Cien años de Marilyn Monroe (III). La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950) de John Huston / Niágara (Niagara, 1953) de Henry Hathaway

En 1950, Marilyn consiguió dos papeles secundarios donde ya logró, con escasos minutos en pantalla, no solo construir un personaje sino llamar la atención de críticos y espectadores: Eva al desnudo (All About Eve, 1950) y La jungla de asfalto, una película de cine negro con el sello de John Huston.

En la primera, era una aspirante a actriz que, de la mano del crítico cínico de turno, trata de abrirse camino (una única secuencia, pero con su personaje ya hay una historia detrás) y en la segunda se convierte, con tan solo dos escenas, en una evocación: la evasión, el sueño y la perdición de uno de los protagonistas que forman la galería de perdedores de esta historia de puro cine negro, el abogado arruinado (un Louis Calhern impresionante).

Y tres años después, como ya dijimos en el post anterior, fue su año de oro con tres protagonistas que la lanzaron al estrellato. Y hemos analizado las dos comedias, pero faltaba una película muy especial por reseñar. Marilyn se convierte en toda una femme fatale en una película a todo color. Henry Hathaway filma una historia muy negra a los pies de las cascadas.

Entre medias de la Angela Phinlay de La jungla de asfalto y la Rose Loomis de Niágara, interpretaría en 1952 a la inestable niñera con serios problemas de salud mental, Nell Forbes, en Niebla en el alma (Don’t Bother to Knock, 1952) de Roy Ward Baker. Ahí había otra trayectoria de la actriz que mostraba cómo en su camino hacia el estrellato también había una línea dramática en el que podía ofrecer también otros papeles con sus matices y toques especiales. Así pasaba de una femme fatale inconsciente y superviviente a una mujer inestable y herida emocionalmente hasta alcanzar a una femme fatale de armas tomar que termina convertida en víctima.

La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950) de John Huston

La femme fatale inconsciente…

En esta oda del cine negro sobre un grupo de perdedores, que cuenta la crónica minuciosa de un robo perpetrado por varios hombres que se juntan para llevarlo a cabo, está Angela Phinlay, una de esas femme fatales inconscientes, que podría perfectamente animado de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?: “Yo no no soy mala… es que me han dibujado así”, el personaje de Marilyn podría decir: “Yo no soy mala… es que me han creado así”. Y es la actriz la que en tan solo dos secuencias, muy bien pensadas y rodadas, construye a un personaje fascinante.

Sobre la fascinación que me provoca esta película ya he escrito largo y tendido aquí. Pero merece la pena hacer una lectura detallada del personaje de Angela. En su primera secuencia, Alonzo, el abogado, se la encuentra profundamente dormida en un sofá, como un preciado trofeo. Angela es mantenida con todo los lujos, como objeto de deseo, por un abogado arruinado, que nada le dice de su situación financiera y que sigue cubriendo todos sus gastos y buena vida.

Esta abre los ojos y se muestra cariñosa y despreocupada con su amante, diría que prefiere vivir cómodamente sin ser consciente de nada. Le llama tío Alonzo, algo que en ese momento no le agrada, y se sienta en su regazo. Ella se acerca y lo besa y este corresponde apasionadamente. El abogado le dice que es tarde y que vaya a dormir. Ella obedece y se dirige al dormitorio por un largo pasillo. Él la mira, como si fuera un sueño que ha estado entre sus brazos, sonríe y proclama, con orgullo, que menuda belleza de mujer le espera en el dormitorio.

El abogado no solo se ha metido de lleno en el atraco, sino que ha planeado una fuga con las joyas, va a dejar en la estacada a sus compañeros y abandonar a su mujer enferma para huir lejos. Sí, quiere empezar una nueva vida junto a Angela. No puede ser más consciente de que la tiene por su dinero, así que necesita asegurarse el botín. Pero todo el plan se va torciendo y Alonzo va cayendo en un pozo más profundo hasta el punto de llamar a su amante y decirle que mienta a la policía por él, sin darle mucha importancia, pero ya es facilitarle bastante información de que algo no funciona.

Entonces transcurre la segunda secuencia de Angela, cuando Alonzo sabe que ya ha caído. Y conversa con Angela como si nada hubiese ocurrido y esta actúa igual, como si todo estuviese perfecto. Él habla de que vayan juntos a un viaje y ella feliz le muestra Cuba como posible destino en una de esas revistas que lee. Ella sensual, de negro, de nuevo tumbada… Entonces suenan unos golpes en la puerta. Es la policía.

Angela sabe que ha mentido a la policía y que vienen a por él. Se encierra en su dormitorio. Un poli va a por ella, tiene que volver a testificar delante del comisario. Ella abre la puerta, se muestra altiva y cuando el agente le dice que el tío Alonzo lo tiene todo perdido, le cambia la cara y también el comportamiento. Nos damos cuenta de que ella va a apostar por la supervivencia, que sabe que su aventura con tío Alonzo ha acabado.

Y aunque hace su pequeño teatrillo y espera a que el abogado le diga que puede decir la verdad, sabemos ya que lo iba a hacer de antemano. Que Angela pronto encontrará otro tío que le pague todos los caprichos y que seguirá danzando en esa jungla de asfalto.

En esas dos únicas secuencias, Marilyn Monroe crea un personaje, no solo se muestra como objeto de deseo preciado y sensual, sino que es una femme fatale inconsciente. No es mala, solo trata de mantenerse a flote en la jungla. Sabe cómo jugar y sobrevivir.

Niágara (Niagara, 1953) de Henry Hathaway

La femme fatale de armas tomar…

A todo color y en un paraje turístico de ensueño, las cataratas del Niágara, Henry Hathaway construye una película con ingredientes de cine negro, sensualidad a raudales, aventura, un poco de mirada crítica a esa América de la posguerra (metida en la guerra fría y en otras batallas como la de Corea), que avanza hacia el sueño americano y que entierra y olvida las pesadillas y las heridas de todos los frentes abiertos que van dejando una profunda huella.

Niágara enfrenta a una América que avanza, pero se tapa los ojos con una venda hacia el dolor, las heridas y lo oscuro con un joven matrimonio que trata de prosperar y que se hospeda cerca de las cascadas, con otra América herida, dañada y que todavía no se ha despertado de la oscuridad, inestable emocionalmente, que va dando tumbos, representada por un matrimonio más maduro que avanza inexorablemente hacia la destrucción.

En el joven matrimonio, él es un joven trabajador que espera triunfar y subir puestos en su empleo, no le importa más, y ella es una mujer inteligente e intuitiva, que no obstante acepta su rol de esposa modelo.

En el otro matrimonio, él es un excombatiente de la guerra de Corea que no hace mucho ha dejado un hospital psiquiátrico y que el combate le ha dejado secuelas físicas y emocionales. Ella es Rose Loomis, una femme fatale de armas tomar. Poco pueden disimular y tampoco encuentran su sitio en esa América multicolor que quiere tocar el futuro. Y Marilyn Monroe transita con su personaje por un arco de emociones fuertes y con una transformación inolvidable.

Rose Loomis bebe de la Cora de El cartero siempre llama dos veces, pero ella sube más la temperatura en cada secuencia y vuelve a su marido loco de celos, aunque se presenta ante los demás como esposa preocupada por la inestabilidad emocional de su cónyuge. Sin embargo, la mujer de la sana pareja estadounidense, con los valores del sueño americano como bandera, pilla a Rose Loomis besándose apasionadamente con otro hombre en las cataratas. A partir de ese momento la morena de la historia (Jean Peters) se da cuenta de las oscuridas, las sombras y las heridas que se ocultan bajo una aparente prosperidad llena de color.

A partir de ese momento los giros de la historia y las emociones fuertes empiezan a aflorar. Rose, de una femme fatale sin escrúpulos que planifica minuciosamente el asesinato perfecto de su marido, se convertirá, cuando todo su plan se vaya al traste, en la víctima de un hombre que ha perdido totalmente el rumbo y en estado de shock. Y la otra protagonista verá peligrar su equilibrio y su mundo perfecto a través de las vivencias desbordadas de la pareja vecina.

Marilyn Monroe está bellísima, sensual y hace a la perfección el papel de mujer que despierta celos y otros fantasmas a su esposo. Imposible olvidar su primera aparición desnuda en la cama.

O en su secuencia más icónica, con un despampanante vestido fucsia, unos pendientes de aro dorados y labios rojos, sale de la casa donde se hospeda también en las cataratas para participar en una especie de guateque al aire libre. Se pasea delante de todos y pone un disco con la canción Kiss que no duda en cantar entre susurros hasta que logra que su esposo salga fuera de sí.

En toda la primera parte, Marilyn construye una Rose fría, manipuladora y capaz de todo con tal de quitarse de en medio a su esposo. Pero cuando todo sale mal, se convierte en víctima vulnerable igual de creíble. En una mujer que solo desea huir y que sabe que pueden matarla. Así protagoniza una de las mejores secuencias de la película, esa huida desesperada de una mujer que sabe que van a matarla. Y la sensual y calculadora femme fatale se convierte en una mujer vulnerable que se sabe condenada.

La publicidad de la película de Niágara hablaba de dos bellezas espectaculares, sensuales y furiosas: las cataratas y Marilyn Monroe. La 20th Century Fox lo apostó todo por esa actriz rubia que iba camino al estrellato. Pero lo hizo en una película a todo color con todos los códigos del puro cine negro. La actriz no muestra en ningún momento su vena cómica, es toda una femme fatale con una sensualidad extrema, sin miedo a mostrar el deseo, que heredarían todas las maravillosas mujeres fatales de los ochenta, desde la Kathleen Turner de Fuego en el cuerpo a la Cora de Jessica Lange en la nueva versión de El cartero siempre llama dos veces.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

10 comentarios en “Cien años de Marilyn Monroe (III). La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950) de John Huston / Niágara (Niagara, 1953) de Henry Hathaway”

  1. Hola Hildy. No se si has leido Los seductores de James Ellroy. Lo digo porque trata de Marilyn. Yo tengo el libro comprado pero todavia no le he incado el diente. Ahora que estas con el especial sobre Marilyn me han entrado ganas.
    La verdad es que estoy siguiendo con interes las distintas peliculas que nos traes y algunas de ellas no las he visto. Las dos de hoy me gustan mucho. De Niagara ya hablamos algo en otra ocasion y La jungla de asfalto es una de mis favoritas de Huston. Es curioso, Marilyn en su papel de femme fatale tiene una pinta de zorra de campeonato, pero sin embargo no cae antipatica, transmite una especie de vulnerabilidad y cierta inconsciencia. Vamos que ser una aprovechada le sale natural, como si hubiese nacido para ello.
    Pero bueno, tambien los hombres la perseguian y obtenian lo que querian, ellos sabian donde se metian, como ese abogado de La jungla de asfalto, ¿que podia esperar de una joven como Marilyn? ¿Amor genuino y eterno?
    Creo que Ellroy no tenia un buen concepto de Marilyn, lei una entrevista y no hablaba bien de ella. Veremos que tal es el libro.
    Seguire leyendo tus entregas sobre Marilyn.
    Y quizas ver alguna de sus peliculas. Tambien trabajo en una peli de Lang, no recuerdo ahora el titulo. Todavia te quedan Con faldas y a lo loco, Vidas rebeldes, unas cuantas…

    Un beso junto a la catarata.

  2. La de Huston es un audaz thriller (en todo momento adopta el punto de vista de los delincuentes) nada complaciente que, a diferencia de los que se hacían por entonces, centra parte de su interés en un estudio objetivo de caracteres, consiguiendo que los personajes tengan todos su propia dimensión, evitando siempre los arquetipos. Desde luego, es un film sin concesiones, brillante, perfecto, lírico en ocasiones, y contiene en su apasionante desarrollo secuencias de antología, demasiado numerosas para ser enunciadas en este espacio. Tú has mencionado algunas relativas a las intervenciones de esa jovencita Marilyn que ya comenzaba a desplazar el eje de los planos en los que ella intervenía.

    En cuanto a NIAGARA,, el trabajo de Henry Hathaway, uno de los más seguros, hábiles, prolíficos, eclécticos y, en ocasiones, inspirados artesanos de aquel Hollywood fenecido, brilló especialmente en este tenso drama resuelto en clave hitchcokiana (sin duda, al maestro Hitch le hubiera gustado filmar este argumento de haber caído en sus manos) y enmarcado en un espectacular y metafórico escenario que cobra casi tanto protagonismo como los personajes.
    No obstante, por encima de todo, debemos suponer que se trataba de conseguir un vehículo diseñado por la Fox para que sirviera de fulminante lanzamiento a la emergente Marilyn Monroe. Y ¡vaya si lo consiguieron! Ella, desde su primera aparición en el film adormilada en la cama bajo una reveladora sábana, luce especialmente bella y sensual y a partir de ahí, la película contiene prolongados planos y movimientos de cámara cuyo único fin no es hacer avanzar dramática­mente la trama, sino mostrarnos en todo su esplendor la exuberante y liberada carnalidad de Marilyn. En este sentido, la cámara efectúa estratégicas panorámicas y travellings exclusivamente dedicados a su legendaria, esplendorosa y cimbreante popa). Por eso el prolongado climax final al borde de las cataratas, ya sin ella, carece de temperatura pese a lo bien filmado que está.
    Eso sí, la película se cierra con el interesante personaje de la modosita Polly (una espléndida Jean Peters inevitablemente eclipsada por Marilyn) ya a salvo y reinsertada en su conformista normalidad de recién casada (en una escena anterior con ella y Loomis, a la descripción que éste le hace de las aguas próximas a las cataratas, ella le responde: «no se preocupe, yo soy un tronco que se queda en aguas tranquilas»).
    Un abrazo.

  3. Querido Luis, la película de Lang me gusta muchísimo, Encuentro en la noche (Clash by Night, 1952), y Marilyn es ahí más Norma Jean que nunca.
    De James Ellroy con el mismo personaje principal, Freddy Otash, ese investigador corrupto, he leído «Pánico» donde desmitificaba totalmente el rodaje de Rebelde sin causa de Nicholas Ray. Me leeré también «Los seductores», me llama la atención cómo habrá ficcionado la muerte de la actriz.
    Su Angela en La jungla de asfalto es todo un personaje, una femme fatale inconsciente y superviviente en esa jungla de asfalto donde muchos se aprovechan de los otros. Ella sabe cómo la ven y cómo la tratan y saca tajada de ello, es cuestión de supervivencia.
    Sí, estoy disfrutando de lo lindo de estas sesiones dobles y todavía quedan algunas, efectivamente.
    Beso
    Hildy

  4. Querido Teo, afirmo lo que escribes en tu comentario. «La jungla de asfalto» es un increíble estudio de caracteres. No hay ninguno que sea plano. Y «Niágara» es una gran película de cine negro a todo color. Y apostaron acertadamente por una Marilyn de protagonista como una femme fatale sensual y total. «Niágara» a la vez que es una película entretenida, tiene muchas interesantes lecturas. Y es verdad que cuando desaparece la femme fatale pierde fuelle.
    ¡¡¡Seguimos en nuestros respectivos blogs con la filmografía de la Monroe!!! Qué disfrute.

    Beso
    Hildy

  5. Hola Hildy
    En aquellas alturas Huston era un especialista en cine negro y supo ver en Marilyn a esa gata callejera dispuesta a sobreponerse a cualquier contratiempo. Se puede unir mediante una línea de puntos desde esta Angela hasta la Roselyn de «The Misfits» donde la superviviente acumula tantas derrotas que entendemos perfectamente su preocupación por «los últimos caballos libres».
    Hathaway es famoso por sus westerns y su cine de aventuras pero también tiene su «jungla asfáltica particular» con «The Dark Corner,1946»; cine negro que no consta entre sus éxitos, tal vez, porque se adelantó a su tiempo: la prota es la secretaria del detective, una espléndida Lucille Ball.
    La historia se repite: en 1931 Frank Capra dirigió una peli que se iba a llamar como su protagonista femenina «Gallagher» -Loretta Young- cuando su productor -Howard Hughes- la vio decidió cambiar el titulo y la promoción por el color de pelo de su segunda actriz «Platinum Blonde» y comenzó el estrellato de Jean Harlow. En su siguiente peli -primera como prota- «Three Wise Girls, 1932» la unieron a Mae Clarke y Marie Prevost para contar las desventuras de tres modestas jóvenes que buscaban mejorar su futuro mediante el matrimonio.
    Un saludo, Manuel.

  6. ¡Hola Hildy! Agrego estas dos a mi eterna lista de pendientes. Una vez intenté ver The Asphalt Jungle, pero mi copia tiene una calidad tan pobre que no pude avanzar. Debería conseguir una mejor y ahí sí, darme una panzada de cine negro, que me encanta. Me llama particularmente la atención Louis Calhern. Lo conocí como el jefe de Devlin en Notorious, pero con el tiempo fui descubriéndolo en papeles más complejos. Lo último que vi de él fue Executive Suite y me gustó mucho su trabajo.
    Y si de agregar películas a la lista se trata, ¡qué intrigante suena Don’t Bother to Knock! Y con Richard Widmark nada menos. Ya ubiqué donde verla. ¿Aparecerá por aquí?
    Te mando un abrazo enorme, Bet.-

  7. Ay, Manuel, qué disfrute es leerte. Ya te lo digo siempre. A mi baúl de películas pendientes va «The Dark Corner,1946». Y es que Henry Hathaway tiene una filmografía tan rica… De cine negro, Hathaway tiene varios títulos memorables, que yo recuerde ahora, además de Niágara, he visto El beso de la muerte y Yo creo en ti, dos buenísimas películas. Pero hay bastantes más largometrajes apetecibles del género, como el que me has recomendado y agradezco en el alma.
    ¡Qué razón tienes con ese paralelismo y la publicidad de los estudios entre Jean Harlow y Marilyn Monroe! Qué interesante. Three Wise Girls va también a mi baúl de películas pendientes. Hay puntos de unión entre ambas rubias y además Marilyn sentía admiración por Harlow.
    Beso enorme
    Hildy

  8. Amiga Bet del alma, ¡te va a encantar cuando encuentres una buena versión «La jungla de asfalto»! Y, sí, Louis Calhern construye un personaje de esos que no se olvidan. El reparto coral es buenísimo, mi corazón se sitúa al lado del personaje de Sterling Hayden, lleno de claroscuros como todos los que salen.
    Sííí, «Niebla en el alma» merece la pena echarle un vistazo, yo solo la he visto una vez y no la olvido. En las sesiones dobles que tengo pensadas, ¡¡¡no aparece Niebla en el alma!!!, pero no se puede dejar escapar a una Marilyn Monroe en un papel de un personaje con fuertes problemas de salud mental. Por eso era necesario nombrarla. Además de demostrar el abanico de posibilidades de Marilyn, que no tenía por qué estar encasillada, como está quedando constancia.
    Beso
    Hildy

  9. Menudo ciclo estás viendo con ese icono del cine de todos los tiempos como protagonista. La película de las dos maravillas (las cataratas y Marilyn) es una delicia; y la secuencia con ella tarareando, susurrando «Kiss», es inolvidable, una escena que ha pasado a la historia del cine con toda justicia.
    Con respecto al personaje de La jungla de asfalto (una de mis películas preferidas de siempre), tiene cierto parecido al de la que también nombras de «Eva al desnudo». La mujer de compañía, la femme fatale si quieres, de Louis Calhern, es como aquella supuesta actriz que comienza protegida por el crítico teatral George Sanders, cuando ya sabemos que simplemente es su amante. Dos personajes que crea una actriz que empezaba en la realidad con tan sólo un par de escenas. Inevitable que los productores se fijaran en Marilyn. Su estrellato se veía venir.
    Abrazos!

  10. Querido Ethan, no sabes lo que lo estoy disfrutando. Me apetecía por este centenario analizar las películas de la actriz y lo que supusieron en su carrera y por qué sigue tan vivo su legado (aunque a veces creo que se sabe más de su figura que de su filmografía).
    Sí, yo también adoro La jungla de asfalto y siempre tiene un impacto en mí cuando la veo. Y Niágara regala un montón de buenos momentos con Marilyn presente.
    Con La jungla de asfalto y Eva al desnudo se notaba que Marilyn estaba ya en el camino de convertirse en una estrella.
    Beso
    Hildy

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