Nancy y Bill, y entre medias de los dos Fagin, su socio en fechorías en Oliver, de Carol Reed. Los dos son protagonistas de una tremenda historia de violencia de género.

Varias obras de Charles Dickens han sido adaptadas al cine, y Oliver Twist en concreto ha tenido varias versiones, quizá las más conocidas sean la de David Lean y Roman Polanski, pero también existió una versión muda con Jackie Coogan, el niño inolvidable en El chico de Charlie Chaplin. Otra de ellas fue este elegante y sobrio musical de Carol Reed que regala momentos inolvidables. Esta película convertía en puro cine el musical de Lionel Bart, que tuvo la osadía de subir a los escenarios y convertir en éxito un drama de Dickens, con canciones y bailes, durante los sesenta tanto en Londres como en Broadway.

Como musical tiene momentos con una enorme fuerza visual, un elegante equilibrio y una belleza especial, como el momento de trabajo y comida de los niños en el orfanato y que sirve además como presentación del personaje de Oliver. Mark Lester se puso en su piel, un actor infantil con una sensibilidad especial que tan solo un año antes había sido uno de los niños de esa película inquietante en su forma de presentar el universo infantil que es A las nueve cada noche, de Jack Clayton. Pero, sobre todo, el número más hermoso es el que acompaña a la canción coral Who will buy?, que representa cómo despierta el barrio rico donde Oliver ha encontrado cierta paz y tranquilidad junto al señor Brownlow (Joseph O’Conor).

Pero durante todo el largometraje mi mirada se ha centrado en dos de sus personajes secundarios y su historia. Lo cierto es que Oliver, de Carol Reed, muestra una historia de violencia de género desgarradora, brutal y triste. Así se ve desde el principio la relación dañina y tóxica entre Nancy (Shani Wallis) y Bill Sikes (Oliver Reed). Ella, dulce, inteligente y vital, está atrapada en una relación que la daña, pero lo ama a pesar de que se sabe maltratada cada día. Así después de un puñetazo de Bill, que la tira al suelo delante de Fagin (Ron Moody), el socio en robos de su amado, y los niños que roban para ellos, cobra un doloroso sentido la canción que canta, una vez que se levanta y sale sola a la calle, As long as he needs me, donde justifica estar junto a él, pues cree que este la necesita. Nancy piensa que nadie podrá quererlo como ella lo hace.

Y Bill Sikes es huraño, silencioso y bruto en sus maneras. Sin un ápice de delicadeza y cariño. Como si la vida le hubiese golpeado una y otra vez y él fuera un perro callejero y rabioso, incontrolable. De hecho, su compañero fiel es Ojo de buey, un perro callejero.

Shani Wallis lleva la parte musical de la historia. Canta, baila, se relaciona con los niños y se convierte en la protectora de Oliver. Finalmente, no puede soportar la brutalidad de su compañero de vida con el niño, y trata de ayudarlo, pero intentando no traicionar a Bill. El personaje de Bill Sikes es maravillosamente interpretado por Oliver Reed. Él solo actúa, no canta ni baila, su sola presencia impone. Reed era un actor con una presencia física y sexual brutal. Aquí su Bill Sikes es una especie de Stanley Kowalski victoriano.

Carol Reed rueda los últimos momentos de estos personajes en una secuencia larga llena de detalles y matices. Bill se da cuenta de cómo Nancy saca a Oliver de la taberna, y los sigue junto a su perro. Nancy solo va a entregar al niño al señor Brownlow para que este pueda ser feliz, pero sin delatar a Bill. Pero este no lo ve así, y se ciega ante la “traición” de Nancy. Antes de que Oliver pueda ir donde el señor Brownlow, la coge, y sin piedad alguna, la tira detrás de unas escaleras. Y Oliver asustado solo ve el bastón de Bill y cómo esté golpea brutalmente a Nancy. De ella solo oímos sus gritos y vemos sus piernas. Cuando Bill termina de golpearla y mira sus manos llenas de sangre, se estremece. Y entonces es consciente de lo que ha hecho, y por un momento parece que se arrepiente o que lo siente, pero enseguida le consume y le devora el miedo. Abandona el cuerpo de Nancy, y solo piensa, desesperado, en la huida, tomando a Oliver como rehén. Hasta su perro fiel, Ojo de buey, siente que lo que ha hecho Bill es brutal y no solo huye de él, sino que será el que dirija a la policía y a muchos hombres de la ciudad hasta su dueño.

Bill arrasa con todo y lo único que quiere es escapar. Y cuando está intentando con una cuerda (que para colocarla en una viga ha puesto en peligro la vida del niño) pasar de un edificio a otro, recibe un disparo, y la multitud ve cómo este queda colgado y muerto en el aire…, balanceándose y totalmente solo…

La historia de Nancy y Bill, en este nuevo visionado de un musical que creo que merece la pena ser rescatado, ha eclipsado todo lo demás. Es dolorosa y brutalmente triste. Y cuenta y refleja muy bien una historia de violencia de género.

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