Hildy se va unos días…

Mis queridos cinéfilos:

Hildy no se encuentra porque está en una fase de agotamiento total. Y necesita cuatro días de desconexíón total para regresar el lunes con baterias recargadas.

He tenido la maravillosa suerte de tener visita de tierras mexicanas, mi adorada hermana, y he decidido coger cuatro cosas y perderme por tierras del norte.

El cine como siempre estará presente. Es de lo único que me da gusto no desconectar.

Besos enormes y pronto nos vemos en el blog para contaros, siempre, asuntos que me apasionan…, y seguro que con las baterias recargadas y la mente bien despejada y cuidada.

Hildy

Los abrazos rotos

¿Cómo os diría yo? Me salen retazos. Frases rotas, frases cortas.

Estéticamente, qué bueno es el director manchego.

Zapato rojo.

Paisajes de Lanzarote.

Interiores.

Fotografías rotas.

Imágenes en pantalla.

Cómo ama el cine el director manchego.Tanto lo ama y tantos homenajes que se olvida, a veces, de que la historia sea creíble. De llegar. De crear unos personajes principales con alma.

Cuánto homenaje.

Nos regala por eso momentos. No un todo. Pero momentos aislados bellos…, ahí están.

Qué hermosa la historia del hijo de Arthur Miller.

Cómo me gusta Pe doblándose a sí misma en escena de melodrama pasional.

Pe y Homar hablando en la cocina.

Qué lástima no sentir mucho más pero mucho más esa historia de amor no correspondido. Esa Blanca Portillo, que no abandona nunca. Que ama siempre.

Recuerdo por ahí Te querré siempre, a melodrama Sirk o Minnelli, con algunas gotillas de cine negro. Y por supuesto, escena de escaleras, no podía faltar (ahí podemos ver esencia de La loba, con aroma de Que el cielo la juzgue o unas gotitas de Scarlet enfurecida.

Por ahí nos encontramos con homenaje total a su propio cine. La sombra de Mujeres al borde de un ataque de nervios es alargada. Gazpacho, pastillas, teléfonos, camas quemadas, doblaje y mujer enamorada metida en lío de drogas. Esta vez una concejala. Apariciones fugaces de Lampreave, de nuevo de portera muy especial o una Rosi de Palma que es una aparición que sabe a poco.

Personajes secundarios. Con actores y registros. Qué genial Lola Dueñas. Por ahí promete un Tamar Novas a ratos cálido o tierno. Al único que veo un poco por exigencias de guión —por justificar las grabaciones entre los amantes de la función y ese hermoso beso antes de accidente fatal— es a un Rubén Ochandiano con pelucón que hará historia. Impresiona una caracterizada y aventajada, pero siempre hermosa, como madre sufrida de la protagonista, Ángela Molina.

Pe, en su papel de chica que se come la cámara. Chica que escala posición social juntándose con un famoso e influyente empresario pero no encuentra el amor hasta que cae en brazos de prestigioso director. Actriz-mujer en rol de heroína melodramática que al final, sin quererlo, supone la perdición de dos hombres… y más afectados. Por sus abrazos rotos.

Dos hombres con los rostros duros de Lluis Homar y José Luis Gómez. Uno director de cine apasionado y después guionista ciego y otro como empresario totalmente obsesionado por el amor de una mujer.

Por último, Blanca Portillo, papel intenso y de sentimiento. Que a veces deslumbra con un poco de calor… en una película-melodrama que debería haber sido menos correcta y con mucho más corazón. Me apetece, de todos modos, volverla a ver en comedia gamberra. Ha demostrado de sobra sus registros y su capacidad para el drama. En Volver casi nos hizo volver a hacer reír a carcajadas. Me apetece.

El guión, la estética, la fotografía, el homenaje… todo bien hecho y colocado. Estructurado. Tan bien hecho que como repito falta espontaneidad, pasión, sentimientos como puños… al director manchego finalmente no se le ha ido la cabeza. Y para mí fue una pena.

Me quedo con la fotografía borrosa de dos amantes en un coche. Y el beso. Un beso.

La duquesa

¿Queréis pasar una tarde agradable?¿Os apetece un melodrama de época de factura técnica impecable, con intérpretes con ángel y una banda sonora que no sale nunca de tus oídos? La duquesa es vuestra película, sin duda alguna. 

Película fastuosa de consumo rápido. Película espectáculo para entretenerse con personaje histórico de por medio que para más inri la promoción ya nos ha hecho llegar hasta la saciedad que Georgina, la duquesa de la película, era descendiente de Lady Di. Hasta ahí el paralelismo. 

Yo que queréis que os diga, no me pareció el peliculón pero disfruté. Me encantó la ambientación, los enormes palacios, las fiestas y bailes, el elaborado vestuario, las pelucas, los maquillajes… Me pareció que tenía una fotografía correcta y bella. La banda sonora con una buena melodía y por supuesto mucha música clásica de Mozart, Bach, Beethoven… 

El personaje principal es atractivo. Un personaje histórico con algo que contar y sobre todo destaca el papel de la mujer en el siglo XVIII. La mujer aristocrática que se casa joven en un matrimonio concertado y que su papel más importante es dar un descendiente varón a la familia. Mujer sin derechos, sin libertad, totalmente atada a los designios de la familia, del marido, de la sociedad, encerrada en el hogar…, sin derecho siquiera de ser amada o respetada por el esposo. Sin embargo, es consciente de su falta de libertad y Georgina es inteligente, sabe codearse con la sociedad y ser admirada tanto por su belleza como por la moda, intenta encontrar resquicios de libertad a través de sus relaciones personales con políticos, el juego, el teatro… aunque siempre sus ansias serán quebradas. 

Georgina tiene el rostro de una Keira Knightley que está perfecta en su papel. Bella, divertida, triste, tierna, enamorada, dramática, elegante…, sin duda, Knightley es buena intérprete para película de época y además ya todos sabemos que sabe de otros roles. A Keira no se la encasilla fácilmente. Su esposo, el duque, es un profesional Ralph Fiennes que hace a la perfección su papel de antipático esposo, antipático aristócrata, más interesado por sus perros (y yo adoro a los animales) que por cualquier humano que pase por su lado. Que trata a su mujer como mero recipiente de un hijo varón —las damas no valen— y la encadena a su lado. Después, nos encontramos con dos jóvenes intérpretes que van abriéndose carrera en el mundo del cine para encarnar a los amantes de ambos esposos (él es Dominic Cooper y ella es Hayley Atwell). Por supuesto, tampoco falta intérprete de prestigio, intérprete del pasado, una estupenda Charlotte Rampling como madre de Georgina, increíble y terrible en los consejos que da a una hija cada vez más desesperada de su situación. 

Ya ven entretenida y olvidable pero que buenas tardes se pasan de vez en cuando con estos productos barrocos y correctos de amores desgraciados, de viajes a otras épocas. Con guiones flojillos pero técnica perfecta y actores con glamour. Yo, ayer por la tarde, me dejé envolver por la crónica rosa del siglo XVIII, ahí en Gran Bretaña. Pobre Georgina, pobre niña rica, entre juegos, teatros, bailes y casas suntuosas no sabe lo que es el amor y sí mucho de humillación.

La extraña mujer (The strange woman, 1946) de Edgar G. Ulmer

Ulmer pertenece a la categoría de directores olvidados y de carrera irregular que estaban alejados de las grandes producciones de Hollywood, de los presupuestos astronómicos, de los repartos estelares y con muy poco tiempo para llevar a cabo sus producciones de bajo coste. Sin embargo, es de esos directores de películas de serie B que logró varios títulos míticos y que además, a veces, contó con repartos adecuados para sus películas-pesadilla-ensoñación-poesía.

Como la película que hoy comentamos en nuestro baúl, o la más mítica Detour o la más terrorífica Satanás.La extraña mujer no es película redonda pero tiene una poesía peculiar en alguna de sus escenas, muestra un mundo oscuro de principios del XIX en una ciudad que se dedica a la industria maderera donde no hay ni ley ni orden, refleja la doble moral de los empresarios y personas importantes de la localidad y la fuerte personalidad de una mujer contradictoria.

La película es un melodrama intenso donde el loco amor de la protagonista y su afán por conseguir una posición social y huir de la miseria la hacen capaz de los mayores heroísmos y las mayores maldades. Ahí reside la dificultad del personaje. En escenas es una verdadera hija de su madre y en otras muestra cómo es el personaje menos oscuro e hipócrita.

La extraña mujer tiene el rostro hermosísimo (casi mágico e imposible) de una siempre esfinge Hedy Lamarr (que ya dejó sin respiración en su tierra natal, Checoslovaquia, con su secuencia de desnudo en Éxtasis. Después en Hollywood protagonizó una carrera irregular pero con dos o tres títulos inolvidables). Una mujer que logra salir de lo más bajo de la escala social para convertirse en toda una dama para ello no duda en usar su belleza y encanto femenino para enredar a un rico y anciano comerciante, a su pusilámine hijo —un amigo de la infancia— y a un atractivo capataz prometido con una de sus mejores amigas (que será el amor de su vida y la posibilidad de alcanzar la felicidad). También conoce perfectamente —es una superviviente— la doble moral y cómo ejercer la caridad de tal manera que se gana el respeto de todos.

La esfinge Lamarr luce en cada una de las escenas llenándolas de ambigüedad. Siempre intuimos las verdaderas intenciones de una mujer que puede ser tremendamente cruel pero también transparente y con una forma de actuar coherente. Louis Hayward logra estar inquietante como ese hijo que teme el agua y que siempre se ha sentido atraido por la amiga de la infancia…, se ve su caída en desgracia por la fallida consecución de un amor que se rebela finalmente. Lamarr le seduce y usa para sus objetivos y finalmente le rechaza. Este actor un año más tarde protagonizaría la también oscura House by the river de Lang y clavaría su papel de hombre oscuro y desagradable. El padre, rico empresario e influyente en la ciudad (su doble moral surge continuamente), Gene Lockhart (benditos secundarios) es el hombre mayor que logra a Lamarr como esposa. Ella sólo estará a su lado por suponer un escalón más para su subida social. Ante los demás aparece como esposa devota pero sus sentimientos sueñan con que algún día pueda quedarse viuda. Y, por último, el capataz con cara de George Sanders como un hombre recto y bueno que queda totalmente atrapado por la protagonista…sólo que esta vez ella ama de verdad. Y él también.

Película melodrama en intenso blanco y negro, en ciudad portuaria, con sus tugurios y miserías, con el alcohol siempre presente, con penumbras, llena de escenas de amor exacerbadas y declaraciones de amor extremo. Luces y muchas más sombras. Casas que ocultan la desgracia, la presencia siempre de la muerte. Una cabaña lejana, el fuego y la tormenta que desata las pasiones de los personajes, los predicadores y las iglesias donde siempre está presente el pecado… y una mujer extraña que sucumbe ante el poder social y empresarial y el no poder alcanzar la felicidad junto al hombre que ama.

No es una obra de arte… pero envuelve al espectador en esa ciudad extraña donde todas las pasiones son vomitadas en cada metro de fotograma.

Concierto para clarinete de Mozart y el cine

Mozart y el cine.

Más que la maravillosa Amadeus.

Una de las partes más maravillosas del concierto para clarinete forma parte de la banda sonora de Memorias de África.

De esa comedia linda de los 90 que fue Matrimonio de convenencia.

Acompañó a todo un amante en apuros como Richard Gere en American gigolo.

Y probablemente descubramos muchas más películas donde esta melodia mágica forma parte de imágenes inolvidables.

No pierdan la oportunidad de escucharla.

Diccionario cinematográfico (96)

Boxeador: luchador o luchadora. Vidas duras. Golpes fuertes. Muchos boxeadores cinematográficos salen de unas vidas de exclusión social y el boxeo se convierte en salida y también en encierro.

Boxeadores inolvidables.

Que me decís de Terry en La ley del silencio o de Rocky Graciano en Marcado por el odio. Dos bellos con rostros de Brando y Newman en potentes historias de perdedores que salen adelante. Que se caen y se vuelven a levantar.

Hay campeones míticos, que se superan en la lucha, Stallone debe mucho a un Rocky interminable que llega a hombre jubilado. O hay perdedores que te dejan lágrimas en los ojos como ese Mickey Rourke que te hace llorar en cada escena de El luchador.

Pero si queremos seguir con más lágrimas no nos olvidemos de dos películas de mismo argumento. Luchador perdedor pero buena persona con hijo que sufre y le apoya. El clásico tenía el rostro magnífico de Wallace Beery. El más moderno, el de los setenta, el rostro bello de Voight. Ellos eran protagonistas de El campeón en distintas épocas.

Clint Eastwood nos presenta a heroína en una historia sobre lucha y muerte estremecedora. Ella es Maggie y la película Million Dollar Baby. Boxeo y muerte una mezcla de donde salen mucho arte y emociones.

Aparte de las risas que provocan esos genios que son Charlot o Buster Keaton en el ring, también intentó risas fallidas la musa de la comedia de los setenta, Barbra Streisand en Combate de fondo.

El cine negro nos regala tesoros como Cuerpo y alma donde John Garfield es Charlie Davis, un joven que cae en las redes de la corrupción y el poder que rodean el mundo del boxeo. Y la maravillosa Noche en la ciudad (otra modalidad de lucha greco-roma) donde se reflejan los tejemanejes alrededor de estos combates con sus víctimas y verdugos.

Nuestro paseo nos lleva también a Daniel Day Lewis en The boxer, otra manera de entender el conflicto irlandés a través de un joven boxeador que trata de dejar atrás su pasado y de abrir un centro de entrenamiento donde los jóvenes no caigan en la violencia política.

Otro inolvidable boxeador tiene rostro de Robert de Niro en su Toro salvaje y su representación de Jake la Motta, su ascenso y caída con la mafia alrededor.

Y nos vamos con Russell Crowe y su boxeador de la Depresión en Cinderella Man. Subir al ring para poder dar de comer a los suyos.

Puñetazos directos  al espectador con imágenes inolvidables y buenas historias. El recorrido es interminable.

Poema de amor de Mario Benedetti

Dos novelas de Mario Benedetti han sido llevadas al cine: La tregua (versión 1974, versión 2003) y Gracias por el fuego (1985) -esta novela me la he leido hace poco y me ha encantado, además ha salido en bolsillo, Punto de Lectura, 2009-. Ambas películas han sido dirigidas por el director argentino Sergio Renán (La tregua, 1974) y poco puedo decir pues no las he visto.

También, sus poemas fueron fuente de inspiración para la mítica El lado oscuro del corazón (1992) de Eliseo Subiela. Que no he vuelto a ver desde su estreno pero la verdad recuerdo que me dejé envolver por el cine y la poesía.

Y todo esto viene porque tengo ganas de regalaros un bello poema de amor de Benedetti que me emociona cada vez que lo leo.

Hagamos un trato

Compañera

usted sabe

que puede contar

conmigo

no hasta dos

o hasta diez

sino contar conmigo

si alguna vez

advierte

que la miro a los ojos

y una veta de amor

reconoce en los míos

no alerte sus fusiles

ni piense qué delirio

a pesar de la veta

o tal vez porque existe

usted puede contar

conmigo

si otras veces

me encuentra

huraño sin motivo

no piense qué flojera

igual puede contar

conmigo

pero hagamos un trato

yo quisiera contar

con usted

                  es tan lindo

saber que usted existe

uno se siente vivo

y cuando digo esto

quiero decir contar

aunque sea hasta dos

aunque sea hasta cinco

no ya para que acuda

presurosa en mi auxilio

sino para saber

a ciencia cierta

que usted sabe que puede

contar conmigo.

Más cine clásico, por favor…

Para multiplicar miradas y visiones.

Para saber qué es cine en estado puro.

Para entender cómo rodar.

Cómo iluminar.

Cómo fotografiar.

Cómo actuar.

Cómo contar una historia en imágenes.

Cómo emplear la música.

Cómo escribir un buen guión.

Más cine clásico, por favor…

Es la mejor escuela para aprender a mirar y disfrutar.

Cine mudo, cine en blanco y negro, cine años 10, 20, 30, 40, 50…

Cine de todas partes del mundo.

El cine es testimonio. Es imagen. Es historia. Es reflexión. Es debate. Es sociología…

Con una buena base, como en todo, se puede valorar mejor el cine del presente (tanto el bueno, que lo hay, como el malo, que también existe…, en épocas clásicas también existió cine mal hecho, que conste en acta digo en post).

Momentos inolvidables de Las uvas de la ira

John Ford, el director de películas del Oeste, nos dejó uno de los testimonios más realistas de los efectos de la Depresión del 29 en el mundo rural.

La adaptación de Las uvas de la ira a la pantalla es estremecedora. Con momentos impresionantes. No es de extrañar que a John Steinbeck le gustase la película.

Resulta curioso que unos estudios (Fox) y un productor Zannuck se implicaran en una historia con contenido social y tan contemporánea.

La novela fue escrita en 1936 y la película rodada en 1940. Ambos trabajos son fruto de un extenso trabajo de documentación y periodismo.

La película todavía impresiona e impacta (y además las situaciones y comportamientos que describe todavía, tristemente, son muy contemporáneas).

Son imágenes-bofetada.

La odisea de la familia Joad la vivimos todos. En ese camión hasta arriba que parece que en cualquier momento va a volcar.

Son increibles los rostros de cada uno de los personajes. De los niños.

Inolvidables los abuelos Joad, los niños Joad, el tío, el padre… y, cómo no, esa inmensa madre con rostro de Jane Darwell o ese hijo, Tom Joad (maestro Henry Fonda).  La relación entre ambos guarda momentos emocionantes en cada fotograma. Como la despedida, cuando Tom Joad se convierte en símbolo o héroe de los sin voz. Estará allí donde haya una injusticia, donde alguien pase hambre, donde se encuentre la sonrisa de un niño…

Y no olvido al predicador. Gran y complejo personaje. John Carradine está de quitarse el sombrero. Personaje tierno… extraño.

No, no, imposible olvidar ese camión que va por una larga carretera. Esa familia que lucha por que no les quiten el orgullo, ni la dignidad. Que lucha para que no los aplasten. Que lucha por no desmoronarse o perder la esperanza.

Tom Joad está en todas partes.

Gracias Ford.

Quemado por el sol (Utomlyonnye solntsem, 1994) de Nikita Mikhalkov

Deslumbrada quedé con esta película el año de su estreno. No olvido esa pareja bailando al son de un triste tango ruso en un paraje cubierto de nieve. No olvido a esa niña sentada en un banco tarareando la canción.

Imposible el olvido de esa dacha vetusta pero hermosa donde no parece que haya pasado el tiempo donde un día de verano cada uno de los miembros de la familia disfruta del ocio.Imposible que se me vaya de la cabeza ese hombre enorme y fuerte, aguerrido, con un humor encantador y sonrisa amplia, un héroe del pueblo, el comandante Kotov. Que cree en una Rusia igual para todos.

Inolvidable esa relación preciosa entre padre e hija. Entre el gran Kotov y una pequeña y encantadora Nadia. Más espabilada que nadie. El paseo en barca, sus divertidos juegos, sus miradas y sonrisas… Sus diálogos.

Emocionante la relación entre esposa y marido. Maroussia y Kotov… el baile, las miradas, lo que callan, lo que dicen. Lo que se aman.

El tío, los padres, las abuelas, la vieja sirvienta siempre doncella, las comidas, los baños, la hora del té, las charlas familiares, la música de piano, el partido de fútbol, paisajes bucólicos…, las diversiones de un sencillo y cálido día de verano en Rusia.

En ese día, visita inesperada, un antiguo amigo de la familia, de Maroussia, una visita del pasado. El atractivo Mitia, pianista y artista como los miembros de la familia de ella. Un día desapareció y nunca más se supo. A Maroussia se la rompió el corazón y la costó recomponerlo… apareció Kotov. El amigo atractivo, divertido, todos le conocen y él trae de nuevo la música al piano. La provocación… y revuelve el mundo de sentimientos de la bella Maroussia. Se nota en cada uno de sus gestos y reacciones.

Mitia cuenta una historia a la niña Nadia, que escucha con interés, un cuento triste. Muy triste. De dos enamorados que se separan por un ogro. La niña quiere saber si el cuento tiene final feliz…, y Mitia le dice que la enamorada se casó con el ogro… Les da a los personajes extraños nombres. Mitia y sus historias… Mitia y sus recuerdos. Mitia y el pasado que ya no vuelve. Mitia y su dolor por ser expulsado de ese pasado.

Mitia rompe la calma, el amigo del pasado viene a misión concreta y aquella historia bucólica, divertida y tierna, se convierte en último momento en historia de terror. Del terror político. En historia tremenda y violenta. El Terror de Stalin. Su presencia se apodera de todo, y a los héroes del pasado también les callan.

Quemado por el sol increíblemente hermosa, increíblemente dura, increíblemente impactante. No sólo es hermosa por sus imágenes, o su buen guión con ese giro maravilloso y duro, o unos personajes perfectamente construidos sino que te arrastra en cada fotograma a sensaciones y emociones. Abre el corazón y luego de un golpe, lo desgarra. El director y también actor (no hay otro Kotov posible) Nikita Mikhalkov regala película maestra. La hija de Kotov, Nadia, es también en realidad la hija del director…, quizá por eso se consiguen momentos tan hermosos de la relación entre un padre y su hija pequeña. Maroussia tiene el rostro fresco, hermoso y sensible de Ingeborga Dapkunaite en intepretación llena de matices y gestos. Y Mitia es un estupendo Oleg Menschikov que se transforma en cada fotograma, personaje complejo, un hombre roto por dentro y por fuera capaz de transformarse en el terror absoluto o en encantadora persona del pasado. Artista sensible pero con mucho odio y tristeza dentro, es un maremoto que estalla. Tampoco hay que dejar atrás la cantidad de personajes secundarios que aparecen en la película, cada uno con escena determinante (impresionante, el hombre que durante todo el día anda perdido en su camión).

No puedo dejar sin mencionar la banda sonora. La música de Quemado por el sol transmite mil y un sentimientos desde ese tango ruso hasta la melodía que acompaña a Maroussia, el canto de la abuela o el piano tocado por Mitia…