Razón número 1: Kim Novak
Durante varios días, Kim Novak ha vuelto a las páginas de los periódicos, a las revistas y a los medios. El motivo: su león de oro en el festival de Venecia y la presentación de un documental sobre su vida, Kim Novak’s Vertigo (Alexandre O. Philippe, 2025). Así que pensé en su filmografía y me apeteció dedicar un texto a una película que ya había aparecido hace muchos años en este blog (en concreto en 2012), pero que merece diez razones para amarla: Un extraño en mi vida. De nuevo, vi la película y otra vez quedé atrapada en la bella crónica de una infidelidad.
Kim Novak ha sido una de esas actrices que se negó a ser solo objeto de deseo y florero. Al final, optó por abandonar Hollywood a finales de los sesenta, porque no lograba ser ella misma. Tan solo realizó posteriormente alguna que otra aparición esporádica hasta abandonar definitivamente la actuación durante los noventa. Su última experiencia cinematográfica no fue buena, Pasiones prohibidas (Liebestraum, Mike Figgis, 1991), pues le recordó demasiado a la fábrica de los sueños de la que había huido.
Su rebeldía molestó años atrás a los poderosos de Columbia, aun así ella procuró no dejarse aplastar. No quiso convertirse ni en leyenda ni en mártir, como no pudo evitar una de sus contemporáneas, bien querida en este blog, Marilyn Monroe.
Y ahí sigue con 92 años, superviviente, reivindicativa y guerrera, sin miedo a desvelar sus miedos y traumas, así como hablando siempre claro de los fantasmas que le han seguido siempre, pero contra los que ha batallado sin tregua: el trastorno bipolar y la depresión.
Razón número 2: el hoyuelo de Kirk Douglas
Uno de los detalles magníficos de Un extraño en mi vida es aprovechar un atributo físico y peculiar de su actor principal para el personaje que interpreta y la historia que se está contando.
Si esta es mi segunda razón es por un único motivo: este largometraje está lleno de matices que lo enriquecen en cada visionado. Así una de las peculiaridades del rostro de Kirk Douglas, su hoyuelo en la barbilla, sirve de pretexto para construir una escena. El arquitecto al que da vida, Larry Coe, tiene esa distinción en su rostro. Algo que no pasa desapercibido para su amante, Maggie (Kim Novak).
Así en un momento distendido y tranquilo, Larry y Maggie están sentados en una mesa al lado de una ventana frente al mar. Mientras él, apasionado, le dibuja en la mesa el diseño de la casa que está construyendo con pasión y muchas ganas; ella mira con interés su rostro. Y entonces le pregunta que cómo se afeita el hoyuelo. Y se lo toca con la mano. Él se ríe y bromea con que tiene una maquinilla diminuta especial para ello. Un delicado momento de intimidad y complicidad, ¿verdad?
Razón número 3: entre una casa y un libro
La historia de la infidelidad de esos dos amantes que dan rienda suelta al deseo, y se construyen un mundo propio alejado de sus cómodas vidas en uno de esos barrios que representaban el sueño americano en los sesenta, se desarrolla entre dos obras creativas. Así Richard Quine crea una hermosa metáfora, la libertad y pasión que se apodera de uno durante el proceso creativo de una obra puede equipararse a la intimidad que construyen dos amantes durante lo que dura su relación amorosa.
La historia entre Maggie y Larry dura lo mismo que tarda el arquitecto protagonista en levantar una casa en la que consigue toda la libertad creativa posible sin pensar en ajustarse a un mínimo presupuesto. En la construcción de esa casa es partícipe desde el principio Maggie. De hecho, su primer encuentro es en el terreno vacío, en la colina donde se construirá. Larry le pide a Maggie que le ayude con el metro a tomar las medidas pertinentes. Y su última cita, como no podía ser de otra manera, será en la casa ya terminada. Se cierra el círculo.
Es hermoso porque los amantes se construyen, sin ser conscientes en un principio, la casa de sus sueños, aislada de todo y de todos. Y esa preciosa, moderna y original casa de madera se construyó durante el rodaje en el barrio de Bel Air al mismo tiempo que se iba desarrollando esa infidelidad de Maggie y Larry, los personales de la película. Un precioso trabajo del director artístico Ross Bellah y del arquitecto Carl Anderson.
A su vez, Larry Coe le está construyendo esa casa a Roger Altar (Ernie Kovacs), un escritor de best sellers, que ansía un reconocimiento crítico que aún no ha tenido. Es Coe quien le dice que escriba sin importarle los dictados del mercado, que haga un proceso de creación totalmente libre. Y así lo hace Altar, su proceso creativo dura lo mismo que la construcción de esa casa, solo para darse cuenta al final de su vacío existencial que no puede llenar ni unas buenas críticas ni la soledad que le espera en una casa en la colina.

Entre el proceso de creación de la casa que construye el arquitecto y la escritura de la obra libre del escritor transcurre la crónica de una infidelidad.
Razón número 4: triste declaración de amor de Richard Quine
Si algo es evidente en Un extraño en mi vida es que la cámara está enamorado de Kim Novak. La cámara la acaricia, la desea y hace el amor con ella. Recorre su rostro, bordea su cuerpo, se regodea en su espalda, en su boca o en sus ojos. Para esa cámara Maggie es un bello misterio, que nunca llega a comprender ni atrapar. Detrás de esa cámara estaba Richard Quine que regala una triste declaración de amor a Kim Novak.
Los dos no solo formaron un buen tándem profesional, sino que Quine se enamoró totalmente de ella. Llegaron a estar juntos un tiempo durante 1959, pero finalmente no se casaron. Cuentan que él nunca dejó de estar enamorado de Kim Novak. La cámara de Richard Quine siempre se mostró enamorada de la actriz, así en cada una de sus películas declaró su amor eterno: La casa número 322 fue el descubrimiento; Me enamoré de una bruja reveló el encantamiento mágico; Un extraño en mi vida supuso la triste despedida y en La misteriosa dama de negro, ya que no había amor, recupera el sentido cómico de la vida en una intriga junto al rostro amado.
En Un extraño en mi vida ya no estaban juntos, la ruptura era reciente, así que Quine vuelca su tristeza representando una relación que nunca pudo ser. Un hombre y una mujer que no pueden aislarse del mundo que les rodea y amarse sin responsabilidades ni prejuicios. Y en esta película hay verdad, alma y corazón.
Razón número 5: el deseo
En este visionado de Un extraño en mi vida he sentido también que es una oda continua al deseo consumado y al frustrado. Todos sus personajes buscan sentir el deseo en sus vidas. El deseo por el otro, el deseo por la vida, el deseo por el trabajo, el deseo por la creación… Es el deseo sexual el que gana en cada fotograma. Es esa cámara que también desea. Esa mano que anhela tocar y estremecerse. Esa espera por un beso. Esa huida de la frialdad y compostura imperante. Ese querer sentirse deseada o deseado, que el que está en frente quiere permanecer ahí para siempre, mientras corre la brisa y un mechón de pelo se despeina.
Sus dos actores principales, Kim Novak y Kirk Douglas, construyen sus personajes, pero además su presencia es muy física. No solo es que tengan química, sino que sus cuerpos continuamente hablan. La forma de andar, de moverse, de tocarse, de mirarse o de hablar.
El deseo es fuente de felicidad y frustración y ambas sensaciones continuamente están reflejadas. Se me ocurren dos momentos de deseo desde la pasión contenida y la desatada. En las dos secuencias la protagonista es Maggie, pero siempre está muy presente Larry.
En la primera, Maggie va vestida de negro, está a oscuras, en la penumbra, se mira en el espejo y se desabrocha la camisa dejando asomar su sujetador de encaje. Se observa y se toca suavemente. Llega su marido y lo recibe así. Suena el teléfono y ella le pide que no lo coja. Solo quiere que la mire y que la toque. Que la desee.
En otro momento, está teniendo su primera cita clandestina con Larry en un local oscuro, nocturno. Ella va de rojo. No se siente cómoda y huye. Larry va detrás y la ve solitaria apoyada en una columna. Él se acera a besarla y ella le dice que si lo hace ya no hay vuelta atrás. Y ambos sucumben al deseo.

Toda la película está rodeada de deseo. Kim Novak y Kirk Douglas muestran su química en todo momento.
Razón número 6: suburbia, años sesenta
Uno de los grandes aciertos de Un extraño en mi vida es ese reflejo de lo que suponía el término suburbia en los años sesenta. Esas áreas residenciales perfectas estadounidense a las afueras de la ciudad para desarrollar el sueño americano con casas de diseños perfectos habitadas por familias perfectas, jardines bien cuidados, buenos colegios, establecimientos adecuados como supermercados donde todo se encuentra, sitios de ocio como el parque de atracciones…
Maggie será la nueva y desconocida vecina que vive con su esposo y su pequeño hijo en ese mundo perfecto y reglado. Será justamente en la parada del autobús escolar donde Larry, desde la ventanilla de su coche, se fije por primera vez en ella. Larry es un arquitecto de renombre que se siente estancado en proyectos que le hacen vivir bien junto a su esposa y dos hijos, pero con los que no siente que experimenta o que vibra.
De pronto, este complejo residencial se convertirá en una cárcel de cristal para Maggie y Larry que deben esconder su pasión. Mientras, siguen los rituales sociales, las fiestas en las casas de los vecinos, los verdes jardines con sus flores, los secretos y frustraciones de cada uno en el interior de las casas, los rumores, las hipocresías…
Razón número 7: la infidelidad
Un extraño en mi vida es la crónica de una infidelidad. La película es una adaptación de la novela de Evan Hunter, que precisamente el propio autor convirtió en guion. No falta nada en la historia de Maggie y Larry. Desde la primera mirada y conversación de los amantes hasta el primer encuentro; el primer beso; las citas felices, íntimas y furtivas; los primeros malentendidos y discusiones; los miedos y reconciliaciones; el sentimiento de culpa y la imposibilidad de seguir amándose; el temor al daño a terceros; el trauma de esconderse a todas horas y ser descubiertos; la decisión de los amantes y la triste despedida…
Una de las secuencias más hermosas y que refleja la infidelidad de la manera más triste y elegante es cuando Maggie acude con su esposo a la fiesta que celebra Eve Coe en su casa. Cuando va a recoger su abrigo al dormitorio de los Coe, recorre la habitación donde el matrimonio convive y toca todo lo que no puede ser suyo con suavidad, invade otra intimidad y se da cuenta, aunque ya lo sabía, de que Larry vive otra historia, igual que ella.
Razón número 8: buenos personajes secundarios
Si la película funciona no es solo por la historia de una infidelidad, sino también por una galería de buenos personajes secundarios que ofrecen interesantes lecturas y dan información que enriquece las tramas y los comportamientos de los protagonistas. Así los entornos de Maggie y Larry componen ese universo del que no pueden escapar.
La práctica e inteligente esposa de Larry, Eve Coe (una maravillosa Barbara Rush); el vecino misógino y cotilla presente en todos los acontecimientos sociales, juzgando comportamientos y comportándose de la manera más ruin, Felix Anders (¿cuándo Walter Matthau está mal?); el escritor play boy con dinero y éxito, pero consciente de su soledad y vacío existencial, Roger Altar (Ernie Kovacs, un cómico arrastrándose hacia la tragedia) o esa madre (Virginia Bruce) más comprensiva que su hija Maggie o simplemente que sabe más de la vida, del daño que se hace sin querer a los seres amados y de las emociones que no pueden controlarse, que entiende bien lo que va a vivir y sufrir.
Razón número 9: aquellos años de machismo y misoginia
La película de Richard Quine también deja al descubierto una violencia sexual latente, un machismo y una misoginia presente en todos los personajes masculinos. Un reflejo doloroso y amargo de la época. No me queda claro si Richard Quine abomina eso que muestra o no sabe mirar de otra manera, pero le inquieta. Y en algunos momentos la incomodidad que se genera es evidente. Desde el principio los comentarios refiriéndose a Maggie o a otros personajes femeninos no solo son despectivos y las cosifican, sino que cuenta con la complicidad de todos. Se nota que a Larry le chocan, pero nunca dice nada.
Una de las secuencias más amargas y desagradables es el acoso violento al que Felix, el vecino cotilla, somete a Eve, la esposa del arquitecto. Considera que está libre, pues su marido está con otra, y no tiene reparo en violentarla en la intimidad de su hogar. Realmente, cree que tiene derecho a hacerlo.
Otro momento de una violencia extrema es cuando Maggie confía en Larry, porque este se lo ha pedido, y le cuenta cómo en el pasado fue acosada y agredida por un hombre que aún continua obsesionado con ella. La reacción del arquitecto es desmesurada, sin un ápice de delicadeza, apoyo o comprensión ante lo vivido, de desprecio hacia Maggie, culpabilizándola. Luego rectifica, pero en un principio actúa como un “macho” herido.
O la fiereza que desprende la última secuencia, después de una despedida entre los amantes tan hermosa, de esa Maggie llorando, rota, en su coche y cómo la mira desde fuera un joven de la obra, como un cazador evaluando una posible presa. Un final de lo más amargo y doloroso.
Razón número 10: una despedida tan hermosa
El momento cumbre de Un extraño en mi vida es la despedida de los dos amantes en lo alto de la colina, en esa casa ya terminada. Antes de entrar, Larry le confiesa a Maggie que se va a construir una ciudad, que se va lejos de allí. Tiene tantas cosas que decirle, pero ella le contiene. Le pone un dedo en la boca. Y le pide que busque una llave para entrar juntos en la casa.
Maggie iluminada por una luz especial que entra de unos ventanales le dice a Larry: “Pobre Altar, no sabe que esta casa realmente es nuestra”. Y él le contesta que si viviesen ahí, le encantaría construir un foso alrededor de esa casa para dejar el mundo fuera y solo estar ellos dos. Pero saben que eso es pura fantasía. Justo llega el constructor para interrumpir la conversación y saluda a Maggie como si fue la esposa de Coe. Ella sonríe y se despide de su amante, sin mirar atrás.
Nunca una crónica sobre la infidelidad se mostró tan desnuda y bella como en Un extraño en mi vida.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.



Ay, Hildy, creo que desde tu primera entrada sobre esta película que la tengo pendiente. Pero me das renovadas ganas de verla.-
Por cierto, esa línea de diálogo sobre cómo hace el galán para afeitarse el mentón aparece de nuevo en Charada, con otro hoyuelo célebre (aunque creo que en el concurso de hoyuelos ganaría Douglas, era más pronunciado que el de Grant, ¿no?).-
Un beso enorme, Bet.-
Es que hay que pegarse una buena panzada de cine, este sí, para compensar tanta mediocridad en el panorama actual, tanta ínfula autoral hueca y tanto inflado publicitario y mediático. La película se vende sola, pero has recorrido muy bien todos y cada uno de sus puntos de interés (no me termina de convencer, sin embargo, lo fácil que cede Matthau…). Es una obra extraordinaria, que dista por completo de ser simplona y plana, que atesora pequeños hallazgos casi en cada secuencia, que usa tonos, gestos, miradas, colores, objetos, vestuario, movimientos de cámara y de los actores dentro del encuadre. Lo que solía ser el cine, vaya.
Besos
Que artículo más emocionante, me ha encantado, es una de las 4 películas favoritas de mi hermano, le tengo muchas ganas pero me gustaría encontrar una buena copia. Tu artículo hace que me entren muchas más ganas de verla, me ha parecido como una dedicatoria muy personal, repito, jajaja, me ha encantado.
Por cierto, no sabía que tenías un perfil en Letrerboxd, desde luego ya tienes un nuevo seguidor.
Un beso.
Hola Hildy
Me han encantado los diez puntos, que van de los obvios Kim y Kirk -como no puntuar ese hoyuelo- a los más discutibles, como medirla con estándares actuales.
Leyendo tu arranque sobre Novak y viendo la foto se puede uno imaginar que al otro lado de la línea estaría Jean Seberg. Actriz de la siguiente generación que comparte bastantes puntos tristes con Kim.
… y viendo la última foto piensas que hay truco ¡Desde cuándo sale Kirk en Breakfast at Tiffany’s!
Un saludo fiel, Manuel.
Mi amiga Bet, como siempre decimos, las películas nos esperan. Habrá un momento en que «Un extraño en mi vida» llegue a la tuya, seguro. O tal vez, no. Yo atesoro también un montón de películas que leo en tu blog. Pero habremos compartido un montón de historias y sabremos de la existencia de otras. Y que están ahí.
Sí, Cary Grant era otro gran actor con hoyuelo… ¡Es verdad, ese momento «Charada»! Qué grande. Y no nos olvidemos del hoyuelo de Robert Mitchum.
Sí, el de Douglas es de los más pronunciados. Cómo me gusta cuando un rasgo físico de un actor forma parte también del personaje que representa.
Beso
Hildy
Mi querido Alfredo, sí, «Un extraño en mi vida», como dices, tiene «pequeños hallazgos casi en cada secuencia» y es una gozada en cada visionado ir descubriéndolos e interpretándolos. Es una historia que atrapa y que llega, que respira en cada fotograma.
Beso
Hildy
Pabloooo, qué bueno, ya nos seguimos entonces también en letterboxd. Ya te he visto y atrapado.
Gracias por tus palabras hacia el texto. Es una película llena de momentos y detalles especiales. Qué bueno que sea una de las cuatro películas favoritas de tu hermano. Se merece ese visionado en una copia buena.
Me gustan esos listados de películas favoritas porque dice mucho de cada uno y de lo que nos llega. A mí hay películas de Richard Quine que me tocan. Entre ellas están, además de la mencionada, dos que hizo con uno de mis actores favoritos, William Holden, «El mundo de Suzie Wong» y, sobre todo, «Encuentro en París».
Beso
Hildy
Manuellll, ya no solo juegas con las palabras, sino también con las imágenes y has creado mundos increíbles. Me ha encantado eso de que al otro lado de la línea de la primera foto estaría Jean Seberg, otra rubia en Hollywood con mucho que contar.
Me parece una película tan rica, con tantos matices y tantas lecturas. Y no es una película fácil. Me ha gustado cuando dices que te han interesado todos los puntos incluso los que te parecen más discutibles, porque eso es lo que me gusta también del cine. Cuando puede provocar conversaciones, debates, reflexiones y pensamientos interesantes a través de las miradas.
Beso
Hildy
Porque comprendo la pereza que probablemente te invade a la hora de visitar el blog del que suscribe, dada la importancia de la película elegida y del magnífico decálogo que le dedicas, es la montaña la que gustosamente se desplaza hasta Mahoma reproduciendo aquí el texto que en su día le dediqué a esta impresionante obra maestra.
A Richard Quine se le reconoce sobre todo, cuando no exclusivamente, por sus comedias, pero el autor de ME ENAMORÉ DE UNA BRUJA (Bell, Book and Candle) tocó con indudable acierto otros géneros como el noir en DRIVE A CROOKED ROAD y LA CASA 322 (Pushover) y el drama con trasfondo social como es el caso del que ahora comentamos. En UN EXTRAÑO EN MI VIDA (que bate en su propio terreno a los mejores logros de Douglas Sirk), Beverly Hills se convierte en un marco asfixiante y condicionador en el que se debaten los insatisfechos personajes de este espléndido melodrama romántico de cáustico contenido, uno de los mejores trabajos de Richard Quine, sino el mejor.
La película jugó con elementos magistralmente engarzados que ahora, en la superficie, tal vez puedan aparecer como algo anticuados, pero que exponen a través de una rigurosa e inteligente puesta en escena (nunca los encuadres, el color, la iluminación, los movimientos de cámara, e incluso la música fueron tan elegantes, precisos y expresivos) la mentira cotidiana, las contradicciones de unas vidas que desean escapar sin conseguirlo de ese acomodaticio confinamiento que los inhibe de su propia verdad. El arquitecto Larry Coe (un Kirk Douglas muy matizado) lo intenta pero finalmente sucumbe, tal vez por cobardía, y deja escapar a la mujer (condenándola también a ella) que tal vez daría sentido a su vida en uno de los finales más desoladores que recuerdo. Ambos han vivido un breve paréntesis dentro del que atisbaron la escapatoria de una vida de negación, pero, como digo, finalmente Larry prefiere renunciar a un sueño y amoldarse a la programada existencia que de él esperan los demás, esos para quienes construye chalets de audaz diseño y a los que precisamente ha animado a romper con la convención. A este respecto, resultan reveladoras las conversaciones con su cliente, el escritor Roger Altar (Ernie Kovacs). No obstante, puestos a imaginar otro desenlace en el que Larry se fuera con Maggie, esa relación -con la información que hemos adquirido en torno a esa pareja- tendría fecha de caducidad pues cabe pensar que probablemente pasados unos años desembocaría, de nuevo, en la misma frustración.
No quiero cerrar esta breve reseña sin destacar una soberbia dirección de intérpretes en virtud de la cual Kim Novak (entendida, amada y mimada por Richard Quine) nunca estuvo tan carnal y deseable como en esta película, incorporando a esa enjaulada y patética Maggie, rescatada primero y luego abandonada a su suerte.
Un abrazo.
Queridísimo Teo para mí es un placer siempre saber de ti, leer tus comentarios y enriquecerme con ellos. Jamás será para mí una pereza acudir a tu mítico blog, Movie Movie… ¡Son palabras mayores! ¡Amor al cine a raudales!
Agradezco, no obstante, que compartas aquí lo que escribiste sobre «Un extraño en mi vida», como siempre certero. Y dices algo que pienso también, que si Larry y Maggie hubiesen seguido su historia finalmente, como bien dices, con la insatisfacción de ambos por bandera, en unos años se hubiesen sentido atrapados en esa relación.
Beso
Hildy
Había olvidado el hoyuelo de Mitchum, querida Hildy (imperdonable lo mío). Sobre este tema me vienen dos ideas, la primera en relación a las características del actor que se hacen carne en el personaje y así pienso en Harrison Ford que al menos en dos películas (Indiana Jones III y Secretaria Ejecutiva) usa la cicatriz de su barbilla como parte de la historia. Y la segunda idea, es aquella frase de Cary Grant en Luna Nueva (película tan querida por nosotras) en la que le dice a Rosalind Russell «No me gusta presumir, pero sigo teniendo el hoyuelo en el mismo sitio», jajaja.-
Más besos, Bet.-
PD: Acabo de enterarme de que se puede seguir gente en Letterboxd, pero seré tan tonta que no encuentro cómo hacerlo…
¡¡¡Es verdad, amiga Bet, esa cicatriz de Harrison Ford ha dado mucho juego a algunos de sus personajes!!!
Sí, Bet, es bastante interesante Letterboxd. Yo que no soy muy amiga de aplicaciones y redes sociales, me parece una herramienta útil para los que nos apasiona el cine. Jajajaja, yo soy desastre total en estos mundos, fue mi sobrina quien me introdujo en este mundo y me ayudó a meterme en él.
Beso
Hildy
Querida Hildy, como bien sabes (pues lo llevo diciendo desde hace muchos años y en tu blog llevo dándote la turra con este tema), este film de Richard Quine es la película de mi vida. No puedo añadir nada más a todo lo que has señalado sobre ella, que suscribo completamente. Sólo decir un par de cosas y señalar una tercera y que, para mí, concentran la esencia de la película (y no es la infidelidad sino que ésta es la excusa que utiliza Quine para desarrollar la historia):
1) El momento en que Maggie – en el primer encuentro con Larry – le pregunta por qué motivo brindan, él le contesta: por vivir, trabajar, por Ser Lo que Queremos Ser. Es decir, la reafirmación de la identidad del individuo.
2) En el momento en que Larry le hace la entrega de las llaves al escritor (Roger Altar). Éste le pregunta: Qué es importante? A continuación hay un silencio y cuando Larry contesta dice que no sabe. Quine nos hace partícipes, consiguiendo que nos preguntemos lo mismo.
3) En esa misma secuencia – que me parece crucial porque la vida de ellos es puesta a examen por ellos mismos y, por extensión, a nosotros como espectadores implicados en ella – Larry dice algo fundamental para sí mismo: Todo Yo soy una Mentira. Tengo un cajón lleno de etiquetas, arquitecto, padre, marido… Las coso a mis trajes, pero nunca encajan. No se puede expresar mejor la distancia abismal entre lo que uno desea y lo que los demás esperan de sí mismo. Justo acaba por no ser lo que quisiera ser. Se desconoce a sí mismo. Y en ello tiene mucho que ver esa sociedad en la que vive: la sociedad de las apariencias. (Ha cambiado algo en estos 60 años?)
Por último, señalar dos cosas más (y ya termino la parrafada). La primera es la incomodidad y conmoción que supone tanto para Larry como para nosotros como espectadores la confesión de Maggie. Un momento que es como una sacudida emocional y un auténtico baño de realidad (y donde Kim Novak brilla con luz propia), donde el personaje de Novak se desnuda emocionalmente y nos damos cuenta de su tremenda soledad y vulnerabilidad. El segundo, tu frase tras la cuarta razón: en esta película hay verdad, alma y corazón. Pues eso
Un abrazo, querida Hildy.
Queridísima Isis, qué maravilla todo lo que has compartido en este comentario sobre esta película que sé que es tan amada por ti. Y se nota en el análisis que realizas y en la mirada que aportas, que estás bien empapada de cada uno de sus fotogramas. Y demuestras que es una película riquísima en los detalles, matices y que todo tiene un porqué. Sus diálogos nos dicen, como explicas, un montón de cosas. Yo también voy afirmando en cada punto que comentas. Qué bueno ese último diálogo entre Larry y Altar. La secuencia de la confesión de Maggie, como expresas, es sobrecogedora. Sí, hay verdad, alma y corazón.
Beso enorme desde la casa de la colina
Hildy
Pues qué quieres que diga después de esta magnífica entrada, tan sentida y bien escrita: pues que suscribo todas las razones que das, y aún diría que me gusta esa limpieza en la imagen, la estudiada puesta en escena para que todo resulte como Quine quiere, con ese deseo latente y no tan latente en cada secuencia de la pareja.
Para mi, sin dudar, «Un extraño en mi vida» es la mejor película (¡un drama!) de ese director de comedias que era Richard Quine.
Abrazos!
Mil gracias, querido Ethan, por tus palabras. Tienes razón que la puesta en escena es brillante y más en los encuentros de la pareja, donde todo, como dices, adquiere un sentido.
Sí, tengo especial cariño a este realizador, pero también diría que esta película es una de mis favoritas de su especial filmografía.
Beso
Hildy
Estupenda película. No es solo la crónica de un amor en clave de infidelidad, sino que es el retrato de esa vida de las urbanizaciones (“suburbia” que dicen los norteamericanos) que florecieron a partir de los años 50, y que simbolizaban el sueño americano de la casa con piscina, el jardín, el coche y la familia, pero que en su confortabilidad escondían frustraciones y amarguras que se sobrellevaban en muchos casos, con adicciones varias e infidelidades. Y muy particularmente en el caso de las mujeres, “liberadas” del trabajo doméstico por los electrodomésticos y las asistentas, pero reducidas a un ámbito social empequeñecido y sin horizontes vitales propios. Una exposición del CCCB con precisamente el título de “Suburbia. La construcción del sueño americano” explicaba el origen y la evolución de estas urbanizaciones, que se han expandido más allá de los EUA.
Lilapop