Recuerdo y siento gran cariño por las películas de Lawrence Kasdan como director y guionista. Siempre es un placer volver a ellas. Kasdan empezó a dirigir en los ochenta, trató de revitalizar ciertos géneros (como el cine negro o el western) y también reflejó el sentir de toda una generación en una de las películas que tengo más cariño de su trayectoria.

Por una parte, para esta sesión doble especial, propongo la película que habla de esa generación que pensó en cambiar el mundo en EEUU y que años después lidia contra el desencanto. Por otra, invito a una emocionante visita al Oeste, toda una celebración del género.

Reencuentro (The Big Chill, 1983)

La amistad según Lawrence Kasdan.

Lawrence Kasdan inauguró con Reencuentro una temática concreta: la de las reuniones de grupos de amigos que por un motivo concreto vuelven a encontrarse después de cierto tiempo sin verse. Y conviven unos días juntos, otra vez. Ese momento pone sobre la mesa temas pendientes del pasado, aviva de nuevo los lazos (para bien o para mal), describe emociones y sensaciones, y dibuja un mapa de las vidas de cada uno de los asistentes de la reunión, con sus sueños, frustraciones y fracasos. Después de la película de Kasdan, esta temática ha seguido dando títulos que no se olvidan, y en distintas partes del mundo: Los amigos de Peter, Pequeñas mentiras sin importancia o Las distancias.

La película empieza con la muerte por suicidio de uno de los amigos de la pandilla, Alex. Como curiosidad queda que el elegido para este papel fue Kevin Costner. En un principio su papel iba a ser más largo pues iba a protagonizar varios flashback, pero al final Kasdan optó por otra manera de contar la historia: Alex iba a ser solo nombrado. Así que Costner aparece nada más en los créditos y tan solo partes de su cuerpo, mientras lo están preparando para el entierro. Es el gran personaje ausente de la historia, pero todo gira alrededor de él.

Sus amigos de la universidad vuelven a reunirse tras su fallecimiento. Eran siete, rebeldes y contestatarios, de la generación que vivió en sus carnes Vietnam, y un montón de cambios sociales y políticos. Se sumergieron de lleno en los sesenta. Años revueltos, de contracultura y también de deseos de paz y amor. Años contra el sistema y de ganas de un mundo mejor. Ahora, principios de los ochenta, les ha cambiado mucho la vida y la mentalidad, arrastran desencantos, varios han cambiado su forma de ver la vida y otros continúan con sus ideales de los sesenta, pero vuelven de nuevo a sentir sus lazos (para bien y para mal).

Lawrence Kasdan junta a un buen plantel de actores del momento, busca un hogar determinado para que todos estén juntos (el de la pareja anfitriona), los envuelve en una banda sonora especial y la complicidad (pero también el roce) vuelve a surgir, a pesar de los pesares. Una de las mayores gozadas es disfrutar de los intérpretes que se meten en la piel de ese grupo de amigos: Kevin Kline, Glenn Close, William Hurt, JoBeth Williams, Jeff Goldblum y Mary Kay Place. El personaje externo, y de otra generación más temprana, que todo lo observa, es la novia de Alex, el fallecido: una extraña y sensible joven, con el rostro de Meg Tilly. Esta última será también un vínculo de unión del grupo.

Reencuentro habla de los sueños rotos, de las insatisfacciones, de los cambios ideológicos, de los miedos, los desencantos, las frustraciones… Una reflexión de la muerte y el suicidio a través del amigo fallecido. La película refleja también sensaciones: esos lazos que se construyen y que por mucho tiempo que pasen no mueren; esos encuentros con amigos después de años, sintiéndose uno como en una especie de hogar, pudiendo mostrarse con todas las virtudes y defectos.

Reencuentro también es la búsqueda de un motivo para seguir adelante, esa esperanza que permite continuar la vida. La reunión de los siete amigos supone para cada uno una recarga de energía, algo a lo que aferrarse. De alguna manera, el suicidio de Alex, el amigo ausente, les hace encontrar un motivo para no parar, para no bajarse del tren…

Silverado (Silverado, 1985)

La emoción del western.

Silverado es una película del Oeste. Lawrence Kasdan no reinventa el género, sino que hace una celebración por todo lo alto. Durante su visionado, los referentes son continuos. Merece la pena porque Kasdan construye una historia llena de emociones y aventuras, y reúne a un grupo de rebeldes forajidos de lo más atractivo y variopinto, que deseas que lleguen a buen puerto. Alrededor de los héroes pululan varios personajes con un carisma especial.

Es de esas películas que notas que tanto el director como los actores lo están pasando en grande. Lawrence Kasdan toma ingredientes de los westerns de John Ford o Howard Hawks e incluso de algunos en concreto como Los profesionales (Richard Brooks), Los siete magníficos (John Sturges) o Grupo salvaje (Sam Peckinpah).

De la pandilla de forajidos rebeldes forman parte los habituales en los largometrajes de Kasdan: Kevin Kline, Kevin Costner, Danny Glover, y, por último, Scott Glenn (el único que no repitió con el director). Pero también la galería de secundarios deja personajes con carisma: Jeff Goldblum (otro de sus habituales), Linda Hunt, Brian Dennehy, John Cleese o Rosanna Arquette.

En Silverado no falta de nada: malos con carisma, enfrentamientos, persecuciones, el saloon, el pueblo sin ley, el sheriff malvado, los amigos de correrías en distintos bandos de la ley, los colonos en caravana, grandes parajes, la familia con niño en peligro, la camaradería y complicidad entre los protagonistas… Es más, Lawrence Kasdan monta por todo lo alto el enfrentamiento final, y deja para cada forajido su momento esperado.

Lawrence Kasdan recupera con Silverado la emoción de los primeros westerns. Es decir, hace vibrar al público en sus asientos por las aventuras de cada uno de sus héroes. Como si quisiera celebrar por todo lo alto su amor por el género. Y lo consigue.

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