Dobles vidas (Doubles vies, 2018) de Olivier Assayas

Dobles vidas

Entre conversación y conversación… la vida pasa.

Los cuatro protagonistas de Dobles vidas no paran de hablar en toda la película. Pero no solo eso sino que de diálogo en diálogo se articula una estructura que muestra que la vida va pasando. Entre conversación y conversación suceden cosas que cambian el devenir de la existencia de cada uno de ellos. Olivier Assayas construye un artefacto cinematográfico inteligente, una manera de contar que además hace reflexionar sobre el devenir cultural de los nuevos tiempos, esa revolución digital que está cambiando los hábitos, la percepción del mundo… Pero se detiene en otros temas: en la política, en el mundo editorial, en la interpretación o en la creación literaria y los límites de la realidad y la ficción. Entre debate y debate, discusión y discusión, somos testigos además de las dobles vidas de los cuatro personajes, de sus juegos de seducción, del mundo de las apariencias, de sus relaciones sentimentales e impulsos emocionales… Oliver Assayas capta el tsunami emocional de los personajes que viven en un mundo de cambios y revoluciones culturales… para mantener finalmente la máxima de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que no solo sigue vigente sino que se ha convertido en un lugar común (como se discute en un momento dado en la película), “Hace falta que algo cambie para que todo siga igual”.

Un editor (Guillaume Canet), una actriz (Juliette Binoche), un escritor (Vincent Macaigne) y una asesora política (Nora Hamzawi) son los cuatro personajes centrales que van saltando de fotograma en fotograma, mostrando a los espectadores sus dobles vidas y ese paso del tiempo a través de la palabra para que al final todo siga su curso. Un reflejo del transcurrir del tiempo y  de cómo pasamos la mayoría de los días rodeados de palabras… o de los cambios que alteran nuestra vida poco a poco y las estrategias para que todo siga igual…

Gloria Bell (Gloria Bell, 2018) de Sebastián Lelio

Gloria Bell

… y no falta la lectura de unos versos.

Sebastian Lelio viaja desde Chile a Estados Unidos para realizar él mismo un remake de su Gloria (2013). Y logra hacer vibrar de nuevo con aquella historia, pues lo que es cierto es que se puede encontrar una Gloria en cada país. La nueva Gloria tiene el rostro de otra actriz carismática (Julianne Moore, enamorada además del referente) que consigue de manera natural hacer suyo el personaje. El director respeta el universo icónico de la película original y realiza una adaptación cultural lógica del mundo que rodea a esta Gloria Bell (tanto de lenguaje como del mundo social que la rodea). Así la película alcanza nuevas tonalidades, matices y lecturas. Pero las secuencias claves de la obra referencial están presentes y logran emocionar de nuevo, como, por ejemplo, la lectura de los versos del poeta chileno Claudio Bertoni, “Poema para una joven amiga que intentó quitarse la vida”. Gloria vuelve otra vez a dar una oportunidad al amor, con los brazos abiertos, y pese al batacazo, decide continuar… bailando al son de la vida. Y esta vez su personaje irá a los brazos de Arnold, con rostro de John Turturro. Además en la versión norteamericana la banda sonora está unida a la historia, la música y las canciones cuentan también y dejan ver el estado de ánimo de la protagonista. No falta claro está, pero en versión americana, esa Gloria de Umberto Tozzi. Como reconoce Sebastián Lelio en una de sus entrevistas su nueva Gloria Bell es como un musical encubierto. Y emociona, hace vibrar de nuevo al espectador.

Gloria Bell no decepciona, sino que logra que una historia cobre vida otra vez. Y llegue. Toque la fibra sensible. Y en esa última imagen de una Gloria bailando en la pista de baile se alcance otra vez el clímax de la historia. No es una mala idea una tarde de sesión doble con la Gloria chilena y la americana.

Leto (Leto, 2018) de Kirill Serebrennikov

Leto

… un viaje por el underground ruso.

Leto permite adentrarse en el underground ruso durante los años 80, antes de la llegada de Gorbachov, todavía bajo el gobierno de Brézhnev. Kirill Serebrennikov realiza un biopic original que aborda el “verano” de dos músicos que murieron jóvenes. Se queda con el periodo de eclosión, con el momento en el que todo pudo ser posible, a pesar de las dificultades y la férrea censura. Se centra en Mike Naumenko, de la banda Zoopark, y en Viktor Tsoi, de la banda Kino. Y ambos son mirados, sobre todo, por unos ojos, los de Natasha, la esposa de Mike, que escribió unas memorias. Así queda reflejada la historia de un hermoso triángulo amoroso y de una amistad a través de la pasión por la música.

Serebrennikov juega con la forma para captar este espíritu de cultura underground y cambio. Y a una Leningrado en blanco y negro que no puede estallar, permite a veces destellos de color. En el relato principal se inmiscuyen personajes secundarios, uno que siempre nos dice lo que pudo ocurrir y no ocurrió, regalando secuencias de un musical con efectos visuales que dibujan una realidad sin posibilidad de escape (gris), donde todo el mundo, inesperadamente, se pone a cantar canciones del “enemigo”, de esa música norteamericana que tanto aman los protagonistas: de Iggy Pop, David Bowie o Lou Reed. Y que tiene momentos brillantes en un vagón de tren, un autobús o en un día de lluvia. O que regala un momento revelador en ese club de rock, vigilado por las autoridades, donde nadie puede desmelenarse. De pronto, todos pasan de las prohibiciones y vibran con la música. U otro personaje secundario regala pura poesía visual, harto de lo gris que rodea su mundo, después de una noche de juerga, vencido por la falta de libertad, huye de la única manera posible: saltar a una pantalla donde se proyecta una playa en calma…

Nueva colaboración de servidora en el blog Insertos de cine

No os lo había contado nunca pero una de mis mejores amigas es ni más ni menos ni menos que Irene Bullock. Las dos somos muy damas, muy de ir juntas, reírnos de lo lindo, y contarnos mil y una confidencias. La Bullock está tan alocada, que ve cómo su mente, a veces, necesita cierto reposo en el descontrol. Y se me ocurrió regalarle una máquina de escribir… y que se concentrara en escribir. Así ha nacido Diario cinéfilo de una dama. Os lo puede contar ella con sus propias palabras:

“Me llamo Irene Bullock y junto con Godfrey, mi hombre olvidado favorito, dirijo un restaurante de éxito, The Dump, pero ahora tengo un nuevo hobby: teclear y teclear una y otra vez. Mi mente es un poco desordenada, algo alocada, ando siempre algo descentrada, y necesito un descanso… mental. Mi gran amiga Hildy Johnson decidió un día regalarme una máquina de escribir, y me dijo: «La escritura hará que te concentres un poco, querida Irene, escribe sobre lo que más te plazca». Y yo descubrí que era feliz viendo películas, pero que adoraba también los entresijos del cine… ¿Cómo unir esas dos pasiones? ¡Escribiendo sobre películas que su tema principal fuese el cine dentro del cine! Además me di cuenta de que mientras tecleo en mi máquina, ese es el único momento del día donde mi cabeza encuentra un poco de paz , pero sigo siendo creativa. Este es mi diario… de todas las películas en las que voy buceando y que me permiten además contaros la historia del cine. Ahhhh, mi vida sigue siendo una fiesta continua, así logro enfrentarme a todo… y de esta forma conozco cada uno de los mecanismos de los fotogramas donde habito”.

Y si queréis leer su artículo de estreno, solo tenéis que pulsar aquí.

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