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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Araña

Andrés Wood en Araña convierte en protagonistas a miembros de Patria y Libertad.

Araña sigue la estela de un cine chileno que describe una atmósfera cerrada, enquistada, que advierte que las fuerzas que engendraron el golpe de estado siguen no solo con el poder y formando parte de las clases más acomodadas, sino que su ideario sigue vivo y vigente. La brecha social cada vez más enorme y, por tanto, las injusticias, sangrantes. Y el polvorín a punto de estallar. No, ya ha estallado. Así el panorama social y político de los años previos a 1973 no dista tanto del panorama social y político de 2019. Mientras en los periódicos informan sobre que en las calles chilenas se vuelve a cantar “El derecho a vivir en paz” de Víctor Jara, emergen también, sin embargo, aquellos que nunca se fueron, que alimentaron la dictadura. Y Andrés Wood estrena una película que transita entre el pasado y el presente. Sus protagonistas son tres miembros de Patria y Libertad, movimiento paramilitar chileno de ideología fascista, que nació para enfrentarse contra el gobierno de Salvador Allende. El movimiento se disolvió tras el golpe de estado de Pinochet.

El cine chileno no tiene reparo en mostrar sus sombras y manchas. Historias cerradas, agobiantes, sin salida… de personajes oscuros. Así lo ha hecho ya Marcela Said en Los perros (2017) o Pablo Larraín en El Club. Andrés Wood convierte en protagonistas a tres personajes desagradables y cuenta sus gestas, sus pasiones y traiciones. Porque son personajes que existen, reales y vivos. Que están ahí. Las andanzas de Inés, Justo y Gerardo, ayer y hoy. La mente manipuladora de Inés (María Valverde/Mercedes Morán), como una lady Macbeth que nunca temió las manos manchadas de sangre, envuelve el relato. Ella nunca cae. Abre la narración amonestando orgullosa a un entrenador porque su nieto no juega en el campo y hace que los niños salgan al terreno de juego porque ella lo decide. Y cierra el relato con toda su familia reunida exhibiendo su poder ante los medios. Inés siempre ha tejido con cuidado una fuerte telaraña y nunca ha abandonado sus “ideales” ni se ha bajado del escalafón del poder social y político.

El director chileno ya hizo aparecer en 2004 el símbolo de la araña de Patria y Libertad en Machuca. Allá narraba los momentos previos del golpe y el golpe a través de dos muchachos: uno de clase acomodada y otro de los poblados que coincidían en un mismo colegio. La mirada que prevalecía era la del muchacho de clase acomodada con un efecto brutal. Allí la inocencia y la ternura saltaban en pedazos ante unos hechos devastadores. El novio de la hermana del protagonista aparecía en una manifestación con el brazalete y el casco de Patria y Libertad. Wood con aquella y Araña crea una interesante sesión doble. Pero si en Machuca acompañaba a sus personajes, iba a su lado y había infinita ternura en la mirada, a pesar del aprendizaje brutal de su protagonista y el reflejo virulento de la brecha social; en Araña, Wood se muestra distante e irónico con unos personajes complejos y oscuros.

Alrededor de Inés bailan Justo, su marido, y Gerardo, el que fue su amante, y que ahora emerge del pasado para revivir la historia de una traición. Se pone sobre la mesa la ideología de Inés (y su marido), barnizada en el presente en su acomodada posición de empresaria de éxito y mecenas de beneficencia social. Porque la lucha de clases está en todas partes. Inés y Justo, matrimonio burgués, reclutaron al taciturno Gerardo, exmilitar y marginado, porque siempre se necesita a aquellos que hagan lo sucio, que se manchen las manos, para que otros luego perpetúen el poder (en la película se recrea el asesinato en su domicilio de Arturo Araya Peeters, edecán naval de Salvador Allende). Y si hay que pisotearlos más tarde, pisotearlos sin problema. Un Gerardo que, después de la traición, vive en la sombra, pero sigue siendo una bestia parda, y no lo oculta (como muchos que le rodean). Y de nuevo vuelve a ser carne fresca para obrar, pero también para ser traicionado.

Andrés Wood es un narrador de la historia más reciente de Chile, cuida su manera de reflejarla y busca la manera de hacerlo. Si en Machuca se servía de la mirada infantil, y en Violeta se fue a los cielos se metía de lleno en el alma turbulenta, anárquica, triste y libre de la cantante Violeta Parra; en Araña cuenta la historia a través de un espejo que devuelve un reflejo, la Inés del pasado complementa a la del presente.

Acierta en la presentación potente de sus personajes, sobre todo de Inés y Gerardo. A este se le ve por primera vez en una escena del presente impactante y brutal, como una especie de Taxi Driver que se toma la justicia por su mano y emplea la violencia de una manera brutal, y es recibido, en un principio, como un héroe. Pero se deshincha en el desarrollo psicológico y en la tensión sexual del triángulo. Quizá abre demasiado el abanico de personajes (cuando podría haberse centrado en los tres protagonistas y en los atrapados en su telaraña) y muchos secundarios quedan tan poco aprovechados, que terminan lastrando la historia, cuando pudieran haber tenido potencial si la narración hubiese ido por otros derroteros, como dos de los personajes femeninos: la joven psicóloga de Gerardo y su joven y marginal acompañante de batalla en el presente.

No obstante Araña es una película necesaria que dibuja un panorama político y social que no solo afecta a Chile. No hay más que mirar los telediarios y las noticias sobre pasados que no están enterrados y que están surgiendo con una fuerza que preocupa. Dan ganas de gritar como Mafalda: “Paren el mundo, que me quiero bajar”.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

8 Comments

  1. Pues también por aquí hablaban muy bien de Araña, la verdad es que me fastidió perdérmela en el festival (como otras veinte películas). La dejo bien apuntada por si la traen por las salas. A propósito, la última de Larraín me ha parecido bien curiosa.

  2. Sí, es una película interesante. De esas que te dejan pensando. Y merece la pena una sesión doble con “Machuca”.
    ¿La de Larraín es la de “Ema”? Me la apunto también bien.

    Beso
    Hildy

  3. Jose dice:

    Casualmente conversaba sobre “Machuca” el día de estas últimas elecciones con una amiga chilena. Para ambos, es un clásico que trascendía más allá de sus virtudes cinematográficas, que son innegables y están ahí, de más valor aún siendo como fue el primer film de su autor. La de “Machuca” es una historia fruto de la conexión emocional (subjetiva), ligada a nuestras experiencias vitales y profesionales. Una maravilla revisarla siempre. Esta nueva de Andrés Wood me la apunto. Muy buena pinta.

  4. Qué bueno leerte, Jose. Sí, qué buena es “Machuca”. Tiene una mirada muy especial y es un placer revisarla, tienes razón. “Araña” forma parte de una buena sesión doble con “Machuca”. La mirada es diferente, dura y afilada. Las dos conforman un díptico especial, duro de ver.
    Y has señalado algo interesante: cuando las películas van más allá de sus virtudes cinematográficas y se van contigo, después de salir de sala. Y se conversa sobre ellas y sobre lo que se ha visto. Y como algunas novelas y cuentos, ofrecen maneras de mirar y entender el mundo en el que vivimos.

    Beso
    Hildy

  5. 39escalones dice:

    Qué buena pinta… “Machuca” me gustó mucho, así que me apunto esta para que no se me pase. Últimamente vienen de Chile cosas muy interesantes, en particular Larraín (mucho mejor que cuando ha salido fuera, la verdad). Pienso también en aquella película sobre el plebiscito que protagonizó Gael García Bernal, “No”.

    Besos

  6. Sí, qué dos buenas películas tanto Machuca, como la que comentas de Larraín, No.
    Araña hace una sesión doble interesante con Machuca, mi querido Alfredo.
    La cinematografía chilena está proporcionando buenas sorpresas cinematográficas.

    Beso
    Hildy

  7. Tano dice:

    Sólo vengo a decir que acabo de descubrir este blog y que es una verdadera mina de oro. Muchas gracias y enhorabuena.

  8. Bienvenido, Tano.
    Muchísimas gracias por pasarte y por dejar el mensaje.
    ¡Espero que te pases más veces por aquí!

    Beso
    Hildy

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