Ha caído en mis manos un libro de hace bastantes años: la autobiografía de Ava Gardner. En una posdata se explica que la actriz, antes de morir en 1990, estuvo durante dos años trabajando en esta publicación, contactando con viejos amigos y seleccionando fotografías. A partir de noventa cintas magnetofónicas se dio forma al libro.

Así durante las 370 páginas tienes la sensación de que es Ava la que está contándote su historia durante una charla, tomando un té en su casa de Londres. Una mujer con mucho ya vivido a cuestas y que te cuenta su vida cómo quiere y solo lo que quiere, sin filtros. Sus últimas palabras son: “Una cosa que siempre he sabido es que el proceso de madurar, de envejecer, y de acercarse a la muerte nunca me ha parecido temible. Y ¿sabes?, si tuviese que volver a vivir mi vida, la viviría exactamente igual. Tal vez un par de cambios aquí y allá, pero nada en especial. Porque, la verdad, encanto, es que he disfrutado de mi vida. Me lo he pasado en grande”.

Pero, sin embargo, en su relato hay momentos intensos, donde efectivamente lo está pasando en grande, y otros muy duros. Así es la vida. Sueños, alegrías, desencantos, frustraciones, amores, complejos, desamores… También entre medias se intercalan testimonios de gente que estuvo a su lado, mostrando diferentes facetas de la actriz: amigos del mundo del cine (Arlene Dahl o Gregory Peck), familia (Myra Gardner) o personas cercanas como su asistente, Mearene Jordan.

Ava Gardner no da importancia a su carrera; es más, es crítica con la mayoría de sus trabajos cinematográficos. Da la sensación de que nunca se sintió realmente una buena actriz. Algunas películas ni las nombra y, de otras, se palpa su desilusión. También hubo largometrajes que recuerda con cariño como Mogambo. No obstante, deja anécdotas a tener en cuenta de cada una de las películas que nombra, como cuando la doblaron para Magnolia, un musical con el que estaba bastante contenta. O sus experiencias con John Huston, por ejemplo, en La noche de la iguana, una de mis películas favoritas de la actriz.

Y es que un análisis de la carrera cinematográfica de Ava muestra algo que también ocurre en las filmografías de Rita Hayworth o Marilyn Monroe. Ellas son en ocasiones lo único que importa en algunas de sus películas, es su presencia lo que cuenta. Con sus obras cinematográficas y algunas de sus secuencias se puede contar mucho de sus vidas. Sus personajes avivan su leyenda. Para entendernos, con ocasión de la lectura de este libro, decidí volver a ver Fiesta (1957) de Henry King.

Sin Ava, la película quizá hubiese caído más todavía en olvido, pero es que además lady Brett Ashley, su personaje, hace pensar en cómo vivía ella, con intensidad, en nuestro país. El personaje también refleja su relación con los hombres (cómo vivía sus amores y cómo la miraban ellos). No es una película redonda, y como Ava explica tampoco fue del agrado de Hemingway ni de ella misma, pero una se fija en lady Brett y piensa en los paralelismos con su vida. Bueno, un pequeño apunte: para mí esta película es Ava Gardner, pero también Errol Flynn.

Me ha gustado sumergirme en su infancia sureña y rural, donde vivió privaciones, y pinta un melancólico retrato de sus padres, sobre todo de su padre. También sus primeros años en Hollywood como una de las muchas starlets de la Metro Goldwyn Mayer, productora por la que no sintió ningún apego, sino que siempre vivió su contrato como una especie de cárcel. Ava Gardner no soñaba con ser actriz, todo fue fruto de una casualidad y unas fotografías de su cuñado…

De pronto, se vio metida en la maquinaria a principios de los cuarenta, pero no fue hasta 1946 cuando saltó a la fama con su aparición en Forajidos, una maravillosa película de cine negro que partía de un relato de Hemingway (o de Papá como ella le llamaba). Es estremecedor la maquinaria que se ponía en marcha en la productora para crear starlets como churros… y después ya ser vería cuáles saldrían adelante o las que se quedarían fuera, así como la forma que tenían de manejar a sus actores y sus vidas.

Hay algo que me ha encantado y que la une también a Marilyn Monroe. Y es cómo las dos tuvieron muy presentes durante su infancia y adolescencia a Clark Gable. En el caso de Ava, era el actor favorito de su madre. Las dos terminaron trabajando con él y su experiencia fue muy positiva. En el caso de Ava solo tiene buenas palabras para el Rey y anécdotas preciosas junto a Gable durante los dos rodajes que vivió con él: Estrella del destino y Mogambo.

Ava Gardner es otra de esas actrices que han generado mucha literatura a su alrededor en diversos libros y artículos. Ha inspirado documentales maravillosos alrededor de su persona (como La noche que no acaba de Isaki Lacuesta). No hace mucho Paco León dirigió una interesante serie sobre su vida en España, Arde Madríd. Es imprescindible hundirse en las páginas que le dedica Marcos Ordóñez en Beberse la vida. Ava Gardner en España. Con todo esto quiero decir que lo que yo buscaba en estas páginas era algún aspecto que no supiera o rasgos que me ayudaran a analizar mejor sus películas, y, sí, he encontrado varias anécdotas que me han llamado la atención y ha completado mi visión sobre Gardner.

Me ha resultado interesante escucharla, con su propia voz, cómo vivió sus relaciones con sus tres maridos Mickey Rooney, Artie Shaw y Frank Sinatra. Pero no sabía, por ejemplo, que había mantenido una relación con Robert Taylor. No solo habla con cariño sobre él, sino que además también señala cómo Taylor no estaba a gusto con el tipo de personajes que le ofrecían, con su etiqueta de galán. Si algo me ha chocado y me ha provocado escalofríos es su retrato y las vivencias junto a dos hombres concretos: Howard Hughes y George C. Scott. La radiografía de Hughes es la de un hombre oscuro, siniestro, complejo y tremendamente raro, pero escalofriantemente rico y poderoso. Y las pinceladas que da de Scott como un hombre violento. Con los dos cuenta además episodios de malos tratos, que a mí particularmente me provocaron un mal rollo increíble.

También se nota que calla mucho u otras veces cuenta cosas con una sinceridad que duele, como cuando tomo la decisión de abortar dos veces durante su relación con Frank Sinatra. Nombra mucho a Hemingway, pero en ningún momento cuenta nada de su relación con él. Y sobre todo hay varias películas de las que apenas habla u otras directamente ni las nombra. Muestra su relación ambigua con el alcohol a lo largo del libro, para ella siempre controló. Llama la atención su mezcla de mujer fuerte y vulnerable a la vez. Tímida pero capaz de comerse el mundo. Libre, con ganas de ir siempre descalza, de vida intensa, pero también encarcelada y dependiente. Pero finalmente se descubre a una mujer con un fuerte sentido del humor y con una capacidad enorme para reírse de ella misma.

Ava Gardner. Con su propia voz es un libro interesante para todos los amantes de la actriz, pues descubre y hace entender muchísimas cosas de su personalidad, su carrera cinematográfica y la forma que tuvo de vivir la vida.

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