El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin

El exorcista

William Friedkin se muestra transparente en un interesante documental sobre su filmografía, Friedkin sin censuras. Y por eso dicho documental provoca ganas de adentrarse en su trayectoria, más intensa, atrevida e interesante de lo que parece, además de volver a visitar alguno de sus éxitos como El exorcista. Siempre que se habla de cine de terror, se reconoce que El exorcista supuso una obra importante dentro de la historia del género. Sí, hay un salto reconocible… desde aquellos “monstruos” y ese “mal externo” del cine clásico de terror de la Universal, de la RKO, de la factoría de Roger Corman o de la Hammer (sin olvidar el giallo italiano, que es transición de un periodo y otro) hasta un terror más asentado en lo real, más cotidiano, más cercano de lo que creemos, y más inevitable, donde el mal puede triunfar, y cambiar la vida de uno para siempre. Ese tránsito lo explicó de manera sublime Peter Bogdanovich con su segunda película de ficción, El héroe anda suelto (Targets, 1968). La clave de El exorcista quizá esté, como dice Friedkin, en buscar el mal en lo cotidiano y en dar a la película esa apariencia casi documental, de vida en directo. Así somos testigos incómodos de una posesión inexplicable en el cuerpo de una niña a punto de pasar a la adolescencia (estremecedora Linda Blair).

Hay varios ingredientes especiales que aportan valor a la cinta (a pesar de que queden algunos flecos sueltos en la trama o algún personaje excesivamente desdibujado, como el detective con cara de Lee J. Cobb o el de la asistente de la madre —Kitty Winn—). Por ejemplo, la progresión de la posesión sin que casi nos demos cuenta. Dejar lo inexplicable en evidencia. No hay lógica posible en lo que pasa. La ciencia nada puede hacer por la niña, y ellos mismos sugieren el camino del exorcismo, pero por un mecanismo psicológico, de autoconvencimiento (si la persona piensa que está poseída, que se empleen mecanismos que la hagan pensar que va a ser liberada). Los protagonistas de la película no son personajes estereotipados. Un cura atormentado y fuera del canon de otros sacerdotes en pantalla de cine como protagonista. El padre Damien Karras (Jason Miller) es un hombre con una crisis de fe, que además se siente culpable por el fallecimiento de su madre, es psiquiatra y muy deportista (practica boxeo, corre…). Y una madre (Ellen Burstyn), que es una actriz de éxito, acostumbrada a solucionar sus problemas, independiente, que se ve sobrepasada por los hechos, y solo quiere proteger a su hija y que vuelva a ser la misma. No es creyente, pero acude al exorcismo como última salida, desesperada por encontrar una solución. Por primera vez se siente insegura por ser incapaz de arreglar algo en su vida, se siente un cero a la izquierda, impotente ante lo que está ocurriendo, suplicando ayuda. Tampoco se puede obviar una presencia que se convierte en antagonista de la presencia demoniaca, y así se le presenta en el prólogo de la película, el padre Merrin (Max von Sydow), que oscila entre la vida y la muerte, y además experto en una práctica de la iglesia católica que está casi desaparecida (por obsoleta e imposible en una sociedad moderna).

Por otra parte otros dos elementos más influyen y siguen funcionando en convertirla en especial y en todo un clásico: la ambientación con esa siniestra escalera o esa habitación de la poseída, con momentos de composición de imagen inolvidable gracias al uso de la luz (como esa escena de la niña encima de la cama retorciéndose como en sombra y a su lado la aparición de una escultura diabólica), por parte del director de fotografía, Owen Roizman. Y por otro la música inquietante de Jack Nitzsche, que se clava en el cerebro.

El exorcista sigue logrando inquietar así como provocar una sensación de impotencia ante la presencia del mal en la vida cotidiana.

La noche de Halloween (Halloween, 1978) de John Carpenter

Halloween

La película de John Carpenter sería el pistoletazo de salida de un subgénero dentro del cine del terror que llegaría a lo más alto durante los años ochenta y noventa, con unos códigos bien asentados. De nuevo, el terror en lo cotidiano, en el día a día, pero ahora el mal inexplicable puede estar en el vecino de al lado, que es un asesino en potencia (esto ya lo dejaba ver la película de Bogdanovich). Ese vecino puede ser malo, sin más, como el protagonista de Halloween, que muestra su maldad desde los seis años o haber sufrido un trauma como el protagonista de Viernes trece y buscar venganza. Lo mismo da. El caso es que ese personaje convierte el asesinato en todo un ritual. En estas películas la puesta en escena del asesinato es la clave (como en los giallos italianos más famosos).

Las víctimas de la “bestia” suelen ser jóvenes con las hormonas disparadas que tienen la cabeza en otro sitio, por eso son víctimas potenciales. No ocurre así con sus sufridas protagonistas, chicas racionales, inteligentes, con las hormonas bajo control y su castidad a salvo. Ellas son no solo las reinas del grito, sino las heroínas capaces de mantener a la “bestia” a raya, que no de vencerla del todo (las secuelas son necesarias…). Aquí la primera reina del grito, de la función, es ni más ni menos que la hija de Tony Curtis y Janet Leigh: Jamie Lee Curtis.

Así fruto de esa puesta en escena, John Carpenter arranca de manera brillante la cinta, y a la vez pone la semilla del slasher. A través de una cámara subjetiva, vamos viendo a una pareja de jóvenes. La cámara subjetiva es la mirada del asesino que agrade brutalmente con un cuchillo a la chica. Para al final del todo desvelarnos que esa mirada pertenece a un niño (esa secuencia casi es un corto en sí). Años después, el asesino vuelve a su ciudad natal y tres amigas, una de ellas la heroína, serán las nuevas víctimas.

De nuevo, Carpenter parte de la idea de Peter Bogdanovich con El héroe anda suelto (Targets, 1968). Habla de un terror inocente, manejable, externo…, de monstruos. Un terror en pañales, de pesadilla infantil (pero memorable). Por eso la película se ambienta en la fiesta de Halloween, un canto inocente al miedo donde los niños se divierten disfrazándose de diversos monstruos y son además espectadores de películas aparentemente más ingenuas como El enigma de otro mundo. Y esa es la noche que elige el “vecino de la localidad”, Michael Myers, para sembrar en el día a día de una localidad tranquila un terror verdadero, inevitable y salvaje que acaba con la “inocencia” de su protagonista, pues trastoca su destino tranquilo.

Arranca el ciclo de cine y debate Enganchados a lo tóxico en La Casa Encendida

Sin amor

El cine siempre ha mostrado relaciones humanas y cómo estas pueden ser tóxicas o beneficiosas. Relaciones complejas de pareja, de familia, entre amigos o compañeros de trabajo que pueden ser una senda hacia la felicidad o convertirse en una pesadilla, en un callejón sin salida. La Casa Encendida presenta durante los martes y jueves del mes de julio historias tóxicas que buscan un antídoto. Después de las proyecciones habrá coloquios con especialistas en distintos ámbitos (psicología, sociología, psiquiatría, periodismo, filosofía y crítica de cine).

Las relaciones tóxicas son sinónimo de sufrimiento e infelicidad, además muchas veces no se sabe cómo cortarlas o abandonarlas. Los motivos por los que se llega a este tipo de relación son variados (sociales, políticos, de poder, creencias, presión de grupo…) y también se empapa del ambiente que se respira, que puede ser enrarecido y enfermo. Lo tóxico puede darse en las parejas o en las familias, pero también trasladarse a los lugares de trabajo o a los centros escolares. Incluso la toxicidad puede alcanzar instituciones sociales o envenenar países… Pero existen los antídotos, es decir, hay relaciones que curan, construyen y generan ambientes sanos. De este modo se va mejorando la situación de las personas. Una relación antídoto puede ser un respiro, un espejo para mirarse y cambiar todo lo que daña, un paso hacia la felicidad y el bienestar. Así en este nuevo ciclo analizamos distintas historias donde se reflejan relaciones tóxicas y relaciones antídoto a través de ocho películas. Nos acercaremos a distintos temas para debatir, muchos de ellos de actualidad en los medios de comunicación.

Como todos los años mucho trabajo, pasión, cariño e ilusión en este ciclo.

La programación se puede consultar aquí.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.