El ansia (The hunger, 1983) de Tony Scott

Seguimos con los ochenta. Uno de los miedos que empezó en dicha década fue una enfermedad que hasta ese momento era del todo desconocida: SIDA. El ansia no sólo se convierte en una película postmoderna sobre vampiros y fluidos de sangre sino que puede leerse como metáfora de esta enfermedad. Si se quiere claro está.Tony Scott deja una película sobre amores eternos, vampiros sedientos, con ansía o hambre de sangre, sobre intercambio de fluidos, sobre el miedo a la vejez, sobre la eterna juventud, sobre el miedo y la violencia…

El ansia es de esas películas extrañas por su ambiente, su estética, su banda sonora y su extraño trío de intérpretes y consigue, a veces, escenas de belleza poética. El ansia puede ser odiada o amada. Tiene aires de película de culto. Nos dejamos envolver por la misteriosa, bella, elegante y fría vampira Catherine Deneuve en su papel de Miriam, por el ambiguo y por qué no hermoso David Bowie, que envejece sin poder remediarlo y, por una joven y sexy Susan Sarandon.

Miriam da la inmortalidad, la vida eterna, a sus amantes por los siglos de los siglos. Sin embargo, llega un momento en el tiempo en que sus amores envejecen sin remedio, en pocos instantes, pero nunca mueren. Ella cuando esto ocurre busca sustituto e intercambia su sangre. Después, los amantes que se aman por los siglos de los siglos buscan a sus víctimas para saciar su ansia de sangre y juventud.

Esta vez el relevo está cerca. Y Miriam se fija en una científica, Sarah (la Sarandon). Pero Sarah, ya contaminada, no está tan segura de querer seguir a su amante por los siglos de los siglos.

Uno de los hermosos descubrimientos de esta película ha sido el identificar un fragmento de ópera que ya me había deleitado en otras dos películas. Aquí se encuentra en una de las escenas claves de la película, cuando las dos protagonistas inician su relación lésbica. Se trata del Flowers duet de la ópera Lakmé de Léo Delibes. Este fragmento, mágico, se encuentra también en escenas cumbre de dos películas que me encantan: Atrapado por su pasado y Amor a quemarropa.

Quizá, por poner un pero, rompe toda la elegancia, estética y modernidad de la película la aparición final de las momias vivientes, todos los amantes de Miriam, que son como de una mala película de terror. Para mí, esta escena descoloca y hace perder el encanto extraño de esta historia.

Mamma mia

Apta para pasar una entretenida tarde de verano. Apta para escuchar música petarda que en el fondo a todos nos gusta de vez en cuando. ¿Quién no ha escuchado alguna canción de ABBA o ha bailado a altas horas de la noche alguno de sus éxitos? Apta para aquella tarde en la que no se quiera pensar. Apta para los que quieran ver un cuento divertido, un musical en broma, un poco de vitalidad, unos paisajes griegos, isla paradisíaca, hotel rural soñado. 

Apta para toda mujer que quiera un pack de hombres objeto, maduros, guapísimos y divertidos. Chicas, ¿con quién nos quedamos? Hay para elegir: Pierce Brosnan, Colin Firth (ay, algunos sabéis mi debilidad por él) y, por último, tampoco está nada mal en su papel de aventurero Stellan Skarsgard con unos tatuajes que dan el pego. 

Aptísima para los admiradores de Meryl Streep que se mete de lleno en la broma y aparece guapísima como hippie vital, divertida, que no para de cantar y bailar. Maravillosa, como nos tiene acostumbrados a todos aquellos que la admiramos por los siglos de los siglos. Bien acompañada por sus maduritas amigas, secundarias de lujo, Julie Walters (sí, la profe de Billy Elliot) y Christine Baranski. 

Apta para aquellos que este verano no han podido ir al mar. Escenas playeras. Apta para los que quieran dosis de optimismo y vitalidad. 

Phyllida Lloyd adapta su musical a la pantalla y nos deja dosis de diversión. No es una historia profunda, ni un guión perfecto, ¿pero a quién le importa cuando lo que deseas en medio de la sala es ponerte a bailar, ponerte ropa hortera y estar en paisaje exótico?… ¿a ti te importa quién es el verdadero padre? A mí no y a los protas tampoco.