Ha sido esta una semana de bienvenidas sorpresas cinéfilas. Primero, una de esas películas que no pude ir a ver a una sala de cine y que me quedé en su momento con muchas ganas. Y una vez vista, confirmo que es de esas obras que me tocan y me dejan huella. Luego disfruté de uno de esos documentales reveladores sobre cine que habla sobre una película maldita en la carrera del cómico Jerry Lewis. Con la cabeza en la entrada anterior del diccionario cinematográfico, llevaba tiempo detrás de una película protagonizada por un chófer y esta me ha sorprendido gratamente. Y, por último, he podido meterme de lleno en el último largometraje de los hermanos Dardenne con uno de los finales más bellos que he visto últimamente. Películas y más películas que cada día calman mi hambre de cine.
La vida de Chuck (The Life of Chuck, 2024) de Mike Flanagan
Hay una serie de películas que con un punto fantástico y jugando con el concepto del tiempo son verdaderos tratados de filosofía sobre el sentido de nuestra existencia. Y siempre me han tocado la fibra y me han hecho pensar.
En ese conjunto de películas entra de lleno La vida de Chuck, desconozco el relato de Stephen King del que parte, pero la película me ha parecido un ejercicio de sensibilidad que casa muy bien con la incertidumbre de un mundo que se sustenta en lo digital. Sin embargo, los humanos seguimos con nuestra única certeza: todos moriremos. Y con esa certeza tratamos de ir viviendo lo mejor posible con o sin internet ni todas sus parafernalias, que ya descubrimos en el gran apagón de 2025 la debilidad y fragilidad del mundo virtual.
Esta película me hizo pensar en otros largometrajes que en la misma dirección que La vida de Chuck me han marcado de una manera u otra, pues me han hecho pensar en el sentido de nuestra existencia, en nuestro papel, qué hacemos aquí, hacia dónde vamos, qué significamos… Y surgen títulos como Atrapado en el tiempo, Más extraño que la ficción o la más reciente Here>, que adaptaba un magnífico cómic. Son películas para filosofar, pero que además se arriesgan en su manera de ser contadas.
La vida de Chuck cuenta la vida de un hombre, un contable, en tres actos en orden inverso y de una manera muy especial. En esa manera de contar se contiene un mundo apocalíptico, un puro musical y una película de adolescente con casa encantada. Y esos tres actos funcionan maravillosamente para captar el sentido de una vida, para atrapar el momento mágico, para explicar la muerte y la herencia que arrastramos.
La película se sustenta en un verso de Walt Whitman, «Soy inmenso, contengo multitudes» y que aparece desde el primer momento y va adquiriendo más y más significado. Así se habla de los mundos especiales que contenemos cada uno en nuestro interior y que nos definen, que cada ser humano nunca mejor dicho es un universo… Que somos nuestras vivencias, recuerdos, aromas, pasiones, relaciones, risas, heridas, aromas… Nuestra única certeza, una revelación que todos vivimos en algún momento, es la muerte, así que si el mundo nos deja (que mira que lo tenemos difícil), tratemos de vivir lo mejor posible con una idea: «Soy maravilloso, me merezco ser maravillos y contengo multitudes».
From Darkness to Light (2024) de Eric Friedler, Michael Lurie
Fue en un curso de crítica cinematográfica, donde descubrí la historia de esa película maldita que ponía nervioso a Jerry Lewis cada vez que se nombraba. Ese largometraje fue un empeño personal del popular cómico, que lo puso en pie, lo dirigió y actuó en él, pero que nunca se llegó a distribuir ni nadie lo vio. ¿Una obra inconclusa e inacabada? ¿Por qué no pudo terminarse ni estrenarse? ¿Qué pasó y dónde se encuentra >The Day the Clown Cried?
¿Sobre qué trataba? Era la historia de un payaso fracasado que terminaba en un campo de concentración y se dedica a entretener a un grupo de niños judíos. En un momento dado, termina siendo un siniestro flautista de Hamelin, que divierte a los críos y hace que le sigan hasta la puertas de la cámara de gas…
El documental es muy revelador, pues se acerca a lo que realmente fue ese proyecto a principios de los setenta, a lo que ocurrió realmente y a esa leyenda que se ha construido a su alrededor. Tiene sobre todo dos aspectos que lo convierten en valioso.
Primero, los realizadores consiguieron una entrevista de Jerry Lewis poco antes de que falleciese en 2017 donde se muestra abierto y habla de esta película con sinceridad. Este siempre fue un asunto que le había costado abordar y que le dolía en lo más profundo. The Day the Clown Cried se convirtió en un proyecto que le hirió profundamente, pues no solo no cumplió sus expectativas artísticas, sino que las dificultades en la filmación le fueron minando. De hecho, su frustración afectó a su carrera y durante un tiempo estuvo fuera del circuito hasta que volvió a surgir con fuerza en la magnífica y magnética película de Scorsese, El rey de la comedia.
Segundo, se rescata gran parte del metraje de la película maldita y el espectador se puede hacer perfectamente una idea de lo que ese largometraje contaba y cómo lo contaba. El secreto y la dificultad del asunto estaba en conseguir el tono adecuado. ¿Era posible hacer comedia en el horror? ¿Cómo enfocarlo? Jerry Lewis era consciente del problema y ahí estuvo, además de otras dificultades, el mayor hándicap para terminar esa obra. ¿Estaba consiguiendo el tono adecuado? ¿Estaba contando bien esa historia? Jerry Lewis se puso a la cabeza de un proyecto compejo y muy arriesgado y para él fracasó en el intento.
Después Jerry Lewis fue testigo de cómo muchos años después otro payaso visitaba los campos de concentración con su hijo pequeño y nacía así una de esas películas que lograron deslumbrar en la ceremonia de los óscar y arrasar con los premios. Se trataba de La vida es bella, que no obstante puso en la palestra todos los debates sobre la representación cinematográfica del horror del Holocausto.
Todas esas secuencias rescatadas de la película dan todo su valor al documental. Eric Friedler y Michael Lurie ponen en pie una investigación apasionante, aportan testimonios, imágenes de archivo, secuencias de la película maldita y una entrevista valiosa.
El equívoco (The Hireling, 1973) de Alan Bridges
A raíz de la entrada del diccionario cinematográfico sobre chóferes, me acordé de uno de esos largometrajes en mi baúl de películas pendientes. Y ha sido otra buena sorpresa cinéfila. Parece ser que el material de partida e inspiración fue una novela de L. P. Hartley. Dos años antes, Joseph Losey había adaptado también otro de sus libros en El mensajero. Ambas historias llevadas al cine no dejan de tener ciertos puntos en común.
El equívoco, que fue una película que logró la Palma de Oro en Cannes compartida con una joya del cine independiente americano (El espantapájaros, de Jerry Schatzberg), ha caído totalmente en olvido, pero su visionado esconde elementos muy interesantes para el análisis.
Solo merece la pena por ver en un personaje protagonista muy complejo a un actor que normalmente se prodigaba en papeles secundarios y de carácter: Robert Shaw. La presencia que tiene ese chófer nada más aparecer da personalidad y sentido a toda la película.
Nos situamos en una Inglaterra herida que trata de salir del trauma de la Primera Guerra Mundial. Así se encuentran dos personas pertenecientes a distintas clases sociales: una joven viuda (maravillosa también Sarah Miles) que acaba de salir de una clínica de salud mental y que intenta recuperarse de una crisis nerviosa y un solitario chófer que pertenece a la clase trabajadora y se está incorporando a la vida civil después de la guerra. Lo que en un principio parece una relación beneficiosa para dos seres solitarios se va convirtiendo en una relación enfermiza sobre todo cuando los sentimientos se equivocan y se enredan.
Todo salta por los aires cuando aparece un tercero en discordia, un joven de la misma clase social que la viuda, que tras la guerra trata de retomar la carrera política. Con este tercero, el equilibrio entre el chófer y la viuda salta por los aires. Y de la contención con la que actúa siempre el chófer, surge la explosión y el desbordamiento precipitando un final demoledor.
En este drama de Alan Bridges cuenta, sobre todo, lo que no se dice, lo que se intuye, lo que está en lo subterráneo. Con las miradas, el cuerpo y los gestos de sus dos personajes principales se cuenta una historia que se va revelando. Envuelta desde la secuencia del sanatorio mental de una melancolía insoportable, de fragilidad, pero también de distancia y contención, la película navega en la tensión continúa hasta una explosión que deja al descubierto no solo la rigidez de las clases sociales, sino la herida profunda y la complejidad de sus personajes y sus relaciones.
Recién nacidas (Jeunes Mères, 2025) de los hermanos Dardenne
Desde que fui al cine a ver Rosetta (1999) y me produjo un impacto brutal, los hermanos Dardenne han formado parte de mi vida. Normalmente sus estrenos son una cita ineludible a la sala de cine. Esta vez se me escapó Recién nacidas, pero sabía que la terminaría viendo. Después del golpe que supuso para mí su anterior largometraje, Tori y Lokita, los hermanos belgas vuelven a dejar escapar una cierta luz dentro de las duras vidas que siempre reflejan.
Recién nacidas sigue la senda que ya abrieron con El niño de la bicicleta, donde se atisba una esperanza para sus personajes. Y en ese camino regala uno de los finales más hermosos que he visto últimamente. Solo es necesario un poema de Apollinaire, un piano y una reunión plácida entre varios personajes.
En Recién nacidas, la cámara de los hermanos se posa en cuatro adolescentes en los márgenes que acaban de ser madres y tratan de lidiar con sus problemas para seguir adelante con la maternidad. Las cuatro viven, de momento, en una casa de acogida cuyo entregado personal las echa una mano en sus primeros pasos. Son adolescentes con distintos problemas como las adicciones, con situaciones de calle, de familias desestructuradas, de abandono, que lidian además con el paro, problemas de vivienda, inestabilidad emocional, heridas profundas, miedos y todo tipo de inestabilidades. Son madres que tratan de no romperse y buscar una salida para seguir adelante con sus bebés.
Los hermanos Dardenne cuentan con delicadeza episodios muy duros de la vida cotidiana de estas jóvenes madres, pero también dejan que cada una, en sus decisiones, tengan un respiro a pesar de que ninguna lo tiene fácil.
Así esta ristra de películas me han alegrado la semana y también dan sentido a estar cada día en este mundo.
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Hildy querida, no he visto ninguna de estas películas pero me vuelve a tentar tu reseña de From Darkness to Light ahora que la leo en formato completo. Me intriga mucho más viendo el fotograma que has escogido, esa (aparente) contradicción entre el payaso y la desesperanza que expresa en ese cigarrillo colgando y el gesto vencido.-
Te mando un abrazo, Bet.-
Me iría ahorita mismo al cine a ver esta película …pero no me va a ser posible…Espero que «algún buen samaritano/a» se compadezca de mi y «me lleve»
Mi querida Bet, ¡¡¡las películas siempre, siempre nos esperan!!! ¡Ese documental lo vas a ver seguro!!! Siempre se ha dicho que los payasos esconden rostros tristes, ¿te acuerdas el de James Stewart en El mayor espectáculo del mundo?
Volviendo a Lewis. Es curioso, pero cuando yo era niña, este cómico acá estaba bastante presente. Y se podía ver fácilmente sus películas, las que hizo con Dean Martin y luego las que dirigió en solitario. Ahora, sin embargo, creo que ha caído bastante en olvido y sus películas apenas circulan ni las nuevas generaciones se cruzan con él.
Beso
Hildy
¡¡¡María Rosa del alma, son ni más ni menos que cuatro películas, jajajaja!!!
Pero la primera, que es la que seguro has leído, vamos a poder verla juntitas en una plataforma. Ya verás…
Beso
Hildy
Hola Hildy
Como comentas Jerry es lo más parecido que podemos encontrar a un «juguete roto»; pasó de la pareja más envidiada junto a su amigo/enemigo Dino a ser una estrella por méritos propios… y de ahí a la nada. Recuerdo que cuando llegó la, demasiado amarga, con Scorsese apenas se reconocía su valor al hacer un papel tan poco grato (y, creo recordar, la peli fue un fracaso).
Parecido asunto para Sarah Miles que tocó la gloria con «La hija de Ryan» y, a la altura de esta «The Hireling», se vio envuelta en un triángulo que afectó a su carrera y a su vida.
Un saludo, Manuel.
Amigo Manuel, es cierto que El rey de la comedia es de los títulos menos recordados de Scorsese y que no fue entendida. A mí es una película que me gusta mucho, con un análisis tan rico. Pero devolvió a Jerry Lewis a la palestra. Lewis es un artista con una trayectoria superinteresante para estudiar la comedia como género, ¿verdad? Y también el papel del cómico como creador.
Sí, Sarah Miles fue de esas actrices que empezaron con muchísima fuerza y fueron desapareciendo y apagándose hasta desaparecer. ¿En qué triángulo se vio envuelta? ¡Cuéntamelo!, jajaja.
Beso
Hildy
Después de cuatro películas: la pelí que nadie filmó
Sarah estaba casada con el guionista de «Ryan’s Daughter» Robert Bolt, la siguiente no sólo era el guionista, también director «Lady Caroline Lamb» fue un fracaso, después fue «The Hireling» y rodando la siguiente «The man who loved Cat Dancing» un aspirante a guionista -o manager de ella- apareció muerto. No se sabe si suicidio… u otra cosa. A ella en el juicio la declararon inocente peeerooo (curiosamente se decía que estaba teniendo un «asunto» con el prota, un tal Burt Reynolds). Su matrimonio -y su carrera- poco después se rompieron. Curiosamente con su marido volvió a casarse.
Pocas pelis pero… enooorme actriz. Manuel.
Manuellll, muchísimas gracias. Me has dejado alucinada con la historia de Sarah Miles y su relación con Robert Bolt. No tenía ni idea de lo del juicio, ni de esa muerte ni de su posible relación con Burt Reynolds… He estado leyendo más cosas de Sarah y Robert. Menudo historión.
Pero cómo dices, Miles tiene películas muy buenas en su breve filmografía. Yo adoro La hija de Ryan. No hace mucho descubrí «Escándalo en las aulas» (Term of Trial)
Beso
Hildy
Curiosa ristra de peliculas Hildy. Me alegro que te sirvan para encontrar sentido a la vida en este mundo. Yo ultimamente he visto de madrugada Sacrificio de Tarkovski que me parece asombrosa. Bueno, tengo debilidad por Tarkovski, la verdad, pero a veces disfrutar de este tipo de autor como Tarkovski me hace sentir un poco solo. Como si fuera un arte minoritario y dedicado a gente excesivamente selecta.
Al fin y al cabo, cuando ponen una peli como Sacrificio en una tele que no sea de pago. Nunca. De hecho nunca he visto una peli de Tarkovski en la tele. Tambien revisite hace poco Solaris y Eyes wide shut, aprovechando algunas noches de insomnio.
Que tranquilo se ve estas obras maestras de madrugada, completamente solo. Hay un camarero en un bar que frecuento en ocasiones que nos llama a mi y a otro conocido «los marcianos», por nuestros supuestos gustos raros. Nos ha oido hablar de Ozu, de Mizoguchi, de Rohmer, de Godard…
Bueno, me he alejado un poco, o bastante, de las pelis que nos traes esta vez, lo cierto es que no he visto ninguna y no puedo opinar. Pero seguramente tienes razon y ver peliculas da cierto sentido o cierto equilibrio a nuestras vidas. Aunque no se, a veces uno siente tambien cierta soledad, como si ver una peli de Tarkovski o de Naruse o de Rohmer fuera un placer algo culpable, un tanto inconfesable u fuera de lugar.
Un beso.
Querido Luis, me encanta la anécdota de ese camarero que os llama Los marcianos a otro conocido y a ti por los gustos cinematográficos que tenéis, es muy bueno.
¡No hay mejor manera de ver una película o leer un libro que de madrugada y en soledad! Es todo un placer. ¡Nada culpable, ni inconfesable ni fuera de lugar! Un placer total y punto, jajajaja. Eso momentos también construyen una cierta felicidad, ¿no?
Sí te voy a dar la razón en que creo que ahora en las teles abiertas hay más miedo a programar en buenos horarios ese tipo de películas a las que te refieres. Antes cuando había menos canales, sí se hacía. Ahora hay como más miedo ¿a quizá no hacer una buena audiencia?, pero la tele siempre fue un buen modo a acceder a obras cinematográficas como las que nombras.
Siempre he pensado que la audiencia no es tan tonta como nos quieren hacer creer, que además de enchufarnos telebasura, crispación y morbo, podemos disfrutar y engancharnos, por ejemplo, a una buena película de Ozu…
Beso
Hildy
Todas pendientes, mi querida Hildy. Me veo obligado a un breve (espero) parón, así que a la lista (larga) de deberes para cuando vengan tiempos mejores.
Besos
Mi querido Alfredo, por favor, que ese parón sea breve y ojalá que por cuestiones buenas. Ya sabes que las películas siempre nos esperan y qué maravilla saber que aún nos quedan historias buenas que descubrir.
Beso
Hildy