
Douglas Sirk, un hombre sabio y elegante, es el protagonista de este libro. Antonio Drove juega para el título de su libro con el título de una de las películas más bellas del realizador: Tiempo de amar, tiempo de morir.
Si el nombre de Douglas Sirk está en la portada, este libro va llamar mi atención. Ya lo he dicho en otras ocasiones. De pronto, hay libros con los que conecto irremediablemente. Este lo hace de manera inevitable. El cine de Douglas Sirk ha sido importante para mí. Sus películas son una fuente inagotable de maneras de contar. Su dominio del lenguaje cinematográfico es un deleite. Y cómo a través de un género tan denostado como el melodrama hace una interesante lectura de la vida explica su exquisita y elegante personalidad.
En una de esas librerías con encanto, que tanto me gusta visitar por mi ciudad, la persona que me acompaña me dice que me regala un libro. Veo en la estantería un volumen que ya he perseguido varias veces, que ha vuelto a ser reimpreso, Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk de Antonio Drove (Athenaica ediciones, 2024), y me digo que esa es una buena oportunidad para conseguirlo.
Es una publicación con mucha historia sobre sus hombros. La primera vez que apareció fue en 1995, financiado por la Comunidad Autónoma de Murcia en coedición con la Filmoteca Regional de Murcia y la Editora Regional de Murcia. El director de cine, Antonio Drove (un gran desconocido para mí), lo publica para que no se pierda en el olvido un trabajo que hizo para Televisión Española a principios de los años ochenta. Grabó una extensa entrevista al director Douglas Sirk en Suiza para ilustrar cada una de las películas que se iban a emitir en un ciclo dedicado al realizador. Una entrevista mítica, que por distintos avatares, no volvió a emitirse e incluso el propio Antonio Drove, tras la publicación del libro, no llegó a tener idea alguna de si todavía existía copia en los archivos de Televisión Española.
Años después, en 2019, vuelve a publicarse. El libro ha tenido distintas ediciones y la última reimpresión de 2024 es la que tengo en mis manos. Leo en la última página, en los agradecimientos del editor, que sí han podido constatar que los capítulos de Directed by Douglas Sirk; es decir, los distintos episodios que recogen la entrevista que grabó Drove, no se han perdido. Ahora sí, por líos burocráticos y entre departamentos, permisos audiovisuales y no sé cuántos inconvenientes, no es posible que sea fácil acceder a dicho material. ¿No sería interesante a partir de toda esta historia y todo el material que se pueda recopilar construir y montar un documental? ¿Es misión posible superar todos los obstáculos?

De la historia más folletinesca, Douglas Sirk extrae belleza. Obsesión es puro melodrama, pura emoción.
Me sumerjo en la lectura de este libro y lo disfruto. Disfruto cada línea y cada página. Es una publicación especial e inclasificable. Habla sobre el encuentro de un cineasta con otro al que admira profundamente. Y ese encuentro se produce en un momento caótico en la vida del realizador que lleva a cabo la entrevista. Pero un momento de esa conversación se convierte en una epifanía. En un antes y un después. Una respuesta a una pregunta es una revelación. Todo gira alrededor de la felicidad, esa que se le ha escapado al entrevistador. Esa respuesta le permite tomar las riendas.
Cuando empiezo la lectura del libro me doy cuenta de que los dos protagonistas de esta aventura epifánica ya están muertos. En su portada hay tres sombras: la de Antonio Drove, la de Douglas Sirk y la de su esposa, Hilde Sirk. Ya no están, pero curiosamente entre las páginas de este libro siguen vivos, muy vivos.
Las dos partes principales del volumen se complementan. En la primera parte, Antonio Drove cuenta la historia de cómo se gestan esas páginas, pero en realidad es un ejercicio mágico donde va contando parte de su vida, las personas que forman parte de ella y cómo todo le conduce a Douglas Sirk. Es el trabajo también de un perfeccionista sensible, con una mirada especial que todo lo analiza, y de un hombre que se desvela tremendamente vulnerable.
Y justo en el momento que es un hombre roto y desdichado, que todo parece que le lleva al abismo, tiene su encuentro con Douglas Sirk, un anciano cineasta, perfeccionista y sabio, que tampoco ha tenido una vida fácil. Antonio Drove está a punto del colapso, incluso parece que no va a haber ni siquiera posibilidad de una entrevista soñada en profundidad. Entonces le dice al anciano cineasta que quiere preguntarle algo: «Antes de empezar la entrevista necesito que me hable usted de su concepto de felicidad, de la brevedad de la felicidad y de cómo convivir con la infelicidad».
Y entonces Sirk, gratamente sorprendido, le contesta: «La felicidad es un pájaro que vuela, usando una metáfora. Tratas de atraparlo, pero casi siempre se escapa. Y si lo atrapas, lo coges y…, no sé, incluso si has llegado a atraparlo, nunca llegará a ser algo muy familiar para ti o muy raramente lo será. La felicidad volará lejos de ti de nuevo. Solo si consigues domesticar al pájaro se quedará contigo, quizás se convierta en tu amigo…
» Pero la mayoría de la gente no se da cuenta de esto. Creen que la felicidad tiene que llegar a ellos, que tienen que ser felices, que la felicidad se les debe… y no es así. En cierta forma, nosotros, los seres humanos, estamos desamparados, básicamente en manos del destino. Para que la felicidad venga, debemos ser lo suficientemente atractivos para merecerla, para que ella desee venir a nosotros… No sé si queda claro».
A partir de ahí, los dos conectaron. Y la entrevista que surgió fue profunda, sobre la vida y el cine. En ese diálogo que establecen caben los sentimientos, las emociones, las películas, las lecturas y la filosofía, sobre todo mucha filosofía. Esa es la segunda parte del libro, la propia entrevista de Drove a Douglas Sirk con alguna mínima intervención de Hilde (no obstante, siempre muy presente a lo largo del libro).
Ahí Sirk cuenta cosas tan curiosas como que el término melodrama se debe a su abuela, a una explicación que le dio de niño, sobre la música en una película muda. O da auténticas lecciones de cine cómo que «la emoción depende del movimiento de la cámara y así resulta un sentimiento verdadero». O cuenta una anécdota con un agente del Comité de Actividades Antinorteamericanas en plena caza de brujas que ofrece un análisis sorprendente del dramaturgo Bertolt Brecht.
Pero también habla largo y tendido de sus películas. De las alemanas, de las americanas. Y de su forma de mirar, del componente social de sus largometrajes, del género que prima en su filmografía, de su estilo cinematográfico, del uso de la luz, de los espejos, de los elementos y temáticas presentes a lo largo de su carrera, como la ceguera, la suplantación, la búsqueda de la belleza, la construcción de sus personajes, la estructura de las historias, los falsos finales felices, las máscaras…
Pero Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk es muchas más cosas. La despedida de esa entrevista da pie a un buen texto de la tercera parte titulado «Los espejos, Velázquez, Sirk, la basura y unas notas sobre Buñuel». En esa despedida hay varios hilos de los que tirar. Douglas Sirk dice que en España tenemos a Calderón de la Barca y La vida es sueño, «llegando más allá de las cosas reales en la vida».
Nombra también a Federico García Lorca, a Lope de Vega y «al maravilloso Velázquez». Hilde le recuerda también a Goya. Pero Sirk, después de decir que Goya es el maestro del terror y el horror, vuelve a Velázquez y confiesa que ha aprendido mucho del pintor para temas de iluminación. A partir de ahí, de Velázquez (y luego de más referentes), Antonio Drove tira del hilo en el mencionado texto de la tercera parte. Otro disfrute, mucho camino abierto para disfrutar de nuevo de las películas de Douglas Sirk.
También en esa despedida de la entrevista, el director de Imitación a la vida deja su deseo de haber realizado una película a partir de La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca…, y se activa mi imaginación de cómo hubiese reflejado Sirk en la pantalla ese universo lorquiano, cómo lo hubiese trasladado, ¿quizá hubiese rodado otro wéstern? Pienso en todos esos largometrajes que se quedan en el limbo de los creadores, que nunca serán.
Por último, Drove acomete una labor que me hubiese encantado para cada una de las películas de Douglas Sirk. Comenta de forma exhaustiva, según su mirada, dos melodramas sirkianos. Uno de su etapa alemana (La golondrina cautiva) y otro de los americanos (Obsesión). Así va dejando pistas para desvelar el estilo del cineasta. El libro culmina con una filmografía comentada y bastante completa que ha sido extraída de Douglas Sirk, de Jon Halliday, pero de la traducción que realizó en su momento la editorial Fundamentos en 1973, pues como narra Antonio Drove en la primera parte, él tuvo algo que ver para que el editor Juan Serraller decidiese traducir y publicar dicho volumen en su sello.
Sonrío, en uno de mis trabajos de hace bastantes años, del que guardo bonitos recuerdos, tuve la oportunidad de conocer a Serraller, un hombre muy peculiar. Y de alguna manera me hace ilusión pensar que también tengo un hilo invisible que me conduce a Sirk. Por cierto, no he leído el libro de Halliday. Luego el libro se abre con un texto de Víctor Erice y se cierra con otro de Miguel Marías, donde hay más revelaciones que descubrir.
Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk provoca las ganas en cada página leída de volverse a empapar de la filmografía de Douglas Sirk y, sobre todo, de completarla. Para mí ha sido un libro valioso, porque me vuelve a demostrar que hay libros de cine que son puro deleite y piezas artísticas en sí mismos. Además me queda como tarea pendiente ver El túnel de Antonio Drove que, según Miguel Marías, podría ser la película que muestra cómo el cineasta español supo dejarse llevar por el universo de Sirk, al que tanto admiraba.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Cuando una pasión se une a la belleza y al entusiasmo, surgen textos así, tan mágicos y deseables. Gracias, Hildy, me ha encantado. Y me apunto «pelis de Sirk ya mismo».
Querida Hildy, de cada párrafo de tu texto me llevo un regalo. Primero, qué lujo que alguien te acompañe a una librería (a mí suelen dejarme en la puerta y huyen despavoridos) y te diga que te regalará un libro. Segundo, hace cuánto que no me sumerjo en las lecturas de cine. He pasado los últimos años metida hasta el cuello en mis queridos clásicos del Siglo XIX pero no me vendría nada mal tomar una bocanada de aire de cine. Tercero, tengo una deuda con Sirk, no he visto mucho de él y lo que he visto, no lo he valorado como seguramente merecía (lo primero que me viene a la mente con sus remakes de los ’50 es que usualmente prefiero la original, pero cada obra es valiosa en sí misma, no debería compararlas). Cuarto, ¡qué delicia estas conversaciones entre cineastas! Inevitablemente me viene el recuerdo de la entrevista de Truffaut a Hitchcock, que devoré mil veces cuando estaba adentrándome en esto de leer sobre cine.-
Qué lindo leerte y contagiarse de tu entusiasmo, se te extrañó por estos lados. Te mando un abrazo gigante, Bet.-
¡¡¡Querida Marga, qué alegría leerte!!!
No sabes lo que he disfrutado con ese libro.
Jajajaja, «pon un Douglas Sirk en tu vida» es un buen lema.
Él sabe ir más allá del melodrama.
Siempre hay un mañana, Ángeles sin brillo, Escrito en el viento, Imitación a la vida, Obsesión, Solo el cielo lo sabe…
Beso
Hildy
¡¡¡Bet de mi alma!!!
Jo, qué comentario más bonito.
Sí, me encanta ir de librerías. ¡¡¡Y que me regalen libros!!!
Sumergirse en lecturas clásicas del siglo XIX es toda una gozada. Así que te imagino viajando por mundos increíbles.
Como hemos dicho muchas veces los libros nos esperan.
Yo disfruto mucho con Douglas Sirk. Sus películas para mí tienen muchas capas. Pero ya sabemos que la conexión o no con una película, un director, una filmografía es un misterio absoluto. ¡¡¡Ojalá encuentres tu Sirk!!! La película que digas: «¡Ahora síiiiii!».
Las conversaciones, correspondencias y demás entre directores son un lujo. Y te permiten mirar de una forma especial las películas y aprendes, aprendes mucho. Sí, Hithcock-Truffaut es una de esas conversaciones míticas.
Beso
Hildy
Hola Hildy
Entrar en una librería con alguien dispuesto a regalarte un libro y ¡salir con dos directores de la mano! Con esos mimbres Douglas te monta un melodrama que las gafas de Jane Wyman acaban de diadema de Rock Hudson.
Uno de mis «Sirk’s» favoritos es «Sockproof, 1949», peli con uno de los mejores «arranques» de la historia…. y uno de los peores finales (participación estelar del edificio que -muchos años más tarde- entraría en la mitología gracias a «Blade Runner»).
Un saludo, Manuel.
Jajajaja, eso Manuel, ni más ni menos. Nunca sabes de quién vas a salir acompañado en una librería…
¿Has visto El túnel de Antonio Drove?
¡¡¡Te voy a hacer una confesión, aquí la que va de amante de Douglas Sirk, jajajaja!!! ¡¡¡No he visto «Sockproof, 1949»!!! Pero estoy feliz porque todavía, es cierto, me quedan varias películas por ver de su filmografía, y, como me corroboras, me queda todavía alguna que otra sorpresa.
No hace mucho pude acceder a parte de su filmografía en Alemania y fue todo un disfrute. Todavía me quedan cosas por descubrir.
Beso
Hildy
Hola Hildy. Me ha gustado mucho la reflexión de Douglas Sirk sobre la felicidad. La metáfora del pájaro que atrapamos y tenemos que aprender a domesticar. Yo creo que refleja bien la idea de que la felicidad se trabaja cada día, cada momento. No se regala, y requiere amor y constancia para disfrutar de nuestra pequeña existencia.
Ya he hablado alguna vez de Sirk contigo, y ya sabía que te fascina su cine. Yo es un cineasta que lo tengo un poco olvidado, pero no por nada en particular. Algunas de sus películas las disfrute hace muchos años. Recuerdo que vi Tiempo de amar, tiempo de morir en el cine, además en dos ocasiones. Una historia muy emocionante. Y seguro que otras de sus obras merecen la pena.
El libro será muy atractivo, pero antes de leerlo quizás sería mejor familiarizarse más con la obra de Douglas Sirk.
El tunel es un libro muy duro e impresionante. La película la he visto por lo menos un par de veces. Porque tenía un vago recuerdo de su desenlace, de haberme impactado al verla muy joven. Me impactó el desenlace, en su momento -entonces no había leído el libro-, más que la película en conjunto.
Luego he vuelto a verla, pero también hace años -que viejo soy, ja, ja-, así que no la tengo fresca para darte mi opinión. Yo creo que estaba bien.
Por cierto, vi Matrimonio de conveniencia, que me gustó, y Cuatro bodas y un funeral que tiene algunas escenas muy divertidas, en esta me reí a gusto varias veces. La de Weir es quizás más romántica, aunque también había alguna escena graciosa; la del piano, por ejemplo. Las dos son románticas. Las dos con idéntica protagonista femenina. También vi el otro día Pequeñas mentiras sin importancia, una película francesa que tuvo mucho éxito en su país y que no me entusiasmo demasiado. No me pareció graciosa.
Es curioso el humor. Me gusta mucho el humor que aparece de repente en una película que en teoría no es una comedia. Por ejemplo estoy viendo una peli de Lars Von Trier y de pronto, en una escena determinada de muero de risa. A veces puede ser también humor negro, claro. Te puedes reír con una salvajada o con algo bastante loco. Es curioso el humor. Sin embargo, muchas veces, cuando es una historia que parece buscar la carcajada a toda costa, en cierto tipo de comedias o series de televisión, entonces no me hace gracia, me resulta todo demasiado forzado, sin naturalidad. Supongo que es una cuestión de tono y de matices. Es difícil ser divertido para los demás.
Un beso.
Querido Luis, sí, es una reflexión preciosa y Drove en ese momento la vivió como una epifanía. Qué maravilla ver Tiempo de amar, tiempo de morir en pantalla grande. No hace mucho hicieron un ciclo de Sirk en la Filmoteca Española y hubiese sido una oportunidad para ver muchos de sus títulos en pantalla grande, pero no pude acercarme. ¡Espero tener otras oportunidades de verlo en las dimensiones para las que fueron pensadas sus películas! En una pantalla de cine.
Es buena idea hacerse un ciclo de Sir antes de leer el libro, aunque también puede ser puerta de entrada para abrir el apetito.
¡¡¡Gracias por todo lo que me dices sobre El túnel!!! No solo no he visto la película de Antonio Drove, sino que tampoco me he leído la novela de Sábato.
Acabo de leer que existen otras dos adaptaciones: una de León Klimovsky y otra para televisión de por José Luis Cuerda.
¡Qué alegría que hayas visto Matrimonio por conveniencia y Cuatro bodas y un funeral y que te hayan gustado ambas! La secuencia del piano me chifla; y es cierto, que empieza con humor, pero de pronto se transforma en un momento serio y hermoso, ¿verdad? Y Weir lo hace con una sensibilidad especial
¡Cuatro bodas y un funeral tiene momentos divertidísimos!, muchas veces gracias a las reacciones y acciones de ciertos personajes.
Tengo debilidad por otro tipo de películas y son esas en que hay un reencuentro de amigos por una circunstancia concreta. Sí, tienes razón, Pequeñas mentiras sin importancia no es una de las películas de ese tipo que más me gustan (aún así tengo pendiente todavía la segunda parte, que la hay). El otro día volví a ver una de las películas que más me gustan de esa temática y volví a emocionarme: Reencuentro de Lawrence Kasdan. ¡Cómo me gusta! Y el motivo del reencuentro es el mismo que la francesa…, pero aquí está resuelto de una manera tan fantástica. ¡Y menudo reparto!
¡Qué complejo es analizar el humor, Luis! Cuántas sensibilidades hay en ese sentido. A mí me gusta mucho el humor de las screwball comedy, un humor algo alocado y absurdo. Hace poco volvía ver «Su juego favorito» de Howard Hawks, ¡¡¡y qué bien funciona!!!! También hay humor negro con el que conecto totalmente. Pero estoy contigo que hay otros «humores» que no me hacen reír, con los que no conecto o cosas que a mí me hacen mucha gracia, pero a nadie más… La risa también es un misterio…
Beso
Hildy
¡Qué libro más apetecible! El encuentro de dos cineastas. De Sirk he visto casi toda su filmografía; de Drove he podido ver «Tocata y fuga de Lolita» y «La verdad sobre el caso Savolta», buena adaptación de la novela homónima de Eduardo Mendoza, que también he leído. También me falta «El tunel», pero la tengo en mi colección así que tarde o temprano caerá.
Abrazos!
Si, querido Ethan, es un libro muy apetecible, para degustar cada página con deleite. Es un buen encuentro entre dos cineastas que conectan.
De Douglas Sirk, me quedan cosas por ver también, pero algunas de sus películas las he visto varias veces como Imitación a la vida. De Antonio Drove, sin embargo, no he visto nada. ¡Tengo ganas de empezar con El túnel! A ver qué sorpresa nos depara, ¿verdad? La del caso Savolta también la tengo en mi baúl de películas pendientes.
Beso
Hildy
Querida Hildy, hace mucho que no te escribo aunque siempre te leo…pero hoy te leo y te escribo…y lo hago para darte las gracias por contarnos bellamente tantas buenas películas…El Cine y los Libros han sido mis grandes aficiones desde bien pequeña…pues, gracias a mis padres y a mis hermanos mayores, yo fui desde muy pronto al cine y en mi casa había grandes librerias cuajaditas de libros…
Adorada María Rosa, me alegra que me leas y me escribas cuando puedas. Te agradezco siempre tus bonitos comentarios y tus gracias. ¡Viva el cine y los libros que hacen que la vida sea mejor!
Beso
Hildy
Mi querida Hildy, me has convencido. Vale que para estas cosas soy facilón, pero me has despertado mucho el apetito. Por el libro y por volver a ver películas de Sirk a cascoporro (de Drove, no).
Besos
Mi querido Alfredo, el libro a mí me ha merecido mucho la pena. Me ha gustado mucho. ¡Tiene tantos hilos de los que tirar! ¡¡¡Cualquier momento es bueno para hacerse un ciclo de Douglas Sirk!!! Las sorpresas están aseguradas. Es un libro que pone de manifiesto como el cine y la vida se mezclan, se cruzan, se entrelazan…
Beso
Hildy