El reverendo

El reverendo Teller y Mary regalan dos momentos bellísimos y llenos de dolor.

Hay un libro de cabecera escrito por el director y guionista Paul Schrader titulado: El estilo trascendental en el cine. Ozu, Bresson y Dreyer. Porque una de las obsesiones de Schrader es atrapar lo trascendental en la pantalla de cine. Bresson ha sido una de sus muchas influencias, películas como Pickpocket (presente en American Gigoló) o El diario de un cura rural han dejado sus huellas en su filmografía. Si se puede decir que Taxi Driver, de Scorsese con guion de Schrader, fue una mirada extrema y dura de El diario de un cura rural, en El reverendo es más que evidente. En una entrevista reciente de Nando Salvà al director en El Periódico, Schrader explica a la perfección este círculo: “Cuando era joven escribí un ensayo en el que conectaba mi estricta educación calvinista con el trabajo de mis directores predilectos, como Yasujiro Ozu, Carl T. Dreyer y Robert Bresson. También de joven escribí Taxi driver (1976), que resultó ser mi llave de entrada en el mundo del cine. El reverendo conecta con ambas cosas. Recuerdo que cuando vi Pickpocket (1959) de Bresson por primera vez mi vida cambió para siempre. Hasta entonces, yo jamás había podido imaginar que las películas pudieran tener un efecto tan trascendental en el espectador e impactarlo tan profundamente. Por otro lado, nunca pensé que yo mismo fuera a hacer ese tipo de cine, tan intensamente espiritual. Sentía que no era lo mío. Pero hace un par de años pensé que me estaba haciendo viejo, y que ya era hora de escribir precisamente la película que me juré que nunca escribiría”. El reverendo es una película incómoda, intensa, sobria… y trascendental. No puede dejar indiferente a aquel que se ponga frente a ella.

La nueva película de Schrader es infinita en sus posibilidades de análisis. En ella está presente la desesperación vital del personaje principal, el reverendo Toller (Ethan Hawke), cercano ya a la muerte, y la esperanza encarnada en el personaje (también de evidente simbolismo) de Mary (Amanda Seyfried), la esposa embarazada del activista ecológico que remueve y revoluciona el mundo del protagonista. De hecho los dos momentos clímax de la película son gracias a la conexión que se establece entre ambos. Mary calma la desesperación y el dolor del reverendo Toller. Y es capaz de frenar su respuesta más radical a un intento extremo de dar sentido a su vida, a su fe. Y esos dos momentos clímax son de una belleza también extrema que no deja indiferente. Uno de ellos es su primera conexión física, más allá de lo sexual, donde asistimos perplejos a una levitación y a un viaje astral revelador. El otro es en un final brutal a la vez que verdaderamente hermoso, donde un largo beso en toma circular, es una puerta a algo parecido a la esperanza…

Como El diario de un cura rural, el padre escribe su viaje atormentado y espiritual en un sobrio cuaderno. Lo escribe a mano, con un bolígrafo. Para poder destruirlo si llega el momento, para romper y destrozar sus páginas y no dejar huella alguna. El reverendo está al frente de una pequeña iglesia con historia, donde van turistas y unos pocos feligreses, pero se está organizando un acto importante, financiado por el empresario de la localidad. La vida triste y gris del reverendo, aquejado además por un fuerte sentimiento de culpa (un pasado que le pesa en los hombros) y por una enfermedad que le acerca a la muerte, da un vuelco cuando Mary le pide que hable con su joven esposo, Michael. El reverendo Toller abrazó la fe roto de dolor, tratando de buscar un sentido a su desesperación…, pero no lo encuentra. Michael le abre una puerta inesperada. De pronto el activismo ecológico muestra al reverendo un compromiso con la creación, con la tierra y con la salvación. Las víctimas por motivos ecológicos son los nuevos mártires. El cambio climático anuncia el fin del mundo y un futuro desolador… A Michael ese dolor de un mundo sin futuro le quiebra y ni el activismo radical para frenar la destrucción de la Tierra logra calmarle… pero deja sus huellas en el reverendo Toller. De pronto, encuentra un motivo con el que canalizar su dolor y desesperación, y dar con el sentido de su vida, un compromiso fuerte… pero llevándolo a un extremo irracional… y a un viaje a las profundidades. Desconecta del pequeño mundo que le rodea, de la realidad, y de las personas que lo quieren (como el triste personaje de Esther)… Solo Mary logra que no entre en la irracionalidad más absoluta.

El reverendo no es una película fácil, incomoda. Y hunde al espectador en el camino desesperado, radical y doloroso que toma el padre Teller con una causa justa de fondo, y que cada vez más nos toca a todos. El reverendo revela un mundo hipócrita, cruel, que destruye…, que provoca respuestas, a veces, extremadamente radicales y desesperadas. Paul Schrader rodea el universo de Teller de sobriedad: sus propios espacios íntimos (el baño, la mesa en la que escribe…), la propia iglesia o los aposentos de la inquietante organización religiosa a la que pertenece, Vida abundante. Una organización que no tiene respuestas, que construye tan solo una fachada y cómplice de los poderes que hunden la tierra. La casa de Mary y Michael… con esa lámpara que es un ojo que todo lo observa… Y el director realiza un uso magistral de la música. Desde esa canción protesta de Neil Young cantada por un coro en un entierro en un vertedero al canto final de Esther en la pequeña iglesia. El reverendo mueve y remueve, hace que el espectador se haga preguntas y da una visión desoladora de un mundo que estamos destruyendo y envenenando poco a poco.

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