Dedicado a todos los amigos comentaristas que se pasan por aquí y a los debates interesantes que se generan en el blog. Nunca os lo agradeceré lo suficiente. Precisamente en el de Soldado azul no pude participar porque no la había visto…

Soldado azul

Una historia intimista bajo una cruda realidad.

Soldado azul no dejó indiferente a nadie cuando se estrenó, y su visionado sigue en la actualidad causando controversia. Es decir, o es una película que impresiona e impacta, o, por lo contrario, es cuestionada por su manera de presentar y contar esa historia. La película es hija de su tiempo, y en el contexto histórico se entiende su realización y el tono empleado. Su análisis se convierte en apasionante porque si bien tiene un contenido que hace meditar, su ejecución es irregular y basta. Se convierte en un western que no es brillante, incluso olvidable (si no estuvieran presentes ciertas peculiaridades) dentro de la corriente cinematográfica claramente revisionista de la historia del Oeste que empezó a partir de los años cincuenta con Flecha rota.

Soldado azul contiene dos películas en una. Y su mecanismo de unión funciona hasta cierto punto. Por una parte una ingenua y bonita historia de amor entre dos jóvenes, rodeados de la estética bella, pura y pacifista del movimiento hippy y el amor libre y salvaje. Sus protagonista son Cresta Lee (Candice Bergen), una mujer que ha vivido con los indios durante dos años y los conoce bien además de ser una superviviente nata, y un idealista e inocente soldado (Peter Strauss) que pronto descubre los mecanismos oscuros del séptimo de caballería. Es decir, mirará con otros ojos una “lucha” que él creía justa y clara. En su caminata y viaje por la supervivencia la que realmente guía, la que posee la mirada más realista, sabe cómo desenvolverse por el “salvaje Oeste” y es pragmática es la chica. Cresta (su nombre indio) “guía” al joven soldado y le muestra otra realidad, abre sus ojos. Ella es la tipa dura, la que sabe del mundo, de los sentimientos, del dolor y el amor y él es el joven inocente y delicado. Y entre ambos surge el encuentro y la pasión. Era inevitable.

Por otra parte, Soldado azul está inspirada en un hecho real, violento y cruel: en la matanza de Sand Creek de 1864 donde la caballería atacó a un campamento de cheyennes y arapahoes, donde sobre todo había mujeres, niños y ancianos, y fueron extremadamente crueles y violentos injustificadamente provocando el caos y la muerte. La historia de amor está enmarcada entre dos matanzas. La primera es protagonizada por los indios que atacan un convoy militar protegido, pues lleva la paga de los soldados. Ahí se encuentra la chica escoltada, que va al encuentro de su prometido (un oficial), y también el joven soldado. Ante este ataque solo sobreviven Cresta Lee y el soldado y los indios logran además su objetivo: robar el dinero. El joven está desolado ante el horror y la actuación violenta de los indios con sus compañeros de batalla, pero durante el camino con Cresta hasta el fuerte, esta le irá soltando frases y claves que van transformando su visión sobre los indios y sobre la actuación del ejército.

La segunda matanza es la que llevan a cabo los soldados del fuerte como venganza, bajo el mando de un paranoico coronel Iverson (inspirado en el coronel John Chivington), en el poblado indio. No solo no hacen caso al son de paz del jefe indio, que sale a su encuentro con la bandera americana y una blanca, sino que arrasan con el campamento. Y ahí en esa matanza, ante la impotencia de Cresta y la mirada desolada del joven soldado (el cruel bautizo de la realidad), los soldados azules ejercen una violencia gratuita y bestia donde se llevan por delante a mujeres y niños: violan, decapitan, queman y llevan a cabo la brutalidad más salvaje si cabe, con el único objetivo de la venganza. Por otra parte esta segunda matanza también hace alusión a una matanza real que golpeó a la sociedad norteamericana y avivó la controversia de la participación estadounidense en la guerra de Vietnam. La matanza en el poblado My Lai en el año 1968.

Ralph Nelson, que tiene en su filmografía películas tan interesantes como Requiem por un campeón, Los lirios del valle o El último homicidio muestra su valía para los momentos íntimos… para narrar esa inocente historia de amor, pero, sin embargo, no está dotado para la épica del Oeste, para las grandes batallas y los paisajes salvajes, donde su dirección es más brusca y burda. La matanza final es violenta y cruda, pero de una manera muy basta y gore, y chocó en su momento (e incluso ahora) por su crudeza y por un público no tan habituado todavía a una violencia tan explícita, aunque cada vez más presente en la pantalla. Para entendernos nada tiene que ver el brillante y también violento western, y con el mismo afán revisionista, que dos años más tarde rodaría Robert Aldrich en La venganza de Ulzana. Por otra parte, Soldado azul no deja bien construidos algunos de sus personajes claves, que hubiesen dado una riqueza y complejidad que la película exige, como, por ejemplo, el jefe indio, el vendedor de armas o el mismo coronel Iverson. Si la que esto escribe tuviera que quedarse con una de las dos películas que configuran Soldado azul, creo que sin duda sería con la historia intimista, no solo es una bonita e inocente historia de amor sino que los roles y los personajes merecen la pena y dan complejidad a la narración, además de aportar algo interesante: la transformación de la mirada y del punto de vista.

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