La duquesa

¿Queréis pasar una tarde agradable?¿Os apetece un melodrama de época de factura técnica impecable, con intérpretes con ángel y una banda sonora que no sale nunca de tus oídos? La duquesa es vuestra película, sin duda alguna. 

Película fastuosa de consumo rápido. Película espectáculo para entretenerse con personaje histórico de por medio que para más inri la promoción ya nos ha hecho llegar hasta la saciedad que Georgina, la duquesa de la película, era descendiente de Lady Di. Hasta ahí el paralelismo. 

Yo que queréis que os diga, no me pareció el peliculón pero disfruté. Me encantó la ambientación, los enormes palacios, las fiestas y bailes, el elaborado vestuario, las pelucas, los maquillajes… Me pareció que tenía una fotografía correcta y bella. La banda sonora con una buena melodía y por supuesto mucha música clásica de Mozart, Bach, Beethoven… 

El personaje principal es atractivo. Un personaje histórico con algo que contar y sobre todo destaca el papel de la mujer en el siglo XVIII. La mujer aristocrática que se casa joven en un matrimonio concertado y que su papel más importante es dar un descendiente varón a la familia. Mujer sin derechos, sin libertad, totalmente atada a los designios de la familia, del marido, de la sociedad, encerrada en el hogar…, sin derecho siquiera de ser amada o respetada por el esposo. Sin embargo, es consciente de su falta de libertad y Georgina es inteligente, sabe codearse con la sociedad y ser admirada tanto por su belleza como por la moda, intenta encontrar resquicios de libertad a través de sus relaciones personales con políticos, el juego, el teatro… aunque siempre sus ansias serán quebradas. 

Georgina tiene el rostro de una Keira Knightley que está perfecta en su papel. Bella, divertida, triste, tierna, enamorada, dramática, elegante…, sin duda, Knightley es buena intérprete para película de época y además ya todos sabemos que sabe de otros roles. A Keira no se la encasilla fácilmente. Su esposo, el duque, es un profesional Ralph Fiennes que hace a la perfección su papel de antipático esposo, antipático aristócrata, más interesado por sus perros (y yo adoro a los animales) que por cualquier humano que pase por su lado. Que trata a su mujer como mero recipiente de un hijo varón —las damas no valen— y la encadena a su lado. Después, nos encontramos con dos jóvenes intérpretes que van abriéndose carrera en el mundo del cine para encarnar a los amantes de ambos esposos (él es Dominic Cooper y ella es Hayley Atwell). Por supuesto, tampoco falta intérprete de prestigio, intérprete del pasado, una estupenda Charlotte Rampling como madre de Georgina, increíble y terrible en los consejos que da a una hija cada vez más desesperada de su situación. 

Ya ven entretenida y olvidable pero que buenas tardes se pasan de vez en cuando con estos productos barrocos y correctos de amores desgraciados, de viajes a otras épocas. Con guiones flojillos pero técnica perfecta y actores con glamour. Yo, ayer por la tarde, me dejé envolver por la crónica rosa del siglo XVIII, ahí en Gran Bretaña. Pobre Georgina, pobre niña rica, entre juegos, teatros, bailes y casas suntuosas no sabe lo que es el amor y sí mucho de humillación.

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