10 razones para amar Danzad, danzad, malditos (They shoot horses, don’t they?, 1969) de Sydney Pollack

En Danzad, danzad, malditos, Robert y Gloria bailan sin parar hasta la extenuación.

Razón número 1: Relato desolador de la Gran Depresión

Un relato crudo y sin concesiones sobre la Gran Depresión sin salir de un recinto donde se celebra un maratón de baile… Esta sería una sinopsis simple de Danzad, danzad, malditos. Una película que ya no olvidas una vez que la ves. Y con una visión del mundo pesimista: el ser humano fomenta la humillación del otro como espectáculo para evadirse de un mundo en crisis continua. Ya lo dice el maestro de ceremonias (Gig Young): él ofrece espectáculo a un público ávido de miseria, que paga la entrada para sentirse mejor “disfrutando” de la desgracia ajena… Película, por otro lado, premonitoria, que muestra de lo que es capaz cierta industria del espectáculo con tal de subir audiencias. No hay más que mirar el televisor y ver la cantidad de concursos extremos basados en llevar hasta la extenuación a sus concursantes, además de regarlos de pruebas humillantes, o el éxito de programas de crónicas negras. Pero es algo que siempre se ha dado: el fomento del espectáculo de la humillación como catarsis para sobrellevar las épocas oscuras. Uno puede remontarse a los circos romanos o a los castigos y ejecuciones públicas en la Edad Media.

Danzad, danzad, malditos es la adaptación de una novela de Horace McCoy, un hombre contemporáneo a la Gran Depresión y que la conocía bien, por eso supo plasmarla en varios de sus libros. Entre ellos se encuentra el que inspira la película: They shoot horses, don’t they? (publicada en castellano como ¿Acaso no matan a los caballos?). Horace McCoy escribió novela negra y también fue guionista de Hollywood.

Razón número 2: Jane Fonda, un antes y un después

Recientemente emitieron en televisión un documental francés revelador sobre la figura de Jane Fonda, Ciudadana Jane Fonda (Citizen Jane, l’Amérique selon Fonda, 2020) de Florence Platarets, y en él se explicaba cómo en su carrera cinematográfica Danzad, danzad, malditos supuso un antes y un después en su carrera y en la percepción que el público tenía de ella. Si había ido saltando en el cine de la jovencita ingenua y convencional a la totalmente consciente de su sexualidad, explotando su espectacular físico y llegando a su culminación con la Barbarella de Roger Vadim, su amargada Gloria en la película de Pollack supuso una Fonda que fue adquiriendo una mirada crítica y política en la vida, y que trasladaba a los papeles elegidos.

La Fonda sensual se convirtió en una actriz crítica que no quería que solo se la percibiese como objeto de deseo. Así esa Gloria amargada, extenuada y golpeada por la vida, que trata de luchar hasta el último momento para dejar de ser una perdedora perpetua, tira la toalla sin la más mínima esperanza para ella ni para el espectador. Durante los años setenta Jane Fonda se transformó en la actriz que exteriorizaba y plasmaba un periodo convulso con una mirada crítica (Klute, Todo va bien, El regreso, El síndrome de China, Julia, El jinete eléctrico…). El despertar de una América que ya no creía en el sueño americano y encontraba en la militancia un modo de abrir los ojos.

No es irónico que en Danzad, danzad, malditos varios de los participantes del maratón de baile, entre ellos Gloria, hayan tratado o traten de buscarse la vida en Hollywood. Algunos piensan que el concurso puede servirles como plataforma de lanzamiento, ya que, a veces, entre el público hay personal de la industria del cine. Incluso en un momento dado, el maestro de ceremonias anuncia que entre el público se encuentra el director de cine, Mervyn LeRoy. El maratón se celebra durante el año 1932, luego el presentador no duda en gastar una broma nombrando el último éxito de LeRoy, hija de la Gran Depresión, Hampa dorada (Little Caesar, 1931).

Razón número 3: Sydney Pollack, una antes y un después

También supuso un antes y un después en la carrera de Sydney Pollack que con esta película empezó a ser tomado en serio en la industria. Así forma parte de ese despertar de esa América contestataria que cuestionó el sueño americano. Después de Danzad, danzad, malditos, Pollack siguió con películas que atrapaban el espíritu de un público militante (Las aventuras de Jeremiah Johnson, Tal como éramos, Los tres días del cóndor o El jinete eléctrico) hasta convertirse en un cineasta de taquillazos como Memorias de África o Tootsie.

No obstante, Danzad, danzad, malditos es quizá su película más pesimista y radical, que golpea sin concesión alguna al espectador, y donde sus personajes protagonistas, Gloria y Robert (Jane Fonda y Michael Sarrazin), no solo tiran la toalla, sino que se hunden en un nihilismo sin vuelta de hoja.

Gig Young es Ricky, el maestro de ceremonia, un personaje complejo.

Razón número 4: Galería de secundarios

Danzad, danzad, malditos es una película coral, y cada uno de sus personajes secundarios se queda grabado en la memoria por los momentos que protagonizan. A Jane Fonda y Michael Sarrazin les acompañan otros actores que construyen unos personajes imborrables. De todos conocemos su presente, y su dibujo matizado así como pinceladas sueltas en diálogos clave nos hace imaginar sus vidas pasadas hasta que participan en el maratón de baile.

Llama la atención que dos actores normalmente relacionados con otros roles logren transmitir mucha verdad y autenticidad en dos personajes dramáticos. Por una parte, Gig Young, el único del reparto que se llevó un óscar a casa, como Rocky, el maestro de ceremonias. Un hombre con un código moral determinado que lleva con puño de hierro el maratón y sus reglas. Rocky tiene claro que es un superviviente, y no tiene reparo en crear un espectáculo de masas que tiene que darle dividendos. Así es un director de orquesta que trata a sus concursantes como marionetas para el bien del negocio. Él sabe de la psicología de la vida y “huele” el sufrimiento. En realidad, trata de justificarse explicando que ofrece lo que el público pide. Gig Young era uno de esos secundarios de oro que lo mismo estaba en una comedia (Suave como visón) como en una de aventuras (Los tres mosqueteros). Por otra, Red Buttons, famoso cómico, un actor que cuando se puso dramático supo mostrar su versatilidad. Ya demostró que podía hacer llorar en Sayonara, y en Danzad, danzad, malditos es el marinero mayor, veterano y vital que intenta ganar el concurso a costa de su corazón.

Susannah York se convierte en la robaescenas de la película como Alice, la aspirante a actriz, que imita a Jean Harlow, que poco a poco va perdiendo la cordura. Pero la pareja que se me quedó grabada desde la primera vez que la vi fue la formada por Bruce Dern y Bonnie Bedelia (futura esposa del McLane de La jungla de cristal), como un matrimonio joven, humilde y superviviente. Ella está embarazada y aguanta todo junto a su esposo, que la sostiene cuando ya no puede más, pues es una mole humana, en los momentos más dramáticos, ambos como símbolo de aguante y resistencia ante la adversidad.

Razón número 5: Humillación y espectáculo

Si en algo resulta perturbadora Danzad, danzad, malditos es en mostrar una dura realidad (la Gran Depresión) con un número elevado de personas en situación límite, y, por tanto, necesitados de participar en concursos tan tremendos como los maratones de baile. Unos concursos montados como espectáculos de masas y como negocio fructífero. En la película se refleja cómo en un principio apenas hay público, pero según van pasando las horas, y hace aparición el cansancio y la capacidad de aguante de los concursantes, la sala de baile se va llenando de personas que no quieren perderse el sufrimiento que se respira en la pista. El presentador cuenta la historia personal de las parejas y anima al público a que apoye a sus favoritos; de hecho, algunas parejas consiguen patrocinadores. Por otra parte, se van recrudeciendo las normas, y según están más agotados y enfermos, las pruebas y obstáculos que tienen que superar son más sangrantes. También hay intermedios en los que algunas parejas muestran en solitario sus habilidades como monos de feria, y el público les lanza monedas al suelo.

El presentador y director del espectáculo cuida a “sus criaturas”, pero las pone al límite siempre que puede. Así crea una parafernalia alrededor de los concursantes, donde pone a su disposición enfermeras y médicos que los atienden, comidas, camas, duchas… Calibra quiénes le van a dar más juego, y provoca situaciones por el “bien” del espectáculo. Dos asuntos destaparán a los protagonistas la naturaleza perversa del concurso, y aumentará aún más su pesimismo frente a la vida (sobre todo a Gloria).

Por una parte, Alice sufre el robo de uno de sus vestidos y también de su maquillaje, esta situación la desequilibra un poco más. Un día Robert encuentra el vestido hecho trizas en la basura, va al despacho de Rocky y exige que investigue más el asunto. Este le confiesa que no hace falta, el robo lo ha realizado él. No podía permitir que Alice desentonara tanto del espectáculo, que se presentara siempre en el salón de baile como una estrella de cine restaba realismo. Por otra, el último golpe lo recibe Gloria cuando se entera de que no vale de nada ganar, que casi es peor, pues la organización del concurso se cobra del premio todo lo que les ha costado mantener a la pareja en la pista hasta el final.

Razón número 6: Flashback y flashforward

La película arranca con un flashback de Robert. Retrocede a un momento de su infancia que le dejó marcado. Ese flashback explica el título original de la película, y permite una imagen brutal al final. Una metáfora demoledora. Robert es un niño que disfruta de su caballo libre y salvaje, junto a él está su abuelo. El animal se deja mimar, el niño lo adora. El caballo corre por una pradera, pero de pronto sufre una caída, y en el suelo no puede volver a levantarse, se ha roto una pata. Está sufriendo. El abuelo que lleva una escopeta le pega un tiro en la cabeza. De ese recuerdo del pasado, pasamos al rostro de Robert en el presente, que también observa fijamente cómo están organizando en un recinto de la costa un maratón del baile. Nada preludia en un principio por qué está ahí ese recuerdo del protagonista.

Mientras, transcurre el maratón se insertan unas secuencias donde Robert parece que ha sido detenido, es interrogado y sometido a un juicio. Descubriremos cuando termine la película que son flashforward, y, que por tanto, todo el relato parte de un Robert que revela todo lo que pasó durante esos días. Un relato realizado por un hombre agotado.

En la secuencia final, aquella en la que Robert ayuda a Gloria a terminar con su vida, Robert, en su cabeza, asocia el sufrimiento de su pareja de baile con la del caballo de la infancia. De ese modo, cuando dispara en la cabeza a Gloria, la caída de la mujer es a cámara lenta y en el mismo prado donde el caballo falleció. A modo de explicación a los policías y jueces, el joven dice: “¿Acaso no matan a los caballos?”.

Los momentos más humillantes y demoledores del maratón: las carreras.

Razón número 7: Las carreras

Cuando los concursantes están ya cada vez más cansados, uno de los momentos cumbres del maratón es una carrera. Las parejas tienen que dejar de bailar y correr dando vueltas a la pista durante diez minutos, las tres últimas son eliminadas del concurso. Estas carreras se repiten según pasa un número determinado de horas y según se va acercando la final.

El nivel de sufrimiento, desgaste, competición y aguante que alcanzan los concursantes despierta la emoción de la masa que jalea el espectáculo y que el presentador retransmite como si se le fuera la vida en ello. Se llega a tal nivel de humillación y horror, que Pollack rueda en cámara lenta durante un rato la segunda carrera, donde el esfuerzo y la deformación por el sufrimiento de sus participantes alcanza cotas insoportables, además de anticipar uno de los momentos más duros del evento que se ceba con uno de los concursantes.

Razón número 8: La locura

El concurso no solo mina a los participantes físicamente, sino que también atenta contra su mente y autoestima. Así Danzad, danzad, malditos muestra, sobre todo, el deterioro mental de uno de sus personajes, Alice. Nada tiene que ver la joven aspirante a ganarse la vida y que busca una oportunidad en la maratón para trabajar en el cine, que se presenta bella y glamurosa al principio, con la mujer desquiciada que abandona el concurso. Su caída al abismo, la pérdida de autoestima, su confusión y su miedo culminan en la tremenda interpretación de Susannah York y su ataque de nervios en la ducha. Su mirada y su grito es difícil de olvidar.

Razón número 9: Suicidio

El descubrimiento del mecanismo del concurso rompe más todavía a Gloria, aparentemente un personaje fuerte, desilusionado y amargado, que aguanta carros y carretas, a pesar de que jamás sale una palabra de esperanza de su boca o apenas esboza una sonrisa. Su único objetivo es ganar, pues no quiere seguir siendo una perdedora, que es lo que ha sido siempre. No quiere volver a ilusionarse, no se permite conocer un poco más a Robert o entenderlo, aunque logra conectar minímamente con él. Huye de su pareja de baile ante una decepción cuando percibe que puede sufrir a su lado.

Cuando el objetivo de ganar salta por los aires, se derrumba y realiza su confesión a su compañero de baile, a Robert. Confiesa que quiere bajarse del tiovivo, que ya no aguanta la vida, y es tal el sufrimiento que transmite, que el joven sin un atisbo de duda recoge su petición de ayuda. Son dos seres cansados y derrotados, que deciden dejar de luchar, que no atisban una esperanza en el futuro. Gloria no se atreve a dispararse, Robert lo hará por ella.

Alice y la locura…

Razón número 10: Un rayo de sol

Robert es el personaje más misterioso, pero a la vez el relato cinematográfico es sobre todo a través de su mirada. En un principio, parece que solo pasaba por ahí, por el recinto, y termina concursando como pareja de Gloria. Aunque se atisba que no tiene un motivo claro para participar, se implica con su compañera de concurso en ese viaje a los infiernos.

Es un joven de mirada limpia y ejerce más en la vida como testigo. Ser observador le hace analizar más la realidad que le rodea, y ofrecer las claves para entender lo que ocurrió durante esos días, a pesar del agotamiento. Él mira con respeto a cada uno de los participantes, incluso también al público asistente y a los organizadores. Pollack mira a través de él, y por eso el relato cinematográfico de Danzad, danzad, malditos es más crudo y doloroso, pues es a través de una mirada limpia, que no distorsiona.

Bajo la crudeza y la furia que emana Gloria, Robert es un hombre tranquilo, que trata de comprender el mundo que le rodea. Es el único que trata de perseguir la luz, aunque se le escape. Es el único que ve más allá del recinto, que echa de menos ver un amanecer o escuchar las olas del mar.

Una secuencia que le define es el momento en que la organización deja a los concursantes exhaustos bailando solos, sin el apoyo de sus parejas. Él agotado solo quiere que el rayo de sol que se filtra por una ventana le dé en el rostro. Y con sus pies sigue al rayo hasta que este desaparece.

… El momento en que Robert decide ayudar a Gloria a morir cae la noche…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

12 comentarios en “10 razones para amar Danzad, danzad, malditos (They shoot horses, don’t they?, 1969) de Sydney Pollack

  1. Es de las películas más duras y desesperanzadoras que he visto. Es cruel. Es terrible. Muestra a unos seres sin corazón junto a otros humillados y vencidos en torno a lo que debería ser un lugar de alegría compartida: una pista de baile. Una mezcla cruel. Pero tú encuentras 10 razones para amarla cinematográficamente… y tienes razón. Pero yo he sido incapaz de volver a verla, tal fue la amargura que me dejó cuando la vi hace años.

  2. La he visto de nuevo hace pocos días. Un relato durísimo, pero por lo lúcido que es, sobre todo, más allá de coyunturas temporales. Porque su discurso sigue vigente. Han cambiado quizá las formas, pero no el fondo, y ahí seguimos, y me temo que vamos a seguir, mucho tiempo. Una de esas películas de deslumbrante lucidez en la que cada frase, cada segmento, cada acción tiene su inmediata traslación a otro tiempo, a otro lugar, quizá, pero sin mutar un ápice en el poder de su mensaje. Qué vamos a decir hoy de la televisión, del exhibicionismo en redes, del comportamiento del público o de quienes manipulan los hilos a cambio de ingresos de los que ellos solo dejan caer las migajas. De una brillantez absoluta.

    Besos

  3. Querida Maria Rosa aportas algo muy interesante, como un espacio y una actividad relacionada con la alegría y el gozo se convierte en toda una tortura.
    Sí, es cierto es muy amarga.

    Beso
    Hildy

  4. Totalmente de acuerdo, mi querido Alfredo, es una película muy pero que muy lúcida y lo que dice, por desgracia, siempre ha estado vigente, antes y ahora.
    Sí, brillante.

    Beso
    Hildy

  5. Queridísimo crítico abúlico, efectivamente es una película demoledora, sin concesiones.
    Pero fíjate tú que yo tengo cariño a muchos títulos de Pollack sobre todo los de los setenta, ¡es que me encantan!
    Y, sí, me sigue gustando Memorias de África…, jajajaja, no puedo evitarlo.

    Beso
    Hildy

  6. Querida Hildy,
    esta excelente y amarga película la ví en pantalla grande en fecha de su estreno en Chile,con el título,más apropiado para mi gusto de BAILE DE ILUSIONES
    Las actuaciones muy buenas,destacando en particular a Susannah York,la hermosa actriz británica que ya tenía una brillante carrera en su país,comenzando muy jovencita como hija de Alec Guinnes en TUNES OF GLORY,interesante cinta de ese pequeño sub-género de militares en tiempo de paz.
    Besos,IVÁN

  7. Querido, querido Iván, qué suerte verla en pantalla grande y justo en su estreno. Sí, Susannah York está increíble en un papel que duele. La secuencia de la ducha es sobrecogedora. Construye uno de esos personajes que no se olvidan.

    Beso
    Hildy

  8. Jo, querida Hildy, cómo he disfrutado con tu análisis de esta película. Qué bien desgranas cada motivo para amarla. Yo la he tenido en mente en más de una ocasión para revisitarla, pero como a María Rosa, se me hace duro revivir la crudeza que recuerdo de ella. Y eso que la vi en la televisión en mi adolescencia, pero es tal su fuerza que muchas de sus escenas me dejaron una huella imborrable. Cualidad del gran cine. Cine que, por otra parte, narra historias universales, como la recreación de ese espectáculo de la humillación servido como catarsis que tan certeramente describes como algo totalmente (y tristemente) vigente.

    Al hilo de ese cine que retrata realidades nada gratificantes, me viene ahora a la cabeza el largometraje que vi el otro día en el cine (la pantalla grande, un placer extra en estos tiempos): «Para Sama», un documental del que cuesta no retirar la mirada en alguna ocasión. Sirve a su directora para mostrarnos, en una justa medida que parte del respeto hacia las víctimas, los efectos del horror de una guerra que masacra a civiles. Pero también es una carta de amor a su hija, y a todos los niños y niñas como futuro del mundo, con la esperanza de que aprendamos a no perpetuar la violencia.

    Cuando el cine, además de arte y entretenimiento, se erige en ojo que nos hace ver aquello a lo que habitualmente damos la espalda, cumple una función social de primer orden. Vía para comprender mejor muchos comportamientos, como el de Robert de «Danzad, danzad, malditos», accediendo a cumplir el deseo desesperado de Gloria…

    Beso con un cálido rayo de sol iluminándonos.

  9. Sí, es dura, demoledora, la verdad.
    A mí me pasó igual que a ti la vi en la adolescencia y se me quedó grabada.
    Reconozco que siempre que he tenido oportunidad la he visto.
    Tristemente a lo largo de los siglos el espectáculo de la humillación está en marcha en las sociedades.
    Jo, mi querida Ana, sí, me han hablado de Para Sama…Tengo que verla. Sí, la pantalla grande es todo un placer. Yo el otro día tuve la oportunidad de ver Mank de David Fincher, y es muy pero que muy interesante.
    Totalmente de acuerdo con esta frase de tu comentario: «Cuando el cine, además de arte y entretenimiento, se erige en ojo que nos hace ver aquello a lo que habitualmente damos la espalda, cumple una función social de primer orden».

    Beso
    Hildy

  10. Gran película que refleja con lucidez y crudeza la sordidez de la naturaleza humana.
    Excelente análisis en las diez razones para amarla película.

  11. Bienvenido José Antonio, primero, muchísimas gracias por pasarte por aquí.
    Segundo, sí, a mí me parece también una gran película sobre las sombras y oscuridades de la naturaleza humana, pero también sobre esa capacidad de tratar, de alguna manera u otra, buscar un rayo de luz.
    Es una película de análisis apasionante, me alegro que te haya gustado el texto.

    Beso
    Hildy

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