Sorry we missed you

Sorry we missed you, la familia Turner disfrutando de un buen momento. Rara vez pueden…

Una familia, los Turner: Ricky y Abbie, el matrimonio, y Seb y Lisa Jane, los hijos. Desde la crisis económica de principios de siglo XXI no levantan cabeza. Y padre y madre se matan a trabajar, pero no llegan a fin de mes. Y el sueño de comprar una casa queda lejos. El trabajo les roba tiempo para compartir con sus hijos, para estar ellos dos juntos, para tener otros planes, para dormir, para descansar… Y la incertidumbre no cesa. El miedo al mañana siempre está presente. En los padres y en los hijos. Las condiciones de trabajo no solo han empeorado, es que uno se siente cada vez más solo. Las estructuras de la solidaridad obrera, de la unión entre los trabajadores, con las nuevas formas de empleo han saltado por los aires. No suele haber lugar de encuentro y todo termina siendo un sálvese quien pueda. ¿Además quién tiene tiempo? Una doctrina del shock continua (o nunca se ha salido, siempre en bucle) donde el miedo campa a sus anchas. Bienvenido al infierno.

Ricky apuesta por ser un mensajero de esas grandes plataformas que reparten paquetes de lo que la gente compra online. Sí, todo empieza con una entrevista de trabajo donde le dicen que él va a ser su propio jefe, pero hay mucha letra pequeña. Ahí está el encargado de almacén: Maloney, que tiene las ideas muy claras. Lo que importa es el cliente (siempre tiene razón) y el beneficio. Lo demás importa poco, no quiere quejicas. Cada uno que se las arregle como pueda, pero que no falle. Y si no penalización para el trabajador, nunca para la empresa.

Abbie trabaja en una contrata, una cuidadora a domicilio de personas dependientes, principalmente de personas mayores y solas. Lo de las ocho horas es un sueño lejano. Apenas tienen personal y recursos. Y Abbie ama su trabajo y es responsable, pero apenas tiene tiempo para ocuparse de sus hijos o de ella misma. Casi no ve a su marido. El móvil es su apéndice. Y lo sabe, y le duele.

Los derechos laborales brillan por su ausencia. Parece que no hay derecho ni a estar enfermo. Y Ken Loach sumerge de nuevo al espectador en un laberinto real, sin aparente salida.

Loach no trabaja con actores profesionales (como ha hecho varias veces a lo largo de su obra cinematográfica), y, sin embargo, se empatiza con ellos en cada fotograma. Y crean una familia, los Turner, y es auténtica. Te crees a los cuatro. Sus frustraciones, sus miedos, su caída…, pese a que intentan con todas sus fuerzas permanecer unidos. Y Ricky quiere no perder los nervios. Abbie no quiere hundirse en el abismo, quiere seguir creyendo en las personas. Seb no quiere morirse del asco ni hundirse en la apatía, pero, a veces, no ve otro camino. Y Lisa Jane solo quiere que los cuatro estén unidos, nada más. A veces, logran pequeños momentos en los que disfrutan, en los que están juntos. Siempre lo intentan.

Ken Loach es fiel a su forma de rodar. Un estilo directo, sencillo, auténtico, que respira verdad y que pone el dedo en la llaga. Un cine que golpea y que duele. Donde importan los rostros y por dónde se desenvuelven. I, Daniel Blake y Sorry, we missed you, sus dos últimas películas, transcurren en Newcastle y hablan de la herencia que ha dejado la crisis. Esa burbuja inmobiliaria que estalló y esos bancos que quebraron (pero que lograron un rescate…, un rescate que todavía no ha llegado a muchos ciudadanos). Ken Loach y su guionista Paul Laverty continúan reflejando realidad.

Y es que las huellas del neorrealismo están vigentes, y si antes era un padre con una bicicleta, desesperado. Y un hijo que le da la mano. Ahora es un padre con una furgoneta, desesperado. Hasta arriba de deudas (en un laberinto del que no puede salir, esclavo), y con dos hijos que le dan la mano, pero no puede tomarla. Y una mujer que trata de no perder los estribos, que lo quiere, que es amiga, pero no puede más, aunque sería capaz de todo. Ese padre solo puede, apaleado (y no es en sentido figurado), coger la furgoneta, y no parar de llorar.

Antes ha escrito un mensaje de amor desesperado a su mujer en una de esas fichas que tiene que dejar en las casas si la persona a la que tiene que dejar el paquete está ausente. Y es irónico. El mensaje que se deja al cliente es “Sorry, we missed you”. Algo así como un sentimos no haberte encontrado. Pero que también es un grito de los Turner. Lo siento, os echo de menos. No puedo estar ahí…

¿Que Ken Loach siempre cuenta lo mismo?¿Que es maniqueo? No, es un hombre con una mirada realista que desde que en 1966 alertó sobre la situación de las personas sin hogar en Cathy come home no ha dejado de plasmar injusticias sociales, de mostrar cómo los tejemanejes de la clase política tienen consecuencias, o de contar la historia desde la mirada de aquellos que no suelen tener voz. Y, claro, eso a veces no gusta o es incómodo.

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