Ha nacido una estrella

Un momento íntimo de Ha nacido una estrella.

Como una fan fatal esperaba yo este estreno. Iba detrás del proyecto desde que Clint Eastwood dijo que lo iba a llevar a cabo junto a Beyoncé. Me entusiasma esta historia, y sus tres versiones anteriores las tengo a buen recaudo en mi deuveteca. Ilusionada, el sábado por la noche, me metí en el cine. Ha nacido una estrella ha sido realizada en distintas décadas, por diferentes parejas de actores y con directores y guionistas que nada tienen que ver entre sí. Cada una tiene su aire y su estilo…, pero todas tienen secuencias que van pasando de unas a otras. Y una frase que nunca falta: “Solo quería verte otra vez”. Sabía a lo que iba… y sospechaba también lo que me iba a encontrar. Disfruté con lo que quería ver… y las sombras no me amargaron el espectáculo, pero no puedo evitar contarlas.

Antecedentes

Mientras que la versión de 1937 y la de 1954, son cine dentro del cine; las de 1976 y la que ahora nos ocupa se centran en el mundo de la música. Si bien ya en la de 1954, la actriz principal era además cantante, y la película contaba con números musicales espectaculares. William A. Wellman, George Cukor y Frank Pierson rodaron las anteriores versiones. Aquí un actor, Bradley Cooper, hace su debut detrás de las cámaras y además se convierte en protagonista masculino. William A. Wellman se ponía al frente de un melodrama clásico y contenido que era una disección crítica del Hollywood de los años 30, del sistema de estudios, donde todavía estaba reciente el espíritu pionero de los primeros creadores que pusieron en marcha la industria de los sueños. George Cukor entregaba una película elegante donde alcanzaba el éxtasis de los melodramas de los cincuenta con el alma del mejor musical. Y el desencanto hacia la industria era más exacerbado y amargo. Un desconocido Frank Pierson se empapaba del espíritu de los macroconciertos de los setenta y de las estrellas atormentadas del rock… para, de nuevo, vomitar una historia de amor trágica. Y Bradley Cooper se estrena ahora como director, que posee una mirada personal, con un melodrama triste ambientado también en el mundo de la música, un universo con luces y sombras además de nuevas tecnologías.

Las parejas que han vivido esta historia de éxito y fracaso han sido hasta ahora cuatro. Una historia sobre el olvido y ocaso de una estrella y sobre el nacimiento de otra. Él, el fracaso; ella, el éxito. Él, además de veterano cansado, lidia con el alcoholismo… y posteriormente también con las drogas; ella se lanza al difícil camino de la fama, que pone obstáculos en su camino. Él abre una puerta, pero la suya se cierra; ella ve una carrera imparable, pero con renuncias. Las luces y las sombras del mundo del espectáculo, pero teniendo siempre en cuenta que The show must go on. Sin embargo, entre ellos dos siempre hay un mundo íntimo y propio…, una química especial. Los primeros protagonistas fueron Esther Blodgett, que en su ascenso al estrellato recibe el nombre de Vicky Lester, y Norman Maine (Janet Gaynor y Fredric March). Después el salto lo pegaron Judy Garland y James Mason, que conservan los mismos nombres. En los setenta los rostros de los amantes fueron para Barbra Streisand y Kris Kristofferson que se transformaron en Esther Hoffman y John Norman. Y ahora en pleno siglo XXI, los personajes principales cuentan con la cara de Lady Gaga y Bradley Cooper como Ally y Jack. Siempre ellas poseen un carisma muy especial, igual que sus físicos, muy característicos y poco comunes para los cánones de belleza que imperan tanto en el mundo del cine como de la música. Algo que las hace destacar, las convierte en distintas. Ellos, sin embargo, los cuatro encarnan los prototipos de galanes, en el caso de las películas ambientadas en el mundo del cine, y de rockeros bellos y atormentados en las ambientadas en el universo de la industria musical.

Listado de luces

De cosecha propia de esta versión: un anillo realizado con una cuerda de guitarra. Me gana. Como un viaje en moto y una mano rozando una bota…

-Química de Lady Gaga y Bradley Cooper, sobre todo cuando están en el escenario juntos, cantando.

-Ahondar en los motivos del alcoholismo de él. Tratar de analizar su desencanto y su carrera hacia la autodestrucción. Proporciona una biografía, una historia familiar, que lleva a conocer la infancia y los fantasmas del personaje masculino. Reflejar además la fragilidad, el aislamiento y el universo propio del personaje con su problema auditivo.

-Recuperar el círculo afectivo del personaje femenino: su familia y amigos. Si bien en 1937, Janet Gaynor contaba con un entorno familiar importante (contando con una abuela que se convierte en personaje fundamental), un mejor amigo en los momentos de penurias antes de su ascenso hacia el éxito y otros nuevos en su carrera hacia la fama…, este entorno se fue diluyendo en las demás versiones. Aquí el personaje de Lady Gaga vive con su padre y cuenta con un mejor amigo de tiempos difíciles. Y el personaje de Jack también cuenta con figuras influyentes como su hermano mayor.

-Dos canciones y sus distintas variaciones a lo largo de la película. Shallow y I’ll never love again. La primera expresa el estado de ánimo de él. La segunda es un adiós, la huella de un amor trágico. Shallow es una composición de Ally y I’ll never love again es una composición de Jack. Las dos nacen desde las entrañas de los personajes. Cuando Jack ve que Ally se está apartando en su subida hacia el éxito de su autenticidad genuina y natural como artista, le recuerda que solo tiene que transmitir verdad.

La primera canción la vemos nacer una noche en un momento íntimo, dos personas charlando en una gasolinera. La segunda la leemos por primera vez en una hoja de papel, y luego en un escenario, casi como santuario, donde Ally se pone un apellido, Ally Maine, el de él, y canta su canción (no renuncia al momento melodramático de todas las demás versiones donde ella, al final, recupera el apellido de él para todo ese público que olvida pronto… Recupera el Maine, apellido de los dos primeros protagonistas masculinos de las versiones anteriores). En un momento, regresamos en un flashback perfecto, al momento íntimo y casero, que se nos había robado, donde Jack se la tocó por primera vez en piano.

Ha nacido una estrella

Química en el escenario.

-El suicidio de Jack. Todos los suicidios en las demás versiones tienen un halo melancólico que rompe y deja escapar toda la vulnerabilidad del personaje masculino, que decide que es un obstáculo para la carrera y la vida de la amada, pues además se da cuenta de su fragilidad ante sus dependencias. La versión de Bradley Cooper no es menos y ofrece una secuencia elegante, melancólica y desgarradora. Despedida de la amada y preparación ritual para precipitarse al vacío. En las versiones de los años 30 y 50, era una preparación para acabar en el mar…; en la de los 70, aceleraba poco a poco su coche en una carretera solitaria para acabar estrellado, oyéndola cantar en un radiocassette. En la de Bradley Cooper, su Jack termina en la soledad del hogar, aislado, encerrado y vencido, en el garaje.

-Juego de espejos Lady Gaga y Ally como artistas musicales. La primera vez que se nos presenta a Ally actuando es con una canción ajena en un escenario de drag queens…, y ella escondida en su vestuario y maquillaje. Ella es un personaje que canta el himno de una diva de la canción, La vie en rose. Jack en el camerino la insta a despojarse de su personaje, de su maquillaje… y surge tras una cortina como una joven con el rostro limpio, con sus cejas, su pelo…, su nariz. Jack la hace subir al escenario y la hace cantar lo que lleva dentro, acompañada siempre, si es necesario, de su piano. Él descubre el diamante en bruto. Bradley Cooper despoja a Lady Gaga de su personaje y de su leyenda para volver a encontrar el diamante en bruto. Después en la película, llega ese desagradable productor niñato con rostro de Rafi Gavron, y vuelve a convertir a Ally en un personaje, esconde el diamante (su esencia), y la convierte en un producto extravagante (como a veces Lady Gaga se esconde entre el barroquismo artificial de su imagen). Le arrebata el piano, la pinta el pelo y la cara, cambia su ropa…, no brilla sola en el escenario sino que la rodea de un cuerpo de bailarines, y con letras anodinas que nada tienen que ver con ella. Después de la tragedia, el diamante vuelve sofisticado, pulido, pero con su esencia… para cantar otra vez con autenticidad una canción de Jack. Ella es ya una diva, Ally Maine.

-Las secuencias que no pueden faltar… y otros guiños. Por supuesto, no falta en momentos claves la frase estrella: “Solo quiero mirarte otra vez” con otras variantes parecidas en cada una de las versiones. Y se repiten las secuencias que están en todas las versiones: encuentro de los dos protagonistas con borrachera de él incluida… y flechazo, la boda improvisada y rápida de los dos, la entrega de premios, el suicidio y la aparición final de ella recordando a todos con quién estaba. La película de Bradley Cooper tiene guiños además a las otras versiones, sobre todo a la de 1954 y 1976. Por ejemplo, al principio vemos al personaje de Ally saliendo de su trabajo en penumbra, por una cuesta, tarareando Somewhere over the rainbow… como referencia a Judy Garland. Por otra parte, Ally habla con Jack sobre los problemas que ha tenido con su físico, por no encajar con los cánones de su belleza, y en concreto habla de su nariz…, que siempre se señala durante varias veces a lo largo de la película. Y es que la nariz es uno de los rasgos distintivos de Barbra Streisand, la actriz y cantante de la versión de 1976.

Listado de sombras

Y si la película no brilla y no alza el vuelo del todo es por un motivo principal. El erróneo manejo del tiempo que afecta a la evolución psicológica de los personajes y al tempo y ritmo de la historia. A su estructura. Es como si Bradley Cooper hubiese rodado demasiado y en el montaje y postproducción se sacrificara parte de la historia. Así no se escenifica la caída y decadencia de Jack, sino que en la película pasa del éxito más absoluto del artista a su patetismo más extremo, sin fase intermedia. O Ally parece una chica dura con la dependencia de Jack (pues tiene experiencia por su padre), que no le va a pasar ni una, y, de pronto, se convierte en una mujer cercana, devota y compresiva… absolutamente entregada.

También la construcción y ascenso de la fama de ella parecía construida para una reflexión sobre el éxito en la industria musical actual, y, sin embargo, pasa de puntillas y rápidamente por su pérdida de identidad musical y personal. No se ve reflejada la transformación y sus renuncias, sino que ya la vemos totalmente cambiada en la secuencia del programa televisivo. Como tampoco se nos deja ver, la reflexión que hace la artista después del suicidio de él, para recuperar otra vez su esencia, sino que directamente la vemos ya en el escenario como una diva solitaria y entregada.

-A pesar, del esfuerzo por recuperar personajes secundarios que, sí, enriquecen la trama y proporcionan matices interesantes…, es una pena, porque en algunos casos se diluyen y en otros no se aprovecha su fuerza, quizá vuelva a ser problema de secuencias descartadas. No logran una identidad, que en las películas sobre todo de 1937 y 1954 sí alcanzaban (de todos modos, en aquellos años había tal galería de actores secundarios y se construían tan bien los personajes, que a veces aunque aparecieran unos segundos ya se justificaba su presencia). Así te quedas con ganas de más del hermano de Jack (Sam Elliott), del padre de Ally (Andrew Dice Clay), del mejor amigo de Ally (Anthony Ramos) o del productor de Ally (Rafi Gavron). Son proyectos de personajes, inacabados. No logran la identidad o fuerza que sí conseguían en las dos primeras versiones con actores de la categoría de May Robson, Andy Devine o Adolphe Menjou en la de 1937 o como Jack Carson y Charles Bickford en la de 1954.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.