Cumbres borrascosas de Andrea Arnold

Recientemente se han llevado a la pantalla cinematográfica las dos novelas más conocidas (y maravillosas ambas) de las hermanas Brontë. Además las dos, tanto Jane Eyre como Cumbres borrascosas, han sido repetidamente fuente de inspiración cinematográfica. Primero se estrenó Jane Eyre de Cary Fukunaga que recoge, dentro de la narración clásica, una buena adaptación de la novela. Charlotte Brontë presenta a la heroína racional e inteligente en esa institutriz que encuentra el amor en un atormentado Rochester. La heroína racional e inteligente que sin embargo lucha con las convecciones morales y con la religión rígida en la que se ha criado. Su historia sin embargo como ella misma, plácida y tranquila, logra un final feliz. La película de Fukunaga atrapa ese espíritu. Contrapone racionalidad con locura. Y viste el celuloide con la sensualidad que también rezuma en la novela.

Emily Brontë presenta a la heroína salvaje, al espíritu libre, que vive silvestre y aislada en la naturaleza salvaje (también) de Cumbres Borrascosas. Su loco amor se dispara desde la infancia hacia el héroe atormentado y humillado que atesora su amor eterno hacia ella, más allá de la muerte, del cielo y del infierno, y además el héroe construye lentamente una venganza que inmiscuye a todos aquellos que siempre le trataron como un ser diferente. Nunca logran ser felices ni comer perdices. Ellos son protagonista de un loco amor que se deja llevar por los instintos y tan intenso como la naturaleza salvaje que los rodea. Es una novela de sensaciones, sentimientos exaltados, de comunión con una naturaleza tremendamente hermosa pero también extremadamente cruel… como las pasiones humanas. Y así Andrea Arnold no trata de mostrar una narración clásica sino que muestra su propia recreación de una novela que cuenta que la marcó (y también explica que su primer contacto fue la película de William Wyler). Arnold muestra su mirada de sensaciones, sonidos e imágenes. No cuenta toda la historia. Y mira Cumbres Borrascosas desde los ojos del atormentado Heathcliff, el extraño. El que llega como elemento perturbador al caserón aislado de la familia de Cathy…

Andrea Arnold se deja llevar así por los sonidos de esa naturaleza, de ese páramo donde llueve, donde la niebla siempre está presente, donde el ulular del viento nunca deja de sonar…, donde se encuentra todo tipo de animales que viven en libertad y son maravillosos y crueles a la vez. Como los personajes humanos que habitan esas tierras. Y crea esa historia de loco amor que no puede explicarse con la razón o con la lógica. Presenta a Heathcliff y Cathy como dos personajes absolutamente inmersos en la naturaleza en la que viven. Y como alrededor todos tratan de encorsetarlos. De domarlos. A Heathcliff terminan humillándole una y otra vez, a Cathy la meten de lleno en las máscaras de las convicciones sociales. Pero su amor es tan loco y salvaje que ninguno termina domado… pero ambos dos son desgraciados porque nunca pueden llegar al clímax de su amor. Y ambos sólo llevan desgracia a todos aquellos que los enjaulan.

El Heathcliff de Arnold es negro sólo para acentuar más la diferencia con los otros. Ésa es la única función del color distinto de piel, la acentuación de la diferencia. Y todo en la película de Arnold es más físico. Más real. Presenta una vida dura en el aislamiento. Una vida de lluvia y barro, de fuerte sentido religioso, de duras diferencias sociales, de desasosiego, de monotonía…

Y sin embargo rodea todo de belleza y crueldad. Cómo Heathcliff mata a los animales, caza. Cómo él recibe palizas por parte de unos y otros. Violencia verbal. El parto de la mujer de Handley (el hermano cruel y desgraciado de Cathy) que muestra todo el dolor y desgarro. Los entierros oscuros. Y a la vez el amor de un padre y una hija en el calor de una hoguera mientras ella canta una canción tradicional de amores trágicos. Los paseos de Heathcliff y Cathy por la naturaleza desbordante.

… Las canciones tradicionales son como premonitorias. Todas son de amores tristes y trágicos. Como la de una maravillosa escena en que Nelly, la criada, mientras canta una nana al hijo de Handley, es observada por Heathcliff a través de las sombras que se proyectan en la pared. En esto aparece una Cathy destrozada y dividida en sus sentimientos para hacerle una confesión. Confesión que servirá a Heathcliff para tomar la determinación de desaparecer. La nana habla sobre el amante inconstante y las desgracias que traerá en el futuro a la doncella que le ama.

Andrea Arnold opta no sólo por una cámara viva, que enfoca y desenfoca, que se mueve, que sigue a sus personajes, que aprovecha la luz natural y los efectos de la naturaleza, como un arcoiris después de la lluvia, la luz de la hoguera… sino también por un tamaño de pantalla que elimina la horizontalidad y se convierte en cuadros vivientes de naturalezas muertas, intimidad de un hogar, o naturalezas salvajemente románticas…

Estas Cumbres Borrascosas son físicas y sensuales. Un beso en primerísimo plano entre Heathcliff e Isabella (parte de la venganza que veremos inconclusa), o cómo Cathy niña chupa las heridas en la espalda de un Heathcliff maltratado, dos niños peleando hasta arriba de barro que se miran… Y ese amor más allá de la muerte cuando un Heathcliff desesperado trata que el cuerpo muerto de Cathy le abrace, reaccione a su placer… todo oyendo siempre como fondo la lluvia o el viento.

Los sentimientos y sensaciones que desbordan esta versión de Cumbres Borrascosas son bruscos y cortantes como la propia naturaleza. Hermosos y terribles. Inexplicables. A veces lentos. Otras veces rápidos. Otros monótonos. Otras veces dejan fijarse en el detalle de una gota sobre un rostro. Esta Cumbres Borrascosas son sólo la mirada de un hombre atormentado, una mirada sesgada y dolorosa. La mirada de Heathcliff.

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El exótico hotel Marigold de John Madden

Película británica de Madden (que va intercalando películas de estadounidenses y británicas con mayor o menor fortuna. La última de Madden La deuda me pareció una historia bien contada que enganchaba al espectador) con aires medicinales para pasar tarde agradable. No es la gran película pero ofrece una historia linda de segundas oportunidades, de nunca es tarde para iniciar una nueva vida, de logros con un grupo de siete jubilados británicos que por distintos motivos recaen en el exótico hotel Marigold de Jaipur. Y en esa tierra extraña donde no empiezan con muy buen pie sus vidas dan un giro. Un nuevo final. Un nuevo comienzo… según se prefiera.

Es una película no redonda pero que permite pasar dos horas queriendo saber de sus personajes. Queriendo acercarnos a ellos. Tiene sus fallas de guion pero no molestan para salir de la sala de cine con sensación agradable en el cuerpo. Y como digo a veces esto no es poco.

Y es que John Madden se rodea de siete actores mayores que recrean de forma maravillosa sus personajes, los hacen creíbles. Los coges cariño. Cada uno por un motivo. Y cada uno tiene su escena estrella. Ése es el punto fuerte de la película. ¿Cuáles son los personajes que más cariño me provocan? Los voy a poner por orden de preferencia. El de Tony Wilkinson, ese juez supremo atormentado por su pasado, por haber dejado con una vida horrible de vergüenza al amor de su vida, un chico hindú (ahora un hombre mayor como él). Vuelve a la India para reconciliarse con su pasado, para volver a ser feliz, para reconocerse gay sin miedos, y para afirmar su amor reencontrándose con el amado. Es su última parada. La abuela cascarrabias y racista con cara de Maggie Smith, un racismo que descubrimos no es más que una máscara con el que tratar de justificar que a ella la hayan excluido de la vida sin ningún miramiento. La excluyeron, ella se defiende excluyendo también. Ahí, en ese hotel de Jaipur, y con el cariño desinteresado que recibe tiene una bonita transformación. Encantador el personaje de Bill Nighy, un hombre bueno y amable que trata de adaptarse a todos los cambios con la mejor cara y siempre trata de que los que estén a su alrededor se sientan bien…, que no es capaz de hacer daño a una esposa que saben ambos que ya no se hacen felices. Su personaje cree en las segundas oportunidades. Sólo le hace falta un empujón. Que se lo da precisamente su incómoda esposa, mujer insatisfecha, la única que no encuentra en Jaipur su camino, o sí lo encuentra. Está segura de que no quiere seguir al lado de su esposo y que prefiere su vida cómoda en Inglaterra (lo cual no tiene nada de malo)… Lo pasa mal, muy mal, incluso se ilusiona con que vuelve a enamorarse… pero es capaz de dar el paso a la ruptura. Y el personaje más difícil porque puede resultar el más antipático (pero tremendamente humano) tiene el rostro de Penelope Wilton. La elegante y bella anciana viuda que trata de construirse otra vida por ella misma cuenta con el agradable rostro de Judi Dench. Cuando sea mucho más mayor quiero vestir como ella. Y por último los dos abuelos que se niegan a dejar de ser vitales, que quieren seguir amando, divirtiéndose y no renunciar a ilusionarse con los rostros de Celia Imrie y Ronald Pickup.

Los personajes hindúes son secundarios, poco desarrollados, y bastante condescendiente la historia con ellos (lo que menos me gustó obviamente de la película… la sombra de la colonización es alargada…). El hindú más protagonista, el joven dueño del hotel, sólo puede llevar a cabo su sueño gracias a ‘la mano mágica’ de los británicos visitantes… él solo con los suyos no puede… ¿? Él es el chico de Slumdog Millonaire, Dev Patel, y hace el papel de simpático gracioso sin gracia. Su historia, con madre, novia y hermano de la novia… podría haber sido omitida (por cómo está contada… no porque los personajes no fueran necesarios). Luego otros personajes hindúes están ahí para mostrar que ‘necesitan’ de los abuelos británicos para un mejor desarrollo de, por ejemplo, una empresa. Por supuesto que se necesita de la experiencia de nuestros mayores… pero en cualquier parte del mundo. Quizá el mensaje es que ahí sí que valoran su experiencia pero el resultado me parece diferente (o soy demasiado quisquillosa quizá). En fin donde más debilidades me parece que tiene el guion es en el reflejo de la mirada del otro, la mirada de Jaipur no deja de ser como una mirada de lugar mágico, exótico y diferente con todos los tópicos posibles (y no he estado en Jaipur).

El exótico hotel Marigold que da título a la película se convierte en lugar con encanto a pesar de su aparente decadencia sí es un lugar soñado y agradable. Jaipur tiene encanto a pesar de esa mirada del otro. Sientes la vitalidad de las calles y sus contrastes… aunque es cierto que ves la parte más amable, quizá la de las producciones de Bollywood.

Me gusta también cómo te enganchan los más mayores y te emocionan con sus historias que se vuelven cercanas. No me importaría pasar una tarde con ellos escuchándolos o siendo una amiga más que se pasa a visitarles. Me parecen todos ellos valientes en su negación a ser excluidos de la vida por su edad, excluidos de ser útiles, de ser escuchados, de ser amados… Y en su lucha por seguir viviendo y sintiendo con intensidad.

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Los idus de marzo de George Clooney

Los idus de marzo es una película con una construcción clásica que sigue una cierta tendencia del cine americano de mostrar los entresijos de la clase política. Y se convierte en película efectiva no quizá esplendorosa pero sí certera con un reparto coral magnífico y una historia ya conocida pero potente. Para ello como ya muestra y advierte el título nos lo envuelve de tragedia shakesperiana. Así Clooney sigue su carrera como director. Los idus de marzo permite un análisis minucioso e interesante. Mi conclusión final es que la apruebo con nota a pesar de algún cabo suelto que no la convierte en perfecta.

Una cierta tendencia…

El cine estadounidense de vez en cuando avisa de los tejemanejes políticos con películas certeras. Así nos encontramos con Juan Nadie, El político, Tempestad sobre Washington, El candidato, Ciudadano Bob Roberts, Cortina de humo…, así que lo primero que se le achaca a Los idus de marzo es no ofrecer una mirada nueva sobre un tema que siempre es interesante mostrar sino continuar una cierta tendencia…, mostrar los tejemanejes de la clase política.

Sin embargo cumple con los ingredientes de esta cierta tendencia. Y muestra la parte trasera de las campañas políticas. Lo más interesante es que muestra como todo es un juego en un gran tablero estratégico donde hay unas reglas del juego que se cambian o se transgreden. Y gana el que juega y mueve mejor las piezas. Las personas no son personas, no tienen sentimientos, son piezas del tablero… y gana el mejor postor.

En la película hay un proceso de transformación de un personaje: Steve (Ryan Gosling). No estoy de acuerdo con que es un inocente idealista, lo que me parece es que es un tío listo y joven al que le gusta su trabajo y sabe en todo momento que está en un juego… pero aprende más reglas y cómo puede transgredirlas. Se va volviendo perro viejo… En un primer momento cree que el juego político es más limpio de lo que es y que el candidato puede realmente ganar y cumplir unas expectativas reales. Después se da cuenta de que el juego va más allá y que ninguna de las piezas del tablero se salva. El que gana es el que más traiciona y más máscaras puede mantener.

… tragedia shakesperiana

Unos hablan de tragedia shakesperiana y otros de derroteros melodramáticos. Los idus de marzo parte de una obra teatral que no conozco pero intuyo que tiene una construcción dramática clásica en tres actos… y no sólo en el título se intuyen los ecos shakesperianos.

El juego de poderes y relaciones entre los personajes nos acerca al drama shakesperiano a lo Julio Cesar (o todas las tramas políticas que componen parte de la obra dramática de Shakespeare… Enrique V, Ricardo III, El rey Lear, Hamlet, Macbeth…).

Sin embargo el personaje que dispara el conflicto y el punto de inflexión de la transformación de Steve es el personaje con más falla de guion, el peor desarrollado y el que hace que la película no sea totalmente redonda en su clasicismo y en seguir esa cierta tendencia… Y es el personaje que hace que la tragedia shakesperiana pase a melodrama o folletín. Ese personaje tenía que existir, no cabe duda, pero falla su presentación y posterior desarrollo. El personaje es el de la joven becaria Molly (por otra parte estupenda Evan Rachel Wood). Molly es una joven inteligente con muchas tablas, así nos la presentan, y muy libre en sus relaciones con los hombres, que sin ningún problema establece una relación con Steve. Casi es una especie de mujer fatal de cine negro a lo Lauren Bacall. Una tía dura. Por eso su transformación posterior (no cuento qué es lo que ocurre) en víctima frágil y débil… y el conflicto que hace que se destape la tapadera y se presenten más trapos sucios… no funciona del todo. En mi humilde opinión hubiera funcionado si hubieran apostado por presentarla como en lo que finalmente se convierte en una Ofelia inocente, en una ficha de ajedrez que todos vapulean y destrozan sin tener en cuenta sus sentimientos. Sin tener en cuenta que es una persona.

Por otra parte los demás personajes cumplen su cometido a la perfección. El propio Clooney como candidato demócrata, los asesores de campaña (brillantes Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman) y por supuesto Steve o también la representante de la prensa escrita (la eficiente Marisa Tomei). Sin embargo hay dos personajes que podían haber tenido algo más de importancia y jugo en el avance de la historia, Ben (Max Minghella), otro asesor de la campaña, por debajo de Steve, la propia esposa del candidato demócrata o el personaje de Marisa Tomei.

… elenco de actores y puesta en escena

Sin duda es un disfrute Los idus de marzo por las interpretaciones volcadas. El duelo, con música intensa de Alexandre Desplat, entre los personajes es una danza que deja buen sabor de boca. No hay que perderse cada uno de los matices de Clooney pero sobre todo del trío Ryan Gosling, Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti. En las bambalinas es donde está el meollo de la cuestión. Además Clooney dentro de su clasicismo consigue una puesta en escena potente. Y las conversaciones entre los personajes y su enfoque o manera de rodar es acertada e intensa. Todas estas conversaciones van mostrando al espectador cómo se van moviendo las piezas… quién va ganando, o quién va perdiendo. Como ejemplo esa confesión del personaje de Gosling a Hoffman de una reunión que no tenía que haberse llevado a cabo justamente cuando el candidato está dando un mitin, detras del escenario donde hay una enorme bandera americana…

Clooney no deja títere con cabeza, ni a republicanos ni a demócratas, ni a políticos, ni a asesores, ni a la prensa… La política es un gran tablero estratégico donde lo que menos importa son los ciudadanos. Es sólo un juego frío y calculador que hay que ganar… para detentar el poder. Y no importa quién se quede en el camino o a quien haya que tirar del carro para llegar a lo más alto.

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Las malas hierbas de Alain Resnais

… con casi 90 años y realiza una película libre y fresca. Fuera de todo parámetro normal.

… con casi 90 años y el color que predomina es el rojo.

… con casi 90 años y nos habla de lo absurdo. De los amores locos.

… con casi 90 años y nos habla de altos vuelos.

… con casi 90 años y canta a su amor exacerbado al cine.

… con casi 90 años y se decide, no es habitual en él, a adaptar una novela.

… con casi 90 años y se dedica a la risa (o por lo menos yo no paré).

… con casi 90 años y ya no hace caso de la lógica… ¿para qué?

… con casi 90 años y nos habla de que tan sólo un incidente es capaz de voltear varias la vida.

… con casi 90 años y nos deja perlas, “leer nunca ha matado a nadie, al contrario, ayuda a vivir”. Ver cine nunca ha matado a nadie, al contrario, ayuda a vivir.

…Las malas hierbas nos hace perder el sentido y meternos en surrealismos sin pedir explicaciones.

Las malas hierbas cuenta además con uno de los carteles de cine más bonitos de la temporada (y yo todavía a esos detalles les doy mucho valor).

Las malas hierbas nos hace disfrutar con unos personajes excéntricos y locos… por favor envolvedme en papel de regalo a Mathieu Amalric.

Las malas hierbas… me llevan a sala de cine a disfrutar de un clásico… y casualidad de las casualidades… hace poco vi por primera vez Los puentes de Toko-ri.

Y a George se le baja la bragueta.

Y a Marguerite lleva un abrigo que llevaría El principito.

Y a George se le queda cara de extrañamiento continuo.

Y a Marguerite le cantan canciones metida en la cabina de un avión.

Y los dos vuelan… sin lógica alguna.

Y George tiene una mujer preciosa y encantadora.

Y Marguerite una cabellera roja y unos pies especiales.

… Y cuando le roban a Marguerite la cartera… la vida da vueltas, y vueltas y vueltas.

Conclusión: Mamá cuando sea gato ¿podré comer croquetas?

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La invención de Hugo (Hugo Cabret, 2011) de Martin Scorsese

A mi padre… no me acostumbro a tu ausencia

… dice mi hermana amada que La invención de Hugo es como un testamento de Scorsese… para decirnos a todos que ama el cine. Que al cine lo necesita como el aire que respira. Quiere dejar una herencia. Unas palabras. Un amor inusitado al arte que ha practicado. Y para ello adapta un libro infantil ilustrado de Brian Selznick y lo convierte en imágenes. Y en su propio discurso.

Y Scorsese muestra y juega. Crea e imagina. Y emplea como un ilusionista, como el primigenio Méliès, una técnica cinematográfica a la que exprime todo su jugo, el 3D. Todo es cine, puro cine. Y al servicio de contarnos una historia… o una confesión. Su propio amor al séptimo arte.

Nos regala un cuento donde el cine es protagonista total y absoluto. No falta el homenaje, la sala de cine, el proyector, las imágenes en la pantalla blanca, el rodaje, el estudio, el entusiasmo creador, los actores, las actrices, el director, los espectadores-cinéfilos, el triunfo, el fracaso, el olvido, el renacimiento…, el arte de mirar, el cine como centro de vida, el cine como arte al que cuidar, analizar, estudiar, rescatar. El cine sobre el que escribir.

Y todo este enorme testamento nos lo regala como si fuera un sencillo cuento sobre dos niños que se encuentran y buscan aventura. Sobre el padre ausente. Sobre el abuelo gruñón que esconde un pasado hermoso, que le duele, porque cree que hay olvido. Y no es cierto. Sobre una tienda de juguetes… Sobre cartas, dibujos, mecanismos que arreglar…

… Nos regala unos escenarios de lo más cinematográficos. París. Los relojes. Sus mecanismos. Las calles nevadas. La estación de tren. El tren… y los propios habitantes de la estación.

Todo lleno de elementos cinematográficos. El bibliotecario misterioso. El amor no sólo al cine. También a los libros. El encanto del ilusionismo. La llave secreta. El maravilloso autómata… que esconde un secreto. El vigilante malvado de corazón de oro. El perro fiero pero tierno. La florista sensible, los abuelos enamorados…

Todo encaja. Todo funciona. Y Scorsese nos envuelve con una mirada mágica, llena de ilusión y de pasión por contar…

Porque de eso trata el cine. De contar. Como los libros. De contarnos mil y una historias… Del arte de narrar. Y de cómo ese poder da sentido a nuestras vidas.

Porque como imagina Hugo todos formamos parte de una enorme maquinaria. Todos somos piezas con un sentido. Y todos tenemos una función.

Narrar, contar… cinematográficamente es una de esas funciones. Y disfrutar, escuchar y mirar lo narrado es otra.

Y Scorsese, con mirada inocente, nos grita su función. Trasmitirnos la magia del cine. Su amor por él.

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Intocable (Intouchables, 2011) de Olivier Nakache, Eric Toledano

Phillip y Driss son dos intocables por distintos motivos. Phillip es un multimillonario tetrapléjico que se encierra en su torre de marfil con todos sus dolores, recuerdos y su dependencia total. Driss es un inmigrante senegalés que acaba de salir de la cárcel y vive en un barrio de la periferia. No tiene muchas oportunidades laborales y su familia ya se encuentra al límite. Dos seres opuestos que se unen. Eso es lo que ofrece Intocable. Ni más ni menos.

Intocable está inspirada en un hecho real. Phillip es el millonario Philippe Pozzo di Borgo y Driss, su cuidador argelino, Abdel Selloun. Pozzo di Borgo escribió dos textos (publicados por Anagrama en único libro que se titula igual que la película) que explicaban sus recuerdos, sensaciones, sentimientos y memorias y daba forma a esa relación especial que estableció con Abdel. Los directores y guionistas (desconozco sus anteriores trabajos pero se decantan normalmente por la comedia) Olivier Nakache y Eric Toledano conocieron su historia a través de un documental… y la transforman en una historia de encuentro y amistad. Sacuden los aspectos más duros y se quedan con la esperanza de lo que se puede llegar a construir en una relación entre dos hombres que se acercan.

Así Intocable se mece en el ámbito de la tragicomedia, más comedia que tragedia, y en el terreno de las amistades opuestas que juntas logran una unidad especial. Ni más ni menos.

Y si Intocable funciona es gracias a la interpretación y a la química que se establece entre los dos actores protagonistas (François Cluzet y Omar Sy). Que convierten las situaciones que viven juntos en creíbles. Las humanizan y las llenan de verdad. Te crees esa relación. La vives con ellos. La sientes. Sientes cómo empatizan y cómo se convierten en amigos.Y cómo ambos disfrutan de su mutua compañía.

Intocable no es una gran película. Ni una obra maestra. Ni hace avanzar la historia del cine. Su esquema lo hemos visto mil veces repetido… Pero su pareja protagonista es creíble y provoca la sonrisa y la risa. Y en momentos emociona. Me quedo con las miradas y la contención de Phillip, me quedo con la risa contagiosa y la vitalidad de Driss. Me gustaría conocer algo más de algunos personajes secundarios que forman parte del servicio del millonario que se convierten en entrañables (me sobran algunas tramas secundarias como la de la hija de Phillip que si desapareciera de los fotogramas no pasaría absolutamente nada).

Intocable, a través del humor, deja pinceladas de temas intensos. Y entendemos por qué Phillip se siente a gusto con Driss y viceversa. Ninguno de los dos tiene nada que perder. Ninguno de los dos siente compasión o piedad el uno por el otro. Ni uno está por encima ni el otro por debajo. Se tratan como iguales, como intocables. Se tratan desde la horizontalidad. Desde lo positivo. Desde lo que pueden dar. Driss encuentra un trabajo y un acceso a un mundo que le enriquece, Phillip tiene frente a frente a alguien que le trata con naturalidad a pesar de su discapacidad y que se interesa por él como persona. Y ambos mundos logran fundirse.

Y la vitalidad que logra transmitir la película me llena bastante más que las encorsetadas Paseando a Miss Daisy o El discurso del Rey (películas que forman parte de una frase promocional que acompaña el cartel de Intocable). Conectas más con la pareja protagonista y su relación que, por ejemplo, en El solista (interesante pero fallido trabajo de Joe Wright) o en El secreto de Joe Gould (de nuevo interesante pero fallido trabajo de Stanley Tucci) y no alcanza, sin embargo, la belleza y la sensibilidad dramática de esa joya, también basada en hechos reales (y donde también su protagonista plasmó sus sensaciones en un libro), La escafandra y la mariposa.

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Shame (Shame, 2011) de Steve McQueen

… Si recordamos la energía y vitalidad de Liza Minnelli en su interpretación de New York, New York en la película del mismo nombre de Scorsese y nos viene a la memoria el significado de esta canción en ese momento de la historia… y cómo mira Robert de Niro a la artista. Y la vida pasada de ellos en común… Nada tiene que ver con el significado que adquiere New York, New York en la interpretación pausada, cual Marilyn Monroe destrozada-muñeca rota, de una Carey Mulligan que da otro sentido a su letra… Y la mirada de Michael Fassbender con esa lágrima que resbala por su mejilla nos susurra que sabe lo que está cantando su hermana en la ficción. Así los dos andan perdidos y desubicados en un siglo XXI que recoge a seres humanos enfermos emocionalmente.

Así esta escena se convierte en la esencia de Shame de Steve McQueen que lejos de escandalizar en algún sentido, de parecer polémica por lo explícito en lo sexual (pero ¿aún sorprende algo en ese sentido?) o los que ven sólo una historia moral, exprime las emociones de sus personajes y nos presenta una historia triste y desoladora con dos de los antihéroes-perdedores más deprimentes de los últimos tiempos. Esos dos antihéroes son dos hermanos perdidos en Nueva York, Brandon y Sissy que arrastran traumas emocionales y cada uno sobrevive como puede. Ambos se aman y se destrozan… y sus almas pululan por las calles nocturnas. Ambos viven su particular carrera hacia sus infiernos interiores y ambos tratan de salir a flote y redimirse como pueden. Pero siempre inevitablemente unidos mientras tratan de huir de un “lugar malo” o mejor dicho un estado emocional que les rompe. Ya lo dice Sissy no son malas personas, sólo vienen de un “lugar malo”.

Steve McQueen se vuelve virtuoso en sus maneras de contar una historia cinematográficamente. Así nos encontramos con una manera de reflejar la noche, con la importancia de los reflejos, las ventanas y los espejos. Escenas virtuosas donde las nucas adquieren significados y torrente de emociones. Los primeros planos rompen. Las miradas o las lágrimas llenan un fotograma. Las conversaciones a dos comunican más de lo que parece… y una carrera por las calles nocturnas se convierte en una vía de escape a una situación emocional. Y de nuevo New York es un personaje más y un reflejo del estado de ánimo del personaje principal, Brandon, que se ve involucrado en un infierno que crea él solo. Que vive su sexualidad y adicción como una jaula emocional. Todo son barreras para transmitir sus emociones, sentimientos y miedos. Al final su manera de mostrar que tiene el control de la situación… se desmorona. El sexo es su cárcel. Y su apariencia perfecta de Romeo conquistador, su cara impávida, su cuerpo perfecto como creado para el arte se va resquebrajando cuando siente el peso de la responsabilidad ante una relación que le duele. La relación con su hermana, otro ser roto, que no es más que un espejo de su propia desesperación. Una relación que le duele tanto, un pasado vivido que le marca tanto, que le provoca terror a unas relaciones personales más allá de lo físico.

Así el Brandon, yuppie y triunfador, impecablemente vestido, que parece tiene todo bajo control. Su trabajo, su apariencia, su vida, su apartamento, su forma de entender las relaciones… se va desnudando a lo largo del metraje para descubrir a un personaje enfermo emocional y absolutamente perdido y descalabrado en el mundo. Un personaje que se desmorona… y que se convierte en un ser absolutamente vulnerable y desvalido. Autodestructivo y golpeado. Y el rostro y el cuerpo de Fassbender nos lo van comunicando de mil manera distintas.

Y McQueen nos deja una historia ya vivida y reflejada en otras ocasiones en el séptimo arte pero nos la cuenta de una manera tan especial que nos quedamos atados a la pantalla de cine. Así ecos de Brandon y Sissy los podemos encontrar en películas de distintas facturas y géneros pero su descenso nos lo cuenta de una manera tan personal que lo vivimos como algo nuevo. Así hay ecos en La Dolce vita o en La Noche. Hay voces en El último tango en París, en Desayuno con diamantes, en los ojos tristes de Marilyn… Hay pasos o indicios en Días de vino y rosas o Días sin huella. Y más allá en un American Gigoló… o en las más cercanas Atrapada entre dos hombres o Two lovers y así se podrían seguir citando huellas de personajes emocionalmente en el abismo arrastrando sus humanas dependencias y vulnerabilidades…

A McQueen me lo apunto en mi lista de pendientes. Ésta es la primera vez que veo una película suya pero sin duda me apetece descubrirle en su anterior largometraje Hunger y esperar su próximo trabajo cinematográfico 12 years a slave. En las tres ha contado con Fassbender, su actor fetiche.

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El caballo de Turín (A Torinói ló, 2011) de Béla Tarr

Y dice el Génesis que Dios creo el mundo en seis días y el séptimo día descansó. Y Béla Tarr filmó la desesperación y la nada en seis días y el séptimo día se retiró.

Así la primera película que veo de Béla Tarr es la que el propio creador dice que va a ser su última obra cinematográfica. De El caballo de Turín sales con el corazón encogido y con la desolación en el rostro. Así como otras creaciones cinematográficas me parecen absolutamente vitalistas, El caballo de Turín es despiadamente hermosa pero nihilista. Te enfrenta con la nada, con la cotidianidad del eterno retorno. Todos tus días serán iguales con pequeños cambios… importantes. Todo dirige hacía un final. La vida es un largo día repetido hasta que llega la oscuridad absoluta. Despiadadamente hermosa porque sus imágenes te acompañan en el día a día y el estado que te provoca también.

Despiadamente hermosa porque su puesta en escena deslumbra. En un blanco y negro impecable y unos planos secuencia eternamente largos, eternamente detallistas vamos pasando día a día. Naturalezas muertas. Dos patatas hervidas. Una botella de aguardiente y dos pequeños vasos. El sonido del viento interminable… Una cierta distancia hacia lo que estamos viendo… y una extrañeza. Un narrador omnisciente y dos personajes… Rituales cotidianos. Un pozo… Un paisaje solitario, como de western pionero. Una ventana, única salida a un mundo cerrado. Y un caballo que se rebela o se rinde ante la nada…

En un fondo oscuro la voz en off nos cuenta una anécdota que tiene como protagonista a un caballo y al filósofo Nietzsche. Una anécdota que relata la muerte en vida del filósofo. La voz cuenta cómo en 1889 en una plaza de Turín, el filósofo vio cómo un cochero maltrataba a su caballo y cómo Nietzsche se lanzó al cuello del caballo pidiéndole que perdonara a la humanidad. A partir de ese momento el filósofo no volvió a escribir una palabra, y cayó en la locura. Dicen que momentos antes de morir tan sólo dijo: “Madre, soy un idiota”… La voz añade… que nada se supo del caballo.

Entonces empieza un espectacular plano secuencia de un caballo y un cochero que regresan a una casa en paisaje desolado e invadido por una tormenta de aire. Ese caballo y ese cochero viven con una muchacha-mujer, que es la hija del cochero… y así vivimos seís días con ellos. En sus repetitivos días, de miseria y tristeza, se suceden sus hábitos cotidianos que les obligan a vivir el día a día, a despertarse y existir. Pero algo sucede. Algo que hace que cada día sea distinto. Un día las carcomas dejan de sonar. Otro día llega un vecino para pedirles aguardiente y suelta un discurso sobre los otros, sobre la corrupción…, otro día llegan unos gitanos que se van a las Américas, otro el caballo se niega a moverse y a comer, otro ocurre algo inesperado en el pozo… Y al final la oscuridad. Aunque nos quedan las palabras del cochero: mañana, volveremos a intentarlo. Tienes que comer, debemos seguir comiendo… Un esfuerzo por repetir, por no hundirse.

Llega la oscuridad y los títulos de crédito. Y te levantas como si salieras de un estado de hipnosis. Con angustia en el alma, desolación… y muchas ganas de reflexión. Pero llegas a tu casa, despacio, y piensas y entiendes. “Madre, soy una idiota”. Y puede que llores. Y que no olvides las imágenes… ni el ruido del viento.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Declaración de guerra de Valérie Donzelli

Declaración de guerra no es una obra maestra. Declaración de guerra es maravillosamente imperfecta. Declaración de guerra es una película vital construida de emoción. Y respira verdad. Mucha verdad. Declaración de guerra es una propuesta necesaria. Una propuesta política. Declaración de guerra deberían verla muchas personas que desde puestos de poder no cuidan la Sanidad Pública y quieren instalar otro modelo que no es el ideal porque no sería un servicio público y de calidad para todos. Y Declaración de guerra es sobre todo honesta porque refleja esa Sanidad Pública con veracidad (con todo lo bueno que representa y también con una pátina crítica —porque por suerte todo es mejorable—).

Valérie Donzelli sabe de lo que habla. Y sabe lo que muestra porque lo ha vivido. Y su pareja en ficción y en la realidad, Jérémie Elkaïm (que firma junto a ella el guion), también. Por eso ambos son creíbles. Y no buscan caer bien, mal o regular. No buscan que el espectador se conmueva, llore y sienta compasión. Sino que realizan una ficción (y la cuentan de la forma que les sale del alma) a manera de autobiografía o diario para contar una declaración de guerra a la enfermedad de su hijo de 18 meses, un tumor maligno cerebral. Un cáncer.

Y Donzelli y Elkaïm no se van por la fórmula lacrimógena de padres coraje que superan obstáculos y luchan desesperados por la recuperación de la salud del hijo. Ni presentan el sufrimiento del pequeño que genera lágrima y dolor. Ni emplean la fórmula telefilm basada en hechos reales. Donzelli y Elkaïm regalan su propia mirada personal de padres con miedo pero que apuestan por el optimismo aunque la lucha durante ocho años acabe minando y desgastando una relación. Presentan batalla ambos rodeados de amigos y familia. Y una de sus armas para combatir es el humor.

Estos dos últimos años por distintos motivos he pasado bastante tiempo en hospitales de la Sanidad Pública. Por eso sé lo que sienten y lo que viven los personajes de Romeo y Julieta (que cuando se enamoran saben que les une un destino trágico pero no el shakesperiano) y comparto sus amores, agradecimientos y también aquello que critican. Y su defensa a un modelo de sanidad que tiene que ir mejorando y no ir minándolo, recortándolo y destrozándolo.

Valérie Donzelli cuenta la historia de dos jóvenes que se enamoran, tienen un hijo y éste enferma. Y a partir de ahí su paso por hospitales se convertirá en la rutina necesaria. Donzelli realiza una película con estética de los primeros años de nouvelle vague, da un protagonismo esencial a la música que acompaña los sentimientos de los personajes, espolvorea sentido del humor, y mucho, mucho, mucho amor. En un momento dado hasta se escapa el espíritu de Demy… y sus protagonistas cantan canciones de amor o nanas. Donzelli cuenta de manera y forma personal.

Declaración de guerra conmueve. Es vital. Y por eso es maravillosamente imperfecta.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Albert Nobbs de Rodrigo García

Nota: os aviso, con cariño, que si todavía no habéis visto la película y no queréis saber absolutamente nada de la trama, no leáis la reseña pues desvelo partes del argumento.

Albert Nobbs ha supuesto toda una sorpresa para servidora. El empeño de Glen Close en llevar a pantalla de cine lo que ya había vivido en los escenarios de Broadway es comprensible. Albert Nobbs es un buen personaje. Albert Nobbs surge de un relato corto del autor irlandés George Moore. Desconozco tanto el relato como la adaptación teatral. Lo que ha llegado a mí ha sido la película de Rodrigo García y me ha llegado como una historia sobre la supervivencia, la lucha de clases y las identidades. Albert Nobbs es una película de personajes y matices. Y durante su proyección disfruté de lo lindo y a otros espectadores les debió pasar lo mismo, pues hacía tiempo que no asistía a algo que ocurrió: una vez que la película terminó, la gente aplaudió.

De Albert Nobbs había oído y leído de todo. Y mi percepción era que su acogida había sido tibia. A mí Rodrigo García, su forma de hacer cine, la manera de representar esos universos femeninos que tanto le fascinan y la dirección de sus actores, me volvió a atrapar.

Esta vez me lleva a la Irlanda del siglo XIX y a una mujer que pierde su identidad para poder sobrevivir pero no su capacidad de soñar. Glen Close es Albert Nobbs un ‘hombre extraño’, asexual, que lleva treinta años ocultando una identidad para poder trabajar con dignidad. A partir de Albert Nobbs entramos en contacto con la vida en un hotel de clientela elegante (y algo decadente) y en distintas escenas se puede observar el contraste de la lucha de clases: los inquilinos, el doctor, la dueña y todo el personal de servicio.

El conflicto surge cuando el pintor Hubert Page descubre ‘el secreto’ de Nobbs y a su vez Page muestra también su ‘identidad’ (maravillosa Jane McTeer, todo un descubrimiento). A Nobbs, el pintor Page le abre un mundo nuevo y le hace ver que sus sueños pueden hacerse realidad. Page le da más esperanzas. Page hace que Nobbs de sentido a toda su vida de ahorro y trabajo para reunir el dinero suficiente para abrir un establecimiento y quizá conseguir una persona que le acompañe en su aventura, que esté a su lado.

Albert Nobbs es eficiente en su trabajo de camarero. Lo hace con diligencia y perfección. Es un tipo delicado y educado. Siempre correcto. Nunca debe perder la compostura. Pero decide poner en marcha su sueño y decide que la persona que estará a su lado será la chica más alegre del hotel, la doncella Helen Dawes (Mia Wasikowska). Pero la joven ama a Joe (Aaron Johnson), otro joven inseguro y humillado (la lucha de clases se plasma en toda su crudeza en este personaje) que sólo pretende prosperar y alcanzar también un sueño: llegar a América y mejorar en todos los aspectos de su vida negra. Y que ve en Nobbs la posibilidad de alcanzar su propio sueño, su propia supervivencia. El drama está servido.

Rodrigo García ofrece una minuciosa recreación del hotel y del ambiente en el que se mueve su personaje. Muestra una compleja radiografía de relaciones humanas e identidades. Y Glen Close interpreta con matices y elegancia un delicado Albert Nobbs que te rompe el corazón con cada tímida sonrisa o pesadumbre dejándose acompañar por toda una galería de personajes (muy bien interpretados) que conforman su mundo. Sólo hay un breve momento en que recupera su ‘identidad’, con la cuál ya apenas sabe manejarse, y en ese momento, Nobbs siente algo parecido a la libertad o a la felicidad… lo que le provoca un pequeño mareo y resbalón en una playa enorme, en un espacio abierto.

Llega un momento en que el espectador aunque siente que Nobbs, al igual que lo nota Helen Dawes, es un tipo raro le gustaría que alcanzara su sueño y fuera feliz. Nunca se ha dado la oportunidad de ser persona querida… sólo ha conservado una fotografía de una mujer que puede que fuera su madre. Y cuando decide pasar a la acción, lograr su sueño, su capacidad de supervivencia se le va escapando, poco a poco… No sabe manejar las herramientas para dar cara a los zarpazos o las caricias de las relaciones personales. Albert Nobbs es una tragedia irlandesa… donde los sueños se caen en pequeños pedazos, como los copos de nieve, pero la vida sigue, y la gente sigue…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.