El viaje de los malditos (Voyage of the damned, 1976) de Stuart Rosenberg

El barco de El viaje de los malditos sin rumbo fijo…

El universo fílmico sobre la Segunda Guerra Mundial (y los años previos) encierra un montón de historias que muchas veces, si no fuera por el cine, terminan siendo enterradas. Así ocurre con El viaje de los malditos, que no deja de tener una triste y desgarrada vigencia, que narra la trágica travesía de un barco, el San Luis. Este barco zarpó del puerto de Hamburgo el 13 de mayo de 1939 con 937 judíos y se dirigían a La Habana. Todos habían conseguido su visado. Muchos de ellos contaban con familiares allí. Lo que parecía un viaje hacia la libertad y la esperanza se convirtió en una pesadilla.

En realidad el viaje tenía fines propagandísticos para la Alemania nazi, que no le importaba qué iba a ser de cada uno de los pasajeros, sino que además la travesía les servía para alimentar su red de espionaje. Goebbels lo ideó para hacer ver que los judíos podían salir de Alemania, pero además dejó al descubierto el antisemitismo que se extendía por todo el mundo. Los viajeros del barco no pudieron desembarcar en Cuba y fueron rechazados por varios países. Tuvieron que regresar de nuevo a Europa y fueron, finalmente, aceptados por un acuerdo entre Bélgica, Países Bajos, Francia y Reino Unido. Pudieron desembarcar en Amberes y acudir a sus distintos países de acogida, pero desgraciadamente la Segunda Guerra Mundial acechaba, y muchos de ellos volvieron no solo a ser perseguidos sino que murieron en los campos de concentración.

Stuart Rosenberg se puso al frente de una superproducción con un reparto estelar que narraba esta odisea. El director logró sus mayores éxitos en películas corales y en recintos cerrados, como los centros penitenciarios de La ley del indomable y Brubaker. Así El viaje de los malditos entra dentro de casi todo un subgénero de viajes en barco donde se cuenta la historia de varios miembros de la tripulación. La película alterna la vida en el barco con los sucesos que van acaeciendo en La Habana, que van haciendo ver que no serán admitidos una vez lleguen al puerto (el elenco en Cuba cuenta con la presencia de James Mason, Orson Welles, Fernando Rey o Ben Gazzara), además de contar las diversas visitas a distintas autoridades de un doctor para conseguir los visados vigentes que permitan el desembarco de sus dos hijas pequeñas. Como ocurre en muchas películas corales, hay descompensación de historias y personajes, y algunas quedan en el aire. Pero es una película de secuencias y momentos. De pequeñas historias que logran aportar la magnitud de la tragedia. Es un puzle donde no llegan a encajar todas sus piezas, pero algunas de esas piezas son pequeñas joyas. Y se va viviendo como el barco en un principio es una embarcación hacia la libertad y termina siendo una prisión de la desesperanza y la desesperación.

Una de las historias mejor construidas de El viaje de los malditos.

Algunas historias de El viaje de los malditos están perfectamente construidas y otras quedan en el aire. Hay dos más elaboradas. Una protagonizada por Malcolm McDowell y Lynne Frederick. Ella es una joven judía y él, el mayordomo del capitán del barco, un chico con toda la sensibilidad del mundo; los dos construyen una historia de amor trágico sin esperanza alguna. Y otra más tradicional y ya nombrada en el texto: la que cuenta los caminos del doctor Strauss (Victor Spinetti) en La Habana para conseguir que sus dos hijas pequeñas bajen del barco. Luego hay personajes íntegros de principio a fin y otros que quedan diluidos. Pero en todo momento hay un halo melancólico y trágico, de personajes frágiles y con el corazón roto. Y cada uno busca rebelarse como puede o sufrir impotentes el destino que les espera.

Entre los personajes íntegros llama la atención el capitán del barco, Schroeder (interpretado por Max von Sydow, que nos dejó hace apenas unos días). Un alemán que tiene clara su prioridad: que todos sus pasajeros no solo sean tratados con exquisitez y respeto, sino que sean llevados a buen puerto. Aunque mantiene las distancias con ellos, no puede evitar sentirse responsable hasta el último momento. Su antagonista será un desagradable espía, que entra en el barco como camarero, y fiel al partido que hace recordar en cada acción y paso que da a los pasajeros quiénes son. El personaje tiene el rostro del actor Helmut Griem (recordado por otras películas relacionadas por el nazismo como La caída de los dioses o Cabaret).

Cada personaje prácticamente tiene su momento y secuencia. De algunos tienes ganas de saber más, como esos dos maestros, que han salido de un campo de concentración, y que se amotinarán por desesperación. Uno de ellos es Jonathan Pryce, en su debut cinematográfico. O hay momentos conmovedores como el reencuentro entre Mira (Katharine Ross), una prostituta en La Habana, con sus padres, los Hauser, en el barco (Nehemiah Persoff y Maria Schell). O todos los momentos en que aparece una anciana Rebecca Weiler (Wendy Hiller) tratando de animar a su marido enfermo (Luther Adler). Y no faltan momentos de la vida en el barco estupendamente filmados, con una luz casi irreal, tanto los bailes en el comedor, sobre todo una especie de mascarada, donde una mujer termina cantando una canción nostálgica de Viena, y todos los viajeros se van quitando las máscaras y dejando resbalar sus lágrimas. O los dos momentos que transcurren en la sala de cine. El glamur del barco lo dan dos personajes que parecen que están fuera de todo, incluso su llegada a la embarcación es separada de los demás, pero que curiosamente se irán mimetizando con el barco y la tragedia. Ambos cuentan también una historia de amor y desamor, y unas ganas a pesar de todo de no dejarse vencer. Se trata del matrimonio formado por Egon y Denise Kreisler (Oskar Weiner y Faye Dunaway).

Si algo ayuda al clima de desesperanza y tristeza, es también la melodía de Lalo Schifrin, que acentúa el cariño con el que están tratados algunos de sus personajes, todos intentando mantener la dignidad intacta, incluso en sus momentos de desesperación (hay uno de la actriz Lee Grant frente a un espejo que deja al espectador fuera de juego). La película termina con un halo de esperanza, con el anuncio del capitán de un telegrama que les informa de que pueden por fin desembarcar y ser acogidos por países distintos a Alemania. Sin embargo, enseguida salen los rótulos de qué fue de cada uno de los personajes, y el espectador sabe que ese halo es un espejismo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

10 comentarios en “El viaje de los malditos (Voyage of the damned, 1976) de Stuart Rosenberg

  1. Me impacta mucho más, mi querida Hildy, la historia que la película, que parece demasiado próxima a ese cine de catástrofes que por entonces estaba tan de moda. Aun así, la película tiene momentos muy estimables, incluso conmovedores. Me parece que funciona mejor por secuencias que en conjunto, en todo caso.

    Por otro lado, qué poco tratado está el cine de Stuart Rosenberg, que tiene un puñado de cosas que están la mar (juas) de bien.

    Besos

  2. Exactamente, mi querido Alfredo, pienso lo mismo que tú. Así lo expreso en el texto, funciona mejor por secuencias que en conjunto. Totalmente de acuerdo. Y la historia real que refleja es estremecedora. Por lo menos la película pone de manifiesto que existió ese viaje de la vergüenza, y genera ganas de informarse más sobre él. De no borrarlo de la mente y de darse cuenta de muchas cosas que siguen vigentes.
    Sí, a Rosenberg yo siempre le recuerdo como el director de La leyenda del indomable y de Brubaker, películas que me gustan mucho. Pero me quedan bastantes cosas por ver de él.

    Beso
    Hildy

  3. Aun con los relativos reparos que le pones a la película, me ha prendado la historia que recuerda, o sea que a la lista que va. ¡Gracias por este servicio de videoclub, Hildy!

  4. Sí, querido crítico abúlico, la historia es real y tremenda. ¡Me alegra aumentar tu lista! Yo también amplío la mía a través de tu blog. En esas estamos en descubrir más cine y disfrutarlo. La película «El viaje de los malditos» tiene secuencias brutales, pero es como si no encajaran a la perfección todas las piezas del puzle. Sin embargo, merece totalmente la pena su visionado.

    Beso
    Hildy

  5. Querida Hildy, ignoraba la existencia de esta película y del episodio que retrata también.-
    ¡Qué elenco ese que nombrás! Me ha tentado tu texto, pese a los defectos que señalás en esta película. Yo también pasaré a engrosar mi lista de pendientes, que ya amontona títulos en doble fila jaja.-
    Un beso enorme y cuídense todos los que pasan por aquí, Bet.-

  6. Muchísimas gracias, Bet, por tus buenos deseos. Eres un encanto.
    Y la película ya digo que merece la pena, tiene momentos que emocionan. Y la historia es increíble. Yo después de verla busqué un montón de información. El cine también te hace indagar y descubrir. Además de tener el aliciente del elenco. Si la ves, ya me contarás.

    Un beso gigantesco
    Hildy

  7. Bueno. Este mensaje va a, ser un poco especial. Lo dirijo a quienes desde hace un tiempo vienen siendo mis blogueros cinefilos de cabecera, es decir “el critico abulico” y Hildy Johnson

    Ante la crisis y el pánico sin precedentes que estamos viviendo, supongo, Hildy que jamás habrás vivido nada semejante. Ni siquiera lo del 11 de septiembre de 2001 fue equiparable ni lejanamente. Porque aquello, efectivamente, fue una crisis puntual que afecto directamente al corazón del Imperio de Occidente(USA) , mientras que el resto del mundo lo vivió más psicológicamente. Evidentemente, con el transcurrir de los años, aquello acabó afectándonos también en el día a día a todos de una u otra manera, porque cambió radicalmente la seguridad en los aeropuertos y en los aviones, y porque la obsesión contra los yihadistas suicidas llevó a que el mundo global de Internet ya no permitiera hablar propiamente de “sagrada intimidad” y mucho antes de la llegada de las redes sociales, porque todos entendíamos que teníamos que sacrificar una importante parte alícuota de nuestra intimidad, en beneficio de la seguridad global y del interés general. Evidentemente, la geopolítica cambió y el foco de interés volvió (pese a, que nunca se había ido del todo, sobre todo por eso del petróleo) a Oriente Medio, después de una década, la de los 90, marcada por la agenda internacional de la desmembración de las viejas repúblicas de la URSS y de sus países satélites y por el terrible conflicto bélico en la antigua Yugoslavia. Porque aquella crisis de las Torres Gemelas, en términos de víctimas tampoco fue muy excesiva (casi ni siquiera en la Segunda Guerra de Irak) a excepción de los terribles atentados postreros o muy postreros de Madrid, Londres, Paris-Bataclan, Niza y Barcelona, entre otros. Aquello sobre todo marcó una evolución psicosociológica de las conciencias en la gestión del miedo y en los supuestos sacrificios que había que hacer en pro de la, seguridad global. Pero esta es una crisis total a escala real socioeconómicosanitaria y psicológica sin precedentes.

    Es curioso. Parece que a cada generación le esté tocando lidiar con una delicadísima crisis a escala global. Nuestro abuelos tuvieron que hacer frente a la Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial.La de nuestros padres es la que más está padeciendo. Porque, en primer lugar vino la crisis de los misiles con Rusia en los 60, después el asesinato de Kennedy (algunos podrían hablar de la guerra de Vietnam, aunque eso estaba más geolocalizado), luego la crisis del petróleo, la Transición en España (problema delicadisima acentuado por el 23F del 81 y el problema de ETA que no nos sacudimos literalmente hasta anteayer), la crisis del 11-S de 2001 y la crisis económica de 2008 de Lehman Brothers y las hipótecas subprime entre otros muchos avatares. Hay una generación nacida entre 1940 y 1945 que ha tenido que padecer y sobrevivir todo eso. Y cuando ya muchos hombres y mujeres de esa generación aspiraban a disfrutar de su pensión y del calor bien ganado de los nietos tate! un nuevo redoble de tambor que va a exigir muy especialmente a esta tercera edad unos nervios de acero y una salud de hierro. Yo, sin embargo, pertenezco a esa generación de los 70 que, ya lleva mucha tralla y ha visto muchas cosas. Y la verdad es que,aunque al menos en Occidente y en España los cuarentones podíamos sentirnos bastante privilegiados, sin embargo, de un tiempo a esta parte, tengo la sensación de que se nos está poniendo a todos una cara de “supervivientes” que no podemos con ella.

    Como en este blog se habla de recomendaciones de películas que habría que ver, se me ha ocurrido enumerar una serie de películas que NO habría que ver durante estos días. Así, no es recomendable ver “Estallido” de Wolfgang Petersen, ni “Tiburón” de Steven Spielberg (para evitar posibles analogías) entre otras. “La amenaza de Andromeda” de Robert Wise y Michael Crichton, tampoco es apta para corazones débiles durante estas fechas.

    Sin embargo, ahora que estamos todos en casa, yo sí que recomendaría una lectura muy oportuna para reflexionar sobre todo lo que está pasando. Una obra de teatro imprescindible: “Un enemigo del pueblo” de Henrik Ibsen.

    Hace unos meses, uno de de mis primeros comentarios en el blog de Victor de «el crítico abúlico» fue precisamente a raíz de una entrada sobre “Contagio” de Steven Soderbergh. Esa película, si salimos vivos de esta, va a tener una segunda vida muy provechosa en un futuro próximo, porque ahora se revela casi como una obra visionaria. Pues bien. Con el «abúlico» crucé algunos comentarios en los que él decia que le fascinaban todas esas películas que suponían una alegoría o incluso un reflejo directo de problemas, sociales muy reales (hablábamos muy especialmente del cine catastrofista de los 70 y del Hollywood de la Caza de Brujas) Una cosa voy a decir. En este momento tan solo tengo un único deseo. Y es que, cuando todo esto haya pasado (Dios lo quiera, y que pase rápido, Señor, suponiendo que haya alguien por ahí arriba) tanto tu, Hildy, como Victor, como Alfredo, como Altaica (digo por mencionar a algunos de los habituales a vuestros blogs), como todos los demás asiduos, en el futuro, cuando se hagan películas sobre este asunto (que se harán, vaya que sí!) todos nosotros estemos allí en carne viva para discutirlas sesudamente, e incluso hasta para llevarnos la contraria. Pero, por favor. Todos vivos O MUY vivos. Ese es mi más firme deseo ahora.

    Por favor, amigos. Extremad las precauciones y tened cuidado. Que quiero seguir discutiendo con vosotros mucho tiempo.

    Un fuerte abrazo a todos.

    P.D: Por cierto,Hildy. Con la que está cayendo, a lo mejor (o a lo peor) es un buen momento para volver a recuperar tu adorada «12 monos» ¿no crees, bonita? (si eres especialmente aprensiva ¡NI SE TE OCURRA!). De verdad, cuidaos todos.

  8. Sí, Deckard, ¡cuídemonos todos! Que el sentido común esté muy presente así como la calma y que pronto salgamos de esta situación.
    Y mientras conectados, por ejemplo, a través del cine, las películas y los blogs. Para seguir descubriendo, recomendando, reflexionando, comentando, exponiendo…
    Yo durante estos días estoy viviendo la extraña sensación de protagonizar una película de ciencia ficción o un relato o novela de dicho género. Cómo un déjà vu que hubiese pasado ante mis ojos. Me pellizco y todo es real.
    Sí, estos días he pensado mucho en 12 monos y su antecedente e inspiración, La Jetée. Y en otras películas con virus de fondo. E incluso pienso también en novelas como Ensayo sobre la ceguera de Saramago.
    En fin, es tiempo también de pensar. De mirarnos por dentro. De recordar.
    Y también un tiempo de dar importancia a espacios que se lo estábamos quitando como las ventanas y los balcones. Asomarse, mirar, que te dé el sol en la cara. Estarse quieto, cuidar una planta o encontrarse con un vecino asomado enfrente o al lado. Y mucho, mucho más…
    En fin. Lo dicho. ¡A cuidarnos!
    Besos mágicos para todos
    Hildy

  9. Vi esta película de niña y me impresionó. La paulatina desesperación de esos pasajeros que no encuentran refugio en ningún puerto. Que se ven obligados a navegar sin descanso, sin posibilidad de atracar en ninguna parte, de hallar refugio. Como gente de diferentes clases sociales, algunas privilegiadas, y orígenes diversos, se ven convertidos en parias.
    La solidaridad de quienes quieren ayudarlos y el egoísmo y la mezquindad de quienes les rechazan o quieren aprovecharse de su situación. La integridad encarnada en ese capitán interpretado por ese actorazo que era Max Von Sydow, al que esperaba que en Días de Cine Clásico de la 2 dedicaran una película de homenaje, pero ¡qué va!
    Por supuesto la historia que más me llegó es la de los jóvenes amantes que deciden acabar como Romeo y Julieta. Especialmente conmovedor el hecho que él no es judío y decide compartir el destino trágico de su amada.
    La volví a ver hace no demasiado y no me emocionó tanto. Incluso pensé que los jóvenes se rendían demasiado pronto. El cine visto y la propia vida cambia nuestra mirada con el tiempo. Supongo que me distanció el doblaje que no soporto. Pero sí que me acongojaron esas imágenes finales de júbilo de los tripulantes, contrastadas con el destino que se nos explica que tuvieron algunos de ellos. Con todo me parece necesario y muy de agradecer que el cine cuente estas historias.
    ¡Tantos paralelismos que se pueden encontrar entre la historia que narra película y la actualidad! Y no me refiero al corona virus (o no solo) Recordemos que hay más mundo y más sufrimiento en él, que el que está provocando esta pandemia.
    Por último, un apunte: el puerto y la plaza de la Habana que aparecen, son el puerto de Barcelona y su plaza Real, inspirada precisamente en La Habana. Una plaza Real siempre bulliciosa que supongo ahora desierta y silenciosa. Como todas las de España.
    Lilapop

  10. ¡Mi querida Lilapop, qué bueno que cuentes lo de que La Habana es Barcelona! Lo leí y me pareció genial. Sí, sé que si la hubiese visto de pequeña, me hubiese dejado huella profunda. Me pasó con Bailad, bailad, malditos de Pollack.
    Sí, son películas que no pierden actualidad y los paralelismos, por desgracia, siguen ahí.
    La historia de los jóvenes Romeo y Julieta está muy bien contada, aunque como dice el personaje de Faye tiran la toalla muy rápido, aunque el futuro sea tan tan oscuro. Me encantó ver a McDowell en un papel tan distinto a los que estaba teniendo.
    Beso enorme
    Hildy

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.