A Bet, que viva Hitchcock y el amor al cine. Por doce años de diálogo ininterrumpido.
Razón número 1: certeza
Una de las películas que sé con certeza que afianzó mi pasión por el cine fue Con la muerte en los talones. El colegio donde yo iba de niña, finales de los años setenta y los ochenta, lo llevaban unas hermanas misioneras (muy unidas a Madagascar) que en el centro escolar experimentaban con las pedagogías más innovadoras y modernas. Sí, era una mezcla curiosa y extraña, pero era así. A su favor he de decir que nunca sentí que me adoctrinasen o dirigiesen en lo religioso más de lo que ya suponía estar en un colegio de monjas y sí, sin embargo, me proporcionaron una atención a todo lo que tenía que ver con las injusticias sociales.
Pues bien, parece ser que la directora del colegio en aquellos años era tan cinéfila, que ver cine era una de las actividades asiduas que se organizaba para las alumnas del centro. Así que siempre venía un proyeccionista y en un salón de actos enorme con una pantallaza enorme, nos pasaban películas. Y una de sus favoritas debía ser Con la muerte en los talones, pues la vi en el colegio más de una vez.
Me recuerdo totalmente atenta, enganchada y maravillada con esta película. Me encantaba antes de saber quién era Alfred Hitchcock. No me importaba que repitiesen la proyección en más de una ocasión. No podía apartar la mirada de la pantalla y siempre me dejaba arrastrar por la historia de ese señor que le confundían con otro y se metía en un gran lío que cada vez se enredaba más, pero sin perder nunca el sentido del humor.
Razón número 2: Cary Grant, el héroe fascinante
Siempre hay una frase que se dice pronunció Alfred Hitchcock refiriéndose a Cary Grant, uno de sus héroes favoritos (el actor trabajó en cuatro de las películas del maestro del suspense: además de la mencionada, Sospecha, Encadenados y Atrapa a un ladrón), y dice algo así como que podía actuar con un huevo podrido en la cara y seguiría pareciendo fascinante. Y esa frase podría aplicarse perfectamente a su personaje de Roger O. Thornhill. Este publicista creativo, elegante, divertido, bastante desastre en su vida sentimental, con una relación de lo más curiosa con su madre, pero que sabe manejarse perfectamente en la jungla de Nueva York por un malentendido se verá inmerso en una historia trepidante.
Thornhill durante todo el metraje mantiene la dignidad intacta con su traje sastre, corbata y camisas blancas. Su pelo negro e impecablemente peinado. Da absolutamente igual que le emborrachen, que traten de asesinarle en un campo desierto con una avioneta fumigadora, que tenga que correr y escapar de todas partes, que se llene de polvo o se caiga, él continúa impecablemente divertido y elegante.
Y es que Thornhill, hombre creativo y sagaz, se adapta a su nueva circunstancia de falso culpable, perseguido por malos y policías y solo ante el peligro. Siempre tiene ideas e ingenio para salir adelante y una increíble capacidad para reírse de sí mismo y de todas las desgracias que le acontecen, sin perder su sex appeal e incluso enamorarse. Es como si tuviese la seguridad, a pesar de estar siempre al borde la vulnerabilidad de un hombre caído, de que conseguirá salir adelante. Con 55 años y siempre reinventándose desde que pisó Hollywood, su Thornhill rezuma vitalidad, sensualidad, diversión, glamour y distinción. Cary Grant sabe utilizar su vis cómica, sus cualidades de galán, su impresionante complexión física, así como sacar la seriedad cuando es necesario para dar forma a un gran personaje.
Archibald Alexander Leach se formó en el vodevil puro y duro; después durante sus primeros años en Hollywood, durante los años 30, fue trabajando el convertirse en Cary Grant. De hombre objeto y puro deseo a comediante sofisticado hasta alcanzar la cima y convertirse en uno de los actores más populares con su elegancia por bandera ya fuese en comedia, película de acción o drama.
Razón número 3: espías

Con la muerte en los talones. En el cine de Hitchcock no faltaron los espías en numerosas ocasiones.
El cine de espías es un género que ha dejado una ristra de películas inolvidables. El espía puede ser un mero funcionario gris del gobierno para el que trabaja con muchas horas de tiempos muertos, bailando siempre en un difícil equilibrio de conflictos y cuestiones morales, sacrificios personales, y una vida de compromiso (muchas veces por motivos equivocados) nunca recompensada… O también un héroe creado para el puro entretenimiento, hombres o mujeres de acción, sin preguntarse moralmente lo que hacen, sino superando obstáculos, venciendo a los malos, probando todo tipo de artilugios y avances tecnológicos y apelando a la adrenalina y emoción del espectador.
Curiosamente, Alfred Hitchcock tiene en su filmografía varios títulos de espías y representa a los dos perfiles en una misma película. En Con la muerte en los talones, Cary Grant, en plena Guerra Fría, se ve envuelto en una trama de espionaje con dobles agentes que da un vuelco a su vida. Si bien él se ve obligado a mantener un papel inesperado de espía de acción, también vemos el otro tipo de espía gris y que trabaja para el gobierno en el personaje del profesor (Leo G. Carroll), cerebro de la trama para pillar al malo malísimo Phillip Vandamm (James Mason).
Como era habitual en Alfred Hitchcock sabe cómo enganchar al público en sus tramas y hacer trepidantes las películas de espías que durante su filmografía fueron muchas. Recordemos títulos para un buen ciclo hitchcockiano de espías y una manera de redescubrirle: Los 39 escalones, El agente secreto, Sabotaje, Cortina rasgada o Topaz… En algunas de ellas hay ingredientes que se repetirán y estarán presentes en Con la muerte en los talones: un emplazamiento impresionante para la secuencia final, un falso culpable, tretas creativas del protagonista para huir del enemigo, la rubia que se convierte en cómplice para bien o para mal…
Razón número 4: temas hitchcockianos
Si François Truffaut le reivindicó como autor es porque sin duda cuando se analiza la filmografía del maestro del suspense pueden verse un montón de temáticas y formas de contar sus historias con dominio del lenguaje cinematográfico que dejan la huella de la creatividad especial de Hitchcock. Con la muerte en los talones no es la excepción. En una de sus películas más entretenidas y populares (algo que no descuidaba nunca el director), está su huella como autor. Veamos tres firmas de su autoría, sobre todo en el terreno temático.
La presencia de las madres de los protagonistas y esas curiosas relaciones materno-filiales que siempre deja el realizador británico. En Con la muerte en los talones está en clave de comedia. De hecho, todo el embrollo comienza porque el protagonista quiere dar un aviso a su madre y, por eso, los malos le confunden con un espía inexistente, George Kaplan. La señora Thornhill (Jessie Royce Landis) protagoniza uno de los momentos más cómicos y tensos de esta historia.
En un ascensor hasta arriba de gente donde entra con su hijo, este le señala con la mirada que al lado tiene a los dos hombres que han intentado matarle. La madre que no cree ni una palabra de su hijo y piensa que es otra invención de su hijo para excusarse por una borrachera. Así que les pregunta como si nada que si no pensarán asesinar a su hijo. Los asesinos y todos los que están en el ascensor no pueden reprimir una carcajada.
El falso culpable es el protagonista de muchas de sus películas y la premisa con la que arranca una historia trepidante. Un publicista se ve envuelto en una trama de espionaje y cada vez se va complicando más la historia, metiéndose en un laberinto del que parece imposible salir. En este caso el maestro juega con un sentido lúdico con ese falso culpable sin dejar de lado el humor que suaviza la vulnerabilidad de su situación, algo que no pasaba en esa joya oculta que es Falso culpable (The Wrog Man, 1956), que muestra la crudeza y el drama de un hombre acusado falsamente de un hecho que no ha cometido y que destroza su vida y la de los seres que lo aman.
La complejidad del amor y la sensualidad de sus historias. Hitchcock tenía una capacidad brillante para filmar unos besos maravillosos y reflejar la atracción de sus personajes, así como mostrar los recovecos oscuros de la pasión. Con la muerte en los talones no es una excepción. Así construye un interesante triángulo, con elementos similares a esa otra joya que es Encadenados. Somos testigos de un enamoramiento inolvidable y apasionado de los protagonistas en un tren donde surge la atracción de ambos, el juego y la sensualidad.
Luego, se cocina a fuego lento la traición y los celos. A la protagonista se la pone en máximo peligro, pues trabaja con los “buenos” en cuestión (aunque estos no dudan fríamente en sacrificar al pobre falso culpable si es necesario para que su plan siga adelante y proteger a su doble agente), y es el cebo que enamora al malvado. Y, por último, los amantes en máximo peligro tratarán de salir juntos del embrollo en el que se han metido.
Razón número 5: historia de amor en un tren
Y encadenando con el último tema esbozado en el apartado anterior, es una gozada ese encuentro “por azar” entre la rubia de la película y el atribulado falso culpable, con esas inocentes gafas de sol tras las que se oculta. ¿Dónde es el lugar más romántico donde puede gestarse una historia de amor? En un tren. No hay duda.
Lo maravilloso de Con la muerte en los talones es que es la rubia la que seduce al falso culpable, la que lo protege, la que lo oculta y lo mete en su camerino y la que no pone reparo alguno a la seducción que culmina con uno de esos besos inolvidables del cineasta en un diminuto camarote. Los dos protagonistas juegan a la sensualidad, al juego de ocultación, a mostrarse cómplices el uno con el otro…
… Hasta que descubrimos que el pobre diablo está siendo engañado por una rubia femme fatale. Y ese juego sensual se transforma en peligroso. Nos inquieta ver cómo él confía en la rubia y a nuestros ojos se convierte en vulnerable, pues no es consciente del engaño.
Luego vuelven a encontrarse en un hotel y él ya es un hombre despechado, pues la rubia le ha enviado a una muerte segura y sabe además que es la novia del hombre que está tratando de eliminarle a toda costa. Lo que pasa que los espectadores nos vemos sorprendidos al notar verdadera preocupación en el rostro de la chica, parece que realmente está enamorada.
Pues pronto llega un revelador giro de trama, en su comportamiento de hombre despechado, nuestro falso culpable ha puesto en verdadero peligro a una agente doble, como le comunica ese curioso personaje al que llaman el profesor y cerebro de la trama para atrapar al malvado Vandamm. Y entonces cual galán enamorado, decide contribuir a la causa y ayudar a la dama a huir de las manos del peligroso y elegante malvado.
Así Hitchcock crea una historia de amor que es la que hace avanzar a la trama y con ella consigue los giros de trama más emocionantes, además de acrecentar la tensión y el suspense. La complicidad sexual de ambos personajes marca cada fotograma, porque esa tensión sensual no resuelta por los problemas y obstáculos de ambos llega a su culminación final, como no podía ser de otra manera, de nuevo en el tren en una ingeniosa elipsis: del máximo peligro en el monte Rushmore al apacible momento en que sabemos que culminarán su relación con una esperada relación sexual, pues ya pasaron todas sus dificultades.
Razón número 6: el arte de ser inverosímil
Una de las bendiciones de Alfred Hitchcock es que podía ser encantadoramente inverosímil y que al espectador le importase un bledo, pues sabía envolver con su manera de contar. Con la muerte en los talones lleva la inverosimilitud a extremos increíbles y, sin embargo, nunca nos importó menos, pues es tal la destreza del realizador y las secuencias icónicas que regala que no nos fijamos en las incoherencias que se nos regalan. Es que el guionista Ernest Lehman y el realizador británico nos regalan un artefacto perfecto y la mar de entretenido.
Solo veamos un ejemplo: la rubia le pasa al pobre culpable un recado de dónde debe ir a reunirse con el agente secreto que le está amargando la vida, George Kaplan, pero en realidad le está conduciendo a la muerte… ¡A una muerte de lo más historiada, complicada y retorcida! Sin embargo, el maestro nos regala uno de los momentos cumbre e icónicos de la cinta. Un momento que se lo toma además con calma: el de la avioneta fumigadora.
Razón número 7: culminación del macguffin
Y coqueteando con ese concepto de inverosimilitud, en Con la muerte en los talones se ve claramente la culminación del macguffin, ese elemento de la trama que no tenía ninguna relevancia y que le servía para montar su historia.
La trama de esta película de espionaje gira alrededor de un macguffin absurdo y más elaborado, que permite el malentendido y las desgracias encadenadas del falso culpable. Y otro macguffin bastante tonto que justifica por qué se ha montado todo este jolgorio alrededor del malo malísimo, el elegante Vandamm.
Uno es toda la parafernalia que se ha creado para despistar a los malos de la doble agente y es inventar a un espía falso llamado George Kaplan al que hacen que reserve habitaciones de hotel por todas partes para dar la sensación de que persigue a los malos. El protagonista tiene la desgracia de que le identifiquen con el tal Kaplan.
Y el otro macguffin es inventar que en una figurilla de arte se esconden unos importantes microfilms que Vandamm piensa sacar del país y que no sabemos nunca qué contienen ni por qué el malo es tan peligroso y amenazante para el gobierno.
Por cierto, como siempre en Hitchcock, sus malos malísimos son deliciosos. Aquí se sirve de un misterioso, elegante y malvado James Mason en su papel de exquisito millonario que trafica con secretos de Estado. Es cínico, frío y calculador y le molestará profundamente haberse enamorado de la mujer equivocada, tal es así que no hubiese tenido reparo alguno de deshacerse de ella…, hasta el final se muestra irónico. Para sus fechorías que no sabemos nunca de qué calibre son se rodea de hombres y mujeres de confianza y malotes fieles. Así los espectadores disfrutaremos de la maldad y la presencia inquietante de los rostros de un jovencísimo Martin Landau, su mano derecha, y la tensión que provocan los matones cada vez que aparecen con los rostros de Adam Williams y Robert Ellenstein.
Razón número 8: geometría y arquitectura

Con la muerte en los talones. Es impresionante el uso de geometría y arquitectura en toda la película.
Algo que amo totalmente y en cada visionado más (no sé cuántas veces la habré visto) de Con la muerte en los talones es cómo el maestro cuenta esta historia sirviéndose mucho de la geometría y también de la arquitectura de los edificios elegidos para que su trama transcurra de manera emocionante. El juego de líneas, simetrías y demás es increíble y se anuncia desde los reveladores títulos de crédito del gran Saul Bass.
Así desde el edificio donde se ubican las oficinas del publicista y las calles abarrotadas de Nueva York hasta esa primera y retirada mansión donde le llevan una vez le secuestran, así como esa carretera con curvas infernales que puede convertirse en la tumba del protagonista o esa recreación de las Naciones Unidas donde le involucran en un historiado asesinato con puñal. Hasta las vías y los vagones de tren y esa sensación de velocidad e incertidumbre o ese desértico paisaje atravesado por la carretera con esa amenazante avioneta fumigadora. Con la culminación final de esa moderna casa construida en plató e inspirada en el arquitecto Frank Lloyd Wright en lo alto de un acantilado a los pies del monte Rushmore, siendo este y las narices de sus presidentes emocionante escenario para la persecución final.
Razón número 9: la rubia
Alfred Hitchcock no volvió a trabajar con Eva Marie Saint, pero para los dos el rodaje fue una experiencia placentera y consolidó la carrera de la actriz, que tuvo un debut brillante en otra de las películas de mi vida, La ley del silencio.
El personaje de Eve Kendall proporciona una de las rubias más populares del realizador. Eva Marie Saint estuvo elegante, fría y brillante como esa agente doble, que se presenta frente al atribulado falso culpable como una sibilina femme fatale que está en realidad con el malo malísimo de la función.
Es una heroína inteligente, ambigua, de apariencia fría y con una sensualidad innata que esconde una mujer apasionada y enamorada. Es una mujer que se vale por sí misma, que además se mueve en las relaciones con los hombres con soltura y libertad. Ella seduce al héroe y lo envuelve con sus encantos, pero, como se irá desvelando, realmente se enamora del falso culpable. No hay pocos paralelismos entre Eve Kendall y la Alicia Huberman de Encadenados. Solo que Con la muerte en los talones muestra ese triángulo y esa historia de espionaje de una manera mucho más lúdica. En ambas películas es mucho más moderna en las relaciones ella que el héroe en cuestión.
Como siempre, el realizador cuidaba con esmero la apariencia física de sus protagonistas. Y el caso de Eva Marie Saint no es una excepción. Desde el primer momento es una rubia sofisticada con una elegancia que salta a la vista no solo por su peinado, sino cada uno de sus modelos. En esta película la actriz luce uno de esos modelos que han hecho historia y que suele salir mencionado cuando se habla de la fructífera relación entre moda y cine: es un traje de cóctel maravilloso negro con flores rojas de Cristóbal Balenciaga. Justo aparece con ese precioso vestido cuando Cary Grant regresa con el corazón roto sabiendo que se ha enamorado de una mujer fatal.
Razón número 10: secuencias icónicas

Con la muerte en los talones. ¿Quién no tiene un recuerdo fuerte de esta película si la ha visto alguna vez?
Con la muerte en los talones es un milagro de secuencias icónicas. Sí, de esas secuencias que en diversos documentales, textos de libros, artículos u otros medios siempre se mencionan por distintos estudios o análisis o que simplemente quedan en el recuerdo del espectador de la sala cine. Tiene bastantes momentos que no se olvidan, este largometraje atesora bastantes. Además de la mencionada secuencia de la avioneta fumigadora, quedan para el recuerdo el asesinato en Naciones Unidas; el divertidísimo momento de la subasta y la manera que tiene Cary Grant de poder huir de una muerte segura; los disparos en la cafetería a los pies del monte Rushmore; la escena que transcurre en la casa de la colina y la persecución en el propio monte por las caras de los presidentes. No se puede dar más.
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¡Ay, Hildy querida! ¡Por doce años y muchos más!
Hace mucho que no miro esta película pero me has hecho dar unas ganas tremendas de reencontrarme con ella. Te leo y asiento en cada uno de tus párrafos.-
Yo no tuve una historia tan entrañable con ella, la descubrí relativamente tarde en mi exploración de la obra de Hitchcock y al principio, no me encantó, no entendía lo que el director quería contarme ni la forma de contar. Pero insistí y hoy puedo decir que está entre mis favoritas (lo mismo me ocurrió con Para atrapar al ladrón). Todo me gusta en esta película, el elenco, la trama, los macguffins (me había olvidado de la estatuilla, ¡pero si es aquello que van a buscar a la subasta!), los personajes, ese triángulo amoroso maravilloso y la conexión con Notorious (mi favorita del director), los escenarios, el humor, el vestuario de Eva Marie Saint (¡ese vestido con flores rojas es para morirse!), todo lo que mencionás es para disfrutar muchísimo.-
Gracias por traerme el recuerdo de esta película y por este diálogo que espero dure muchos años más, Bet.-
Amiga Bet, siempre es un buen momento para visitar Con la muerte en los talones. Me encanta cuando alguna peli no nos convence, pero sabemos que tiene algo y volvemos a verla y la redescubrimos de nuevo hasta que logramos que nos fascine hasta tal punto de convertirse en favorita.
Beso y mucho cine
Hildy
Hola Hildy
Inabarcable Alfred y estupendo repaso en estas fantásticas facetas.
Leyéndote he pensado en todas esas pelis -guiadas por esta- que son montañas rusas en las que cada curva te lleva a un escenario paradisiaco y cada descenso vertiginoso lleva pegado un giro de guion. Esos cerocerosiete, misiones imposibles y, añadiendo músculo y mamporro, las de ese apellido tan nor-noroeste: Van Damme.
Un saludo, Manuel.
Mi rey de las palabras y los juegos con el lenguaje, ¡tienes toda la razón! Es bonito analizar a Alfred como pionero, como hombre influyente en las maneras de concebir y hacer cine. Y su cine de espías y ese equilibrio entre el entretenimiento y lo autoral deja ver muchos caminos que luego ha transitado este cine y género tan querido por mí (mi Bond de niña fue Roger Moore, que también empleaba el sentido del humor y reírse de sí mismo en sus aventuras).
Beso
Hildy
Esta vez has dado en el clavo, en lo que a mí respecta: «Con la muerte en los talones» es mi película preferida de Alfred Hitchcock, y estaría en el top 10 de mis favoritas de siempre.
La cinta tiene de todo, acción, humor, drama, romanticismo. Todas las características del cine de Hitchcock se encuentran aquí: la rubia, el falso culpable, la resolución en un monumento, en este caso el monte Rushmore, las tomas de lo particular a lo general y viceversa, etc.
Suscribo cada una de las razones excelentemente expuestas en tu decálogo y añadiría algunas más como la «limpieza» en la puesta en escena, en las imágenes, la música de Bernard Hermann, los créditos de Saul Bass o ese juego entre planos muy generales y primeros planos. Todo muy hitchcockniano, muy elegante, en lo que cualquiera de esas características quedan supeditadas al fin que no es otra cosa que el suspense.
Hace poco tuve la oportunidad de verla en pantalla grande y de introducir la película en una sesión de cine club casero que hacemos los jueves alternos. Y claro, quedé de nuevo maravillado.
Abrazos!
Has dado en el clavo con una palabra, querido Ethan, esta película es tan elegante como sus dos protagonistas. Y como dices es una película que tiene de todo: acción, humor, drama, romanticismo… Qué gozada verla en pantalla grande y esa sesión de cine club para disfrutarla a tope. Es de esas películas que da igual las veces que se vea, siempre entretiene, siempre se descubre algo y cómo muestras siempre quedan muchas cosas de las que hablar o que analizar.
Beso
Hildy
Hola Hildy. Antes he escrito un mensaje pero creo que ha fallado al enviarlo. Comentaba que lei el otro dia que Tarantino decia que Con la muerte en los talones era una pelicula mediocre. Tampoco le gustaba Vertigo ni el cine de los años 50.
Que mente mas peculiar tiene Tarantino, ¿no?
Quizas por eso hace el cine que hace.
Que rara es la gente, ¿verdad?
Un beso.
Querido Luis, qué alegría leerte. Bueno, amigo mío, ya sabes que hay infinitas miradas sobre las películas. Y Tarantino pues no conecta ni «Con la muerte en los talones» ni con «Vértigo». Otras películas le han marcado y esas no. A él le hacen vibrar otras imágenes y sensibilidades. Es curioso que no conecte con el maestro del suspense que es tan potente visualmente, tan entretenido y con unas historias que no deja nunca de reflejar un punto oscuro, retorcido…
Jajaja, me encanta lo de que rara es la gente. Sííííí, somos raros y diversos.
Beso enorme
Hildy
Me encantan tus textos, pero siento especial debilidad cuando escribes las diez razones para ver una película. Tengo Con la muerte en los talones bastante reciente, también yo quedo siempre hipnotizado. Tengo muchos directores favoritos: Ozu, Ford, Frintz Lang, Howard Hawks, etc. Pero a lo que narración se refiere, no si existe uno que lo ejecute con mayor talento que Alfred Hitchcock, puede que sea el narrador por excelencia.
Un beso.
Pabloooooo, los directores que nombras son todos maravillosos. Hitchcock es especial y además ¡siempre reponían sus películas y he podido ver casi toda su filmografía en pantalla grande!
Con la muerte en los talones es una gozada verla siempre y aunque te sepas todo, es tan divertida y entretenida que siempre causa placer.
Beso
Hildy
Sí, sí, sí. Asiento a todo lo que has descrito en este maravilloso texto sobre esta película icónica del maestro y la más entretenida (y mira que tiene unas cuantas) de toda su filmografía.
Esta película es inagotable porque se puede desgranar desde un montón de ángulos (geometría de nuevo, jeje). A mí no deja de maravillarme por varios motivos: el primero, por lo que tú misma has descrito respecto al personaje de Cary Grant; cómo acaba sobreponiéndose siempre a las situaciones más tensas y difíciles (ello me recuerda a la secuencia de la avioneta fumigadora, a la cual rinde homenaje Clint Eastwood en Ruta suicida, por poner un ejemplo), y algo que por supuesto resulta encantador de su personaje, que es la capacidad que tiene para reírse de sí mismo. El momento de la subasta es el súmmum del absurdo más delicioso y delirante. Siempre me acabo riendo cada vez que lo veo. Sin embargo, yo, a título personal, de toda la vasta filmografía de Grant, su mejor personaje, el más complejo y mejor construido es el de Encadenados.
En segundo lugar: la madre. Como muy bien has explicado, al ser una película en clave de humor, la madre del protagonista se desmarca del resto. Y eso me encanta, porque esta madre no puede ser más irónica y sarcástica, con la que uno puede conectar desde el primer instante. Muy buena.
En tercer lugar: la rubia. Para mí, de todas las mujeres fascinantes que ha tenido Hitchcock en su filmografía, Eve Marie Saint representa la sofisticación por antonomasia. Que me perdone Grace Kelly, pero personalmente creo que esta actriz logra reunir en el mismo personaje esa mezcla de frialdad, suavidad, inteligencia, saber estar y una sensualidad curiosa (mezcla de calidez y frialdad al mismo tiempo). La secuencia, tan bien señalada por ti, del vagón cama, en el que van rodando a través de la pared, yo me atrevo a señalar que Hitchcock, con muy buen ojo y jugando con la perspectiva, hace ver como si realmente rodaran sobre una cama. Pura maestría sin enseñar absolutamente nada, sólo calentando nuestro cerebro (ya sabemos dónde está realmente el erotismo).
Y, por último: el villano made in Hitchcock y su secuaz. La relación entre los personajes de James Mason y Martín Landau es de las más ambiguas del cine de Hitchcock. Da la sensación de que hay ahí algo más, dando a entender que por parte de Landau hay ciertas inclinaciones amorosas hacia el personaje de Mason. Prueba de ello está en que siempre está vigilando y desconfiando del personaje de Eve Marie Saint e incitando a su jefe a que la deje de lado, cuando no insinuando su asesinato.
P.D. Ay querida Hildy, ese vestido rojo y negro que luce Eve me encanta. De hecho me atrevería a señalar que es de los más bonitos elegantes que he visto en su cine, quizá el que más.
Felices fiestas querida Hildy, y que el nuevo año sea mejor. Un abrazo.
Queridísima Isis, qué jugoso tu comentario. Cuántas cosas bonitas e interesantes destacas. Demuestras que hay películas interminables a la hora de analizarlas y «Con la muerte los talones» es una de ellas. Hay mucho que decir. Y que hay que da igual las veces que se vean, siempre entretienen. ¡La madre es un personaje maravilloso, tienes razón!
Besoooo
Hildy
PD: ¡Feliz Navidad!
¿Solo 10? Insisto, ¿qué está pasando? ¿Y la música de Bernard Herrmann?
La película es un circo delicioso, durante mucho tiempo -y aun hoy- infravalorada por su aparente frivolidad temática. Una comedia socarrona en la que Hitchcock se lo pasa pipa, y nosotros con él, choteándose de las cosas serias. De la comedia evidente a la parodia oculta. Y, además, padre de la saga Bond. No de la literaria, obviamente, pero sí de la cinematográfica, que tiene más de esta película de Hitchcock (sin el -cock, como le gustaba bromear a él) y de Cary Grant (que por poco -por pocos años, concretamente- no hizo el papel) que de Fleming.
Besos
Jajaja, mi querido Alfredo, eso es, un circo en el que nunca te cansas de estar. El humor que desprende le hace especial. Sí, el tono Bond cinematográfico ya sobrevuela por ahííí.
Es de mis Hitchcock favoritos.
Beso
Hildy
Sin duda esta película es el cénit de una de las dos vertientes de Hitchcock: la aventurera, juguetona, el thriller romántico y sofisticado con temas tan propios del maestro como el falso culpable, la rubia (aparentemente) de hielo, y el Mcguffin. El mismo director diría de su película. “Es un resumen de mi etapa americana. Practico de manera casi religiosa todo aquello que es absurdo” ¡Cuantos thrillers y películas de acción la imitaran y que pocas le llegan a la altura del zapato!… La otra vertiente del “maestro del suspense” sería la de la obsesión amorosa, el psicoanálisis, el fetichismo y ahí su cumbre es “Vértigo” de un año antes. A diferencia de “Con la muerte en los talones” no funcionó bien en taquilla. Y en San Sebastián fueron tan obtusos que no le dieron la concha de oro ¡Qué esquivos le fueron siempre los premios a Hitchcock!
Feñiz año, Hildy.
PD Por una vez y sin que sirva de precedente el ´título español es mejor que el original.
¡Lilapop, feliz 2026 y muchas películas que compartiremos!
Tu comentario es jugosísimo. Siempre muestras una mirada que aporta. ¡Sí, el título de Con la muerte en los talones es bueno!
Como dices es una película donde se conjuga todo Hitchcock y, por eso, es tan disfrutable y apasionante.
Beso
Hildy