«September Song» es una canción que tiene una presencia importante en este drama romántico de William Dieterle, un director elegante en su puesta en escena y maneras de contar las historias que rueda. Un hombre y una mujer; David y Manina; un ingeniero y una pianista; un caballero desencantado de su matrimonio y de su trabajo y una dama enamorada del amor… se encuentran en Italia. Los dos están a punto de partir hacia EEUU por distintos motivos. El primero, obligado a volver a su rutinaria vida cuando solo desea huir. La segunda, a punto de regresar a su tierra natal, a la que no ha vuelto desde que era una adolescente, a tocar en un importante concierto en Nueva York.
David y Manina se encuentran en un avión que tiene que hacer un aterrizaje forzoso en Napoles para arreglar un pieza. Mientras esperan, deciden hacer un poco de turismo por los alrededores y terminan perdiendo el avión. Deciden retrasar su regreso y pasar unos días por Italia. Y entonces se van enamorando. Cuando pretenden ya separar sus caminos y no meterse en una historia de amor que no puede ser, leen en un periódico que el avión nunca llegó a su destino y que dan por muertos a todos sus pasajeros. Se dan cuenta de que pueden empezar desde cero, borrando todo su pasado, y comenzar una nueva vida juntos.
«September Song» suena cuando todavía no saben que van a perder el avión. Los dos han ido a comer a un genuino restaurante italiano y suena en un viejo gramófono el gran Caruso. La dueña del local les deja unos discos de un americano que nunca volvió a por ellos, la guerra… Y Manina le señala a David dicha canción y este le pide que la ponga. Los dos en silencio escuchan «September Song» con la voz de Walter Huston, el actor que la interpretó en el musical Knickerbocker Holiday en 1938, que habla de amor, el cortejo y el paso del tiempo. Hay una hermosa tensión sensual, dos personas que sienten una corriente, una conexión, pero que no la verbalizan. Todo termina cuando David le enseña el reloj a Manina, tienen que regresar al aeropuerto para tomar el avión.
Después vuelve a sonar otra vez de otra manera muy diferente. David y Manina se han atrevido a dar el paso, a comenzar una nueva vida, son como dos fantasmas de carne y hueso que han decidido ocultar que están vivos para protagonizar su historia. Están intentando construir un futuro juntos, cortando radicalmente con el pasado. Están en un pequeño restaurante y él le pide que toque la canción al piano. Y entonces un joven soldado en la barra empieza a cantarla. El joven acompaña a los dos amantes. Lo que no se esperan es que en esa velada con el soldado, este les hace ver que tienen unas raíces, unas responsabilidades y un pasado.
Y es que Idilio en septiembre tiene un hermoso uso de la música para contar su historia, como hacen los buenos melodramas cinematográficos. Así nuestra protagonista, Manina, es una pianista que lleva muchos años preparándose para dar un gran concierto: el concierto para piano n.º 2 de Rachmaninoff. Y justo esa pieza desata sentimientos en todos los personajes que la escuchan en el concierto final: los que acuden en vivo y en directo (David y su hijo), quienes lo escuchan por la radio (la mujer de David y la profesora de piano) y Manina que lo está interpretando. No hay ninguna palabra, todo está en sus rostros. Es el momento catártico y emocional. Un tsunami para recolocar a todos en su sitio.
William Dieterle trabajó cinco veces con Joseph Cotten y en cuatro de ellas el actor fue protagonista de historias extremadamente románticas, siempre con la presencia de la muerte, la guerra y el desencanto: Te volveré a ver (I’Be Seeing You, 1944), Cartas a mi amada (Love Letters, 1945), Jennie (Portrait of Jennie, 1948) y la película que nos ocupa. La última vez que trabajó con Dieterle fue en un remake de El expreso de Shanghai, Peking Express (1951) y, por supuesto, tampoco faltaba su historia de amor.
En Idilio en septiembre es importante centrarnos en su título en castellano en la palabra «idilio» o en su título inglés, en «affair», porque la película de un modo elegante y melancólico habla de eso, de una aventura amorosa o de un asunto amoroso que sirve a sus dos personajes para vivir una fantasía, para huir de sus realidades en un momento en que lo necesitan. La película escenifica un paréntesis en la vida de David y Manina, que tienen una oportunidad del destino de romper con todo y construir su propio mundo en una preciosa villa italiana. Sí, viven esos días intensos del enamoramiento donde ni nada ni nadie importa.
Lo único que pasa es que la realidad de ambos se impone… y el affair o el idilio se va apagando, sin grandes estridencias. A ellos siempre les quedará Pompeya, Capri y la mansión de Florencia. Y Dieterle cuenta esta historia con diversos detalles sin momentos estridentes. No, no es un final precipitado o inexplicable para esta historia, sino más bien inevitable y melancólico. Es que es la historia de un affair. Y unido a la palabra affair está lo efímero, como advierte la canción.
Lo hermoso de Idilio en septiembre no es aprovecharse de esos americanos atrapados en una Italia llena de sensualidad y belleza (de hecho, forma parte de prácticamente un subgénero hollywoodiense), sino disfrutar de la bonita química entre Joseph Cotten y Joan Fontaine que regalan momentos muy especiales durante su enamoramiento, como cuando se encuentran en el mar tumbados en esa plataforma, al sol, y se besan por primera vez.
Poco a poco se va viendo que esa burbuja que intentan crear los dos protagonista es frágil y a punto está de explotar varias veces: Joseph va sintiendo ganas de trabajar otra vez totalmente entregado, echa de menos a su hijo y también sabe que su matrimonio no ha sido tan malo. No hay buenos ni malos, como se demuestra en el delicado retrato que se hace de la mujer (Jessica Tandy) y el hijo de David.
Manina tiene a su profesora de piano, una especie de estricto Pepito Grillo, que intenta abrirle los ojos, no entiende por qué tiene que sacrificar su carrera de pianista por la que tanto se ha estado preparando, le dice que si todo no esconde su cobardía al fracaso y le obliga a pensar si realmente el príncipe azul no empezará a echar de menos el cuento del que se ha salido.
William Dieterle y Joseph Cotten dejan otro buen romance en pantalla con un precioso realismo a la hora de mostrar los sentimientos y emociones y las complejidades de las relaciones humanas, tal y como ya hizo en Te volveré a ver. Habla de personajes con miedos, frustraciones y heridas. Hombres y mujeres que se equivocan, pero que tratan de continuar, avanzar y que finalmente se aferran al amor, aunque complique mucho más sus vidas.
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Hola Hildy. No me suena esta pelicula, pero me atrae la idea de romper con tu vida y comenzar de nuevo. Reinventarse.
Por ejemplo En la ciudad blanca de Alain Tanner tenia esta premisa. Empezar de cero en otro lugar. Siempre es complicado hacerlo, claro, a veces el pasado vuelve o nos incomoda. Es dificil cortar todos los lazos.
Una sesion veraniega muy atractiva, la que nos traes hoy.
Queridísima Hildy, no me vas a creer pero justo ayer estaba pensando en esta película cuando hablábamos sobre Cotten en la sección de comentarios de otra de tus entradas. ¡Y hoy me sorprendí al encontrar la notificación de esta nueva reseña en mi casilla de correo!
No he visto esta película en muchos, muchos años, pero guardo un buen recuerdo de ella. La casualidad de haber pensado las dos en ella tal vez sea el empujón que necesitaba para volver a verla.-
Te mando un abrazo enorme, Bet.-
Hola Hildy
¡Qué corto se ha hecho este verano! Segundo capitulo y… ¡Ya es septiembre!
«September Song» une a Dieterle con su compositor Kurt Weill; dos alemanes que triunfando en su país y, por razones «casi imposibles de explicar en el siglo XXI», tuvieron que «hacer las américas».
Me encanta Joan Fontaine, como actriz era fantástica pero como personaje era aún mejor. Busca en YouTube «Girl on the Park Bench» verás que también fue una adelantada a su tiempo.
Un saludo, Manuel.
Querido Luis, es una película que merece la pena echarle un vistazo. Describe de manera preciosa un affair de septiembre nunca mejor dicho. Como viene se va y no deja de ser efímeramente hermoso. Ese momento en que los amantes sienten una ruptura con el tiempo, el espacio y el mundo, que parece que lo único que merece la pena es su enamoramiento. Y lo hace una manera preciosa y ¡¡¡¡en una Italia preciosa!!!!
Me apunto «En la ciudad blanca» de Alain Tanner, que no la he visto. Mil gracias por la recomendación.
Vivaaaa las sesiones de verano
Beso al sol
Hildy
Bet de mi alma, fue a raíz de nuestra conversación sobre Cotten cuando me acordé de que tenía pendiente esta película de este actor que tanto me gusta. ¡¡¡Me volví a leer tu magnífico artículo sobre ella!!!
Cómo se disfruta volviendo a refrescar otra vez ciertas películas que nos hacen fijarnos de nuevo en detalles y, por supuesto, disfrutarla otra vez.
Y qué bonito son esos primeros planos en blanco y negro de las viejas películas de Hollywood. Qué hermosos salen Fontaine y Cotten en «Idilio en septiembre». Y cómo me gusta el uso de la música en esta película. Qué momentos hermosos atrapa la cámara…
Beso
Hildy
Amigo Miguel, jajajaja, ya pasaron los calores y traigo septiembre. ¡¡¡Menuda historia la del musical donde está esta popular canción estadounidense con letra Maxwell Anderson y música de Kurt Weill!!! ¡¡¡Y con Walter Huston como cantante, que es la versión que aparece en la peli!!!
Qué interesante ese diálogo entre Dieterle y Weill, dos intelectuales alemanes en EEUU.
¡¡¡Mil gracias por la referencia de Joan Fontaine!!! Claro que la buscaré y la veré. Cuántos títulos tiene que merecen la pena. Las dos hermanas tienen un puñado de películas inolvidables.
Beso
Hildy
Un melodrama romántico que ha de hacer filigranas para eludir las sugerentes ondulaciones de su argumento. En cualquier caso, recuerdo que todo discurre por cauces autorizados y por lo tanto, convencionales.
William Dieterle, al que obviamente siempre veneraré por esa embelesante gema del cine romántico titulada PORTRAIT OF JENNIE, a esas alturas había dado ya lo mejor de sí trabajando para David O. Selznick y su esposa (lamento no haber logrado nunca averiguar qué partes de DUELO AL SOL fueron rodadas por él).
Tal vez, por el mimo con que la analizas, sea el caso de que no he visto esta película (hace casi un par de décadas que lo hice) con la atención, el cariño y supongo que la cercanía con que lo has hecho tú. Por eso, podría ocurrir que si volviera a verla hoy mismo, mi percepción -poco avispada últimamente- estuviera ahora más cerca de la tuya.
Un abrazo.
Querido, querido Teo, qué bellísima es PORTRAIT OF JENNIE. Yo no había visto hasta ahora «Idilio en septiembre» y me inspiró para escribir largo y tendida sobre ella. Me llegó la manera elegante de contar Dieterle un affair, sus dos personajes y ese final no abrupto, sino tal realista…
No la he visto, y mira que conozco las otras que nombras, las colaboraciones entre Dieterle y Cotten.
De amores en Napoles, con visitas a Pompeya y demás hay películas como la española Mare Nostrum, pero creo que la que se lleva la palma es «Siempre te amaré» o «Viaggio in Italia» como decía el título original. Una cinta que nació moderna y se adelantó a su tiempo.
P:D:: de tus sesiones de verano sí he visto «Cónclave», me gustó bastante y además fue muy oportuna .
Abrazos!
Querido Ethan, «Te querré siempre» es una película tan hermosa y triste.
¡»Cónclave» está tan bien hecha! Y es tan amena
La película de Cotten y Dieterle tiene la elegancia en la dirección y actuación de ambos. Joan Fontaine no solo está bien en su papel, sino que es donde la he visto más bella.
Beso
Hildy
Querida Hildy
.tanto tiempo sin escribirte ,y esta hermosa película es un buen motivo para reanudar nuestra relación epistolar,
La peli tiene grandes cualidades: un romance tierno y maduro ,una pareja de excelentes actores protagónicos y unos paisajes italianos que no desmerecen en blanco y negro,
Pero lo que me vuela la cabeza es la Canción de Septiembre de Kurt Weil, una de las más bellas canciones que se han escrito y que se ha reproducido en como un millón de versiones.
Una duda, recuerdo muy vagamente INTERMEZZO con Leslie Howard e Ingrid Bergman y me parece que ambas cintas se parecen ¿Qué opinas?
Besos por un nuevo comienzo, IVÁN
Queridísimo Iván, qué alegría leerte de nuevo. Exacto, qué momentos tan hermosos tiene «Idilio en septiembre». Como bien describes en tu comentario, la película tiene muchas cosas que la hacen especial.
Sí, «Canción de Septiembre» de Kurt Weil es una preciosidad y también cómo se usa en la película y en los momentos que aparece para contar esta historia.
Podría hacerse una sesión doble con Intermezzo sobre todo porque sus protagonistas son pianistas y los dos hombres están casados y tienen una familia cuando se enamoran de ellas. Pero el desarrollo de las historias y las relaciones entre los amantes difieren bastante y eso enriquece ambas propuestas.
Beso alegre y de reencuentro cinéfilo
Hildy