Siempre que moría un actor o actriz de la época dorada de Hollywood, nos refugiábamos en que todavía estaban presentes para contarnos testimonios de aquella época Olivia de Havilland y Kirk Douglas. Los dos parecían eternos, pero ya centenarios nos han dejado este año. Ambos eran monumentos andantes de una parte de la historia del cine. El 25 de julio nos enteramos de que Olivia se había ido, ahora ya es otro de esos fantasmas que habitan para siempre, inmortales, en las películas.

Esta sesión doble recoge a la primera Olivia que se convirtió a su pesar en la mujer ideal y soñada por el héroe de turno, y de paso de todos los espectadores que disfrutaban con el cine de aventuras. Y también refleja a la otra Olivia, la que luchó por ser considerada una actriz versátil y mostrar, por ejemplo, que podía reflejar el lado oscuro, es decir, que también podía convertirse en la protagonista de nuestras pesadillas.

Capitán Blood (Captain Blood, 1935) de Michael Curtiz

Olivia de Havilland como dama ideal y soñada.

Terenci Moix, en su mítica serie de artículos Mis inmortales del cine, recoge en el dedicado a la actriz, un testimonio revelador: “Al ver en París la reposición de Robin de los Bosques me di cuenta de que era una gran película. Escribí a Errol una carta muy larga, una petición de excusas que llegaba con veinte años de retraso. Una vez escrita, la rompí, pues pensé que Errol me tomaría por tonta. Siempre lo lamentaré. Pocos meses después, él ya estaba muerto. Hoy, al revisar Robin de los Bosques al cabo de tantos años, comprendí que aquellos filmes de aventuras que rodamos juntos eran muy buenos, y quisiera que Errol supiese cuán orgullosa me siento de haber intervenido en ellos”.

Porque efectivamente Errol Flynn y Olivia de Havilland fueron una pareja cinematográfica mítica. Y la primera vez que la Warner los unió fue en el Capitán Blood, y su química hizo las delicias de todos, de tal manera que repitieron en siete ocasiones más (La carga de la Brigada Ligera, El hombre propone, Robin de los Bosques, La vida privada de Elizabeth y Essex —aunque el papel de Olivia de Havilland era muy secundario—, Dodge, ciudad sin ley, Camino de Santa Fe y Murieron con las botas puestas). Los dos de promesas pasaron a estrellas. En esta mítica y amena película de piratas, ambos establecerían las claves de su éxito. Un amor inocente, vital y puro, donde Olivia de Havilland era la dama soñada de todo héroe. Dulce, inocente, con la picardía e independencia necesaria, pero totalmente fiel a su amor. Ella siempre esperaba el regreso, y este sabía que tenía dónde volver. La mayoría de las veces combinaban momentos de humor en el cortejo, instantes de un romanticismo exacerbado, y también secuencias de peligro y tragedia.

Aunque Olivia se sintió atada a este tipo de papeles, pues lo que quería era más variedad de registros, parece ser que tanto Errol como ella cultivaron no solo una fuerte relación profesional, sino también de amistad. Es más, parece ser que fue de las pocas actrices que no acabó en el lecho del seductor Flynn. Este llevó el rol de Olivia de mujer soñada e ideal a la vida real, y sintió por ella una especie de amor platónico.

Capitán Blood era una adaptación de una novela de aventuras de Rafael Sabatini. Errol y Olivia eran jóvenes, espontáneos, divertidos, hermosos y vitales. Rostros nuevos y con una fuerza visual arrebatadora en pantalla. De sus miradas, saltaban chispas. Por otro lado, se ponía en marcha una moda: pues no solo es una buena película de piratas, sino que volvía a poner en órbita las películas de época y espadachines. Vestuarios suntuosos, ambientación histórica, peinados, maquillaje y peluquería… Momentos de mar con lucha entre barcos y abordajes emocionantes, paradas en puertos con mucha vida… Y, por supuesto, no podía faltar una buena lucha de espadas. Los protagonistas de memorable secuencia: el pirata Levasseur y el capitán Blood. O lo que es lo mismo el elegante Basil Rathbone y el atlético Errol Flynn. Como siempre Michael Curtiz se mostró como un buen artesano cinematográfico tras la cámara. Y Olivia de Havilland lució como una dama bella e ideal que se quedaba para siempre en los sueños de los aprendices a ser héroes.

A través del espejo (The dark mirror, 1946) de Robert Siodmak

Olivia de Havilland creo a Ruth y Terry, las gemelas capaces de reflejar luz y oscuridad

Olivia de Havilland luchó durante años por conseguir otro tipo de papeles que le permitieran mostrar su versatilidad como actriz. Tanto es así que fue de las primeras actrices que se rebeló con éxito contra el férreo sistema de estudios y los leoninos contratos que ataban a las estrellas durante años a las majors. No tuvo reparo en llevar a la Warner a juicio y ganar. Olivia de Havilland logró así poner el primer ladrillo para acabar con una injusticia: esos contratos con los estudios impedían que los actores tuvieran poder de decisión para elegir los papeles que quisieran o rechazar los que no veían adecuados. Además había otro problema, el estudio podía suspender a los actores el contrato cuando les daba la gana (cuando les convenía o como castigo por las “rebeldías” de sus estrellas), y durante estos periodos no solo los actores no podían trabajar para nadie más, sino que además el estudio podía “alargar” eternamente los contratos de siete años.

Así le pasó a Olivia que creía que su contrato terminaba, pero consternada descubrió cómo por las suspensiones se alargaba demasiado. El famoso juicio duró más de dos años y durante dicho periodo la actriz no pudo trabajar, pero mereció la pena porque ganó y consiguió su ansiada libertad. Durante el año 1946 pudo trabajar en cuatro películas muy diferentes y no solo con la Warner, mostrando que era mucho más que la dama del héroe. Por una parte una comedia pura y dura, The Well-Groomed Bride, junto a Ray Milland y un maravilloso melodrama de Mitchell Leisen, La vida íntima de Julia Norris, para la Paramount. Con su estudio, una película sobre las hermanas Brönte, Predilección. Y para la Universal la película que ahora comentamos, A través del espejo.

Un thriller psicológico con aires de cine negro del gran Robert Siodmak. Olivia de Havilland muestra las luces y las sombras del ser humano interpretando a dos gemelas: Terry y Ruth. La segunda de ellas muestra el perfil al que nos tenía acostumbrados desde su Melanie o la profesora de Si no amaneciera: mujeres buenas y abnegadas, pero también supervivientes y que arriesgan por amor. Y la primera, Terry, deja al descubierto un personaje desequilibrado, con fuertes problemas de salud mental. Una mujer oscura y manipuladora, que compite con su hermana hasta extremos insospechados, y que sibilinamente la va amargando la vida desde su más tierna infancia. Los celos hacia su hermana le hacen caer cada vez más en la locura hasta llegar al asesinato.

Así en esta película las gemelas son una especie de doctor Jekyll y el señor Hyde en versión femenina y desdoblada. Olivia de Havilland enseña así su versatilidad con un doble papel donde crea dos personalidades diferentes en una misma película. Llega un momento que hasta las diferencias por sus distintas expresiones y formas de comportarse, Olivia logra dar dos rostros diferentes con una misma cara. Robert Siodmak sin apartarse de la atmósfera oscura del cine negro, continúa el camino abierto por el psicoanálisis en el cine, y ofrece un juego fascinante en la película con los espejos.

Esta película también puede ser una “lectura” extrema y desgarradora de la relación de odio que tuvo Olivia de Havilland con su hermana Joan Fontaine, también actriz del Hollywood dorado. Parece ser que fue la madre la que alentó el espíritu competitivo entre ambas y llegó a tal punto que dejaron de hablarse. En A través del espejo, Olivia de Havilland no solo demuestra que es una actriz versátil capaz de matizar y de dar profundidad a sus personajes, sino que también es valiente al dejar al desnudo su cara más oscura, y salir airosa del reto además de demostrar que podía ser también la mala de la película.

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