Carmen y Lola

… bailando en la piscina vacía…

El otro día me metí en el cine para ver Carmen y Lola de Arantxa Echevarria. Y es una película muy interesante para debatir sobre la mirada hacia al otro en el cine y cómo la mirada hace que uno se posicione, tanto el que mira por el objetivo como el que mira la pantalla. Por eso provoca controversia y distintas reacciones. De la película, me quedo con las escenas intimistas entre las protagonistas y con que narra con delicadeza lo que supone un primer amor. Una de esas secuencias transcurre cuando Carmen y Lola van a una piscina vacía y juegan a que nadan, a que flotan, a que pueden estar juntas sin problemas, apoyándose… Y bailan, bailan sin parar.

Y esa secuencia me llevó a otra, mi favorita de Rebelde sin causa de Nicholas Ray. La piscina vacía del chalet abandonado donde van a parar tres jóvenes que se sienten excluidos y solos: Jim, Judy y Platón. Y tampoco paran de jugar y de reír. De olvidar que fuera hay un mundo hostil. Ahí además ocurre la declaración de amor, íntima, entre Jim y Judy.

En los años sesenta, hay una película extraña de Burt Lancaster. Se titula El nadador y su director es Frank Perry. Es una adaptación de un cuento de John Cheever. Lo que empieza como aventura original, un hombre que decide recorrer la zona residencial donde vive de piscina en piscina hasta llegar a su hogar se convierte en un camino existencial demoledor. De nado a nado pasa por distintas posiciones económicas hasta llegar a la piscina pública… y cuando llega a su piscina, a su hogar, descubriremos la tremenda verdad del personaje.

También es inolvidable un momento de terror sugerido en la magnífica La mujer pantera… y, no puede ser de otra manera, transcurre en una piscina. No falta un gato negro, unas escaleras, sombras, ruidos extraños… y una mujer atemorizada en la piscina. Al final una bata de baño desgarrada.

Otra piscina inolvidable es la de Historias de Filadelfia de George Cukor. Varias secuencias de la película transcurren allí, puesto que es uno de los sitios favoritos de la protagonista, Tracy Lord (Katherine Hepburn), experta nadadora. Y allí transcurre uno de los muchos momentos memorables: la borrachera de la protagonista con el periodista (James Stewart) que cae rendido a sus pies… y a la piscina también.

Y si seguimos con los clásicos… Es imposible dejarse una de las secuencias iniciales más inolvidables. Un cadáver flotando en una piscina nos cuenta su historia, cómo ha llegado hasta ahí. Así empieza El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder.

Paolo Sorrentino también nos habla de la belleza, de la juventud, de la decadencia de los cuerpos, del deseo, de la supervivencia del ser humano en la piscina de un balneario en su película La juventud. Muchas secuencias transcurren allí, pero una de la más recordadas es la de los dos amigos, ancianos ya, que quedan subyugados por la belleza de una joven miss que entra en la piscina.

Y otro momento escalofriante en una piscina ocurre en la película Juegos secretos de Todd Field. Cuando en una piscina pública hasta arriba de gente, se percatan de que hay un hombre que estuvo en la cárcel por exhibicionismo delante de un menor. Sucumbe el terror, el enfado y la histeria, todos van a buscar a sus niños, todo el mundo sale de la piscina. El pedófilo se queda solo en el agua y la gente mirándolo. Silencio. Él se sumerge bajo el agua. Y todos miran. Llega una pareja de policías y se lo llevan. Él antes protesta: “Únicamente quería darme un baño”. Después, vuelve todo el mundo a zambullirse como si nada hubiese ocurrido.

¿Cuál es tu piscina de cine?

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.