Melodramas desatados (2). Corazón salvaje (Gone to Earth, 1950) de Michael Powell, Emeric Pressburger

Hazel con su zorro domesticado, Foxy, dos espíritus libres, protagonistas de Corazón salvaje.

Como si fuera el canto de una sirena, en lo alto de una colina, con la melodía de un arpa de fondo, Hazel (Jennifer Jones), con su vestido amarillo al viento, entona una canción espiritual y mágica, ancestral: “Harps in Heaven”. Todos los presentes escuchan como hechizados en un mar de naturaleza que les rodea. Esa es la extraña e hipnótica atmósfera de Corazón salvaje, donde lo pagano se mezcla con lo religioso, y donde la naturaleza alcanza ese espíritu mágico e inexplicable que todo lo envuelve. De nuevo, Michael Powell y Emeric Pressburger crean un universo especial donde logran unas imágenes y una intensidad de colores de una belleza cautivadora. Es difícil retirar la mirada y no quedar para siempre dentro de un mundo único. Sensualidad y espiritualidad se unen en una comunión que deja una catarsis dolorosa. Catarsis digna de un melodrama desatado.

Hazel es una joven libre y salvaje. Vive en una cabaña con su padre, un hombre rudo que hace ataúdes y que toca el arpa en todo tipo de eventos. La madre de la muchacha, una gitana que falleció hace tiempo, la dejó un cuaderno de conjuros y profecías, un legado en el que ella cree ciegamente. La joven vive unida a la naturaleza y a todos sus seres vivos. De hecho, está especialmente unida a un pequeño zorro al que ha domesticado, Foxy, y que siempre está salvando en carreras imparables donde huyen de cazadores, caballos y jaurías de perros. Vive en un paisaje entre sagrado y mágico, rodeada de bosques, montañas y rocas. La historia transcurre en el condado de Shropshire, lindando con Gales, tierra de leyendas.

Hazel se ha convertido en una joven en edad de casarse y, de pronto, un día cuando se compra un vestido nuevo es consciente del deseo que despierta. El conflicto de Corazón salvaje empieza cuando Hazel se sitúa entre dos hombres muy diferentes, y además se ata a un juramento: se casará con el primero que se lo pida. Por una parte está la pasión y el desenfreno que le ofrece el rico del lugar: Jack Reddin (David Farrar), que además organiza habitualmente, con sus caballos y perros, la caza del zorro. Y, por el otro, el amor idealizado y respetuoso que le entrega el reverendo Edward Marston (Cyril Cusack). Además cada movimiento de Hazel es mirado con lupa y juzgado por la conservadora comunidad en la que vive. En cierto sentido Hazel es como Foxy, continuamente atosigada y cazada, sin ninguna posibilidad de ser una mujer libre. Los hombres la aman cada uno a su manera, pero como posesión y trofeo. Uno quiere salvarla y que ella sea siempre un alma pura y el otro desea que sea suya, como una posesión más de su palacio.

Michael Powell y Emeric Pressburger logran un uso del Technicolor espectacular como ya habían demostrado en obras imprescindibles de su filmografía como Vida y muerte del Coronel Blimp, Narciso negro o Las zapatillas rojas. Estos directores cuentan de manera muy especial cada una de sus historias y crean unas atmósferas que son difíciles de olvidar. Su dominio de lo visual es espectacular, creando momentos en los que el espectador se hunde de lleno en historias que caminan entre la leyenda y la realidad. Entre lo sensual y lo espiritual. Entre lo pagano y lo religioso. Entre la vida y la muerte… Corazón salvaje está llena de secuencias brutalmente hermosas… como el momento en que la protagonista, por la noche, decide escuchar a la naturaleza para que le aporte alguna señal y decidir si debe acudir a una cita con Reddin, cuando ya está casada con el reverendo. Y tiene esa señal. Un pañuelo en una roca y el sonido de un arpa entre los árboles. Así que acude a la cita, a un lugar rocoso donde ha quedado con él, Hazel lleva un traje blanco, como de novia, y un ramo de flores rojas. Reddin llega a caballo, se baja y se acerca a ella. Los directores solo sacan sus pies. Los pies descalzos de ella son elevados poco a poco del suelo. Las flores caen al suelo, los pies de ella desaparecen del plano y solo se ve la bota de él, que empieza a andar y pisotea las flores. Luego en la penumbra del atardecer se ve a Hazel con el pelo suelto y él en el caballo, y cómo ella se sube, se acurruca en su regazo y se van juntos.

Corazón salvaje tiene una compleja historia de fondo, que ha hecho que caiga en cierto olvido o que sea una de las grandes desconocidas de su filmografía. Michael Powell y Emeric Pressburger trabajaron en la producción no solo con Alexander Korda, sino con el productor americano David O. Selznick. Ignoraron educadamente la continua persecución y memorandos de O. Selznick y su obsesión por el cuidado excesivo de su esposa Jennifer Jones en la producción que provocaba continuas exigencias. Lo que pasó es que en 1950 estaba ya la película de Michael Powell y Emeric Pressburger y la titularon Gone to Earth, lista para exhibirla en Gran Bretaña y en el resto del mundo. Pero no fue del gusto del productor americano y llegó el asunto a un juicio. Finalmente, David O. Selznick creó su propio montaje para estrenar en EEUU en 1952 con el título The Wild Heart. Rodó nuevas secuencias y primeros planos de su esposa, y reclutó para este encargo tan desagradable a Rouben Mamoulian, que no quiso aparecer en créditos. Redujo el metraje de la obra y dejó que ciertos aspectos de la trama quedaran más confusos. Además añadió un prólogo con la voz de Joseph Cotten dando explicaciones innecesarias… Por suerte, décadas después, en los 80, se recuperó el montaje de Michael Powell y Emeric Pressburger, y se puede disfrutar plenamente cómo veían ellos esta historia, cuyo punto de partida era una novela de Mary Webb, una autora que conocía bien la naturaleza y los paisajes del condado de Shropshire.

Uno se deja llevar por el suave canto de Hazel y por el destino trágico de un corazón salvaje que no quiere ser cazado.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

12 comentarios en “Melodramas desatados (2). Corazón salvaje (Gone to Earth, 1950) de Michael Powell, Emeric Pressburger

  1. Un bonito despertar en un día aún de confinamiento, en el que cada vez se añora más la libertad, leyendo lo que hildyjohson nos cuenta, con su pasión por el cine, sobre esta película tan arrebatadora de la qué, como de tantas otras, nunca había oído hablar…Pero que ahora buscaré para disfrutarla o sufrirla, para coincidir o no con Hildy, pero para estar de acuerdo con ella en lo maravilloso que es el cine. Y muchas gracias querida por hacernos soñar y liberar nuestra imaginación en días de reclusión…

  2. Queridísima María Rosa: cómo me alegra que te despiertes leyendo el blog de Hildy Johnson. Y, sí, Corazón salvaje me ha arrebatado. Claro que sí, el cine es maravilloso y yo estoy llevando mucho mejor el confinamiento gracias a él. ¡Pero cómo echo de menos mis salas de cine y mis estrenos cinematográficos… porque el cine en casa no está mal, pero la magia de la sala de cine… es insustituible!
    ¡Espero seguir soñando pronto y liberando mi imaginación en mis queridas salas de cine!

    Beso
    Hildy

  3. Pues mira, esta no la he visto y siempre es bueno seguir explorando a Powell y Pressburger, que como decía Javier Ocaña son los mejores directores ‘desconocidos’. La verdad es que entre el color y la puesta en escena saben crear unas atmósferas muy, muy curiosas, más allá de los argumentos y demás. En ‘Narciso negro’ es realmente espectacular.

  4. Hombre, Victor. Desconocidos, desconocidos no son….Al menos tienen dos clásicos reconocidos por todos: «Narciso negro» y «Las zapatillas rojas» Y «Coronel Blimp» tiene muchos fans (o «Los cuentos de Hoffman» que empieza a tener también un halo de culto como la de «Las zapatillas….). Además de que Michael Powell, en solitario, ha tenido muchísima influencia en el cine contemporáneo con «El fotógrafo del pánico» que fue pionera con muchísima antelación a la moda de los «psychokillers»….Dirás que es cosa de los más aficionados, pero también se podría decir de centenares o millares de clásicos que vergonzosamente permanecen desconocidos para las masas (con el bien que le haría a muchísima gente, ya no digo por cultura general, sino para enfocar bien sus vidas, un conocimiento en profundidad de tantas y tantas obras maestras que viven ajenas a la vorágine del día a día…..)

    Saludos.

  5. Ay, queridísimo crítico abúlico, qué gozada. como bien dices las atmósferas y el uso del colores de Powell y Pressburger es una maravilla. Además a mí me encantan sus historias y ese componente siempre extraño, mágico, espiritual y onírico que tienen muchas de ellas. Corazón salvaje era una de las que me faltaba de su filmografía… y tiene momentos tan bellos…
    Beso
    Hildy

  6. ¡Qué buena es El fotógrafo del pánico de Powell, Deckard! Uno de sus asesinatos es especialmente escalofriante. Y Los cuentos de Hoffman es otra explosión de colorido y música.
    Yo tengo especial cariño a «Sé adónde voy».
    Aunque todavía me faltan por ver cómo Los invasores, que tengo muchísimas ganas.
    Beso
    Hildy

  7. Gran atmósfera, gran trabajo de cámara y de diseño de producción, como bien dices. Lo que a mí me ocurre es que Jennifer Jones siempre me atrae y me repele. Aunque consiguen contener bastante sus tics y sus muecas en esta ocasión, y rezuma belleza, carisma y carnalidad por todas partes, es una actriz que me despierta emociones encontradas. Eso sí, la película es una clase acelerada y comprimida de cómo utilizar el color con sentido narrativo, una cosa que ya no se hace. Bueno, ni siquiera se piensa.

    Y bueno, ya sabemos que Selznick es otro que tal, en distinto sentido. Admirable por tantas cosas y reprobable por tantas o más. Aquí ya estaba en plena caída en picado y en ida de olla continua. Pero no es extraño su punto de vista teniendo en cuenta su filosofía. Y qué papelón el de Mamoulian (desconocía este detalle), pero también era para echarle de comer aparte, así que vaya colección…

    Besos

  8. A mí con la Jones, mi querido Alfredo, me ha pasado también siempre lo mismo. Pero empecé a darme cuenta de que hay muchas películas de su filmografía que disfruto mucho y que me gustan. Me replanteé mi mirada sobre ella. Así que he aprendido a quererla con esa mezcla que atrae y repele. Y aquí está gloriosa, como dices.
    Y efectivamente ¡qué manera más hermosa de usar el color! Ese vestido blanco en plena naturaleza…
    Es otra de esas películas que tiene una historia apasionante, liosa y de lo más compleja detrás de su rodaje. Y Selznick es uno de los responsables del olvido que ha vivido esta hermosa película. Un tipo con el que no debía ser fácil trabajar, pero eso sí, se entregaba a tope a ello y tiene una filmografía como productor con títulos imprescindibles.

    Beso
    Hildy

  9. Guardo memoria algo borrosa de esta película cuando la vi en uno de esos maravillosos ciclos de antaño de TVE2. Como siempre, es un placer recordar una historia o vislumbrar parte de ella gracias a tus espléndidos textos, además de aprender interesantes cuestiones que rodearon su rodaje. Esas intensas interpretaciones de Jennifer Jones, como comentáis, rozaban (o se zambullían, según la percepción) el histrionismo en muchas ocasiones, si bien también hay que reconocer que los personajes rebeldes y un poco extremos que le ofrecían daban mucho juego para ello.
    Beso de corazón.

  10. Querida Ana, qué ciclos aquellos.
    Un día me di cuenta de que son muchas las películas de la Jones que adoro. Y sí, tienes razón, sus personajes extremos dan mucho juego para su rostro especial. Ahora añado a mi filmo favorita de Jennifer esta película maravillosa. Y se une a Duelo al sol, Carrie, Madame Bovary, Jennie, La colina del adiós o Pasión bajo la niebla.

    Beso
    Hildy

  11. Escuché” esta película desde mi cama, en un ciclo que TVE le dedicó a Jennifer Jones, en mí ya lejana infancia, pero no vi el film hasta muchos años después. Sin duda arrastra, y con razón, el estigma de querer ser una especia de nueva versión británica del film más famoso de la actriz: “Duelo al sol”. Fue un nuevo vehículo de O. Selznick para su esposa-musa. Los parecidos son varios. Protagonista tan sensual como inocente, vinculada a lo naturaleza, a lo salvaje, a lo primitivo por su condición de mestiza (medio india en el film de Vidor, medio gitana en el del tándem británico. Hoy no sé cómo sería aceptada esa equivalencia tan decimonónica entre “origen étnico no caucásico” y “lo salvaje”. La corrección política manda) sin madre y dividida entre el amor por dos hombres radicalmente opuestos entre sí y que le ofrecen un amor muy diferente.
    Siempre me pareció que en “Duelo al sol” se explicaba el conflicto entre el amor y la pasión y como esta última salía vencedora. Para mi Pearl está realmente enamorada del personaje de Joseph Cotten, como también Hazel acaba amando realmente al del predicador que interpreta Cyril Cusack en el film inglés. Pero ambos hombres con su cortesía y su respeto caballeresco, casi paternalista, no atienden (ni entienden) las ganas de marcha sandunguera que le pide el cuerpo a nuestras apasionadas protagonistas y provocan que otros hombres con menos escrúpulos y una fogosidad más indómita se lleven el gato al agua. En ambos films la protagonista se da cuenta del error en su elección, pero el galante e íntegro personaje de Joseph Cotten no puedo olvidar (aunque reconoce que él la ha empujado, de alguna forma, a los brazos de otro, no atendiendo a su naturaleza apasionada) que se haya entregado a otro hombre (para utilizar lenguaje de la época) y encima que este sea su embrutecido hermano. El personaje de Cyril Cusack, en cambio, no solo la perdona, sino que la acepta, pese a haberle abandonado una vez casados y estar embarazada de otro. Incluso se enfrentará a su puritana familia por ella. No servirá de nada su amor generoso, y Hazel tendrá un final trágico y cruel, cazada como un animal, intentando salvar a su querido Foxie. Un “gone to earth” casi espectral a modo de réquiem, será lo último que se escuchará en el film, cuando Hazel con Foxie se precipiten al vacío. Siempre me pareció un final injusto y deprimente. Ahí radica creo, su gran diferencia con “Duelo al sol”, donde el final es trágico, pero a la vez épico y extrañamente feliz.
    Mi amor y admiración eternos por la obra de Powell y Pressburger, que hacían un cine genuinamente británico y a la vez tan distinto al resto de cine británico de la época. La singularidad de su obra es absoluta. Y su uso del color, tan diferente del color encendido de los años cincuenta, me parece mágico. Debieron sufrir lo suyo, siendo tan originales y tan autores, con el control obsesivo de un magnate como O. Selznick, que se tenía por el auténtico autor de las películas de su productora y que diseñaba al milímetro los vehículos para su esposa. Con todo les salió una obra hermosa y apreciable, pese a un final, a mi juicio precipitado, que no se supo ir construyendo narrativamente.
    Un apunte que en el momento de su visionado me llamó la atención. Esos arbustos podados con forma de animal en el jardín del noble que interpreta David Farrar, reaparecen en “Eduardo Manostijeras”…
    Un abrazo, Hildy
    Lilapop

  12. «Mi amor y admiración eternos por la obra de Powell y Pressburger»… Me sumo a esta frase, querida Lilapop.
    Y me ha encantado en tu comentario ese diálogo maravilloso que se establece entre Duelo al sol (¡cómo me gusta también!) y «Corazón salvaje».
    Me ha encantado, como siempre, leerte.

    Beso
    Hildy

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