
Un maravilloso polar de Jean-Pierre Melville. Uno de sus alicientes es el personaje de Jean-Paul Belmondo.
Sigo deleitándome poco a poco en la filmografía de Jean-Pierre Melville y le ha tocado el turno a El confidente. ¿Hay un actor que le quede mejor un gorro, una gabardina y unos guantes que a Jean-Paul Belmondo con esa sonrisa pícara?
Solo por el último plano de esta película en el que su personaje, un pobre diablo (como el mismo se describe en un momento determinado), se mira al espejo y su rostro queda enmarcado, merece la pena su visionado. Imagen que diáloga con otra al principio de la película donde el otro gran protagonista también se mira en un pequeño espejo roto… Los dos reflejados en el espejo.
Y por cada una de las secuencias de este polar francés se hace imposible despegar el ojo de la pantalla. Melville era un amante del cine negro estadounidense y supo trasladar la esencia del género al cine francés y ser la máxima expresión del noir en su país.
El confidente no solo juega con un impresionante blanco y negro, sino que además las sombras y los claroscuros son fundamentales para el relato. No puede faltar la lluvia, el ruido de los trenes, las lámparas en penumbra, los locales de mala muerte, los disparos… En el relato cinematográfico la presencia de la violencia es continúa, además de la sensualidad siempre presente. Tampoco faltan esos policías, que sortean también, como aquellos a los que pretenden detener, la ambigüedad moral. Y en la narración siempre hay una presencia del destino. Sus personajes lo tienen pegado en la frente. Es una carrera sin freno, a la desesperada, aunque ellos crean que todo lo tienen bajo control.
Los protagonistas son dos hombres que parece que no sienten ni padecen, delincuentes comunes, que emprenderán una carrera incierta de mentiras, traiciones y engaños. Uno de ellos acaba de salir de la cárcel, de una condena de cuatro años. El otro, su amigo, parece ser que se ha convertido en un confidente de la policía. Sus caminos se cruzan irremediablemente y pese a su frialdad, se irá desvelando que tienen un cierto código ético y que en un mundo de engaños, ellos tienen un sentido de la amistad. El que sale de prisión es Serge Riggiani que tiene el dolor, el desencanto y la melancolía en el rostro. Y el confidente es Jean-Paul Belmondo, que continúa perfeccionando su personaje de Al final de la escapada.
Hay varias secuencias que no pueden olvidarse por su ejecución. Primero, la secuencia de inicio cuando Serge Riggiani se dirige a una casa y vemos cómo de la manera más fría e inesperada mata a tiros a su amigo. Nos enteramos de que está a punto de realizar un robo al día siguiente y de que vive con una mujer. No solo borra las huellas del crimen sino que se lleva un buen botín de dinero y joyas robadas. Sale solitario de nuevo por las calles y bajo una farola solitaria entierra lo sustraído y la pistola del crimen. Brutal.
La otra impresionante es exacerbadamente violenta, el confidente se presenta en casa de su amigo, que acaba de marcharse a realizar el robo, y allí está su bella amante, Théresè (Monique Hennessy). En un principio parece educado y cortés, luego va incomodando su presencia y parece que la está adulando en exceso, a punto, del acoso. Y cuando menos lo esperamos la golpea, la pega fuerte y la tira al suelo, dejándola inconsciente. No solo eso, sino que la ata e inmoviliza de manera agresiva. El suplicio de Théresè no acaba más que comenzar.
La tercera secuencia es cuando el confidente se dirige al despacho de otro ladrón sin escrúpulos y le tiende una larga y agónica trampa. Con todo detalle y extremadamente calculado. El que cae en la trampa tiene el rostro de Michel Piccoli, ofreciendo como siempre toda la credibilidad del mundo.
Y, por último, toda la maravillosa secuencia final, donde los dos amigos unen sus destinos en una mansión aislada. Y donde un espejo, un biombo y una puerta acristalada hacen milagros.
Solo por el disfrute visual y continuo que ofrece Jean-Pierre Melville, sus increíbles planos secuencia y esos personajes con la ambigüedad por bandera merece la pena inmiscuirse en el relato.
En ese mundo oscuro en el que se mueven los personajes, las mujeres no solo sufren una violencia brutal y son objeto del deseo, sino que solo se garantizan la supervivencia en su rol de mujeres fatales (y ni siquiera es su seguro de vida).
El mundo presentado en El confidente es despiadado. Sus personajes se mueven con códigos distintos y se nos van desvelando sus aristas, aunque nunca sabemos a ciencia cierta si el relato que finalmente se nos narra en forma de un inesperado y sorprendente flashback es verdadero o no. Todo depende de la mirada del espectador que se hunde en un espectáculo visual de puro cine negro.
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Joyaza de película. Junto con El silencio de un hombre, para mí las pelis más redondas de Melville.
Esta película, por cierto, más que cine en blanco y negro para mí es más una película de tonos grises. Tengo el recuerdo en mi cabeza de Jean Paul Belmondo caminando hacia una casa, de espaldas a la cámara, con esa gabardina y el sombrero, no sé por qué ese momento es el que más recuerdo de esta película. Parece un momento sin más relevancia pero para mí lo vi de una elegancia, un estilo y una forma de narrar que es como si se dibujara el éter en el aire y nos dejara suspendidos y abstraídos ante unas imágenes muy evocadoras.
Besos veraniegos.
Hola Hildy
No tengo ningún recuerdo fresco pero me atrevo a responder a tu primera pregunta; Un actor que le queden bien gabardina y sombrero con sonrisa entre pícara y ambigua: pues la versión italiana de Belmondo, es decir Celentano. Lo que pasa es que el italiano cantaba mejor -que sepamos- y, en el lado negativo, casi siempre se le iba la mano en su modo parodia.
Leyendo tu entrada me has hecho recordar lo que impresionó al adolescente que fui otra peli francesa «Les Valseuses, los rompepelotas, 1974», resulta que tienen bastantes puntos en común (entonces no lo sabíamos, pero su casting fue el esqueleto para décadas del mejor cine francés). Rodada al año siguiente de la muerte de Melville ¿casualidad?
Un saludo, Manuel.
PD. parafraseando al gran Paul Simon y su «You can call me Al»: Tú, puedes llamarme Miguel jajaja
Por algún motivo el cine francés nunca ha sido parte de la proyección de fondo de mi vida, querida Hildy. No tuvo presencia durante mi infancia a través de lo que pudieran mirar «los grandes» en casa y luego (cuando yo fui grande) ya era tarde para ponerme al día, la inclinación hacia Hollywood ya estaba muy marcada. Me gustaría sin embargo probar esas aguas, ¿hay algún lugar mejor que otro para comenzar?
Te mando un abrazo con baguette bajo el brazo, Bet.-
Maravillosa película, mi querida Hildy. Es la etapa buena de Melville, y, como bien dices, en la escena del asesinato del amigo, que es tremenda, queda patente que en su cine, que a menudo se reduce a la etiqueta de acción, o de polar, prima un estudio profundo de los comportamientos humanos, no solo aplicables al género. Sus películas son espejos, y eso, básicamente (cuando le salen bien), proviene del conocimiento de primera mano que tuvo Melville de esos tipos en situaciones límite, particularmente en su época en la resistencia. Y además, técnicamente limpia (sí, los planos secuencia, ese blanco y negro contrastado), fluye con una naturalidad en la que parece que la cámara no existe, aunque está en todas partes.
Besos
Queridísima Isis, sí, es una joya. A Melville le tengo ganas. Solo vi hace muchos años «La soledad del samurái» y luego me obsesioné con «León Morín, Sacerdote». Pero voy poquito a poco. Lo mismo este verano me hago un maratón de algunas de sus películas.
«El confidente» la he disfrutado muchísimo. Cómo cuenta la historia y ese uno de las claves del género del cine negro a la francesa
Beso gigante
Hildy
¡Mi rey de las palabras, ¿cómo se me ha ocurrido poner en el texto gorro en vez de sombrero? En cuanto pueda lo cambio, jajaja.
Me apunto Los rompepelotas, que tiene muy buena pinta.
¡No domino nada las películas de Celentano! ¿Alguna recomendación?
Beso
Hildy
PD: estoy un poco tontuela ¿te he llamado Miguel? Ay, que lo mismo no te he pillaoooo
Mi amiga Bet, a mí el cine francés es una filmografía que me gusta mucho. ¿Sabes cuál fue quizá mi puerta de entrada al cine francés clásico? Jean Renoir. Además dirigió varias en Hollywood. También Julien Duvivier dirigió en Francia y Hollywood. Otra buena película francesa de cine clásico que dialoga con Hitchcock y que me encanta siempre que la veo es Las diabolicas de H. G. Clouzot.
¡Y te vas a reír pero también tengo enamorados del cine francés! Jean Gabin, Gerard Philipe, Alain Delon, Belmondo…
Beso desde la torre Eiffel
Hildy
Mi querido Alfredo, la he disfrutado muchísimo.
Me ha encantado la historia y cómo la ha contado y me ha despertado muchas ganas de Melville. Tengo una larga lista de pendientes que iré viendo.
Me interesa también lo que hay alrededor y de fondo de sus películas, que pueden entenderse más conociendo su historia.
Iré contando si me seduce totalmente el cine de Melville, pues debo una revisión a El silencio del samurái, que no disfrute cuando la vi por primera vez hace muchos muchos años.
Sus películas directamente sobre la resistencia me apetecen mucho.
Beso
Hildy
De Melville he visto casi todas sus peliculas, aunque algunas como El confidente hace muchos años. Fue uno de los grandes del cine frances y titulos como Bob el jugador, Hasta el ultimo aliento, Circulo rojo, El silencio de un hombre y El confidente son joyas a descubrir, en caso de no haberlas visto.
Bueno, bueno, Hildy, siempre nos recuerdas y nos deleitas con clasicos imprescindibles.
Un beso.
Queridísimo Luis, a mí todavía me queda descubrir bastante de Melville. Y me apetece muchísimo, así que iré escribiendo poco poco. Además tengo que volver a ver alguna otra que vi hace muchos años y en su momento no aprecié. Ahora que me estoy acercando a él de nuevo sé que va a ser distinto, una experiencia nueva.
Beso
Hildy