Otras voces en la guerra (y II). Juegos prohibidos (Jeux interdits, 1952) de René Clément/El prestamista (The Pawnbroker, 1964) de Sidney Lumet

Esas otras voces en la guerra que muestran los daños y horrores de esas contiendas a las que arrastran a los seres humanos políticas e ideologías que no construyen, sino que derrumban, destruyen y matan. Y dos películas que tratan los estragos de la Segunda Guerra Mundial desde otra perspectiva, otras miradas, otras voces…

Juegos prohibidos (Jeux interdits, 1952) de René Clément

Juegos Prohibidos

Atrapar el universo de la infancia no es tarea fácil. Pero, de pronto, hay realizadores que con un lazo lo atrapan y cuentan una historia con una mirada de ese niño que nunca nos abandona. Así ocurre con René Clément y sus Juegos prohibidos. Con una sensibilidad especial se introduce en el mundo de dos niños, Paulette y Michel, y muestra cómo la muerte se ha instalado en su día a día, en su cotidianidad. Así el realizador francés deja una película durísima pero de una belleza especial.

Y algo que caracteriza al universo infantil es la manera de comprender el mundo. Todavía no se tienen todos los conceptos claros, pero se va razonando, e intentando dar sentido al mundo que se abre ante los ojos. Y una de las herramientas infantiles (¡maravillosa y útil herramienta!) es la fantasía, la imaginación… y ningún miedo en expresar las emociones, en dejarse llevar por el inconsciente. Una libertad de mente que luego según se va madurando… se pierde poco a poco (o algunos tienen la suerte de mantener esa libertad prácticamente intacta… y entonces existe la ilusión de no envejecer interiormente). Y Paulette (Brigitte Fossey) y Michel (Georges Poujouly) se encuentran inmersos en una guerra dura y cruel, rodeados de miedo y donde Tánatos siempre está presente; y aun así son capaces de crear un mundo propio, donde la presencia de la muerte es irremediable, pero con una belleza y sensibilidad especial. Aunque la guerra finalmente no les deja ni eso…, es decir, destruye hasta su universo propio.

René Clément acude a la sensibilidad de su director de fotografía, Robert Juillard, que ya había captado la mirada de un niño ante el horror de la guerra en Germania, año cero de Roberto Rossellini; a los rostros que hablan en cada momento de dos niños actores y a las cuerdas de la guitarra de Narciso Yepes… para componer unos juegos prohibidos que dejan sin respiración y con una mirada melancólica e impotente. La película se abre y se cierra con dos secuencias realmente duras protagonizadas por Paulette, de apenas cinco años. Entre medias esos juegos prohibidos donde se unen sensualidad y muerte…

Esas dos secuencias, la primera y la última, muestran la crudeza y realidad de la guerra. Y cómo afecta a todos de manera brutal. Últimamente basta con ver un telediario para ver imágenes de niños con sus vidas rotas por la guerra. Desgraciadamente sigue habiendo muchísimas Paulettes. En la primera secuencia somos testigos de la muerte de sus padres y su perrito y de la reacción de una niña que todavía es demasiado pequeña para comprender lo que ha ocurrido, pero que trata de entender, asimilar… y sobrevivir. Y en la última cómo la niña comprende su soledad y abandono ante el caos de la guerra, se asusta y grita angustiada el nombre del amigo…

En el paréntesis la niña es encontrada por Michel, un niño aproximadamente de diez años, que vive con su familia y sus vecinos en sus granjas. Las familias tratan de mantener la normalidad en sus vidas diarias, con sus rencillas, sus reuniones y sus trabajos cotidianos. Pero no es posible. Y eso lo demuestra la presencia repentina en sus vidas de Paulette. La niña y Michel conectan de una manera especial y sensible, pues los dos están intentando comprender ese mundo caótico que les rodea, y empiezan a crear a escondidas un cementerio muy especial…, como un juego. Ambos construyen su mundo particular para intentar sobrevivir y entender la realidad que están viviendo.

El prestamista (The Pawnbroker, 1964) de Sidney Lumet

El prestamista

El prestamista vuelca el mundo interior, herido y roto, de Sol Nazerman, un judío superviviente de un campo de concentración. Y el retrato es demoledor. Sol Nazerman es construido por Rod Steiger (actor al que amé profundamente desde que lo descubrí de adolescente como Charley Malloy, el hermano de Terry en La ley del silencio) y su tormento duele. Sidney Lumet construye una película interesantísima (que además es preludio de los últimos años del Código Hays) pues presenta el mundo interior atormentado de un superviviente. Y es que Sol se siente culpable por haber sobrevivido y lleva años con un trastorno por estrés postraumático… que le convierte en un muerto en vida. Sol se siente culpable porque nada pudo hacer para evitar el sufrimiento y el horror a su amada familia.

Lumet traslada a Nazerman a Harlem donde tiene una tienda de préstamos, que a la vez sirve de tapadera para los negocios del gánster del barrio. Sus clientes son personas en situaciones desesperadas (impresionante entre otros ese anciano con rostro de un secundario de oro, Juano Hernández) y Nazerman ha perdido toda empatía, no quiere sentir, porque no quiere sufrir. Su sufrimiento le hace no creer en las personas, no creer ni en nada ni en nadie. Pero solo es una coraza… siempre vuelven esos flashback del pasado, para recordarle que siente, que sufre, que padece… Su dolor no es inmune, destruye a todo aquel que trata de acercarse a él. Su máxima coraza es transmitir que el mundo es una basura (y su mirada así lo devuelve) y que lo único que importa es el dinero.

A Nazerman lo encontramos en un momento en que vuelven a él, por una serie de circunstancias y cambios en su vida, con fuerza e insistencia, recuerdos vívidos de su pasado… que le hacen volver a sentir lo que es el miedo; y con el miedo otra cadena de sentimientos que había enterrado. Sidney Lumet logra crear y mostrar el mundo opresivo y desesperanzador del superviviente. Primero por esa jaula que es su tienda y segundo por ese barrio desolador y violento que es el Harlem de los sesenta. A Sol le basta mirar el mundo desesperado que le rodea para que le lleguen con fuerza imágenes del pasado (impresionante la secuencia en el metro). Parece que no hay salida alguna para Nazerman y su sufrimiento…, su soledad es tal que parece imposible de derrumbar o romper su coraza destructiva. En los acontecimientos que le llevan de nuevo a un momento estresante hay dos personas fundamentales que se cruzan en su vida: un joven hispano (Jaime Sánchez) al que ha contratado de ayudante y una vecina del barrio (Geraldine Fitzgerald). Y Nazerman tendrá que sufrir otra tragedia para despertar y empatizar. El dolor continúa…, brutal y sin tregua, pero quizá pueda volver a sentir, vivir.

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11 comentarios en “Otras voces en la guerra (y II). Juegos prohibidos (Jeux interdits, 1952) de René Clément/El prestamista (The Pawnbroker, 1964) de Sidney Lumet

  1. Querida Hildy, he estado algo desconectada del ciberespacio en los últimos días y hoy me encuentro con tu texto maravilloso. Ví «El prestamista» una vez por televisión cuando ya había comenzado, así que no pude ver cuáles fueron los disparadores de la situación actual de Nazerman, pero sí recuerdo la crudeza de las imágenes, esa fealdad cuidadosamente recreada con la que Lumet nos golpea. La tengo en mi lista de compras…
    «Juegos prohibidos» no la he visto, pero suena muy interesante. Sobre el mismo tema, recuerdo que en su momento me gustó «La vida es bella», pero no estoy segura de que pueda verla ahora con igual entusiasmo y «La ladrona de libros» que no me gustó (el otro día escuché que la novela en la cual se basa sí es muy buena, intentaré conseguirla).-
    Un beso grande, Bet.-

  2. Mi querida Bet,¡qué bien que estés otra vez conectada! Juegos prohibidos atrapa de manera especial el universo infantil en tiempo de guerra. Otro ejemplo maravilloso es Alemania, año cero. O las películas de Louis Malle.
    Yo también vi en el momento de su estreno La vida es bella y La ladrona de libros. Y creo que la diferencia es que, por ejemplo, Juegos prohibidos está realizada desde las entrañas. Clément busca a su niño interior para poder expresarse y contar. Se encuentra esa fantasía libre de la infancia, que también trata de interpretar la dureza de la vida. Sin embargo, La ladrona de libros es una película de la superficie, donde se tocan teclas para contar una historia correcta y fría, no tiene alma. Aun así rescato momentos, porque están bien contadas, de La vida es bella, La ladrona de libros o El niño del pijama a rayas… Y mentiría si no te digo que lograron engancharme (saben qué botones apretar)…, pero nada parecido al efecto que provoca enfrentarse al visionado de Juegos prohibidos.
    El prestamista de Lumet es interesantísimo en el retrato psicológico de su protagonista y en el reflejo de su mundo interior. Te va a gustar volver a verla.

    Beso enorme
    Hildy

  3. Lo has dicho con total precisión: «La ladrona de libros» no tiene alma. «El niño del pijama a rayas» la ví hace tiempo pero muy por encima en un viaje en micro (que sería un autobús de larga distancia en argentino, jaja) y no tengo ningún recuerdo en especial, lo cual es mucho decir de una película que se suponía que debía impactar y conmover…
    Un beso grande, Bet.-

  4. El prestamista es una obra maestra, y Steiger está colosal. En cuanto a la de Clément, coincido contigo. El visionado de esta película, como la de Rossellini, permite hacerse una idea de hasta qué punto edulcoramos en la actualidad la crudeza de los acontecimientos a base de moralina facilona y sentimentalismo barato. De esas tres pelis recientes que nombráis, la vida y tal, el pijama y los libros, no me gustó ninguna de las tres. Sirven, paradójicamente, a lo contrario de aquello que supuestamente quieren reivindicar. El sentimentalismo tiene eso: es fácil, pero generalmente erróneo.

    Besos

  5. Sí, Rod Steiger da dolor con su interpretación en El prestamista, mi querido Alfredo. Y Juegos prohibidos es una película con alma, que muestra cómo los niños también tratan de entender la realidad cruda que viven. Sí, nada que ver con las otras películas mencionadas. Y plantean un debate interesante: las distintas maneras de enfocar y contar un mismo hecho: cómo afecta la guerra a los niños y cómo se enfrentan a ella.
    Beso
    Hildy

  6. Dijo René Clément: «En Juegos prohibidos intenté mostrar la aterradora responsabilidad que tenemos para con los niños, pues no debemos olvidar que todas y cada una de nuestras acciones son ejemplos que les damos». El pesimista juicio sobre la conducta humana que el director pretendió formular está basado en un determinismo bastante simplista, que tampoco aplica demasiado rigurosamente, Juegos prohibidos logra trascender su presunto mensaje sociológico. Gracias a un buen guión, iluminación, fotografía, música e interpretación (de los dos niños), Juegos prohibidos se convierte en una excelente película encantadora, llena de ironía y humor.

    Se podría hacer todo un ciclo monumental titulado «Los hijos de la guerra»; no sé, Alemania año cero, pasando por La prima Angélica y Las bicicletas son para el verano, y finalizando con El impero del sol, aunque esta última no le hace justicia a la novela de J. G. Ballard donde se basa en sus propias experiencias infantiles en un campo de concentración.

    Excelente post, amiga Hildy.

    Besos desde la trinchera.

  7. Mi querido Francisco, buen ciclo, Los hijos de la guerra. Y me vienen a la cabeza un montón de títulos impresionantes que llegan hasta nuestros días. Sí, Juegos prohibidos trasciende porque, a mi parecer, logra atrapar el especial universo infantil. Pero me encanta que hayas compartido esa declaración de René Clément, porque además abres otro debate que me encanta…, cuando una obra artística (película, obra de teatro, pintura, escultura, relato…) va más allá de lo que en un principio quería transmitir el autor, como si tuviera vida propia…

    Beso
    Hildy

  8. Hola. La verdad es que de Clement me gustó más «Gervaise», recuerdo «Juegos prohibidos» como una película bonita pero algo enfática en torno a aquellos niños guapos y rubios atrapados por la guerra.
    Sobre la infancia, claro, me encanta «Matar a un ruiseñor» o el Kiarostami de «¿Dónde está la casa de mi amigo?». Te recomiendo, por si no la conoces, «Cuando el viento silba», una joya británica de los años sesenta, dirigida por B. Forbes, con nada menos que Hayley Mills al frente. La de «Tú a Boston y yo a California», que está estupenda en una historia con anécdota (o más que anécdota) cristiana.

    Saludos de Luis S.

    Pd. Por cierto, tu entrevista en mi web lleva ya ciento y pico visitas, gracias de nuevo.

  9. Gracias, querido Luis, por la recomendación de Gervaise de René Clement y Cuando el viento silba de Bryan Forbes. Ninguna de las dos películas las he visto y me apetecen muchísimo.

    Qué bueno tu información sobre la entrevista. Gracias a ti.

    Beso enorme
    Hildy

  10. Excelente filme francés, un clásico en el cine galo y también mundial, que tardó un tanto en estrenarse en muchas cinematografías mundiales, obteniendo diversos galardones internacionales.
    Vista hoy, en febrero de 2020, constituye un placer para la vista y sentidos, dada la belleza de sus imágenes, no exentas tanto de humor, ternura y cariño como de dolor y desesperación.
    René Clément no escatima en obsequiarnos con un buen número de encontrados sentimientos humanos, donde lo cotidiano, con sus tesoros y miserias, viven al lado del horror de una Gran Guerra donde mueren muchas personas dejando abandonadas a inocentes criaturas.
    Un canto a la amistad y solidaridad, que deja compungido al espectador más duro por la sencillez y sensibilidad mostrada durante menos de hora y media de gran cine.
    Excepcional, claro, la también hoy en día, clásica, maravillosa música a guitarra del maestro Narciso Yepes.
    Soberbia, la considero de visión obligatoria (yo he tardado demasiado en verla, pero nunca es tarde).

  11. Bienvenido, Ignacio, muchas gracias por pasarte por aquí y dejar tu comentario.

    Sí, qué película más compleja y sensible es Juegos prohibidos.
    Lo bueno de las películas, como los libros, es que siempre nos esperan. Están ahí, esperando nuestra mirada.

    Beso
    Hildy

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