Cuáles son los ingredientes de toda superproducción que se precie, además de un gran presupuesto. Una gran historia con épica y amor. Puede ser una adaptación de la última novela de éxito o una historia de creación propia (con guion original). Si tiene varios escenarios, ambientación de lujo y bella música de fondo…, mejor que mejor. Una historia particular e íntima enmarcada en grandes acontecimientos…, por ejemplo. En el reparto no pueden faltar las estrellas ni los buenos secundarios que creen personajes inolvidables. La búsqueda de la emoción, que el público se enganche a cada una de sus secuencias y que no importe verla una y otra vez. Una superproducción clásica por antonomasia es Lo que el viento se llevó de Victor Fleming. Contiene todos los ingredientes. Por otra parte, una buena superproducción es una historia muy bien contada que desarrolla todo un universo alrededor de ella, que tiene alma.

En estos últimos años hay dos superproducciones españolas, una actualmente en cartelera, que muestran un buen envoltorio, pero en las que faltan unos cuantos ingredientes para crear obras totalmente compactas. No existe el alma de la superproducción… o ese toque de varita mágica que hace que todo funcione.

Palmeras en la nieve (2015) de Fernando González Molina

Palmeras en la nieve

Amor en tiempos difíciles en una Guinea convulsa.

Palmeras en la nieve tenía el atractivo de un tema que no ha sido muy tocado ni en la historia de nuestro cine ni en la de la literatura: Guinea Ecuatorial como colonia española (1885 a 1968). La película transcurre en la isla de Fernando Poo en una finca donde se cultiva cacao durante los últimos años de la colonia, de 1959 hasta 1968. La película es una adaptación de un best seller de Luz Gabás, del mismo título, donde la autora ficcionaba recuerdos familiares.

Palmeras en la nieve juega en dos tiempos: presente y pasado para indagar en la vida y en los secretos de dos hermanos: Kilian y Jacobo. El pasado se construye alrededor del personaje de Kilian (Mario Casas) y el presente gira en torno a su sobrina (Adriana Ugarte). El principal escollo que no supera Palmeras en la nieve es su estructura: que pasado y presente fluyan, que ambos tiempos muestren un cierto equilibrio e interés. Que se viese cómo la huella del pasado, tiene consecuencias en el presente, y las maneras de curar las heridas. En la película el mayor atractivo es el pasado…, y el presente queda en un planteamiento pobre y poco atractivo, que solo sirve como excusa para abrir la puerta a tiempos anteriores. El personaje de la sobrina carece de evolución psicológica y su investigación, de emoción. El azar le pone todo en el camino. A pesar de la cantidad de minutos que se toma para contar la historia (la película dura casi tres horas), quedan cabos sueltos en ambos tiempos. E incluso corre el riesgo de que los personajes protagonistas y la trama romántica principal queden eclipsados por varios personajes secundarios, que tristemente también son desaprovechados: el padre de Kilian y Jacobo (Emilio Gutiérrez Caba) o el amor imposible entre Jacobo (Alain Hernández) y Julia (Macarena García).

Palmeras en la nieve cuenta también con unos escenarios naturales atractivos además de una buena ambientación, pero prefiere sacrificar todos los ingredientes que podían haberla convertido en una superproducción genuina e interesante que indagase en un pasado del que poco hemos analizado y adornarla, sin embargo, con el confeti de una telenovela que sí logra uno de sus cometidos: enganchar al espectador hasta el final.

La sombra de la ley (2018) de Dani de la Torre

La sombra de la ley

Tiempos convulsos en la Barcelona de los años 20.

La sombra de la ley también viaja a un tiempo pasado convulso y revuelto: a la Barcelona de los años 20. Su historia gira alrededor de un hombre con un pasado sobre sus hombros y mucho misterio alrededor de su figura: Anibal Uriarte (Luis Tosar), el Vasco, un policía que envían desde la central de Madrid para investigar el robo de armas a un tren militar. De pronto Uriarte se ve envuelto en un cuerpo de policías corrupto y violento; en un mundo de apariencias que esconde un universo mafioso, de poder, dominación, violencia, corrupción y sumisión dentro de un cabaret nocturno; y en una sociedad convulsa donde los trabajadores son injustamente tratados por los empresarios, donde las mujeres luchan por la igualdad y sus derechos y donde los anarquistas se plantean si el camino es la resistencia pacífica o la lucha armada. Todo enmarcado en un país a la deriva a punto de un golpe de Estado (el de Primo de Rivera) y con heridas sin curar del desastre de Annual.

Demasiados frentes que tocar en una única película, aunque consigue que todos confluyan al final de ella. Aunque la realidad histórica queda superficial y libremente contada, logra construir una estructura sólida. El problema es que el amor de Dani de la Torre hacia un determinado tipo de cine convierte La sombra de la ley en un envoltorio bien hecho, que es un homenaje continuo, sobre todo, a aquellas películas a las que Ennio Morricone puso música de fondo o a directores muy concretos como Brian de Palma, Francis Ford Coppola, Sergio Leone, Martin Scorsese e incluso Michael Cimino, y se olvida de regalar un alma propia y genuina detrás del homenaje. Esto también afecta a los personajes que son meros estereotipos y donde no hay evolución o profundidad psicológica (a pesar de que hay muy buenas interpretaciones, sorpresa total ante un matón donde cuesta reconocer a Ernesto Alterio)… y también perjudica a esa historia de amor que solo se intuye pero que no cristaliza, que se queda fría…, sin aliento.

Así La sombra de la ley parece una manta enorme hecha de retazos de cine de gánsteres (con un poco de sombra de cine negro), con luchas violentas y callejeras a lo Gangs of New York, con estética a lo Los intocables de Eliot Ness, con ecos a las secuencias paralelas de El Padrino, con un poco de la ambientación de Érase una vez en América con gotas de ¡Ágachate, maldito!, las sábanas de La puerta del cielo y con una música de fondo que todo lo envuelve con la voz de Ainhoa Arteta. Pero uno se pregunta ¿dónde queda el alma y lo genuino de Dani de la Torre en la película, después de disfrutar del homenaje? ¿Y detrás de esos violentos años 20 a la americana, no queda en segundo plano nuestra propia historia con mucho que contar?… Algo es evidente: sabe narrar, tiene mirada, entretiene en todo momento… Ahora le queda solo encontrar su propia voz, además de su amor infinito hacia el cine.

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