Cien años de Marilyn Monroe (IV). Bus Stop (Bus Stop, 1950) de Joshua Logan / El príncipe y la corista (The Prince a the Showgirl, 1957) de Laurence Olivier

Bus Stop y El príncipe y la corista son dos películas especiales dentro de la trayectoria de la actriz. Marilyn Monroe no quería ser solo una estrella de cine, ni estar atada bajo los mandatos de la 20th Century Fox con esos contratos que encarcelaban sus aspiraciones, sino que deseaba tener voz y voto en su carrera cinematográfica. Además luchaba para que no la encasillasen por su físico o cierto tipo de papeles. Marilyn no paró hasta ser reconocida como actriz y decidir sobre los papeles que llevaría a cabo.

Para sorpresa del estudio, su principal estrella en los cincuenta decidió rebelarse y dejarles plantados. Se tomó año sabático (1955), se fue a Nueva York a vivir y entró en el Actors Studio a formarse en el Método, a canalizar sus emociones para construir personajes… La 20th Century Fox no tuvo más remedio que ceder si quería la vuelta de su estrella, revisó el contrato, permitió que Marilyn tomara las riendas de su carrera a través de la productora que creó y sus dos siguientes proyectos contaron con su aprobación y control.

Como era habitual se preparó concienzudamente los papeles. Durante los rodajes, siempre estaba junto a ella Paula Strasberg con quien trabajaba sus interpretaciones según el Método. Como ya ocurrió con su anterior preparadora, Natasha Lytess, ambas desarrollaron una relación que generó varios conflictos con los distintos directores. Tanto Paula como Natasha se convirtieron también en confidentes, protectoras, y la actriz confiaba plenamente en ellas para su trabajo en el set. Se apoyaba más en estas mujeres que en los directores, esto generaba tensiones. Las dos tenían fuertes personalidades y la literatura alrededor de la actriz habla de relaciones dependientes con sus preparadoras.

Lo que es cierto es que Bus Stop y El príncipe y la corista lograron su cometido. Y Marilyn empezó a ser considerada además de sex symbol, actriz. La productora como tal solo funcionó con estas dos producciones, luego en 1957 la actriz rompió con su socio y amigo, el fotógrafo Milton Greene (eso es otra historia), pero Marilyn ya había mostrado ante la opinión pública que tenía las riendas de su carrera. Estos años fueron cruciales también porque empezó su relación con el dramaturgo Arthur Miller y terminaron casándose.

Bus Stop (Bus Stop, 1950) de Joshua Logan

Marilyn Monroe mostró a una Cherie sensible, vulnerable y cautivadora.

Bus Stop es la adaptación de una obra de teatro de William Inge que reunía a varios personajes en un bar de carretera, aunque el guion de George Axelrod se centró en Cherie y Bo, una cantante de bar y un joven vaquero con demasiada energía y sin experiencia en la vida (pues no ha salido apenas del rancho donde ha sido criado), además de ampliar las localizaciones y no centrarse en el bar de carretera donde transcurre la historia en los escenarios.

Marilyn Monroe eligió tanto al personaje de Cherie como al director Joshua Logan. La actriz tomó las riendas del proyecto. Monroe no quiso glamour para Cherie, sino prepararla como lo que es, una chica de la América profunda con mala suerte que va de garito en garito tratando de llegar hasta Los Angeles con la ilusión de que Hollywood se fije en ella. En su camino de pesadilla hacia la “gloria” se cruza un joven vaquero que apenas ha vivido, que no ha salido de su rancho, que decide que Cherie es su ángel y la mujer que permanecerá a su lado para siempre.

Marilyn decidió que su Cherie tenía que ponerse una ropa usada y adecuada a su personaje, con rotos en sus medias, y que su actuación en el garito debía ser de lo más cutre, además de mostrar a una joven a la que apenas le da el sol, pues trabaja de noche… También le proporcionó una manera de hablar. Y muchos otros detalles que van construyendo a un personaje entrañable, vulnerable y trágico, pero que se convierte en protagonista de una comedia romántica que nunca se hubiese imaginado vivir. Marilyn se esforzó por construir a su personaje, pero en el rodaje no evitó mostrar sus inseguridades, repeticiones de tomas, impuntualidades, que creaban las habituales tensiones durante las producciones en las que participaba. Bus Stop no fue una excepción.

En realidad, Bus Stop es un retrato de la América profunda pero con notas de comedia romántica. A unos personajes imperfectos y con un futuro bastante oscuro se les regala una posibilidad de felicidad o, tal vez, no. Nunca lo sabremos. Logan dibuja el encuentro de dos personajes con vidas duras que realizan su propio aprendizaje hasta que se suben juntos en un autobús para emprender un futuro incierto. Ese mismo año, Logan había llevado también al cine Picnic, otra obra de Inge (interesante sesión doble), con otra historia de la América profunda y con otros dos personajes trágicos que se encuentran y construyen un posible futuro incierto…

Bus Stop gira alrededor de una mujer vulnerable sin demasiada suerte, ninguneada y maltratada, que se encuentra con otro cazurro en su camino (de los muchos con los que se ha cruzado en su vida), solo que este es un joven sin ninguna experiencia con mujeres, que apenas ha salido de su rancho y que decide no solo que es su ángel, sino que no admite un no por respuesta y se la quiere llevar a la fuerza junto a él como si fuese una vaquilla de su manada.

La diferencia es que ese joven recibe de varios personajes adultos no solo lecciones de vida de que no puede ir comportándose de esa manera por el mundo, sino que le hacen ver que no se trata así a nadie (su compañero de rancho, que actúa como un padre adoptivo, y el conductor de autobús). Y Bo (Don Murray) tiene capacidad de arrepentirse, de pedir perdón y de demostrarle a Cherie que pueden darse una oportunidad y empezar de cero.

Por su parte, Cherie apuesta por no seguir la trayectoria que tenía en su mapa (directo a Hollywood) con pinta de fracaso y dejarse querer por el inexperto Bo. Renunciará a su meta sin saber si alcanzará la felicidad, pero por lo menos ella ha sabido perdonar y además se ha sentido, quizá por primera vez, respetada.

De hecho, Cherie termina comprendiendo la inexperiencia y el ímpetu de Bo, su insistente pretendiente. Ella es una buena chica y es consciente de la humillación del muchacho, cuando ha sido vencido en una pelea, así que para que el vaquero no sufra más, se menosprecia de nuevo a sí misma y le dice que no es la clase de chica que se merece (sabe que eso va a funcionar en la mente conservadora y machista de esa América profunda y que ha vivido siempre en sus carnes).

Pero Bo no responde de la manera que todos esperamos, sino que le pide una oportunidad y empezar de cero. Y Cherie siente que, por primera vez, no la tiran como una colilla, así que decide apostar por el vaquero. ¿Eso es un final feliz? Creo que el final queda bastante abierto e incierto. Tan solo hay una posibilidad de futuro no sabemos si feliz entre dos personas inseguras e imperfectas.

Lo cierto es que en esta última secuencia en la estación de autobuses en la barra del bar, Marilyn Monroe regala unos primeros planos donde en su rostro se conjuga toda la vulnerabilidad y fragilidad posible, así como un atisbo de esperanza, de volver a creer que alguien la quiera de verdad. El insoportable y joven vaquero se convierte en un hombre con todos sus defectos, pero que intenta aprender a querer. No sabemos si habrá resultados o no, solo somos testigos de un primer paso. La Cherie de Marilyn regala momentos tragicómicos impagables.

Y la actriz no se equivocó con la elección del personaje y la obra, la película no solo funcionó bien en taquilla, sino que su interpretación recibió buenas críticas de los profesionales en la prensa e incluso la nominaron al mejor Globo de Oro. Solo ella podía regalar una actuación tan poco glamurosa y a la vez emocionante y sensible cuando canta, incluso desafinando,That Old Black Magic en el garito de mala muerte en el que trabaja.

El príncipe y la corista (The Prince a the Showgirl, 1957) de Laurence Olivier

La naturalidad de Marilyn Monroe destaca frente un Laurence Olivier que hace frente a un personaje antipático y envarado con toda su técnica interpretativa.

El segundo movimiento de Marilyn Monroe en ese antes y después de Nueva York es continuar con esa búsqueda de prestigio. Decide apostar de lleno por un proyecto muy especial. Su productora compra los derechos de la obra de teatro y apoya el siguiente proyecto de Laurence Olivier como director en Gran Bretaña: llevar al cine la obra de teatro de Terence Rattigan, El príncipe y la corista.

Rattigan la escribió en 1953, coincidiendo con la coronación de la reina, y las representaciones en el escenario fueron un éxito en parte por sus protagonistas: el matrimonio formado por Laurence Olivier y Vivien Leigh. Marilyn tuvo claro no solo que se ofreciera la dirección a Olivier, sino que también fuese su partenaire. De esta manera, sabía que lograría más prestigio al tener como director a uno de los actores más famosos de Europa y EEUU.

Como golpe fue maestro, aunque no fue una película que funcionase excesivamente bien en EEUU, no obtuvo malos resultados en Europa y bastante buenos en Gran Bretaña.

Curiosamente, Olivier no se arriesgó nada como director y como actor recibió una lección de humildad al ser totalmente eclipsado por la naturalidad de Marilyn Monroe. La técnica interpretativa del actor (que le hace estar maravilloso en varios títulos de su larga y variada filmografía) y la frescura de Marilyn Monroe dotan, sin embargo, a la película de un halo especial.

Olivier construye a un envarado y antipático príncipe regente de un país europeo inexistente que, en su escapada a Londres para asistir a la coronación de los reyes en 1911, quiere tener un rápido y mecánico affaire con la artista de turno (algo a lo que está muy acostumbrado). La elegida es una actriz americana que tiene un pequeño papel en un espectáculo al que asiste el regente. Ella es Elsie Marina y, de nuevo, Marilyn Monroe construye un personaje.

Las anécdotas del rodaje fueron numerosas, no faltaron los conflictos y las tensiones con una Marilyn Monroe insegura y perfeccionista. Entre ella y Laurence Olivier no hubo ninguna química y se llevaron muy mal durante la producción. Laurence Olivier hizo lo que menos podía soportar Marilyn, la menospreció desde el primer momento como actriz. A partir de ese momento, Monroe perdió la confianza en Olivier e hizo el rodaje más complicado de lo habitual. Ella tenía la última palabra en todo, su productora estaba detrás.

Lo que es cierto es que el prestigioso actor británico terminó reconociendo que la cámara adoraba a Marilyn Monroe y que con su manera de interpretar se dio cuenta de que ella se apropiaba de la película dejándole en un segundo plano. Inspirándose en cómo pudo ser el rodaje y tomando como material los recuerdos de un joven asistente de dirección, Colin Clark, Simon Curtis realizó Mi semana con Marilyn (2011) donde se recrea el caótico rodaje (y también el improbable affaire que Clark dijo que vivió con la actriz).

Y es que efectivamente El príncipe y la corista gira alrededor del personaje de Elsie Marina. Una chica que es mirada por el regente como solo un objeto de deseo y que la trata en un principio como tal, pero, sin embargo, la joven va demostrando una sensibilidad especial para los asuntos familiares y políticos del príncipe y dirige en todo momento el encuentro y el tipo de relación que se va construyendo entre los dos, desconcertando en todo momento al regente.

La película gira alrededor de una Europa prebélica en 1911 donde el continente está en plena convulsión y se nota que solo falta la chispa para que se encienda la mecha de la Primera Guerra Mundial. De momento, la corista logrará con sus intrigas palaciegas apagar una de esas mechas y, de paso, dar una lección al regente y que sea consciente de la rigidez de su vida y de su responsabilidad como hombre político.

La película es encorsetada y rígida, como el ambiente político y protocolario que refleja. Tan solo hay una nota discordante que da toda la frescura a la película: la comedia física y la naturalidad de una Marilyn Monroe enfundada en un traje blanco estrecho (su personaje por distintas circunstancias no se lo quita en tres días). El resultado es curioso y en cada visionado lo disfruto más. Hay ráfagas donde la técnica de Olivier y la de Marilyn se complementan: son esos momentos de silencio en el que los dos se miran cómplices y al regente se le escapa una sonrisa…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

13 comentarios en “Cien años de Marilyn Monroe (IV). Bus Stop (Bus Stop, 1950) de Joshua Logan / El príncipe y la corista (The Prince a the Showgirl, 1957) de Laurence Olivier”

  1. Hola Hildy
    Otra coincidencia entre «Bus Stop» y «Pic Nic» es que fueron ambas interpretadas por la misma actriz en Broadway; el picnic en el cincuenta y tres y la parada en el cincuenta y cinco. También se puede decir de esta actriz que hizo tres de los mas desagradecidos personajes en el cine: en el cincuenta y ocho «The Goddess» un retrato descarnado de una actriz con graves carencias emocionales (sale hasta una «doble» de Paula Strasberg… pero no se llama Marilyn), en el sesenta y dos fue la narradora en «To Kill a Mockingbird» y, a principios de los ochenta, la madre, con muy poco sentimiento maternal, de otra actriz sin fortuna Frances Farmer «Frances, Graeme Clifford». Sendas nominaciones a Oscar para la prota Jessica Lange y como «supporting» para Kim Stanley.
    Siempre me hizo gracia que Marilyn huyendo de Marilyn se embarcase, ya sin disculpas, con Olivier en la arquetipica peli «a medida». Por cierto -y contra pronostico- ¡Qué bien está Michelle Williams haciendo de Marilyn!
    Un saludo, Manuel.

  2. Qué bueno, Manuel, la gran Kim Stanley. Y le pegan los dos papeles. En cierto, sentido la protagonista de The Goddess tenía mucho de Marilyn. ¡Me encantan todos los juegos y paralelismos que vas sacando en los distintos comentarios! A mí encontrar esos juegos y azares de la vida me fascina.
    Y, sí, tienes toda la razón del mundo, Michelle Williams está maravillosa de Marilyn. Esa pequeña película es todo un disfrute.
    Beso
    Hildy

  3. Me he leído ya dos veces todo lo que nos cuentas de Marylin…… Tus conocimientos del mundo del cine y lo bien que nos lo cuentas, son una delicia…. Muchas gracias … Soy una fiel seguidora de tu estupendo blog de Cine. Enhorabuena

  4. María Rosa, querida, cómo me alegra que me leas y disfrutes de los textos. Tus comentarios siempre me animan mucho y a seguir escribiendo. Gracias
    Beso
    Hildy

  5. Otras dos que no he visto (sí vi «Mi semana con Marilyn» pero no creo que cuente para acreditarme «El príncipe y la corista» jeje) pero leyendo el argumento de esta última me sonó muy emparejado con el de «Mujer bonita», ¿no?
    ¡Qué maravilla esta serie, querida Hildy!

  6. Pero con «Mi semana con Marilyn» sabes mucho de los secretos del rodaje de «El príncipe y la corista» e incluso aparece alguna escena completa, el bailecito con Marilyn enfundada en prácticamente el.único vestido que lleva en toda la película, jajaja.
    Nunca hubiese imaginado esta sesión doble, pero es cierto cuando lo has planteado que hay ciertas similitudes argumentales, sobre todo porque la corista resulta una buena estratega y se mete con éxito en los asuntos familiares y políticos del regente. Y Pretty Woman también tiene ojos para los negocios del empresario y su papel es crucial para una fusión.
    Beso
    Hildy

  7. Obviamente, BUS STOP está condicionada y potenciada por la magnética presencia de una Marilyn Monroe que en aquellos momentos ponía todo su empeño en aplicar lo asimilado en materia de interpreta­ción a su paso por el Actor’s Studio en los meses anteriores al rodaje del film. Hay en la película un momento único, inolvidable, que deseo reseñar: ese en que Beauregard (un magnífico Don Murray), tras esa catártica noche nevada en la cafetería de carretera, se despoja de su cazadora de vaquero con forro de pelo y la coloca por encima de los ateridos hombros de Chérie que al sentir el cálido contacto de la lana sobre ella responde con un expresivo gesto de resguardo al percibir finalmente atendido su desamparo.
    Sin duda, BUS STOP significó para la mítica y malhadada rubia su mayor esfuerzo por demostrar al público de la época (y a los insensibles mogules de Hollywood) que más allá de su oxigenada cabellera y en el interior de ese físico espectacular había una desaprovechada actriz dramática (persiguió sin conseguirlo interpretar a Grushenka en LOS HERMANOS KARAMAZOV). Pocos fueron entonces los que se fijaron en su matizada composición de esa ilusa, patética y desvalida Chérie y su esfuerzo no sirvió de nada pues siguieron encasillándola en comedias (muy buenas, eso sí)… hasta que Huston corrió el riesgo calculado llamándola para la premonitoria VIDAS REBELDES.

    En cuanto a EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA, pudiste leer el post que hace un par de semanas le dediqué a esta película en mi blog. Con algunos de esos títulos que han marcado nuestra cinefilia, tan vistos y estudiados al cabo de los años, resulta inevitable coincidir en algunas opiniones sobre sus cualidades y defectos (si los tuvieren). Así pues, remitiéndome a la instructiva semblanza que le dedicas y para no resultar redundante, lo dejo en este punto.
    Un abrazo.

  8. Queridísimo Teo, esa escena de «Bus Stop» que tan bien reseñas efectivamente muestra el cuidado de la actriz en la composición de su personaje de Cherie.
    Qué bueno estar celebrando ambos el aniversario de Marilyn Monroe como se merece con un análisis de cada una de sus películas y marcando por qué era una actriz con un carisma especial.
    Beso
    Hildy

  9. Magnífica disección de ambas películas, enhorabuena por este ciclo-marilyn! Bus Stop debo volver a verla, porque la tengo un tanto olvidada. De la segunda película, te digo lo mismo que escribí en el blog «movie movie», que también anda detrás de la estrella: Marilyn se come con patatas a Olivier, y eso que el segundo jugaba en casa.
    Abrazos!

  10. Querido Ethan, mil gracias por tus palabras.
    Esta semana voy a hacer un parón del ciclo de Marilyn para proponer una interesante sesión doble con dos películas muy recientes, una aún en cines y otra recién subida a plataforma.
    Y luego vuelvo con fuerza a la última entrada del ciclo Marilyn, que tanto he disfrutado.
    Siempre es grato volver a ver Bus Stop y efectivamente la naturalidad y frescura de Marilyn se come a ese personaje antipático y envarado de Olivier en El príncipe y la corista. Solo hay un destello de este último y de complicidad entre ambos cuando el príncipe la mira en silencio y sonríe.
    Beso
    Hildy

  11. Te has marcado un estupendo repaso, además de justo, por la filmografía de esta desgraciada e infravalorada (no solo como actriz) criatura. Se come con patatas a todo un Laurence Olivier, por ejemplo, que no paró de hacer o de quedar en ridículo durante todo el proyecto. Magnífica comediante (eclipsada por la errónea percepción de un público solo apto para captar lo explícito); discreta cantante y bailarina pero con evidente personalidad propia; sensible y profunda actriz, todo lo que hacía lo hacía mejor que bien, y se vio impedida a hacer muchas otras cosas que habría podido bordar igualmente.

    Me quedo con aquello (de entre las muchas cosas, no todas socarronas) que Billy Wilder dijo de ella: «Había una actriz llamada Marilyn Monroe. Siempre llegaba tarde. Nunca recordaba sus diálogos. Era un auténtico quebradero de cabeza. Mi tía Millie es una señora encantadora. Si trabajara en el cine, siempre llegaría puntual. Se sabría los diálogos. Sería encantadora. ¿Por qué todo el mundo en Hollywood quiere trabajar con Marilyn Monroe y nadie quiere trabajar con mi tía Millie? Porque nadie pagaría una entrada para ver a mi tía Millie». Pero, también, y sobre todo: «Si Marilyn se hubiera sabido mejor los diálogos, no habría sido Marilyn. Cada vez que al fin decía la frase, sonaba como si acabara de inventarla.»

    Besos

  12. Sí, Alfredo, tienes toda la razón en ese primer párrafo maravilloso de tu comentario. Comediante y con una sensibilidad especial para el drama. Con esa naturalidad y frescura, que hacía que sus números musicales fuesen también atrayentes.
    La frase de Wilder me hace mucha gracia, pero a lo mejor, fíjate, que yo sí querría ver una película de su tía Millie…
    Beso
    Hildy

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