Flores en Stefan Zweig. Adiós a Europa, de Maria Schrader.

Cada vez me gustan más los ramos de flores. Me apetece entrar en casa y que me reciba uno de colores. Las flores están relacionadas con la vida, con el amor, con la muerte… Son regalo y detalle. Recuerdo y celebración. Tienen un lenguaje propio… Y para el cine son tremendamente visuales.

No puedo olvidar una flor. La de la hija pequeña de George Bailey, que la trae del colegio. Por no estropearla, no se abriga bien y coge un resfriado. Esa flor que se le caen los pétalos, y que su padre agotado trata de recomponer. Esos pétalos que luego están en su bolsillo… y que tanto significado tienen al final de Qué bello es vivir, de Frank Capra.

Me conmueven las flores de cáctus encima de la tumba solitaria de Tom Doniphon en la maravillosa La muerte de Liberty Valance, de John Ford. Detrás de ese tiesto humilde hay toda una historia de amor.

Loreak, de José María Goenaga y Jon Garaño, cuenta una historia triste que gira alrededor de varios ramos de flores, como los que se dejan en la carreteras cuando se ha producido un accidente para que los fallecidos no caigan en olvido. La inspiración: El ramito de violetas, esa canción maravillosa de Cecilia.

Una asustada Blanche DuBois retrocede cuando una anciana trata de venderla flores para los muertos… Ella quiere huir de la muerte, y se refugia en la locura.

Y ese rosal tan hermoso que toca un ilusionado Bela Lugosi, mientras le filma su amigo. Lugosi, el anciano actor, realiza un canto a la vida en Ed Wood, de Tim Burton. Deja atrás al vampiro que le dio fama, pues prefiere emocionarse con una flor que se abre.

La muerte se siente triste cuando toca algo hermoso como una flor, y esta se marchita. Nunca la muerte fue caballero tan romántico y elegante como en la comedia fantástica La muerte de vacaciones, de Mitchell Leisen. Por supuesto, admira las flores.

También me vienen a la cabeza esos cestos de flores que vende Eliza Doolittle con ese lenguaje de la calle que tanto llama la atención al profesor Higgins en Pigmalión o en My fair lady. Sin olvidar a la florista ciega y sus violetas en Luces de la ciudad, de Charles Chaplin. Hay otra bella vendedora de flores en una película mexicana que es una joya: María Candelaria, de Emilio Fernández. Su protagonista vende flores en una de las barcas que recorren Xochimilco.

Las flores también son lujo y decoración. Stefan Zweig. Adiós a Europa, de Maria Schrader, empieza con una mesa cubierta de flores de colores, antes de que se celebre un almuerzo protocolario.

Los créditos de inicio de La edad de la inocencia, de Martin Scorsese, presentan sucesivos capullos que se van abriendo para dar paso a coloridas flores. Además la presencia de las flores es continua a lo largo de la película. En las alcobas, en los jardines, en los almuerzos, en la Ópera…

Por cierto, ¿seguimos completando el ramo de flores más cinematográfico del mundo?

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