Una de las experiencias más gozosas que he tenido últimamente en una sala de cine ha sido ir a ver Nouvelle Vague de Richard Linklater. En ningún momento se me quitó la sonrisa de la boca ante la recreación, según Linklater, del rodaje de Al final de la escapada. La sensación de modernidad, libertad creativa, improvisación e infinito amor al cine se esconden en esos fotogramas vitales.
Un Godard con sus gafas de sol y la seguridad de querer rodar y saltarse todo, pero a la vez amando el medio de expresión elegido y lo que hace. Y un equipo entregado a la causa, aunque no entiendan que están rodando una película que aún vista hoy continua siendo rupturista y un canto de amor al cine.
Después de disfrutar de cada secuencia y cada personaje que iba apareciendo en la pantalla, me fui a casa y no pude evitar ponerme enseguida Al final de la escapada, experiencia que siempre he gozado, pero esta vez la vi además con un cariño infinito. Y me imaginaba el buen rollo entre Jean Paul Belmondo y Jean Seberg o a Raoul Coutard, el director de fotografía, dentro de esa caja rodando encima de una bicicleta por las calles de París.
También Richard Linklater este año me ha hecho feliz con una preciosa sesión doble que ha filmado. Antes de Nouvelle Vague, me encerré en el Sardi con el letrista Lorenz Hart, que hizo un tándem creativo con Richard Rodgers, en Blue Moon. Otro universo especial de artista atormentado, pero que sus canciones habitan todavía en un montón de fotogramas. Las dos películas se ven con gusto y apetece volver a visitarlas. Son un homenaje a los artistas, sus obras y sus maneras de enfrentarse a la vida.
Estar en una sala de cine con Nouvelle Vague en pantalla grande y luego encerrarse en el salón de casa y ver pasar Al final de la escapada es ser testigo de un precioso diálogo entre dos largometrajes. Richard Linklater recrea ese rodaje como un canto de amor al cine y Al final de la escapada es una película que refleja un momento concreto de la historia del cine y que aún hoy sigue siendo fresca, original y rompedora.
En esta sesión doble, en paralelo, por ejemplo, se disfruta de esa larga secuencia tan hermosa en la intimidad de un dormitorio. En Nouvelle Vague tenemos la oportunidad de ver ese rodaje, todos en la habitación, cual camerino de los hermanos Marx, con Seberg y Belmondo pasándolo bien ante el caos y Godard como siempre seguro de lo que hace o de que hace lo que le da la gana. El realizador francés quiere esencia, algo bello, un momento íntimo y le hace buscar a Belmondo una frase de Bogart. Y este ante las citas de los demás, encuentra la ideal, aquella que dice Bogart en En un lugar solitario: «Nací cuando ella me besó. Morí cuando me abandonó. Viví unas semanas mientras me amó». ¿No es esa frase el alma de Al final de la escapada? Así nos lo deja caer Linklater…
Luego en Al final de la escapada, esa secuencia maravillosa del dormitorio deja ver esa relación juguetona, infantil y de amor fou entre Patricia y Michel, que viven el momento y el presente de un amor efímero, que sabemos será trágico.
Otro instante que me resulta fascinante es en esos momentos de descanso y desconcierto donde Godard no rodaba, pero se encerraba en un bar con su equipo, hay un guiño precioso a Banda aparte, donde se sugiere que Belmondo y Seberg son la inspiración para la famosa secuencia del baile de Anna Karina con sus paternaires. Nouvelle Vague es un festival de referencias cinéfilas.
En Nouvelle Vague salen todos los miembros de Cahiers du Cinéma, así como cada uno de esos críticos apasionados que estaban transformando el cine francés como Claudel Chabrol o François Truffaut. Aparecen esos directores a los que Godard admiraba como Roberto Rossellini, Jean Paul Melville (que tiene aparición estelar en Al final de la escapada) o Robert Bresson.
Y es particularmente emocionante esa magia que logran Zoey Deutch con un parecido conmovedor a Jean Seberg y Aubry Dullin que es un Jean Paul Belmondo encantador que cae fenomenal desde el segundo cero. Se capta la esencia trágica de una Seberg que, a pesar de querer abandonar el proyecto repetidamente, logra ciertos periodos de relajamiento y paz disfrutando de un loco rodaje, tan alejado de lo que ella sufrió en Hollywood. Y la seguridad de un despreocupado y carismático Belmondo que intuía que ese sería el pistoletazo de salida de su carrera.
Los dos reflejan esa complicidad especial que establecieron la estrella americana y ese actor francés abriéndose camino. De hecho, Jean Paul Belmondo fue uno de los pocos actores que estuvo presente en el entierro de la actriz en 1979, que dejaba atrás una vida llena de tormentos interiores.
Hay un momento en que Seberg es presentada como una estrella, como una leyenda ya en ciernes a pesar de su juventud. La actriz, como una Anita Ekberg, se mete en una fuente parisina y ríe y disfruta del agua ante la mirada de Godard y su marido en aquel momento, François Moreuil.
Se me escapa una sonrisa al recordar cómo se refleja en Nouvelle Vague la secuencia de la muerte de Michel con un Jean Paul Belmondo advirtiendo a las personas que lo ven por la calle y que no saben que es un rodaje, que no le pasa nada, que todo va bien, mientras va corriendo de esa manera tan peculiar e icónica hacia la muerte de su personaje. Y cómo en Al final de la escapada esa secuencia tiene tristeza, extrañeza y tragedia en cada tramo de ese recorrido agónico.
Es bonito cómo en la película de Linklater el final del rodaje corresponde al principio de la historia, esa primera carrera hacia la huida constante de Michel por un campo, justo cuando acaba de matar a un policía. Una carrera que metafóricamente, si olvidamos qué la origina, muestra esa libertad en el rodaje que inspira también ese espíritu de Al final de la escapada, personajes al margen de lo convencional, libres de cualquier atadura y, por eso, también erráticos… Richard Linklater rueda con pasión y amor sobre el proceso creativo de una película, del milagro que puede suponer un rodaje.
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Hola Hildy
Cine dentro del cine, Linklater, Godard, nouvelle vague… no fuiste al cine, tú fuiste al sastre a que te hiciese «un traje a medida».
Tengo que confesar que no conecto especialmente con Mr. Godard y, sin quitar ningún mérito a nadie, no sé si podría aguantar ver a Jean Seberg con otro cuerpo y otra cara. Un poco lo mismo con Belmondo (pero de otra forma). Pero, tienes razón, ¡Viva el amor al cine!
Un saludo, Manuel
Manuellllll, ¡viva el amor al cine! Con Mr Godard tengo una curiosa relación con su obra. Adoro algunas películas de su filmografía como «Al final de la escapada» o «El desprecio» y con otras no conecto. Pero siempre me resulta una filmografía interesante, que me queda bastante por explorar. La cámara era su manera de expresarse, de entender el mundo, de enfrentarse a él, de enfadarse, de amarle… Con la cámars grita, acarica, besa o escupe. Le da igual quien esté de acuerdo o no.
Entiendo lo de Seberg, pero es alucinante el parecido, de verdad. Parece que ha vuelto a la pantalla.
Nouvelle Vague tiene una bonita y vital energía y amor al cine a raudales.
Beso
Hildy
Jo, qué ganas tengo de hacer lo que comentas: ver Nouvelle Vague y ya en casa, visionar Al final de la escapada. Pendiente si más. Gracias por reforzar mi deseo. Besote, Hildy
Hola Hildy. Si, yo tambien me diverti con el visionado de Nouvelle vague. Es una pelicula alegre y entusiasta. En cuanto a Godard siempre me ha interesado mucho su obra.
Basicamente he visto la mayoria de peliculas que hizo hasta Weekend de 1967.
Su obra posterior solo la conozco muy parcialmente. Me gusto en su dia Yo te saludo, Maria de 1984.
Creo, o he leido bastantes veces que Godard era egolatra y pedante, o eso opinan de el algunos espectadores, pero yo siempre he pensado que en su obra habia ironia y sentido del humor, esto me parece que se transmite en el personaje que le interpreta en la peli de Linklater. Su cine estaba muy vivo y creo que lo sigue estando pese al tiempo transcurrido. Recuerdo por ejemplo en Banda apart a esos personajes que corrian por el museo del Louvre para verlo en unos pocos minutos. Eran ideas a veces un poco ingenuas que nos contagiaban un espiritu jovial de alguien en el que todavia vive ese niño que todos teniamos dentro. Tambien estaba el refinamiento intelectual de algunos dialogos, las referencias culturales.
Es como cuando a veces nos sorprendemos al escuchar la sutileza y profundidad de algunos dialogos de Rohmer. Eran cineastas que aportaban una mirada nueva, distinta al cine clasico americano. Hace poco vi Masculino, femenino y esa mirada jovial, al mismo tiempo que critica con la sociedad de su tiempo estaba ahi. Sirven tambien como documento social de la mentalidad de una epoca. Por lo menos de parte de esa sociedad.
Un beso.
Marga, querida mía, qué alegría me da siempre leerte. ¡Te aseguro una sesión doble gozosa! No sabes lo feliz que me hizo y lo bien que me lo pasé.
Beso
Hildy
Queridísimo Luis, totalmente de acuerdo contigo. ¡Es una película tan entusiasta y alegre!
Me gusta mucho que señales algo de Godard que es su sentido del humor y la ironía que destilaba. Tras esas gafas de sol había una personalidad con la que conectar o no… Pillar su sentido del humor y manera de mirar abrían las llaves para ser un amigo duradero y no mandarle a tomar viento, digo yo.
Asiento sobre otra clave que compartes, guste o no su cine, luce rompedor, fresco y moderno. Y puedes no tener su misma mirada o no mostrarte de acuerdo con lo que transmite, pero «rueda» de manera especial, tiene algo que mirar.
Me doy una vuelta por todas esas imágenes que compartes y soy consciente de que Godard generaba ese tipo de secuencias que se quedan en la cabeza, como ese final impacto con Belmondo de nuevo en Pierrot el loco.
En fin, que hay tela que cortar con Godard.
Y que está sesión doble es una buena puerta de entrada a un cineasta que no es fácil.
Beso
Hildy
Siempre te leo y siempre me encanta como sabes recrear una película…Hace un tiempo que no veo una película en la pantalla grande…que es como hay que verla, porque en la tele está bien ..pero no es lo mismo. Gracias por hacernos amar cada vez mas al CINE.
Querida Hildy, este es un cine que se me ha escapado, no formó parte del telón de fondo de mi infancia y luego, ya de grande, se convirtió en un tren que había pasado. Pero las películas de cine dentro del cine siempre me han resultado fascinantes, quién sabe si a través de Nouvelle Vague no podría llegar a descubrir todo un universo. Ya te contaré cuando llegue a estos lados.-
Un abrazo enorme, Bet.-
Querida amiga Bet, qué bonita me pareció «Nouvelle Vague». Y, tienes razón, es puro cine dentro del cine; al final, cuenta el proceso de creación de un rodaje con todo su esplendor: con los actores, el de producción, el de fotografía, el productor, el director… Yo siento especial cariño por Al final de la escapada. Es una película que me toca. La dupla Seberg y Belmondo tiene mucho carisma. Al final, las dos películas son puro amor al cine.
Beso
Hildy
Querida María Rosa, qué bonito, el cine en el cine. Tienes mucha razón, pero cuando no puedes ir a una sala, una televisión grande también permite ver y descubrir un montón de películas y continuar amando el cine.
A ver si pronto podemos ir.
Beso enorme
Hildy
Qué interesante y hermoso tu texto, querida Hildy. Aquí, en mi ciudad, no ha llegado aún esta película de Linklater, pero anotada queda para verla, que Linklater es casi siempre un valor seguro.
Hace muuucho que no veo Al final de la escapada pero sus imágenes con Jean Seberg y Belmondo son inolvidables. He de volver a verla.
Respecto al cine dentro del cine, un tema inagotable y eterno, maravilloso y atemporal, como el cine y la vida, vida y cine… Una de mis películas más recordada es La noche americana, de mi admirado Truffaut.
Una gozada, querida Hildy.
Un abrazo!
Querida Isis, qué alegría es leerte siempre. Gracias por tu comentario. ¡No me queda duda de que cuando puedas disfrutarlo vas a pasar buenos momentos con esta sesión doble!
Sí, Seberg y Belmondo tienen tanta fuerza y química en Al final de la escapada que son difíciles de olvidar, toda la razón.
¡Qué bien traída «La noche americana» con otro gran integrante de la Nouvelle Vague, Truffaut! Cine dentro del cine puro. Un canto de amor al cine, una película que se disfruta, un rodaje vivo…
Beso enorme
Hildy
Pues entiendo que resulte chulo ver cómo se recrea esa época, pero me parece que la película falla en lo esencial. Busca el parecido y la imitación en lo accesorio (la semejanza entre los actores y los personajes a los que representan… pero no interpretan), pero no lo hace en lo principal (es una película bastante convencional sobre una época en la que, precisamente, se intentaba evitar lo convencional).
La obra de un fan nunca es una gran película. Además de pasar por las cosas, las cosas tienen que pasar por uno.
Besos
Mi querido Alfredo, yo no lo sentí así, sino que para mí Richard Linklater propone un juego gozoso del proceso creativo de una película y se mete en un universo determinado con pasión y disfrutándolo a tope. El disfrute de hacer una película deseada. No pretende más y creo que logra una película vital y de amor incondicional al cine.
No sé, yo me lo pasé increíble con esta sesión doble.
Beso
Hildy