Esta película es imposible que no tuviera su crítica en este blog
Lo que quisimos ser arranca de una manera que anuncia lo que viene a continuación. Una mujer y un hombre son espectadores solitarios en una sala de cine vacía donde proyectan Luna nueva (His Girl Friday, 1940) de Howard Hawks. Esa película clásica se sustenta en los inteligentes diálogos de su pareja protagonista, Hildy Johnson (Rosalind Russell) y Walter Burns (Cary Grant). Por otra parte, según van transcurriendo los hechos, estos dos periodistas que aman su profesión, van revelando que aunque pasan por diversas crisis, precisamente por temas laborales, siguen amándose. Son amigos y amantes. Luna nueva es, en realidad, una historia de amor. Y aunque es una screwball comedy, no deja a un lado la realidad y dureza de la vida.
Lo que quisimos ser tiene los mismos ingredientes: se sustenta en los diálogos de su pareja protagonista, es ante todo una historia de amor y, a pesar, de que despierta la sonrisa, no oculta la dura realidad (ni de sus personajes ni del país en el que viven). Alejandro Agresti, que no había dirigido nada desde el año 2015, se pone detrás de las cámaras otra vez para en tiempos de nuevas tecnologías, redes sociales, efectos especiales, drones y cámaras digitales, ofrecer una película anacrónica y revolucionaria.
Anacrónica, porque recrea un mundo al que quieren condenar a la desaparición. La película se sitúa en 1998 (y así que pasen cinco años) cuando todavía nos comunicábamos de otra manera, cuando no todo estaba invadido por los móviles, las pantallas, las redes sociales y la digitalización de cada proceso de la vida cotidiana. Donde todavía se valoraba una buena conversación sin nada que pudiera despistarla, sin móviles en la mesa y con un buen whisky o café al lado. Las cafeterías seguían siendo buenos refugios y lugares de encuentro para, por ejemplo, quedar todos los jueves durante cinco años.
Tampoco existían cientos de plataformas con toda la oferta audiovisual al alcance de la mano. Aunque hubiese videoclubs y la televisión, todavía se consideraba un placer la sala de cine y la pantalla grande. Donde con deleite se acudía a la librería de viejo especializada en ciencia ficción. En fin, donde los pequeños momentos tenían mucho valor sin necesidad de subirlos a la aplicación correspondiente para que todo el mundo viera lo feliz y auténtico que era uno.
Revolucionaria, porque no hace virguerías con la cámara, ni hay efectos especiales, ni planos secuencia interminables, ni secuencias aéreas, ni mil escenarios, explosiones o persecuciones, ni siquiera grandes estrellas que sirvan de reclamo. Solo se sirve de unas pocas localizaciones, se sustenta en los diálogos de sus personajes y en el magnífico uso del primer plano. Y es importante para la historia unos ojos que miran de determinada manera, que están a punto de llorar o que se cierran; un gorro de lana que tiene todo su significado y distintos usos; o una cafetería que se recorre con la cámara y sus rincones van teniendo un significado especial.
Revolucionaria también, porque en tiempos de crispaciones, odios, gritos y violencias, apuesta por una sencilla historia de amor, envuelta en cierta melancolía, de dos solitarios que conectan. Una historia de amor sin estridencias, con cariño, sin besos apasionados, sin sexo duro, ni banda sonora espectacular.
La premisa de la historia no puede ser más sencilla y solo puede ser posible e ideada por dos cinéfilos que se encuentran a la salida de una sala de cine y se ponen a charlar sobre los actores y el arte de interpretar. Un hombre y una mujer que terminan en una cafetería un jueves y se proponen mantener un juego durante años: serán para el otro lo que siempre quisieron ser. No hay pasado, no hay presente, ni futuro. No existen nombres propios. Solo la realidad y la verdad que ellos recreen en esa cafetería los jueves. Así él será un astronauta y ella se convertirá en una escritora de éxito… y todo lo que quieran inventarse para el otro. Sin embargo, la realidad es muy perra y en silencio se irá metiendo en sus representaciones de los jueves y a veces será complicado eludirla.
Alejandro Agresti cuenta para sus dos personajes principales con los rostros de Eleonora Wexler y de Luis Rubio (famoso, sobre todo, por un personaje cómico de ficción, Éber Ludueña). A su alrededor apenas hay personajes secundarios, tan solo tienen cierta relevancia el hijo de la protagonista (Antonio Agresti, que es su primera vez delante de las cámaras y, sin embargo, aporta veracidad y una complicidad especial con los personajes principales) y el camarero de la cafetería (Carlos Gorosito). Así que son Eleonora Wexler y Luis Rubio con sus conversaciones y la puesta en escena de Agresti de esos diálogos los que sustentan Lo que quisimos ser.
Alejandro Agresti no reniega de las historias de amor, nunca. Ya lo hizo en su aventura americana donde se hizo cargo de un remake de una película coreana. En La casa del lago se dejaba llevar por una historia de amor donde no importaba ni el tiempo ni el espacio. Y siempre, siempre el cine de toda la vida, el de la sala de cine, tiene una presencia importante en sus películas, como puede comprobarse en El viento se llevó lo que… Así que Lo que quisimos ser, además de anacrónica y revolucionaria, completa la coherencia de su filmografía.
El director maneja las emociones que van surgiendo de esta pequeña y bella historia y si bien no es redonda, tampoco importa. La vida no es perfecta.
Posdata: tuve oportunidad de ver esta película en un cálido preestreno con Eleonora Wexler presente… Pronto, el 20 de junio, se estrenará en las salas de cine de estos lares. Tal vez, vayan dos seres solitarios a verla y a la salida del cine, se pongan a hablar. Quizá encuentren una cafetería cercana, acogedora, y sigan charlando. Quién sabe si ese será el principio de una bella amistad.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Hola Hildy
Se nota que es «imposible» no hablar de «lo que quisimos ser» (también de la peli, jaja).
Que no te ciegue la melancolía, también es bastante improbable -creo- encontrarse una pareja de «maduros interesantes» con un cigarrillo de charleta. Por cierto la gabardina de ella y el «casi» uniforme de él le dan un cierto aire Casablanquero. Y el tema del encuentro semanal sin nombres parece hecho a medida para bailar un último Tango -en París o dónde sea que suene la música-.
Un saludo, Manuel.
Manuelllll, qué alegría leerte siempre.
Es mucho más amable que la maravillosa El último tango en París, pero también a su modo realista y dura. Hay más amor que sexo. Pero, es cierto, sus protagonistas también se encuentran un día a la semana y huyen del pasado, presente y futuro… y en ambas algo se rompe cuando va entrando la realidad.
Y, sí, huele a historias de amor clásico. Estoy segura que sus protagonistas también hubiesen ido a ver Casablanca.
Beso
Hildy
Yo he visto «Casablanca» varias veces y siempre me ha emocionado y alguna lagrimita se me ha escapado…Así que iré a ver LO QUE QUISIMOS SER y
ya te dirë::::
Queridísima Hildy, aunque parezca una traición a la Patria, de Agresti sólo he visto La Casa del Lago, que me encanta y que tiene también una referencia cinéfila (aunque en pantalla chica) a Notorious de Hitchcock (además de una importante referencia a Persuasión, mi novela favorita de Jane Austen).-
Me tienta mucho esta película, seguro que en su momento la suben a alguna plataforma de streaming. Me ha gustado sobre todo esta idea de que ahora lo anacrónico ha devenido en revolucionario. Que lo cinematográfico vuelva a ser un lenguaje y no puro ruido visual sería una verdadera revolución. Supongo que ya llegaremos a eso, no me resigno a pensar que el arte del cine se ha perdido para siempre. Mientras tanto, nos queda París (que serían los clásicos, en la conexión con Casablanca que se ha tejido en los comentarios anteriores) y los ecos que aparecen cada tanto.-
Te mando un abrazo clásico, Bet.-
Hola Hildy. He leido tu texto con mucha atencion e interes. Me atrae la idea de ver una pelicula de estilo sencillo que va a contracorriente de los tiempos actuales. En ese sentido he disfrutado en los ultimos años de titulos como Perfect days, Fallen leaves o Una madre de Tokio; historias muy humanas y llenas de emocion, alejadas de esos alardes y virguerias propios de los tiempos modernos. En ese sentido Lo que quisimos ser espero verla cuando se estrene, y sobre todo poder apreciarla en una sala de cine. He detectado en tu comentario, Hildy, cierto desencanto con los tiempos actuales -eso me ha parecido-, y solo puedo decir que comparto esa decepcion, esa desilusion, esa melancolia por Lo que nos gustaria ser, parafraseando el titulo de la pelicula, y lo que la civilizacion moderna parece ofrecernos. Mi ultima lectura ha sido Walden de Thoreau, que me ha hecho pensar mucho en temas sociales y filosoficos; ha sido una lectura instructiva y agradable que me llevo a reflexionar sobre la naturaleza en esa cabaña al lado del lago. Visitar ese paraje, algo alejado de la ciudad, de hizo viajar a otro tiempo y otro lugar. ¡Que pensaria Thoreau de la sociedad actual, si ya la de su tiempo entraba en conflicto con su naturaleza intima!
¿Apartarnos a una casa en medio de la naturaleza? Yo creo que soy demasiado urbanita, pero quien sabe, quizas en el futuro, algun dia.
Cambiando de tema, ayer vi en el cine Sirat. Es cierto que era el dia del espectador pero la sala, que era la mas grande de los cines, estaba llena de personas. Esto me reconcilio un poco con los tiempos actuales y recorde visionados similares en decadas pasadas, cuando las salas parecian mas vivas. Siempre recuerdo por ejemplo ver El silencio de los corderos en una sala enorme y repleta de publico.
Quizas no este todo perdido. Quizas la humanidad sobreviva a su decadencia.
¿Sera que segun envejecemos percibimos mas los aspectos negativos de la vida?
¿Sera lucided o pesimismo? ¿O realismo?
Por otro lado, y siguiendo a Haruki Murakami, ¿que es la realidad?
¡Es todo tan subjetivo!
Bueno Hildy, gracias por tus recomendaciones.
Un beso esperanzado.
Queridísima María Rosa, siempre hay historias de amor en el cine que no se pueden olvidar, ¿verdad?
Ya me contarás qué te parece.
Beso
Hildy
¡Claro que sí, siempre nos quedará París! Y esos cineastas que aman el cine y no olvidan el lenguaje cinematográfico, la puesta en escena, las historias sencillas y llegar al espectador. Y te lo dice una cinéfila que también le encanta el barroquismo y la experimentación formal, pero agradece la limpieza y pureza del cine clásico (que nunca nos equivoquemos también experimenta en los caminos formales para contar una historia).
¡¡¡Yo también soy fan de La Casa del Lago!!!
A mí me ha apetecido mucho indagar en la filmografía de Agresti de la que me queda mucho por conocer.
Beso
Hildy
Luiiisssss, jajaja, me he dado cuenta de lo mayor que me voy haciendo porque echo de menos ciertas cosas del mundo analógico (y que en la medida que se permite sigo practicando: como las cafeterías, el comprar en pequeñas tiendas, el pasear por la ciudad, el ir al cine o a las librerías y bibliotecas…), reconociendo que el mundo digital ofrece también bastantes ventajas.
Más que desencanto es reivindicación de una manera de vivir, que creo no tiene por qué perderse. Yo también soy urbanita y, no voy a mentir, una analfabeta de la vida en el campo (que también tiene sus durezas y sus tácticas de supervivencia), pero no te niego lo que me relaja a veces unos pocos días de retiro en una casita del campo. Lo que me relaja realmente es el paseo, no sabes lo que me gusta ese acto. Sí, el campo cuando no es un medio de vida, sino un disfrute de horas de ocio y tranquilidad, atrapa.
¿Te puedes creer que todavía no me he leído Walden de Thoreau? ¡He leído más alrededor de esta obra y sus influencias que la propia fuente original! A mí me gusta mucho la literatura alrededor de temas de la naturaleza. Leo bastante sobre el tema…, pero Thoreau se me ha resistido.
Por otro lado, cómo me alegra lo de Sirat (tengo muchas ganas de verla) y, claro, que recuerdo lo de El silencio de los corderos (no sabes la casualidad, pero ayer estuve viéndola, jajaja) cuando se estrenó en los noventa.
Me emociono cuando veo salas de cine llenas y pienso que sigue siendo un arte muy vivo y que la gente lo disfruta de verdad. No hace mucho vi «El maquinista de la general» con un cuarteto en directo en una sala enorme y llena, ¡qué gozada!
Y, como dices, la película que nos ha traído todas estas reflexiones, «Lo que quisimos ser», puede formar parte de un ciclo de películas, donde estarían títulos que has mencionado, «historias muy humanas y llenas de emoción, alejadas de esos alardes y virguerías propios de los tiempos modernos»… Son una gozada. Y muchas de ellas a lo mejor no son redondas, pero tienen alma y verdad dentro de ellas.
A veces, me río de mis propias contradicciones, Luis, porque amando este tipo de películas y disfrutándolas a tope, me meto también sesiones de virguerías que me hacen pasarlo de miedo, últimamente me estoy viendo la saga de «Misión Imposible» (de momento, tengo que ir a por la cuarta), que no la había visto nunca, y estoy disfrutando un montón.
En fin, que qué bonito es pensar y filosofar y compartir esas reflexiones
Beso pensativo
Hildy
Hola Hildy. Si, todos somos contradictorios, pero es normal. A lo largo de toda la vida vemos miles de peliculas y no siempre apetece lo mismo. De la saga de Mision imposible he visto unas cuantas, creo que las tres primeras seguro, luego ya no la he seguido. Tampoco soy un gran fan de James Cameron y sin embargo he visto todas sus peliculas. Cuando tenia veinte años o era mas joven me tragaba todas las peliculas de terror que podia; las obras maestras, las regulares, las malas…
Psicosis, La matanza de Texas, La ultima casa a la izquierda, Viernes 13, el cine de Terence Fisher. Luego el cine de terror japones; La cura, Audition, The ring…
Esta obsesion tambien la tuve con los libros. Con veinte años leia a Poe, Lovecraft, King, Machen, M. R. James, etc.
Recuerdo que en uno de los libros de Stephen King venia un prologo, escrito por el propio King, en el que hablaba del miedo y de la literatura de terror. Pues este prologo recuerdo que me lo relei un monton de veces.
Si, todos tenemos obsesiones variadas.
Nos gusta una pelicula de Victor Erice pero en otro momento vemos una salvajada de Takashi Miike. Vemos una pelicula minimalista de Lynch como Una historia verdadera y luego disfrutamos con la locura surrealista de Carretera perdida.
Si, somos contradictorios.
Bueno Hildy. Buen fin de semana.
No tenía ni idea de esta película, mi querida Hildy. Como buen partidario de lo analógico (en el cine, lo digital ha traído mucho bien, pero bastante más mal), me atrae mucho todo lo que cuentas, el planteamiento y la perspectiva de Agresti, tanto como el hecho de recuperar a este director, que tiene algunas obras en su carrera que me han interesado mucho.
Por otro lado, vi Sirat el día del estreno. Es bastante bluf, en cuanto a esas supuestas trascendencias que le adjudican (empezando por su director, que me parece que arrastra una notable caraja mental). Tiene momentos inspirados y de una gran belleza estética, pero viene de ninguna parte y no va a ningún lado. Eso sí, como adaptación moderna de un western de caravanas del Oeste tiene su punto; es como si Werner Herzog hubiese hecho una versión libre, hace 40 o 50 años, de Centauros del desierto.
Besos
Mi querido Alfredo, ¡¡¡Agresti hace un canto total al mundo analógico!!!
A mí me apetece ahora bastante descubrirle en más películas.
¡¡¡Yo también vi Sirat y me pasa lo que a ti, me atrapó su propuesta visual y sonora!!!
Sí, un grupo de forajidos y piratas y un viaje al infierno.
¡¡¡Mi sobrina me apuntó a la única red social que poseo!!! Y allí subo textos rápidos de lo que me inspiran las películas nada más verlas. Esto puse de Sirat, por si te place: https://letterboxd.com/hildy_johnson_/film/sirat-2025/
Ayyyy, se me olvidó el beso, quizá se me escapó en ese inmenso desierto.
Beso
Hildy