Vida de perros (Vita da cani, 1950) de Steno y Mario Monicelli

Vida de perro

Steno y Mario Monicelli trabajaron en unas ocho películas juntos y una de ellas fue Vida de perros, una deliciosa tragicomedia, género en la que los italianos son estrella. La risa y el llanto, como la vida misma, se reúnen en esta crónica sobre las aventuras y desventuras de una compañía de variedades que viajan sin parar y llevan sus espectáculos a pueblos y ciudades. Trenes, hospedajes de mala muerte, escenarios de todo tipo, bares y restaurantes…, pero el espectáculo, pase lo que pase, siempre debe continuar. La compañía gira alrededor de su director: que cuida y acoge a todos. Pícaro y hombre bueno, trata siempre de suplir, como puede, los inconvenientes económicos. Él es un estupendo Aldo Frabrizi, que construye un personaje precioso. Vital, siempre adelante y capaz del sacrificio amoroso para no convertirse en obstáculo de una joven promesa.

Por una parte está la fuerza arrasadora del personaje del director de la compañía y, por otro, el destino de tres de las integrantes que aportan las gotas tragicómicas de la película. Por una parte, la bella y fría Franca (Tamara Lees) que deja todo, novio incluido (un Marcello Mastroianni al principio de su carrera), para huir de la miseria. Para ella la compañía es solo un paso para conseguir un marido rico. Ella es la protagonista de la historia más melodramática. Parece la más fuerte y, sin embargo, se mostrará la más herida, frágil y vulnerable. Vera (Delia Scala) es la chica trabajadora, enamorada de su novio de toda la vida, pero no bien vista por el padre de este. Ella da el tono costumbrista y social a la película. Y, por último, una joven polizonte que huye de su hogar, Margherita (una vital, divertida y encantadora Gina Lollobrigida), que recibe la ayuda del director y se queda en la compañía. Ella es la pieza fundamental de la tragicomedia. Vida de perros es de esas películas que gozan de encanto y que provocan felicidad durante su visionado a pesar de que no evita las tristezas y contradicciones de la vida.

La mujer del lago (La donna del lago, 1965) de Luigi Bazzoni y Franco Rossellini

La mujer del lago

Lo más interesante de La mujer del lago es su ambiente onírico, como en sueños, provocado por la fiebre y el malestar que va invadiendo al personaje principal, Bernard (Peter Baldwin), un escritor que suele acudir para inspirarse a un viejo hotel. Un edificio con vida propia que lleva una familia: un padre viudo y sus dos hijos (un hombre y una mujer). Desde el primer momento, la película atrapa por su atmósfera extraña, llena de recuerdos y nostalgias y una desazón que pesa. Todo empieza con una llamada telefónica. Y la intuición de una historia inconclusa: la de Bernard con la bella joven que ejercía de camarera y sirvienta en el hotel, Tilde (Virna Lisi).

Cuando Bernard llega al hotel y espera encontrarse con ella, descubre que ya no está. Y poco a poco, a la vez que va enfermando, va recabando detalles. No solo se entera de su muerte, de la aparición de su cuerpo en el lago cercano, sino que empieza a construir la historia de un posible asesinato, donde va implicando a los hombres del hotel. Todos los habitantes del edificio se van distorsionando bajo la mirada del escritor. Cuenta con cómplices de hipótesis, como el raro fotógrafo de la localidad, que le va aportando datos nuevos para completar su historia. Bernard guarda fotografías de Tilde y trata de “crear” qué fue lo que realmente pasó. Pero todo se complica con la joven esposa del hijo del dueño del hotel, con apariciones en el lago, con un abrigo que se repite… y también con que su propia salud se va minando, cada vez se encuentra peor. La mujer del lago es una película que hipnotiza y atrapa con su poderoso blanco y negro y su melodía de fondo. Es una película extraña, onírica, experimental…, que algunas fuentes consideran que es el nacimiento y antecedente del gaillo. Quizá sea por la atmósfera rara y extraña, el cuidado formal convirtiéndose en una película muy visual, el asesinato de fondo y la sensualidad presente.

El incomprendido (Incompreso, 1967) de Luigi Comencini

El incomprendido

El incomprendido es una película de una sensibilidad que llega a las entrañas. Es una triste historia contada desde la mirada de un niño. Luigi Comencini, otro director italiano a tener en cuenta, se mete en las entrañas e intimidades del hogar de un cónsul británico en Florencia. Su esposa ha fallecido… y además de combatir el dolor de su ausencia, tiene que lidiar con sus dos hijos. El padre se vuelca en el hermano pequeño, pues está delicado de salud, y, sin darse cuenta, no atiende afectivamente al hermano mayor, que vive con dolor la pérdida de la madre y quiere a toda costa la atención de su progenitor. El incomprendido es todo delicadeza y detalle. Desde la voz de la esposa y madre en una grabadora que escuchan por separado padre e hijo hasta la imagen de esta en un cuadro, pasando por las travesuras y los juegos infantiles de los niños, para llegar a un desenlace dramático. Y todo mostrando sutilmente la complejidad del universo infantil.

Es una película que es rica en la manera de presentar las relaciones entre los dos hermanos y las paterno-filiales. Que cuenta la dureza y la ruptura que puede provocar la muerte de un ser querido en una familia y el dolor que genera su ausencia. También hay otro personaje clave, el del tío, un hombre observador y testigo del drama, pero que también sirve como válvula de humor y de escape. Comencini da con un tono tragicómico que desemboca en el drama más doloroso, pero todo en un tempo delicado, lento y pausado hasta que llega a un clímax donde es imposible no derramar una lágrima.

Detenido en espera de juicio (Detenuto in attesa di giudizio, 1971) de Nanni Loy

Detenido en espera de juicio

Detenido en espera de juicio empieza de manera engañosa con el rostro amable y cómico de Alberto Sordi en el papel de un aparejador que vive en Suecia, casado felizmente y con dos hijos. Emprende contento unas vacaciones con la ilusión de enseñar su país a su familia. Todo parece indicar que estamos ante una nueva comedia de Sordi. Pero, sin embargo, en el control de pasaportes la película enseña su verdadero rostro: una tremenda crítica al sistema penitenciario italiano. El personaje es detenido sin saber el porqué y empieza un recorrido kafkiano por distintas cárceles italianas… en espera de juicio. E igual de kafkiano es el recorrido de la esposa para poder sacarle de allí. El viaje del protagonista es otro muy distinto al que tenía planeado.

Nanni Loy no muestra nada de la Italia idílica y cinematográfica. Sino que enseña otro país muy diferente. Detenido en espera de juicio se convierte en una película social, que refleja en un hombre común el funcionamiento de la justicia y de las cárceles italianas. Y el retrato no es en absoluto positivo. Es una pesadilla y en momentos inhumano y desolador. Alberto Sordi va pasando por distintos estadios en un periplo inesperado: del desconocimiento y la esperanza a la desesperación y la locura.

En nombre del pueblo italiano (In nome del popolo italiano, 1971) de Dino Risi

En nombre del pueblo italiano

Y curiosamente del mismo año de la película anterior es En nombre del pueblo italiano, otra película crítica sobre la Justicia italiana y la situación del país en general. Dino Risi, otro director peso pesado, enfrenta a Ugo Tognazzi y Vittorio Gasmann… y deja una comedia amarga y desencantada. Habla de la Italia corrupta, del boom inmobiliario, de las víctimas de un sistema corrupto, de las playas contaminadas… Tognazzi es un magistrado progresista con el desencanto por bandera, que ve cómo todo se derrumba a su alrededor, incluso el Palacio de Justicia. Y Gasmann es el empresario con poder y dinero, que nada le importa más que su riqueza, con la picaresca siempre a cuestas…, capaz de todo por sus intereses, incluso de meter a su anciano padre en un psiquiátrico. Y ambos unen sus trayectorias por el asesinato de una joven. El personaje de Tognazzi, por muchos motivos, cree que el empresario puede estar implicado.

La crítica es amarga y su final demoledor… por cómo se escenifica una decisión que toma el magistrado. Brutal. Pues la balanza de la justicia no se equilibra con ninguno de los dos personajes, por motivos muy diferentes. Y estos dos personajes están interpretados por dos grandes del cine italiano y con ellos se enfrentan dos Italias o dos maneras de construir un país. La primera vez que los dos se encuentran, a Gasmann le han detenido mientras está en una fiesta de disfraces y está vestido de legionario romano del Imperio, pero no puede ser situación más ridícula. Y el magistrado le atiende como puede, pero sin perder la compostura, en el sitio inadecuado que le han asignado después del derrumbamiento de su lugar del trabajo. Por otra parte, también es triste el retrato de la muchacha asesinada y cómo se va reconstruyendo su vida trágica…, hasta las últimas palabras escritas en su diario… que demuestran que la Italia que está surgiendo sigue provocando socialmente tristes víctimas.

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