Retratos de mujer (2). El sospechoso (The Suspect, 1944) de Robert Siodmak / Breve encuentro (Brief Encounter, 1945) de David Lean

Una mujer que ama con sinceridad. Una, inconscientemente, construye el camino de su pareja hacia un destino cruel. Otra, confiesa su historia apasionada y su renuncia final a lanzarse a la piscina. Dos películas de la misma época, una de EEUU y otra de Gran Bretaña, y en las dos excelentes retratos de mujeres. Además de dos directores que siempre merece la pena rescatar sus filmografías: Robert Siodmak y David Lean.

En la estadounidense, tres mujeres labran el camino hacia la tragedia para su protagonista, un buen hombre que toma medida desesperadas y moralmente reprochables. Ellas son el detonante de la acción, las que tejen la tela de araña en el que queda atrapado el protagonista.

En la película británica, el personaje principal femenino es el dueño absoluto del relato, de todo lo que acontece, así como la mirada hacia otras damas en cuestión. No esconde emociones, sentimientos, ni contradicciones. Es una confesión, un grito. Es el relato subjetivo de una infidelidad, de un enamoramiento espontáneo.

Por otra parte, las actrices que los encarnaron bien merecen un recuerdo. Las protagonistas de una y otra película son Ella Raines y Celia Johnson. Luego, una galería de secundarias que bien merecen un recuerdo. Raines protagonizó varias películas de Robert Siodmak para rescatar y tiene otros títulos interesantes en su efímera carrera como Salve, héroe victorioso o Fuerza bruta. Mientras Celia Johnson estuvo muy presente en las primeras obras de David Lean, aunque su carrera posterior fue breve, pues prefirió dedicarse a su vida familiar.

Ella Raines como Mary Gray cambiará el destino del protagonista.

El sospechoso (The Suspect, 1944) de Robert Siodmak

Esta maravillosa película me gusta cada vez más. Ya ha estado presente en el blog. Philip Marshall (Charles Laughton), su protagonista, es un buen hombre que no ha tenido muy buena suerte en la vida hasta que se cruza en su destino una joven que busca trabajo, Mary Gray (Ella Raines), y todo cobra sentido alrededor de él. Ella es la detonante de un cambio, pero no es la única mujer presente en el camino de este buen señor, ni la única que influirá en el futuro escrito para Marshall. Todo ocurre a principios del siglo XX en un Londres todavía victoriano.

Parte de su infelicidad es a causa de su esposa (Rosalind Ivan), una mujer insoportable que con su carácter amargado hace la vida imposible a su esposo y a su hijo. También tiene una vecina encantadora, la señora Simmons (Molly Lamont), casada con un hombre que no solo considera que se le caen los anillos si trabaja, sino que bebe sin parar y maltrata a su esposa. Ambos personajes femeninos son tan realistas, que te los imaginas realmente paseando en esas calles londinenses y victorianas.

Philip Marshall que cree que ya está en los últimos años de su existencia, destinado a convivir en soledad con su malhumorada esposa; de pronto, se da cuenta de que puede amar y ser amado. Que la vida está llena de preciosos placeres. Mary Gray le recuerda lo que es vivir. Y eso que Mary cuando se encuentra con Marshall no lo tiene fácil. No está en su mejor momento. Su padre ha fallecido, está sola, busca trabajo y abrirse una senda. Son dos soledades que se complementan, se ayudan y realmente se saben hacer felices. El encuentro beneficia y ayuda a ambos.

Lo bonito de la joven Mary es que realmente se enamora de Marshall y respeta en todo momento lo que le va desvelando este de su vida. Y se aleja cuando tiene que alejarse y vuelve a él cuando descubre que está solo. En una secuencia reveladora en su nuevo trabajo, que lo ha conseguido por un contacto de Marshall, todas las compañeras le preguntan por su misterioso galán. Y esta les describe a alguien que todas quieren escuchar: un hombre encantador, rico y bello…, pero les dice que les ha mentido, que su hombre es todo lo contrario, pero que ella lo quiere y desea ser feliz a su lado.

Marshall lo lleva todo con discreción por respeto a su esposa y porque no quiere crear ningún problema a Gray. Intenta hacer las cosas bien, pero todo se tuerce, porque su mujer no atiende a razones y además no solo descubre su doble vida, sino que jura y perjura fastidiarles a los dos la existencia.

Marshall no soporta que Mary vaya a tener algún problema por su culpa… Y, de pronto, un hombre bueno actúa de manera radical y moralmente reprochable para poder ser feliz. Se quita de en medio el problema.

Pero el camino de la felicidad no va a ser tan fácil. Un inspector cabezota no se conforma con la versión que todo el mundo ha aceptado. Que el señor Marshall es un pobre viudo, que su mujer sufrió un terrible accidente y que ahora ha rehecho su vida. Y su vecino alcohólico tampoco se lo pondrá nada fácil. Solo que el buen hombre, de nuevo, solo sabe un camino para ser feliz y es ir quitándose de en medio a todo aquel que se lo impide.

Está a punto de conseguir la felicidad, porque Mary además se convierte en esposa alegre, compañera ideal, que cree que hogar es cualquier sitio donde esté él. Aunque Marshall nos priva de cuál hubiese sido la reacción de la joven si se hubiese enterado de las acciones del que ella cree que el hombre más bueno del mundo… Él prefiere recorrer su senda de equivocaciones totalmente solo.

Entonces entra en acción su buena vecina. Esa mujer maltratada, pero que siempre ha estado ahí, que ha acompañado al señor Mashall y ella a él. Este sabe lo que esa mujer ha sufrido al lado de su marido… La señora Simmons también aspira a la felicidad. Los dos siempre, con correcta cortesía, se apoyaron en sus vidas tristes.

De pronto, el inspector prepara un cebo con la buena vecina, porque tiene la intuición de que Marshall es un hombre corriente, una persona que ha perdido las riendas, a la que se le han desbocado los caballos. Le cuenta como quien no quiere la cosa que ella va a ser acusada de un acto que no ha cometido y Marshall lo sabe muy bien. El buen hombre desbocado pica totalmente, porque en el fondo no olvida que se ha convertido en algo que no es.

Tres mujeres dibujan el destino del bueno de Philip Marshall. Una le ha hecho infeliz, la otra le ha hecho creer de nuevo en la vida y la tercera le hace comprender que no todos los caminos hacia la felicidad son transitables.

La confesión de una mujer en Breve encuentro

Breve encuentro (Brief Encounter, 1945) de David Lean

Breve encuentro es la voz de una mujer Laura Jesson (Celia Johnson). Una ama de casa con dos niños, con un buen marido y una vida rutinaria que, de pronto, ve que su vida da un vuelco repentino. Todo por una mota de polvo que se le mete inoportunamente en el ojo en la estación de un tren. Es la oportunidad de un doctor (Trevor Howard), casado y con hijos, para acercarse a ella y ayudarla. Antes ambos ya se han mirado. Desde ese momento, los dos convertirán los jueves en su día y se enamorarán como dos adolescentes.

No obstante, como dice el título, será tan solo un breve encuentro. Las presiones sociales de ambos, las responsabilidades, los daños a terceros, el que dirán, el sentimiento de culpa, el sentir que no están actuando con la corrección que pide la sociedad que les rodea, les hace no solo no tirarse a la piscina, sino separar sus destinos.

Será Laura Jesson, justo el aciago día en que se separan, quien tomará las riendas del relato y contará su historia. Todo en el interior de su cabeza y con la expresividad de sus grandes ojos. Un precioso monólogo interior con imágenes…

Primero, su pensamiento se disparará ante la presencia de una conocida que le estropea lo que tenía que haber sido una despedida íntima. Todavía los espectadores no sabemos nada de lo ocurrido, solo que esa molesta amiga ha interrumpido algo importante. Después, ante su marido, que como todos los días trata de completar uno de sus crucigramas, confesará todo lo que ocurre, disparará su torbellino emocional. En silencio, Laura recrea el amor vivido.

No solo lo recrea sino que también desnuda todas sus emociones y sentimientos. Todos sus miedos, contradicciones y conflictos. Así como toda su tristeza por no tirarse finalmente a la piscina, por sentirse mal si lo hacía, por saber que tiene a su lado a un hombre bueno al que nunca confesará que le ofrece una vida gris.

En ese relato subjetivo y maravilloso que realiza Laura, también sale a relucir su mirada ante otras mujeres. Siente curiosidad por la esposa de su amante, que es ama de casa como ella. Le llaman la atención las pequeñas anécdotas de esa dueña estirada de la cantina de la estación, coqueta y seca a la vez, con esa joven ayudante que tanto la admira. Son dos mujeres curiosas, porque se nota que no le caen bien a la protagonista, pero que cobran vida propia. Laura es una mujer solitaria y se nota por esa conocida que se cruza en su camino a la que no soporta o esa relación superficial con la que en teoría es una buena amiga, pero a la que no le cuenta la verdad de lo que está viviendo.

Por la manera que tiene de contar y sentir esa historia con su amante y esos jueves en los que escapa, Laura es una mujer, que como el doctor, desea huir de la rutina. Los dos se crean una realidad paralela en la que es emocionante el encuentro y en el se sienten presos de sentimientos exaltados. Solo que el choque con la realidad, hace que ninguno de los dos renuncien a sus vidas rutinarias y responsables, a esas cómodas y seguras vidas que antes de conocerse sentían como felices. Prefieren convertirse en dos amantes que inevitablemente tienen que separarse y recordar para siempre esos breves e intensos encuentros en la estación de tren, frente al hospital, en las sesiones de cine, en sus escapadas al campo…

Y es realmente conmovedor que esa confesión en silencio se la haga a su marido, que nota que su mujer está viviendo un tsunami emocional y que está preocupado porque la ha sentido demasiado lejos, desconectada del hogar donde habitan los dos…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

9 comentarios en “Retratos de mujer (2). El sospechoso (The Suspect, 1944) de Robert Siodmak / Breve encuentro (Brief Encounter, 1945) de David Lean”

  1. Hola Hildy
    Sabía que esta serie de Retratos nos traería grandes momentos… y aquí estamos disfrutando otro breve y sospechoso encuentro.
    Creo que Laughton tiene tanta fuerza -y esa capacidad de oscilar entre el orondo bonachón y la fría crueldad- que necesita una trinidad de arquetipos femeninos para contrarrestar su poderío. Y luego, otro arquetipo, el marido borracho que enciende la chispa.
    Lamento no estar de acuerdo con tu «enamoramiento adolescente»; creo que la gracia de este encuentro reside, precisamente, en presentar a dos adultos con sus perfectas vidas y, por una mota de polvo, llevarlos al borde entre el amor y la duda.
    Un saludo, Manuel.

  2. Qué buena es El sospechoso, amigo Manuel. Cómo la disfruto. La interpretación de Charles es excelsa.
    Sí, te doy la razón. Amor adolescente no es la expresión. Luego creo que estamos más de acuerdo y coincidimos cuando desarrollo esa mirada de Laura en el texto.
    Beso enorme
    Hildy

  3. Querida Hildy, por un momento dudé sobre si había visto o no El Sospechoso, pero al ver el rostro de Laughton en la imagen descubrí inmediatamente que no la he visto y me tienta un montón. Voy a buscarla.-
    Con Breve Encuentro tengo una relación con ida y vueltas, durante años la amé pero no sé porqué en mi último visionado me enojé mucho con el personaje de Howard, me pareció muy injusto que active ese romance destinado a lastimar a todo el mundo, cuando para Laura hasta ese momento, la cosa no pasaba de ser una situación agradable que le aportaba novedad a su rutina. Además (y seguramente estoy siendo aún más injusta con esto) me pareció que Alec (¿era ese su nombre?) era un auténtico picaflor y me obsesioné con la idea de que tuviera una mujer distinta para cada día de la semana, para cada estación de trenes. No me gusta sentirme así respecto de una vieja favorita y en los últimos tiempos me han dado muchas ganas de volver a ver esta película, con los ojos de antes. Ya te contaré si revierto mi mala impresión o no.-
    Te mando un abrazo fuerte, con los ojos llenos de partículas de polvo, Bet.-

  4. Queridísima Bet, qué interesante ese cambio de perspectiva respecto a Alec. Y es que esa mirada que planteas no es descerebrada en absoluto. ¡Y lo de Sudáfrica es una salida que le viene increíble!!! Jajajaja, qué has hecho, Bet. Que también me estoy planteando esa historia. Me encanta como cada película permite un montón de historias…
    Ay, yo creo que la de Charles Laughton te va a encantar. Yo la adoro.
    Beso
    Hildy

  5. ¡Pero además es incomprobabilísimo! Con solo cambiar su día en el hospital, Laura ya no va a cruzarlo en el pueblo y jamás se enteraría si él sigue viviendo en el mismo lugar de siempre.-
    ¡Ay, no! ¡Yo que quería arreglar mi relación con Breve Encuentro y terminé arruinando la tuya!
    Más besos, Bet.-

  6. Mi querida Hildy, espléndida dupla femenina en una no menor dupla de filmes. Y eso que, en cuanto a Lean, a mí me parece más lograda «Amigos apasionados» (1949), quizá porque el personaje de Celia Johnson responde a un estereotipo algo más trillado en el cine británico de su tiempo (a menudo interpretado por ella misma). Con lo que alucino de verdad, desde siempre, es con la obra de Siodmak entre 1944 y 1950. La de directores que firmarían haber hecho solo tres o cuatro de calidad similar a las que este hombre encadenó (a más de un título por año) en ese periodo…

    Besos

  7. ¡¡¡Mi querido Alfredo, cómo amo también Amigos apasionados, es peliculón total!!! Yo creo que hemos comentado alguna vez nuestro gusto por esa película. Robert Siodmak es un director que no suele ser muy nombrado y, sin embargo, como dices, fue encadenando buenos títulos y tiene una filmografía tan, tan, tan interesante… Y lo cierto es que ambos directores tienen personajes femeninos muy potentes en muchas de sus películas.
    Beso
    Hildy

  8. Muchas ganas de ver esta película de Siodmak. Me parece interesante y no sé si increíble que una mujer tan bella como Ella Raines se pueda enamorar de Charles Laughton. Sin duda, esa ya hace a la historia especial. Ella Raines es una actriz que podría ser la fusión entre Gene Tierney y Lauren Bacall y que hizo un estupendo trío de películas con Siodmak. La comentada, el fantástico noir “La dama desconocida” (quizá su interpretación más memorable) y una película como “Pesadilla” (título original “The strange affaire of uncle Harry”) que te muestra en clave de thriller las frustraciones vitales de un solterón dominado por sus hermanas. Una película fascinante hasta que, en un último minuto, todo se va al traste por un final impuesto y ridículo, que destroza al que podría haber sido uno de los mejores retratos del cine clásico sobre la falta de horizontes vitales en las pequeñas ciudades y la frustración de un hombre en una familia matriarcal. Espero que algún día alguien reestrene o edite la película sin ese final de pegote, infame.
    Respecto a “Breve encuentro” solo cabe decir que es una peli eterna y universal siendo puramente británica y de los años 40. Seré impopular, pero a mi aún me gusta más “Amigos apasionados”, poco reivindicada en la obra de Lean y con un personaje femenino menos ejemplar que el de «Breve encuentro» que ya no se debate entre la pasión y la responsabilidad familiar, sino entre la pasión y el confort. De hecho, no se debate, quiere ambos hasta que se ve obligada a elegir…

  9. ¡¡¡Lilapop, no había leído este mensaje!!! Pero así aprovecho y te deseo que te traigan muy cinéfilos regalos los reyes magos.
    Ese es el secreto de El sospechoso que te crees esa historia de amor. Ella Raines merece bien un recuerdo.
    ¡Yo también adoro Amigos apasionados, efectivamente mucho más desconocida que Breve encuentro y con una premisa y una resolución muy interesante!
    Beso
    Hildy

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