuando su padre se empeña en entrar en una sombrerería para que se quite la boina y se compre un sombrero. Es sublime el rostro de Keaton con distintos sombreros y su empeño por conseguir llevarse uno que le gusta y a su padre le espanta…
Supongo que me estoy preparando para el gran acontecimiento que voy a vivir este sábado: El maquinista de la general(The General, 1926) con una banda de jazz en directo. Creo que voy a reír y llorar a la vez.
Odas al mal rollo
No, no es fácil generar mal rollo a través de una película. Me ha pasado últimamente con dos largometrajes. Por una parte, Longless de Osgood Perkins (sí, sí, el hijo de Anthony Perkins). Desde el segundo uno transmite una atmósfera que provoca incomodidad. Todo es a través de la mirada extraña de una agente del FBI, que arrastra varios traumas. Cómo está contada la historia, los movimientos de cámara, la interpretación de los actores, el villano más raro que os podáis imaginar, unas muñecas que dan grima pero a la vez son perfectas, los distintos formatos de pantalla para contar la historia…, todo crea en el espectador unas sensaciones que generan malestar. Como ese miedo que provoca caer a un abismo inexplicable.
La otra que me ha generado muy mal rollo ha sido una española, Salve María de Mar Coll. La directora convierte la maternidad en la peor de las pesadillas. Tiene momentos que provocan auténtico terror y pavor. Juega con el suspense y el miedo. Mar Coll realiza una radiografía estremecedora de una madre con depresión posparto. Sufrí cada instante con ella y con su bebé, Eric.
Lo interesante es que esa madre es novelista, crea universos y mundos. Y su depresión se convierte en material literario. Escribe lo que no puede gritar. Lo que le avergüenza y le da pánico expresar. De nuevo, una mirada que cuenta el infierno que vive. La protagonista, esa madre al borde del abismo, lee un suceso de otra madre que mata a sus bebés en una bañera y su mente se obsesiona con esa historia, porque está sintiendo cosas que la hacen tener mucho miedo de sí misma. Por cierto, nunca un cuervo que entra en una habitación me dio tan mal agüero.
Un clásico revelado
Adoro seguir descubriendo clásicos que me descolocan y cautivan. Esta vez de la mano del gran John M. Stahl, el rey del melodrama elegante. Irene Dunne y Charles Boyer se enamoran en medio de un huracán tan fuerte como sus sentimientos. Huracán (When Tomorrow Comes, 1939) es una belleza con el romanticismo a flor de piel en cada fotograma.
Empieza con unas camareras exigiendo mejoras laborables y amenazando con una huelga, continúa con un pianista que se une a la causa y se enamora de una de ellas; sigue con un hombre y una mujer sin máscaras que se enamoran al límite en pleno huracán, los dos se resguardan en una iglesia y ahí, en lugar sagrado, se dan cuenta de que no hay vuelta atrás, aunque tengan las horas contadas en muchos sentidos; y termina con una de las despedidas más hermosas y desoladoras que puede dejar un buen melodrama.
Siempre queda la música
Si algo me gustó de El 47 de Marcel Barrena fue el empleo que hace de una canción para contar su historia. Esa canción es la favorita de su protagonista, Manolo Vital, Gallo rojo, gallo negro de Chicho Sánchez Ferlosio, que la escucha incansable en su tocadiscos y que a su hija le pone de los nervios. Pero, pronto, los golpes de la vida hacen entender a la adolescente el significado de esa letra y por qué es importante esa canción, pues expresa un sentimiento. Esa canción como parte de una herencia que va pasando de padres a hijos. También me hace descubrir una canción hermosa del folclore catalán, Rossinyol que vas a França.
Y, sí, me meto en la historia que me cuenta Carlos Marques-Marcet: Polvo serán. Los últimos días y la muerte digna que persiguen una pareja que llevan muchas décadas juntos: un director de teatro y una actriz principal. A ella le han diagnosticado un tumor cerebral y decide irse a Suiza para morir y él quiere irse también con ella… en todos los sentidos. No desea vivir si no es a su lado. La muerte como representación. El viaje hacia la muerte de estos dos creadores va acompañado de amor, música y baile (María Arnal y La Veronal) y tampoco faltan Lucho Gatica o María Callas… y, sobre todo, muchas, muchas flores. No me importaría una sesión doble sobre la muerte en clave de música con Empieza del espectáculo de Bob Fosse y Polvo serán de Carlos Marques-Marcet.
El documental
Me trajo un montón de recuerdos y nostalgia de cuando el cine era un fenómeno continúo. Por los años ochenta del siglo pasado hubo un cambio generacional en Hollywood. Un grupo de jóvenes actores pisaban fuerte y estrenaban películas que hacían ir en masa a las salas de cine, porque, de pronto, los temas de los adolescentes importaban, pues dejaban además interesantes dividendos.
De aquella generación me fijé en uno en concreto: Andrew McCarthy. Muchos años después, en la actualidad, el actor realiza un documental Brats: las jóvenes estrellas de los ochenta. Y analiza un curioso fenómeno, a muchos de esa generación les marcó profundamente y de manera negativa una etiqueta que les colgaron en un artículo periodístico, los calificaron como los Brats pack, algo así como una pandilla de mocosos o niñatos.
McCarthy expone que le afectó tanto esa etiqueta que marcó su carrera como actor, que impidió su despegue. El actor explica que nunca había comentado con otros actores de generación qué supuso esto para ellos. En eso consiste el documental, McCarthy localiza a sus compañeros de reparto en películas como St Elmo, punto de encuentro o La chica de rosa y hablan de qué supuso para sus vidas dicho artículo y protagonizar ese fenómeno. Merece la pena ver muchos de esos encuentros y el análisis que se expone no carece en absoluto de interés.
La recomendación
Gracias a La chica del parasol blanco, veo una película muda de Frank Capra que no había visto nunca y que me hace enamorarme más del cine de este realizador. The way of strong (1928). Una emocionante historia de amor con un gánster poco agraciado como protagonista, para más inri se apoda Handsome. En el argumento se juega con la bella y la bestia y Cyrano de Bergerac componiendo un amor imposible y trágico.
Con Handsome no puede nadie. Además de asaltar con éxito a su contrincante y robarle su mercancia de alcohol, regenta un garito clandestino siempre lleno. Lo único que no soporta es mirarse en el espejo y ver su rostro deforme. Su talón de Aquiles será Nora, una violinista ciega que toca en la calle. Handsome se enamora apasionadamente de ella. No solo le da trabajo en su local y la protege, sino que también hará todo por amor y sabrá lo que es tener un corazón roto. La vulnerabilidad del gánster la despierta Nora.
Solo por una secuencia merece la pena su visionado, pero durante toda la película se ve el oficio de Capra. Nora quiere tocar su rostro para “mirarlo”, pero Handsome no quiere que le acaricie, no desea que sepa cómo es su cara. En ese momento, entra el joven y agraciado pianista del local, también enamorado de la muchacha en cuestión, y Handsome le pone delante. Mira cómo Nora le toca el rostro y siente su belleza. Es un momento mágico, bello y profundamente trágico.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.




Te acabo de leer…y cada vez me admiras más. Esta tarde te escribiré con calma mis impresiones sobre tu brillante artículo cinéfilo
Querida María Rosa, gracias por pasarte siempre por aquí, leer y comentar.
Siempre nos quedará el cine.
Beso
Hildy
Hola Hildy
No puede ser mas diverso el ramo de flores que nos regalas tal día como hoy.
Arrancas con una especie de «El Pianista» se ha caído en «El manantial, The Fountainhead» y sigues con una especie de: Clarice ¿son «longlegs» los nuevos corderos silenciosos? (Espero que, siendo de terror, no tenga nada que ver con Fred «Daddy Long Legs» Astaire).
Yo creo que «Brat Pack» fue claramente un bluff desde el principio, intentando replicar a las verdaderas estrellas de los ochenta -alguna sigue como el conejito duracell hasta hoy ¿verdad TomCruise?- que salieron de las dos pelis de Coppola Rumble Fish/Outsiders. Por cierto una peli del reivindicable Walter Hill con Michael Rourke de prota tiene, yo creo, bastante que ver -aparte del titulo- con «The Way of the Strong», (Johnny Handsome, 1989). Y, como un Dorian Gray cualquiera, hoy el «bueno» de Rourke se parece mas a su personaje «feo». Las damas eran Ellen Barkin y Liz McGovern pero no es de las mejores de Hill.
Un saludo, Manuel.
Hola Hildy!
curioso ramillete, como dice el tocayo. Me apunto las clásicas, que no he visto. Me pregunto si me gustarán las españolas, que tampoco he visto; bueno, sí, El 47, que no me pareció mal, pero se le nota mucho el mecanismo sensiblero, y el acento extremeño de Eduard Fernández…
He visto Longlegs, que se me fue desinflando y ya casi no recuerdo nada, y The Brutalist, es curioso: salí del cine con cierta impresión de estar impresionado pero a medias, algo defraudado con su epílogo que -esta es una hipótesis de esas que me invento- me parece un añadido posterior quizá de quien puso la pasta. No me lo creo. Curiosamente esa noche soñé con ella, lo que puede considerarse un signo de que me impresionó en algún sentido, pero lo cierto es que mientras más pienso en ella y rememoro cosas, es como que se me va cayendo a cachos, quizá porque el poderío de las imágenes disfraza en la sala las varias subtramas y sucesos mal concebidos, como lo que ocurre con la mujer del hermano, que es un poco absurdo, el cómo y el por qué de la drogaína y el doloroso evento marmóreo que es un poco chof, o el levantamiento final de la amda… En fin, que se me va derruyendo en la cabeza.
Un besazo!
Manuellllllll, cuando se habla de The Brutalist se dicen las dos referencias que comentas: El pianista y El manantial, pero creo que el enfoque es diferente. A mí la película me resultó interesante y visualmente con momentos muy buenos.
Jajaja, pobre papaíto piernas largas… Este sería el lado oscuro oscurísimoooooo. La del FBI de «El silencio de los corderos» tiene una mirada menos atormentada y traumática.
Qué cariño tengo a esas pelis de Coppola (yo también identificaba ahí a los del Brat). Curiosamente en el docu hablan más de St. Elmo, La chica de Rosa y El club de los cinco.
¡No he visto la de Rourke! A ver si la veo, me ha dado curiosidad. La de Capra me ha encantado.
¡Seguiremos por aquí con cócteles varios!
Beso
Hildy
Amigo Manuel, ganas de montarme en tu tren de sombras, que ya sabes que siempre te disfruto.
¡Cómo me ha gustado Huracán! ¡Y la de Capra!
Buster Keaton nunca falla.
A mí de las españolas varias me han resultado interesantes y otras me han entretenido un montón. Me lo estoy pasando bien intentando ver casi todas las de los Goya.
Longlegs me dio mal rollo de principio a fin, incluso en.su desvarío continuo, jajaja.
The Brutalist me gustaría escribir más exhaustivamente, pero me ha gustado y me parece que tiene mucho jugo. Yo la sigo pensando todavía e incluso pienso que en un segundo visionado me interesaría más todavía.
¡Nos daría para una buena conversación, seguro!
Beso
Hildy
Hola, Hildy:
¡Qué envidia me suscita tu entusiasmo permanente ante el cine que se estrena!
Me da muchas pereza ver “The brutalist” ( ¡3 horas y media!) y más, que solo en un cine se puede ver en su formato original de 70mm. Todo apunta a que va a ser la gran ganadora de los Oscar. Esos premios que ya hace mucho que no significan nada.
El cine de terror, por malo y efectista que sea, me lo hace pasar mal así que paso de “Longlegs” El hijo de Anthony Perkins se está convirtiendo en todo un especialista en el género. De él he visto “Gretel y Hansel” una revisión del cuento en clave de empoderamiento femenino. Más curiosa que apasionante, en mi opinión.
Los que sí que me apasionan, divierten y entusiasman son Buster Keaton y Frank Capra. “El héroe del río” es fabulosa. He visto recientemente de Keaton “One week”, “El espantapájaros “, Cops” y “Siete ocasiones”, ¡Cuanta creatividad, ritmo, ingenio y pericia física contienen! ¡Y que frescas son! Ya hablamos del ciclo Capra-Stanwyck. Una auténtica maravilla. Pues estoy empezando a descubrir las pelis mudas del director de “¡Qué bellos es vivir!”. Solo he visto “So this is love” (titulada aquí “La virtud del amor”) Una delicia con una pareja estupenda. Tanto ella, Shirley Mason, como él William Collier II, deberían haber seguido en el sonoro. Su interpretación está llena de encanto y él representa un tipo de hombre que me resultó muy moderno. Sensible, vulnerable, nada épico, pero tampoco cobarde y que resulta heroico casi a su pesar y con ayuda. Los personajes de Keaton también eran un poco así. Quizá no es que sean modernos. Lo más probable es que siempre haya habido hombres así, por mucho que intenten convencernos que no.
Fui a ver “Salve Maria” de Mar Coll, más por lo muy interesantes que me habían parecido sus dos películas anteriores, “Tres días con la familia” y “Todos queremos lo mejor para ella”, que porque me atrajera el tema. Lo siento, pero estoy un poco hasta el gorro del tema de la maternidad. Parece que cada directora tiene que hacer su película para demostrarnos lo terrible que es ser madre en el siglo XXI. Dicen que lo hacen para acabar con la visión idealizada de la maternidad. Si se entiende por visión idealizada los publirreportajes idílicos de Instagram, de acuerdo, pero la maternidad siempre se ha mostrado y la he percibido como un estado de amor, pero con mucho sacrificio. Aunque la película tiene momentos inquietantes, creo que lo que me resultó mas perturbador fue su (¿supuesto? ¿Irónico? )final feliz. Vemos a la protagonista que vuelve al trabajo que le gusta, está guapa y sale de fiesta y se divierte con sus amigos. La custodia de Eric la tiene el padre, y la protagonista está volviendo a acostumbrarse a su hijo, teniéndolo en periodos cortos. Una de las tesis de ese final es que eso del instinto maternal es falso y que cualquiera independientemente de si es hombre o mujer, puede cuidar de un bebé, pero que por inercia o costumbre ese cuidado recae en las madres, pese a que puedan ni estar preparadas para hacerlo, ni desearlo. Suscita un debate que puede ser pertinente en esto tiempos. Pero sigue pareciéndome demoledor y no se si era la pretensión de directora y guionista, ver a la protagonista tan feliz y liberada, tan genuinamente ella (o como se supone que era antes de la llegada del pequeños Eric) porque ya no tiene que cuidar o al menos ya no la mayor parte del tiempo, de su hijo. Me pareció que más que una película sobre la depresión postparto, trata sobre como la culpa y la mala conciencia de una madre que ve a su hijo como un incordio del que quiere librarse, la llevan hacia el borde de la locura. Y al no tener que afrontar su cuidado, se puede recuperar.
Y «Polvo enamorado» pues ya para otro día.
Vaya colección de momentos cinéfilos nos traes hoy. Todos apetecibles. Me inclino por los clásicos, como siempre: Stahl, Keaton, Capra. Trío de ases. El melodrama, la comedia, y el drama del director de ascendencia italiana, de las pocas que no he visto de Capra, por lo que cuentas parece una vuelta de tuerca a la historia que luego haría Chaplin en Luces de la ciudad.
Abrazos!
Querida Lilapop, que lectura tan interesante de Salve María. Me parece que como dices es una película que puede suscitar debates tremendamente interesantes. ¿Depresión posparto o la culpa y la mala conciencia de una madre que ve a su hijo como un incordio del que quiere librarse? ¿O una mezcla de ambas? A mí me creo incomodidad y produjo mal rollo, haciéndome pensar bastante en ella. Y leyéndote me sigue pareciendo tremendamente interesante las miradas que genera.
Buster Keaton es maravilloso. Me provoca carcajadas pero a la vez me produce tal ternura. Ayer pude ver El maquinista de la general con una banda de jazz en directo. Jo, qué bien me lo pase.
¿Me permites recomendarte una película que está ahora mismo en sala? Lo mismo me equivoco, pero creo que te gustaría: Memorias de un caracol (Memoir of a Snail, 2024) de Adam Elliot.
Beso
Hildy
Querido Ethan, qué gusto tu visita siempre.
Sí, todas las películas de este cóctel tienen, como dices, algo apetecible.
El trío de clásicos, Stahl, Keaton, Capra, una pasada y lo maravilloso es que todavía me quedan cosas por descubrir de los tres.
Para mí la película muda de Capra ha sido una revelación preciosa. Y, sí, me he planteado si Chaplin antes de su maravillosa Luces de la ciudad había visto esta película.
Beso
Hildy
¡Me has adivinado, querida Hildy! Voy a ver el próximo jueves «Memorias de un caracol». Tengo muchísimas ganas y no sabes lo limitado que está su visionado en versión original en Barcelona. Una pena.
En cambio, fui a ver «Flow» otra peli de animación que la crítica ya ha catalogado como una obra maestra (¡otra más!) y sin duda es bonita y tiene virtudes, pero para nada me parece esa obra maestra incontestable. No creo que ni nos hubiéramos enterado de su existencia si no hubiese tenido producción francesa. Es básicamente la industria francesa la que diseña la mayor parte del cine que nos llega…
Respecto a John M. Stahl que mencionas en tu post, aún recuerdo un ciclo de principios de los 90 en la 2 sobre su filmografía. Me hizo conocer a un director
del que no sabía nada más, que Douglas Sirk había hecho varias versiones de sus películas ¡Cómo me gustaría un ciclo así ahora! Tenemos más canales que nunca, algunos (supuestamente) dedicados al cine clásico y ni por asomo una peli de Stahl…
Hola Hildy y Lilapop
El tema «maternidad difícil» no es exclusivo del siglo XXI; estoy juntando fuerzas para ver «Not Wanted,1949» (el título lo-dice-todo) oficialmente dirigida por Elmer Clinton pero realmente dirigida por Ida Lupino que era co-productora.
Poco tiempo después en la muy interesante -pero irregular- «The Goddess, 1958 John Cromwell» vemos por dos veces, como si fuese hereditario, el abandono de una niña en aras de salvar la «juventud» de la madre.
Fuera del tema maternal, «alguien» con olfato acaba de re-estrenar «The Front, 1976 Martin Ritt» tardaron veinticinco años en digerir los hechos… y cincuenta años más tarde parece que es un tema de mañana ¡O tal vez de este triste hoy!
Un saludo, Manuel.
Mi querida Hildy, en mi situación actual no puedo permitirme cuatro horas de sala para ver The Brutalist, así que queda para otro día.
Buster Keaton: magistral.
Longlegs me parece un bluff, mucho ruido y pocas nueces, muy muy tramposa, muy gratuita, y demasiadas cosas ocurren «porque sí». Me generó mal rollo, pero del otro.
Me falta Salve María, aunque voy a subsanarlo pronto, y de Stahl me hice un programa doble con Murallas humanas (1948); fue buena dupla. A este hombre hay que recuperarlo ya. Sin él, por ejemplo, no hay Sirk, y sin Sirk, ya sabemos que no hay montones de cosas.
El 47 me parece la peor película española (con pretensiones) en muchísimo tiempo. Nefasta. Si no fuera porque es un spot publicitario del PSC, no habría tenido cabida en salas ni en premios fuera de Cataluña, y dudo bastante que incluso en Cataluña. Posiblemente la peor película española en ganar el (medio) Goya a mejor película.
Polvo serán es una sorpresa agradable, todo lo contrario que la anterior.
Tomo nota del documental de McCarthy, aunque no soy muy partidario de aquel fenómeno (St. Elmo me parece una castaña, aunque por aquel entonces sí hubo otras películas «de amigos» que sí me resultaban estimables, incluso «generacionales»; cuando escribo esto se cumplen 75 años del nacimiento de John Hughes, que falleció en 2009).
Y Capra… Estas películas mudas me están reconciliando bastante con la «abuelita» Capra. Si no has leído sus memorias, es un buen momento para ponerte con ellas. Voy a tener que ponerme con alguna suya de propaganda liberal y «happyend» llorón para que se me pase.
Besos
Mi querido Alfredo, ¡¡¡sí, he leído esa autobiografía de Capra!!! Ahí que la consulto de vez en cuando. Me ha gustado muchísimo esta película de Capra que nunca había visto hasta ahora.
El documental de McCarthy expone de una manera original y personal un periodo determinado en Hollywood y da rienda suelta a una serie de películas que muchos vimos en su momento.
Disfruté mucho de Polvo serán y Salve María, son dos películas que merece la pena ver. Suscitan diálogo, reflexiones y debate.
¡¡¡Adoro a Stahl!!! ¡¡¡Y Buster Keaton, siempre!!!
… hablaremos de The brutalist en otro momento.
De El 47, lo dicho, lo que más me interesó fue el uso de esas dos canciones que menciono para contar aspectos de esa historia.
Ayyyy, a mí sí que me creo un mal rollo cómo cuenta una historia oscura e incómoda Osgood Perkins. Esa mirada extraña…, ufff.
Besos
Hildy
¡Hildy querida! Hace más de diez días que tengo sobre mi cabeza la consigna de leerte sin encontrar el momento, y cuando por fin me siento, ¡me encuentro nada menos que con tu reseña de The Way of the Strong! ¡Qué maravilla leerte y revivir en tus palabras esa escena magistral! Mañana intentaré sentar a mi padre a verla (no le entusiasma mucho el cine mudo), justo estaba hablándole de la película momentos antes de leer tu texto.-
De las otras no puedo decir nada porque no las he visto, ni siquiera Huracán (aunque me suena haber escuchado sobre ella) ni Steamboat Bill Jr (¿podés creerlo? Mi déficit de Buster Keaton es enorme), pero ya las apunto.-
Te mando un abrazo enorme, Bet.-
Querida Lilapop, perdón, no había visto tu último comentario.
¿Qué te pareció Memorias de un caracol? Espero que la disfrutases.
¡Menudos ciclos los de La 2! Eran increíbles.
¡El de John M. Stahl me lo perdí! Pero, Dios, menos mal que lo he ido descubriendo y lo que he visto de él hasta ahora me alucina.
Beso
Hildy
Perdón, Manuel, me ha pasado lo mismo. No había visto tu comentario. Mil gracias por las referencias. La Ida Lupino muero de ganas por verla. La diosa, qué interesante es y cuántos temas trata, entre ellos como bien dices el de la maternidad. Y en La tapadera de Ritt no me acuerdo del tema de la maternidad. ¡Voy a tener que verla!
Sí, tienes razón que no es un tema exclusivo de ahora y que se ha tratado (nos facilitas interesantes ejemplos), pero creo que ahora es más recurrente y con un buen abanico de miradas, ¿no crees? Y lo que me interesa es que ahora no es una excepción el punto de vista de una mujer directora (como fue Ida Lupino), sino un tema protagonista y con un montón de posibilidades.
Beso
Hildy
Queridísima Bet, es que me ha encantado esa película de Capra. Qué joya. Qué bueno que escribieses sobre ella ¡Ojalá tu padre se anime! Es una peli muy amena además, ¿verdad? La de Huracán me ha gustado mucho, un montón. Y me ha sorprendido.
Ayyyy, Buster Keaton es muy buena compañía. Todo un disfrute. Te dan tantas ganas de abrazarle o gritarle: ánimooo, todo va a salir bien.
Beso
Hildy