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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Y es que cuando tienes una pasión no puedes parar de alimentarte. Y lo genial es que siempre puedes tener mil y un frentes abiertos. Estos días estoy con varios. Y los aguardo y cuido con gran emoción. Además de los estrenos de la semana que siempre hay alguno que apetece además de los que se han escapado en anteriores semanas, un montón de novedades me esperan.

En cartelera

De los estrenos, la lista se me acumula. Estoy segura de que me apetece Chloe de Atom Egoyan y tengo curiosidad por ver Biutiful sobre todo por el cabreo monumental que se pilló mi hermana en México al ir a verlo porque Iñarritu parece que ya sólo sabe navegar por una miseria con lazo de regalo. Otra película me da cierto temor porque no sé si podré con ella pero al leer un montón de artículos sobre ella y sobre todo opiniones tan encontradas pienso que merece la pena… e iré a sala de cine a verla, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas del director tailandés de nombre imposible (sobre todo para mi lengua de trapo) Apichatpong Weerasethakul. Y una amiga me ha recomendado Poesía que según ella tiene aires de melodrama a lo Sirk, y sabe que me derrito por Sirk. La película viene de Corea del Sur.

Shoah, documental histórico 

Ayer después de trabajar, caía la noche y necesitaba despejarme así que me fui a dar un paseo por el barrio. Me acerqué a un establecimiento de una cadena de tiendas a por un primer objetivo. Un buen profesor (de un curso de crítica de cine fantástico que ya realicé el año pasado y este año voy de repetidora… y encantada de la vida. Los viernes por la tarde-noche siempre espero con deleite unas horas que se han convertido en sagradas) nos avisó de que El País aportaba por un euro un documental (que ya llevaba tiempo detrás de él) sobre una parte sobrecogedora de la Historia, el holocausto, un documental de unas nueve horas que se llama Shoah del director Claude Lanzmann. Ya había preguntado por la mañana en varios quioscos y estaba agotado. Allí sí tenían el dvd… pero para mi desencanto era la segunda parte, la primera ya había salido la semana pasada. No obstante lo cogí. Hoy he preguntado en varios establecimientos si les quedaba algún ejemplar de Shoah, primera parte. Pero no, está agotado. Sin embargo, lo he pedido en uno de los quioscos aunque me ha avisado que cree que en el diario también están agotados. Espero que tenga suerte y pronto tenga los dos dvd pueda verlos y comentarlos…, o encuentre a algún lector amigo que sí adquiriera la primera parte y me la deje…

Cuadernos de directores de Cahiers du cinema

En ese establecimiento al que fui en mi paseo nocturno vi con deleite que tenía los cuadernos, que vi anunciados en mi querida Cahiers du Cinema, sobre las trayectorias cinematográficas hasta la actualidad de directores de cine (que son publicados por la misma Cahiers du Cinema). Tenían, creo, todos los que han salido hasta ahora publicados. Así que no pude evitar la tentación y adquirí tres de estos cuadernos con una pinta estupenda (buenas fotografías, parece que interesante texto, apoyos curiosos e interesantes —éstos ya me los he leído—, cronología, filmografía…) de tres de los directores que más me entusiasman y que aún siguen en activo: mi adorado Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Tim Burton. Ya os contaré pero prometen.

Marilyn y JFK

Y, por último, estoy disfrutando de un libro que tenía mucho interés por conseguirlo y por fin llegó a mis manos. Ya he contado más de una vez que Marilyn Monroe es una de las actrices que sigue generando más libros, artículos, etcétera aunque haya muerto hace ya más de cuarenta años. Una de las últimas novedades en el mundo editorial fue Marilyn y JFK (Aguilar) del periodista francés François Forestier. Y este fin de semana lo estoy devorando. Forestier articula esta famosa relación como si se tratara de una novela negra. Y consigue enganchar. En su relato surge una red oscura de relaciones que unen la Mafia, el Cine (un Hollywood negro) y la Política. Es un libro absolutamente desmitificador. Así la historia entre Marilyn y JFK no es la historia entre una estrella rutilante y sexy de Hollywood y un mítico presidente de EEUU que murió asesinado… el retrato de la pareja es otro, mucho más triste. Ella es una mujer desequilibrada, autodestructiva y enferma de afectos, dependiente de un montón de medicamentos y que no se quiere nada así misma, es una mujer vacía con la que todos quieren acostarse pero ninguno permanecer junto a ella. Él es un hombre ambicioso de poder, niño pijo de papá empresario de negocios sucios que siempre bailó con la Mafia y que prepara la carrera de su hijo hacia la presidencia a golpe de talonario. JFK fue siempre un hombre enfermo aquejado por dólores múltiples que iba de fiesta en fiesta, de juerga en juerga, y de mujer en mujer…, una de ellas fue Marilyn. Forestier muestra en su relato una enorme red de espionaje en la cual todos vigilan a todos y todos esconden un mundo negro y oscuro muy diferente al que sale a la luz pública. Ya he terminado la primera parte y pronto empezaré la segunda. Una página llama a otra página.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Todo hay que decirlo. Y digo que me ha sorprendido gratamente Cyrus de los hermanos Duplass. Me ha sorprendido cómo cuentan una historia de tres personajes con fuertes conflictos emocionales, enfermos emocionales, que parece el problema estrella de las personas del Estado de Bienestar del siglo XXI (mientras unos sobreviven los otros se consumen en problemas mentales, irónico, ¿verdad?).

Y los hermanos Duplass parece que van a mostrarnos la típica historia graciosa o comedia donde dos personalidades distintas chocan para la consecución de un mismo objetivo. John, un divorciado que se hunde en una depresión, que durante siete años ha vivido en soledad física y emocional, ve cómo le cambia la vida cuando una noche de fiesta (que le ha animado a acudir su ex, también mejor amiga) conoce a una bella y amable mujer, Molly. Para John empieza la felicidad pero…, de pronto, se encuentra con Cyrus, el hijo de 21 años de Molly. Cyrus y Molly tienen una relación especial, tan especial, que sutilmente Cyrus hará todo lo posible para que John no consiga a la mujer de sus sueños.

Esto podría contarse de varias maneras: un melodrama tremendo, una comedia de situaciones llena de carcajadas… o la sutil historia que nos representan los Duplass. Nos encontramos siempre al borde de la sonrisa…, los personajes se desnudan, conmueven… A veces escuchamos sus pensamientos más íntimos, otras nos reímos con ellos y otras incluso nos reímos de ellos. Al final los Duplass nos trasladan a una historia muy humana y totalmente dramática a través de la sonrisa.

Así el joven de 21 años que podría ser mostrado como personaje siniestro e inquietante con un trastorno emocional grave, finalmente, lo convierten en un Cyrus humano al que finalmente podemos entender en su angustia continua. Y aunque a veces podamos reírnos de su extravagancia o asustarnos ante sus manipulaciones maquiavélicas al final se revela como un triste chico consciente de su grave trastorno y que teme que le quiten a la única persona que le acepta tal y como es.

Así John, un hombre que ha caído en picado, dejado, en depresión continúa y que se siente fracasado emocionalmente y absolutamente dependiente de su ex mujer, su mejor amiga pero también su única conexión con el mundo social…, aparece como un hombre-niño gigante que desborda toda su ternura y con un miedo al rechazo, al fracaso sentimental y a volverse a sentir solo…, finalmente es un hombre bueno.

Y Molly es una mujer bella tremendamente sensible pero también consciente del problema de su hijo y en su afán de normalizar su vida se relaciona con él desde la absoluta protección, encerrándolo en su corazón para evitar que sufra cualquier daño y que quiere ponerse una venda en los ojos para tapar un problema y crearle un espacio de felicidad que finalmente es artificial y poco sano para los dos… porque los hace extravagantes, distintos, solitarios…

Es una historia a tres bandas donde cuentan las miradas, los gestos, los silencios, los pensamientos, las palabras de los tres personajes protagonistas. Escenas al borde del pánico que derivan en la risa o sonrisa. Película fresca que va emocionando porque comprendes a cada uno de los personajes. Comprendes sus miedos, sus fobias, sus reacciones…y sientes su dramático conflicto sentimental. Pero los tres logran construir a través de enfrentamientos sutiles una nueva vía de relación… y en ese momento, cuando no sabemos si los personajes lograrán ser felices y comer perdices la película termina en una escena en la que sólo hacen falta las miradas y los gestos.

Y toda esta historia dramática, los Duplass la muestran con  realismo y  frescura y siempre teniendo en cuenta que estas situaciones pueden causar una sonrisa. Porque ellos, los Duplass, muestran cariño, respeto y ternura por sus personajes y por todos aquellas virtudes y sobre todo defectos que los hacen increíblemente humanos.

Además para terminar cuenta con los rostros y las actuaciones de tres actores que se transforman en seres humanos creíbles. Así emociona John C. Reilly, su personaje desprende no una ternura empalagosa sino real de un hombre que se niega a seguir cayendo en picado por el tobogán de la desesperación porque todavía cuenta con la capacidad de ilusionarse. Nos inquieta pero finalmente nos hace partícipe de su dolor y por ello podemos empatizar y encariñarnos con Cyrus, ese joven de proporciones enormes de 21 años solitario, manipulador y totalmente vulnerable y herido con la cara de Jonah Hill que sorprende por su construcción del personaje. Y finalmente Molly con cara de Marisa Tomei se convierte en objeto amado y ser dulce y comprensible pero que en su excesiva capacidad de protección daña y es dañada. También destacar la labor de la interesante Catherine Keener como la ex mujer de John y su único vínculo con el mundo… hasta que aparecen Molly y Cyrus. Ella es la única que escucha a un John confundido para desesperación de su nueva pareja y futuro marido.

Cyrus ha sido toda una sorpresa para esta espectadora que desconocía absolutamente el trabajo anterior de estos realizadores.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

No están todos los que son.

Muchas de sus obras son de difícil acceso o se perdieron para siempre.

Sus nombres iluminaron ese sistema de estudios que empezaba en Hollywood donde se dieron cuenta de la importancia de la estrella. De cómo el público iba en masa cuando se identificaba con ciertos rostros. El departamento publicitario se puso en marcha y a algunos les creaban historias de leyenda. Romances de leyenda. Vidas de leyenda. Eran como Grandes Gatsby en un mundo artificial. Algunos lo pagaron caro. Muchos no superaron la barrera del sonoro (sus rostros habían pasado de moda así como su forma de interpretación, la industria voraz aprovechó el momento para quitarse de encima algunos actores non gratos…) y otros siguieron su carrera… Algunos empezaron con el cine silente pero se consagraron en el cine hablado (uno de los casos más conocidos es el de Gary Cooper).

Cada estrella tenía su rol y era identificado por el público como rostro que ejercía un tipo de estereotipo que ganaba fuerza en cada película. Aun así alguno hubo inclasificable. Galanes, héroes del oeste, latin lovers, cómicos, aventureros…

Curiosamente los menos olvidados y de los que se guarda casi toda su obra son los actores cómicos que inventaron una manera totalmente cinematográfica de actuación. Fueron los reyes del cine silente y su manera de provocar la risa con su cuerpo no ha perdido vigencia. Contribuyeron de manera especial al lenguaje cinematográfico y al prestigio del cine como arte visual. Así sus nombres no han caído en olvido y cada x tiempo se realiza una relectura de su trabajo y contribución. Sin embargo, unos se encuentran más en el imaginario colectivo que otros. Así es difícil no identificar a Charles Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd, Harry Langdon o el malogrado Roscoe Fatty Arbuckle (quizá el más olvidado. También su hombre junto a la de Langdon es la menos difundida por estos lares). Todos sabemos quién es quién cuando vemos un bombín, un bigote, unas gigantes botas, un sombrero y unas gafas, una cara de niño inocente o de pillo orondo o el de más allá con cara de palo. Todos fueron grandes acróbatas capaces de expresar con el cuerpo lo inimaginable.

Los galanes, los rostros más bellos para los cánones del momento. Podían ser latin lovers (fue una verdadera fiebre de hombres y mujeres en los primeros años 20), los bellos sin más o los aventureros. Así recorremos metros de celuloide con los melodramas, las aventuras y desventuras de Douglas Fairbanks, Ramón Novarro, Rodolfo Valentino, John Gilbert, Francis X Bushman o el bellísimo Charles Farrell. Algunos de ellos sobrevivieron al cine sonoro aunque ya fueron estrellas en el cine silente como John Barrymore, Ronald Colman o Richard Barthelmess. Ellos eran los reyes del melodrama, del drama, del cine de aventuras, de las historias en tierras lejanas y tiempos remotos, de tristes tragedias…

Uno de los géneros más populares fueron los seriales y las películas del Oeste con sus propios mitos. Algo queda para el recuerdo de dos de sus héroes más míticos. Primero fue William S. Hart, después vino Tom Mix. Vaqueros puros y duros diestros con sus caballos y revólveres, siempre capaces de salvar a la chica de apuros tremendos.También hubo un rey del cine de terror y fantástico, el hombre de las mil caras, decían los anuncios publicitarios. Él era Lon Chaney, y es imposible olvidar su máscara mítica como fantasma de la Ópera. Otros se especializaron en encarnar el mal, el hombre más malo del mundo fue también un director maldito (que siguió actuando en el cine sonoro con su físico peculiar… fue uno de los primeros divinos calvos), Erich von Stroheim.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El documental de Herzog me dejó mal cuerpo. Porque yo no vi a un hombre que amaba la Naturaleza. Porque no vi a ningún tipo de héroe contemporáneo. Porque no vi el sueño de todo ecologista, una comunicación total con la Naturaleza. Porque no vi a un hombre que amaba a los animales, entre ellos, a los osos. Porque no vi a un hombre valiente que lucha contra el sistema establecido…

Me dejó mal cuerpo porque vi el retrato de un enfermo mental. Un gris y triste retrato de un hombre con un trastorno mental que se obsesiona con el mundo de los osos porque huye de una civilización que le hace infeliz, porque huye de sí mismo. Me dejó mal cuerpo porque la mayoría (no todos) de los entrevistados me parecieron tan desequilibrados como el protagonista.

Grizzly man cuenta la historia de Timothy Treadwell, un hombre obsesionado con los osos y que convivió con ellos durante varios años (durante meses se aislaba del mundo). Y que quiso convertirse en un guerrero amable que se acercaba a las bestias y que las protegía de su posible extinción. Pero Timothy también estaba obsesionado con su persona así se convierte en explorador-observador y en su convivencia con los osos se grababa horas y horas donde además de mostrar la vida de los osos se desnudaba él mismo. Y este hombre que cantaba a los cuatro vientos su amor por las bestias, murió de la manera más terrible. Murió devorado por los seres a los que amaba… También se comieron y descuartizaron a la mujer que en ese momento le acompañaba en su aventura.

Así Herzog ofrece un retrato demoledor y brutal haciendo hincapié en el salvajismo y en la dureza del mundo natural… y mostrando así también el salvajismo y la dureza del ser humano. Por eso Herzog se deleita en exceso en la manera tremenda en la que falleció su protagonista. Así continuamente nos recuerda su muerte, cómo encontraron sus cuerpos, qué trozos encontraron esparcidos por el bosque, la existencia de una cinta de audio donde se recogen los gritos de Timothy y su novia durante el ataque…, un deleite que se vuelve macabro y desagradable.

Y ese mundo macabro que muestra Herzog nada tiene que ver con esa realidad que quería mostrar Treadwell, que obsesionado repite continuamente lo que ama a los animales y el mundo en el que se desenvuelven. Ama a los osos, ama a la abeja, ama a los zorros… El guerrero amable quiere demostrar al mundo que los osos y los zorros le aceptan, que se entienden. Es como si gritara: vosotros no me aceptáis, no me importa; ellos sí me entienden tal y como soy. Me entienden, aguantan mis monólogos sinsentido frente a la cámara, mis delirios, mis aires de grandeza, mis depresiones, mi tremenda hazaña, mis obsesiones, me mantienen alejado de mis dependencias, respetan mi pelo rubio de príncipe de Beukelaer, mis pañuelos y ropa de camuflaje…

Por esta paradoja se vuelve más duro el visionado. El mundo cándido de un hombre con poca salud mental y el pesimismo del realizador que también se desnuda y se convierte en narrador presente de su personaje objeto del documental.

No obstante a pesar de ser testigos de unos padres que no entendieron nunca qué le pasó a su hijo, a pesar del triste retrato de una mujer que quizá trato de comprenderle y terminó en las fauces de uso, a pesar de encontrarnos con dos de sus amigas con desequilibrios evidentes, a pesar de cruzarnos con un piloto solitario que no juzga o un forense que se deleita contando la muerte de los desafortunados o con unos ecologistas poco racionales… A pesar de cruzarnos con un amigo que reconoce que su amigo estaba pirado o con otras personas de distintas profesiones que confiesan que Treadwell poco hizo por los osos o que se estaba buscando lo que le ocurrió…Herzog a veces nos deja respirar.

Porque nos muestra el lado tierno de Treadwell. Es cierto. Que este hombre enfermo finalmente inspira ternura y es cierto que en las más de cien horas de grabaciones, Treadwell atrapó imágenes de gran belleza de esa naturaleza salvaje. Y emociona verle cómo se relacionó con varios zorros, que te dan ganas de llevártelos a casa. Y emociona verle tan cerca de los osos (pero ¡tiemblas por la imprudencia!), cómo los toca, cómo habla con ellos o cómo se mete en el río y se baña junto a ellos, cómo los mira. Emociona cuando muestra el paisaje, los osos luchando, los osos cazando, los osos jugando…, y todo a unos pocos metros de distancia. Y emociona sentir cómo él ahí entre osos se sentía quizá un hombre libre, un guerrero amable.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Karaoke: pon un karaoke en tu vida y sé rey o reina de la noche por instante…, aunque sea un auténtico desastre o un ejemplo de virtuosismo y sorpresa. El cine está plagado de escenas inolvidables con karaoke de por medio.

¿Dónde se conocen los protagonistas de la tremenda Ladybird, Ladybird? En un karaoke donde trabaja la dura y sufrida protagonista porque tiene voz prodigiosa. Loach ya había empleado el gusto de sus personajes de barrio obrero por el karaoke en la tierna Riff-Raff. Un sitio donde es posible el olvido y la evasión de una realidad conflictiva.

Si seguimos con el cine británico aterrizamos en la comedia con aires sociales y Café irlandés de Stephen Frears. Donde sus protagonistas acuden para reírse y evadirse al karaoke.

Otro momento mágico con karaoke de fondo es la película australiana Guerreros de antaño donde nos encontramos con antros gigantes donde se consumen litros y litros de cerveza mientras se escucha cantar en un escenario a la persona que le toque y donde estallan momentos de violencia etílica. Los protagonistas de esta historia dura pero llena de momentos para no olvidar son maoríes.

En Japón hay karaokes personalizados. En una pequeña sala un grupo de amigos puede disfrutar de su propio karaoke y no dejar de cantar. Así ocurre con Bill Murray en compañía de Scarlett Johansson y demás amigos en Lost in traslation.

Cameron Díaz, reina de karaokes, protagoniza dos escenas en locales especializados en dos comedias distintas. En una demuestra sus pocas dotes como cantante pero mucho encanto personal. Es la novia pija a la que Julia Roberts trata de poner en un compromiso haciéndola cantar para que haga el ridículo delante de su futuro marido. Pero la Cameron se convierte en mala cantante tierna y conquista al personal en La boda de mi mejor amigo. Después la Cameron de pija secuestrada por un infeliz Ewan McGregor se convierte en la mujer de sus sueños en un espectacular dúo de karaoke en la irregular pero con encanto Una historia diferente.

Si quieres ver a Maria Bello, Paul Giamatti o Gwyneth Paltrow como expertos cantantes de karaoke no tienes más que disfrutar de película curiosa y con muchas dosis de encanto en A dúo sobre un grupo de personas que sobreviven en los concursos de karaoke que se celebran a lo largo y ancho de EEUU.

Ahora nos vamos a Francia para emocionarnos con el dúo de karaoke que nos regalan un enfermo terminal y una voluntaria con canción de Edith Piaf en una película pequeña pero muy grande en emociones, La vida.

¿Quién no se ha puesto frente a un micrófono en un karaoke para vivir momento inolvidable o divertido?

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Y sigue mi labor de cazadora de escenas de amor que aumentan mi colección de momentos románticos. Y así Bogart como un guionista cínico y autodestructivo reconoce su pasión que le mata un poco más hacia la mujer que ama, una Gloria Grahame que vive en sus carnes el poder destructivo del amor: “Nací cuando ella me besó, morí cuando me abandonó y viví el tiempo que me amó”. Y así se narra una historia de amor triste, triste, triste en En un lugar solitario.

Una de las películas imperecederas, igualmente odiada y amada (por mí amada por la cantidad de matices que encierra), es Lo que el viento se llevó. Rhett se va a la batalla pero antes se despide de su Scarlett y le suelta una declaración de amor en toda regla: “Yo no te pido que me perdones, yo mismo no me comprendo ni me perdonarás nunca…, y si una bala me alcanza, Dios no lo quiera, me reiré de mi propia estupidez. Sólo sé y comprendo una cosa, y es que te quiero Scarlett, pese a ti y a mí y a este mundo que se desmorona a nuestro alrededor, te quiero. Porque somos iguales, dos malas personas, egoístas y astutos, pero sabemos enfrentarnos con las cosas y llamarlas por sus nombres”. No contento añade: “Scarlett mírame. Te quiero como no he querido nunca a ninguna otra mujer y te he esperado como jamás hubiera sido capaz de esperar a otra”. Y sin cambiar de idea, alistarse, se despide: “He aquí un soldado del Sur que te quiere, que quiere sentir tus abrazos, que desea llevarse el recuerdo de tus besos al campo de batalla. Nada importa que tú no me quieras. Eres una mujer que envía un soldado a la muerte con un bello recuerdo. Scarlett, bésame, bésame una vez”. Imaginen esta escena con la cara irónica pero hombre enamorado al fin y al cabo de un Clark Gable que siempre supo ser un duro.

Cuando llegan las Navidades siempre hay algún canal que programa ¡Qué bello es vivir! y esto ha desvirtuado una buena película que sobre todo cuenta una preciosa historia de amor de un hombre que, de repente, se cansa de la vida y sus dificultades. Él es George, ella es Mary. Y George joven y enamorado le dice a un Mary ilusionada: “¿Qué quieres, Mary? ¿Quieres la luna? Dime sólo una palabra y la engancharé con una cuerda y te la bajaré. Entonces podrás tragártela y se disolverá y sus rayos brotarán de tus dedos, de tus pies y de las puntas de tus cabellos”.

Viajemos a una de las populares comedias románticas que poblaron los últimos años de la década de los ochenta y principios de los noventa. Nos encontramos con Hechizo de luna con una pareja imposible que sin embargo funciona perfectamente, una viuda con mala suerte en el amor y cara de Cher y un joven que se quedó sin mano y en su desgracia renunció al amor con rostro de Nicolas Cage. Ambos se han enamorado apasionadamente poco antes de la boda de la pragmática Loretta con el hermano mayor de su reciente amor inesperado, Ronny. Loretta no se siente bien siendo infiel y en una noche fría duda en subir a casa de Ronny. Y él trata de convencerla: “No me importa arder en el infierno, ni que tú ardas en el infierno, el pasado y el futuro son… estupideces para mí, veo que no son nada, veo que no están aquí, lo único que está aquí eres tú y yo… El amor no es como nos lo contaron, yo tampoco lo sabia, pero el amor no hace que todo sea hermoso, lo echa todo a perder, te parte el corazón, lía todas las cosas. No, no estamos aquí para hacer que todo sea perfecto. Los copos de nieve son perfectos, las estrellas son perfectas… nosotros no, ¡nosotros no! Estamos aquí para echarnos a perder y para partirnos el corazón y para amar a la gente que se equivoca. ¡Sí, los libros de historia son mentira! Y ahora ¿quiere subir conmigo y meterte en mi cama?”.

Después hay escenas que sólo basta fijarse en las miradas o acciones de los protagonistas para saber que esconden dosis enormes de enamoramientos inmortales. Robert Redford como el romántico cazador en África lavándole el pelo a la condesa con cara de Meryl Streep en Memorias de África. De nuevo Robert, un estudiante brillante y pijo atando el zapato de la estudiante rebelde con cara de Barbra Streisand en Tal como éramos. Los paseos en silla de ruedas de un veterano de guerra de Vietnam con una voluntaria casada en El regreso. Las miradas de dolor entre Robert de Niro y de nuevo la Streep en El cazador, ambos enamorados por las circunstancias para consolarse del daño. De nuevo la Streep junto a un Eastwood fotógrafo que con una serie de miradas, matices y palabras nos hacen creer en el enamoramiento en Los puentes de Madison. La relación entre Frances Farmer con cara de Jessica Lange y su amigo de la infancia que siempre aparece en momentos difíciles y sabe cómo mirarla, Sam Shepard en Frances, historia de una actriz a la que le persiguió la mala fortuna…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Desierto: un desierto mítico. Así sobrevuelo sus dunas en el avión de El paciente inglés o me sumerjo en los ojos azules castigados por un sol impacable de un Lawrence de Arabia que me arrastra por la arena caliente. O me siento como esa mujer que arrastra amores fatales en El jardín de Alá o que decide seguir a aquel que ama haga viento de arena o brille el sol sin descanso en Marruecos.

Los vaqueros también cruzan pasajes desérticos donde descubren pueblos fantasmales y traidores bajo el Cielo amarillo. O amantes que se despiden en trágico final tras un Duelo al sol o que se queman por paisaje desolado y amor loco en Juntos hasta la muerte.

El desierto esconde tristes historias que en esta torre de Babel que es el mundo puede hacer que una mujer vestida de rojo corra desesperada a través de un paisaje árido que separa la frontera entre México y EEUU o donde unos niños marroquíes no pueden soñar con una infancia. O también en paisaje desolado un gánster cansado emprende su última huida en El último refugio.

Los paisajes desolados también prometen sorpresa y aventura. Y si nos descuidamos también provocan la risa. El desierto está poblado de personajes surrealistas o realistas. ¿Se imaginan un autobús que cruza un desierto engalanado de glamour con drag queen en el techo con capa plateada al viento? No hay más que pasarse por Priscilla reina del desierto. O Buñuel nos ofrece personaje extraño, un Simón del desierto que entre visiones hace penitencia. O cabalgamos con los Centauros del desierto que buscan a la sobrina secuestrada por los indios. O seguimos a esos tres hermanos por ese desierto misterioso en Beau Geste. O nos sumergimos en una historia de amistad y triste guerra en Gallipoli en territorio sin árboles, sin vida… O nos metemos en la búsqueda de la madre y el hijo que realiza un padre y marido a través de París,Texas que desemboca en la inmensidad de un desierto que parece no tiene fin.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Una tierra con encanto: Galicia.

A ser posible las calles de Santiago de Compostela.

Un ritual imprescindible: desayuno, comida y cena.

Una mesa y unas sillas.

Alimentos… y cerca una cocina.

A veces una sobremesa eterna.

Todo se adereza con personajes que sienten alrededor de un plato de gambas o unas carnes a la brasa o un buen café.

Esos personajes son una galeria de actores que se la juegan con la improvisación. Sólo saben la situación y quiénes son… después la libertad absoluta y surge la magia…

Se mezcla bien con sentimientos que todos padecemos y se representa la comedia de la vida. Con amores y desamores. Con discusiones y reencuentros. Con risas y lágrimas. Con soledades. Con ansiedades y dramas. Con secretos y fiestas. Con reuniones familiares o de amigos. Con sueños rotos y amores imposibles. Con esperas eternas… o con almuerzos sin palabras…

18 comidas es un festín de sensaciones.

Y comes con el músico callejero y bohemio con penas de amor. Con el inmigrante que viaja al fin del mundo y que se encuentra solo. Con la esposa aburrida de la vida cotidiana y solitaria, con ansiedades, que sueña con un amor del pasado que quizá le hubiera permitido una vida distinta. Con dos hermanos que se quieren y se odian a la vez… ambos esconden secretos el uno al otro. Con el señor maduro que tiene miedo a querer. Con el amante que prepara la comida a la amada que nunca llega. Con los amigos que viven en una juerga perpetua. Con la cocinera agotada que sueña con ser cantante de orquesta. O con los ancianos que ya no necesitan palabras…

Alrededor de una mesa se cuecen mil y una historias.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Ya en más de una ocasión he confesado mi amor sin barreras (me gusta ponerme enfática y dramática) hacia Burt Lancaster que estás en los cielos y siempre presente en metros y metros de fotogramas para que yo, humilde espectadora, los admire.

Después de esta confesión poético patética, me digno a teclear que persigo la filmografía de este hombre y veo todo aquello que tuviera en los créditos su nombre. Uno de los géneros donde el querido Lancaster haría de las suyas poniendo fuerza y presencia sería el western. Y el primero que vino a su vera lo rodaría en el año 1951, El valle de la venganza. Una del Oeste del montón normalita, con guión (me niego a escribirlo sin acento) previsible, pero que se ve con gusto…, con mucho gusto. Porque ahí está el héroe Owen con rostro de Lancaster y acompañado de buenos secundarios. Western mil veces más entretenido que un puñado de malas películas del siglo XXI y mucho mejor interpretado y hecho. Del montón pero con Lancaster, que ya dejaba ver sus buenas maneras para posteriores películas del Oeste que le convertirían en rostro mítico del género.

Mi adorado Owen, un hombre honrado, un hombre duro pero cariñoso, buen amigo, agradecido, un poco atormentado y hombre enamorado (pero qué bien se enamora)… No se pueden tener mejores cualidades. Hijo adoptivo de un buen hombre, un ganadero que se sabe anciano. Hermano adoptivo del hijo de sangre, Lee. Un cabeza loca que fastidia la vida a todo aquel que le rodea. Al padre, al amigo leal que ha vivido siempre para protegerle, a la esposa honrada, a la amante de corazón de oro, a los trabajadores fieles…, vamos toda una pieza. Y todos se pasan la vida protegiéndole y él erre que erre. Nació para ser una mala pieza…

El valle de la venganza es una película de reparto brillante que merece ser recordado. Ahí está la heroína veterana en el viejo oeste, lo mismo trabajaba con Hawks que con Ford, era la chica dura y amada. Ahí está el bello rostro de Joanne Dru. La acompaña la chica que hace su rol de amante buena, Sally Forrest (que como curiosidad sería la actriz fetiche de Ida Lupino en su quehacer como directora). Para los malos malísimos, el hijo desagradecido cuenta con el desagradable rostro de Robert Walker que ese mismo año triunfaría con su rol más famoso en Extraños en un tren. Y el otro malo malísimo de la función tendría la cara de John Ireland, secundario imprescindible desde los años cuarenta, y también en esos momentos esposos de la actriz principal, Joanne Dru.

El primer western de Burt Lancaster te permite correr por praderas en Technicolor para vivir un drama familiar lleno de traiciones y pasiones…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Otro director al que tengo gran cariño y del que disfruto cada vez que me sitúo frente una pantalla y proyectan una película suya. Me gusta porque me hace pensar pero me emociona también profundamente. Me gustan las películas que forman parte de su periodo neorrealista y también las que se alejan de sus postulados. Me fascina El ladrón de bicicletas, El limpiabotas o Umberto D pero también disfruto cada vez que veo Estación Termini, Dos mujeres o El jardín de Finzi-Contini.

Ahora me he dejado llevar por una historia de amor con final triste. Una película como Los girasoles funciona por varios motivos. Una historia bien contada y con una estructura que engancha. Una banda sonora inolvidable que acompaña las imágenes y te arrastra a todo un mundo de sensaciones, tenía que ser de Henry Mancini. La fotografía tranquila y siempre hermosa y detallista de Giuseppe Rotuno. Y dos actores que se convirtieron en una pareja cinematográfica con mucha historia. Empezaron su idilio cinematográfico en 1954 con La ladrona, su padre y el taxista y terminaron en 1994 con Pret a Porter. Ella era Sophia Loren, él era Marcello Mastronianni (cómo quiero a este hombre, cómo me emociona).

En Los Girasoles, él se llama Antonio y ella Giovanna. Son tiempos de guerra. Segunda Guerra Mundial en Italia. Donde la vida se vive en presente porque no se saba si mañana uno estará vivo. En esas circunstancias se conocen Antonio y Giovanna y viven su amor rápidamente, con emoción, alegría, ilusión, esperanza… a pesar de ser tiempo de guerra. Se casan porque así él consigue más días de permiso antes de que le envíen al frente, son tan felices que hacen travesuras para que nadie los separe, Antonio se finge loco… pero nada sirve. Antonio finalmente es enviado como ‘voluntario’ al frente ruso. Y Giovanna se queda esperando… Pero Antonio no vuelve. Es dado por desaparecido. Sin embargo Giovanna que le ama y recuerda profundamente no se rinde ante la búsqueda y si se tiene que ir a Rusia a buscarle se va. Porque ella es toda una napolitana que nada se la pone por delante. Y allí se va con la fotografía de su Antonio.

Así Los Girasoles es una película a la que le recorre por sus venas la nostalgia. Los amores perdidos. Como una guerra trunca una historia feliz y la transforma en otras historias, que no dejan tampoco de ser bellas. Como dos seres no pueden vivir su posible amor feliz por circunstancias históricas, porque sí señores la Historia con mayúscula afecta a las pequeñas historias de los seres humanos que pueblan el mundo.

Así tras unos minutos de alegría donde los personajes sólo viven el presente, carpe diem, después viene la búsqueda y el reflejo de una guerra dura que destroza y cambia vidas. Y Antonio y Giovanna te dicen todo con sus miradas, sus risas, sus lloros desgarrados y sus despedidas continúas porque las circunstancias nunca les dejaron estar juntos.

En Los Girasoles cobra mucha importancia los trenes, las estaciones y las despedidas o llegadas. El tren siempre está presente. El tren de la vida. La delicadeza con que se filman los interiores de las casas donde viven los protagonistas. La iluminación de algunas escenas donde están presentes aquellos personajes que se aman, como esa última conversación a la luz de una vela. La dureza de la guerra para un grupo de soldados italianos que caminan congelados y agotados sobre la nieve tras el velo de una bandera roja como la sangre de muchos que quedaron sepultados bajo campos de girasoles. A veces sólo les recuerda una cruz de madera con un nombre en una tierra anónima y lejana a su hogar. En Los Girasoles también vemos el miedo a la muerte y el agradecimiento y cariño ante la solidaridad que muestra un desconocido al que más allá de una guerra que separa le importa la supervivencia de un ser vivo que está solo. Y por eso puedes sentirte seguro y vivir una vida que sabes que no es la tuya… aunque a veces sientas que estás muerto.

Y en Los Girasoles te crees los rostros de Sophia y Marcello que te llevan de la mano por un tobogán de sentimientos…

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