Razón número 1: Kirk Douglas como el periodista Chuck Tatum
El gran carnaval tiene un único punto de vista y es el del periodista Chuck Tatum. Este no es un profesional honesto, no es una persona llena de cualidades, no persigue la verdad ni la excelencia en el trabajo. A Chuck Tatum le conocemos buscando un trabajo en un anodino periódico de provincias en Alburqueque.
Le dice a su director que ha sido expulsado de un montón de buenas publicaciones y que se ofrece por nada. Le explica que tiene problemas con el alcohol y también de faldas. Pero que tiene ambición, olfato y que espera conseguir la noticia que le devuelva el prestigio. Al director le desarma su sinceridad, este es un hombre recto y sabe lo que hace, y ve que Tatum puede dar vida a la redacción si le mantiene a raya. Le contrata. No es fácil empatizar con Tatum, solo cuenta con una vitalidad envidiable, mucha ambición y un olfato para buscar la noticia.
Tras un año en la redacción y ya desesperado por el aburrimiento y el estancamiento, en un viaje hacia un aburrido y rutinario reportaje de una competición de serpientes, para en una aislada gasolinera, tienda de souvenirs y motel, al lado de una montaña. Allí inesperadamente encuentra una noticia. En dicha montaña, hay una cueva donde fueron enterrados los indios con sus enseres personales hace mucho tiempo, hay leyendas y maldiciones alrededor del desértico paisaje. El hijo de los dueños, Leo Minosa, un antiguo héroe de guerra, busca de vez en cuando estos enseres para venderlos, pero en la cueva hay un desprendimiento y se queda atrapado.
Enseguida la mente de Tatum se pone en marcha y convierte su rescate en una noticia de “interés humano” alargándolo todo lo que puede y creando alrededor todo un carnaval y espectáculo a costa de la vida de un hombre. Habrá mucha gente que se beneficie y que le secunde en tan dudosa hazaña.
Kirk Douglas se arriesga y se entrega totalmente a una recreación creíble y veraz de Chuck Tatum. Y se arriesga porque no solo es un protagonista con el que es difícil empatizar, sino que el personaje principal de la película es un hombre sin escrúpulos y lleno de defectos que reaccionará demasiado tarde al circo que ha montado para su propio beneficio. Y se entrega totalmente, porque es imposible no sentirse seducido por su personaje a pesar de arrastrar múltiples defectos. Su interpretación está llena de matices y emociones. No queda sentimiento que reflejar en su rostro y ni un segundo del metraje está quieto o en calma.
Razón número 2: binomio cine y periodismo
Si hay un binomio bien avenido es el de cine y periodismo. Es increíble la extensa filmografía que hay donde los periodistas hacen acto de presencia o son parte central de la trama. También las noticias han sido y son fuente de inspiración para guionistas y cineastas. Este es un estudio inabarcable.
La figura de Billy Wilder es muy interesante en este sentido, puesto que durante el periodo de entreguerras, buscó sustento como periodista. Antes de embarcarse en el mundo del cine en EEUU fue reportero y conoció bien la profesión en su lugar de origen. Ejerció la profesión y daba rienda suelta a la pluma para contar historias y entrevistar a personalidades de la vida cultural del momento.
No hace mucho se publicó en español un interesante libro, Billy Wilder, reportero. Reportajes desde el Berlín de Weimar y la Viena de entreguerras en la editorial Laertes, donde se presentaba una selección de sus artículos.
Después cuando ya voló hacia Hollywood, hacia finales de los años treinta, y fue ganándose la vida como guionista y más tarde como director, el periodismo no fue ajeno a su obra cinematográfica como demuestra El gran carnaval o Primera Plana (The Front Page, 1974), nueva adaptación de la obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur. Pero también los periodistas están presentes como personajes secundarios en sus distintas producciones como, por ejemplo, en el final estremecedor de El crepúsculo de los dioses.
En El gran carnaval la visión del periodismo y la forma de trabajar y crear noticia de Chuck Tatum desgraciadamente sigue siendo totalmente actual. Es una película que continúa muy vigente y es totalmente demoledora. Cómo actúa Chuck Tatum a lo largo de todo el rescate, la figura del joven fotografo que en un principio no ve con buenos ojos la manera de actuar de su compañero, pero que luego se siente seducido por el éxito y la adrenalina hasta ser testigo de su caída o cómo se comportan los otros periodistas que van llegando al escenario de los hechos dibujan una visión crítica, poco poética e idealizada de la profesión.
No obstante, esta visión contrasta con el maravilloso personaje del director del periódico de provincias (Porter Hall) que cree en que la labor de los periodistas es contar la verdad y muestra también ser un perro viejo honrado que sabe dar oportunidades y creer en sus profesionales. Parece que no todo está perdido y que se puede actuar de otra manera.
Razón número 3: Billy Wilder sin Charles Brackett
El gran carnaval es una película clave en la filmografía de Billy Wilder como director. Durante años había colaborado y trabajado mano a mano con el guionista Charles Brackett. Los dos formaban un matrimonio de éxito. Fruto de su colaboración nacieron películas inolvidables como Días sin huella, Berlín Occidente o El crepúsculo de los dioses (su último largometraje juntos). Pero su matrimonio fue tormentoso y llegó un momento en que ambos decidieron separar sus caminos.
La primera película de Wilder sin Brackett fue El gran carnaval y se jugaba mucho. Para esta película colaboró en el guion con Lesser Samuels y Walter Newman. Y crearon una historia potente, que pasan los años y no pierde ni actualidad ni fuerza.
Sin embargo, fue su primer batacazo comercial, pero Wilder no se amilanó y siguió con buen pulso detrás de las cámaras, contando las historias que quería y trabajando con otros guionistas en cada una de sus películas hasta que en 1957 encontró de nuevo a un profesional con el que crear un prolífico dúo creativo: I.A.L. Diamond… y ya saben, esa ya fue otra historia…
Razón número 4: personajes negativos
El gran carnaval ofrece un número considerable de personajes secundarios, además de Tatum que se mueven en dicho escenario y que no dejan muy bien a la sociedad estadounidense de los años cincuenta. Tatum no está solo en el circo mediático, cuenta también con la colaboración del sheriff de la zona que ve en dicha noticia (le convence el propio Tatum) una manera de conseguir votos para su reelección y seguir con la corrupción que ha instaurado con facilidad.
También está la esposa del Leo Minosa, una joven que ya le sabe a poco ese matrimonio y ese lugar en medio del desierto, pero se da cuenta de que le conviene continuar con el papel de esposa modelo cuando es testigo de la rapidez con crece el negocio y como empieza a entrar el dinero que le hace falta para volar. Coquetea con Tatum, pues cree que puede ser una salida a su vida gris, pero pronto se dará cuenta de que no le conviene. Ella es una superviviente nata.
Luego están los compañeros de profesión que también tratan de sacar tajada a toda costa. O su antiguo director en Nueva York, ávido de exclusiva, que le vuelve a contratar sin reparo, pero cuando el reportero no responde a sus expectativas, no le tiembla el pulso con despedirle. O le sirve o no le sirve para vender más números…
Por otra parte, están personajes más ambiguos, pero igualmente interesantes, como el encargado de liderar el grupo de rescate, que no lucha por imponer el método más rápido y coherente, sino que se deja llevar por el sheriff y Tatum por miedo a perder su estatus y su trabajo.
O la gente que va llegando ávida de la curiosidad y el morbo que provoca la noticia y que está representada por la primera familia que conduce hasta el lugar de los hechos con caravana y todo, un agente de seguros con su esposa y sus dos hijos que deciden pasar allí unos días de vacaciones para ver en directo cómo se van sucediendo los hechos.
Por último, el personaje del joven fotógrafo, protegido del director del periódico de provincias, va transformándose a lo largo del metraje. Primero, se ve seducido por la personalidad arrolladora de Tatum, aunque en un principio no ve con buenos ojos su comportamiento, finalmente le admirará y se sentirá seducido por su manera de trabajar. El personaje es bonito, porque es un joven que quiere aprender y se confunde de camino hasta que también es testigo de la caída del profesional al que admira y empieza a ser consciente de todo lo que ha ocurrido. Muestra confusión, entusiasmo y compasión hacia su compañero. Sin duda lo que ocurre es un aprendizaje de vida para él.
Razón número 5: personajes positivos
Mucho más secundarios que los anteriormente mencionados, pero los hay y tienen una fuerza arrolladora y momentos escalofriantes. El primero que logra nuestra empatía es la víctima de esta historia, Leo Minosa (Richard Benedict).
No es un hombre brillante, no lo ha tenido fácil en la vida y siempre ha estado luchando y superviviendo. Es una persona que a pesar de la dureza de lo que le ha tocado vivir, es buena gente, sin grandes ambiciones y con ganas de formar una familia a la que querer. Es ingenuo. En un principio, incluso muestra cierta alegría por tener su minuto de gloria en la prensa. Ama a su mujer, aunque sabe que últimamente no les va muy bien y enseguida considera a Tatum un buen amigo, cree en él. Su agonía se nos va haciendo cada vez más insoportable.
Pero, sin duda, si hay un personaje que te parte el alma en cada una de sus apariciones es el padre de Leo, un anciano que hace lo que está en su mano por ayudar y ser amable con todos, que asiste sorprendido al alboroto que se arma alrededor de su tragedia y que solo desea que rescaten a su hijo. Su desgarradora última aparición mientras camina solitario hacia un cartel que aclamaba solidaridad para Leo, sin ya nadie de ese circo montado este presente, sin nadie que le consuele o de explicaciones, es difícil de olvidar. Así como tampoco se olvida a la madre de Leo, una mujer silenciosa, que no se mezcla con nadie y reza sin parar.
Y ya hemos escrito también sobre ese director honrado del periódico de provincias que trata de no salirse del camino de contar la verdad, un lema bordado por una de sus trabajadoras y presente en las paredes de la redacción.
Razón número 6: una Cora cualquiera
Una secundaria brillante sin duda es Jan Sterling que cuando tuvo oportunidad demostró lo buena actriz que podía ser. Y sin duda en El gran carnaval como Lorraine Minosa está maravillosa. Una rubia asqueada y desencantada del mundo antes de tiempo y casada con un hombre al que no quiere a lo Cora de El cartero siempre llama dos veces… Una femme fatale a su pesar.
Lorraine cala desde el segundo uno a Tatum. Sabe que va a aprovecharse del accidente de su esposo, pero ella tiene claro que va a marcharse de lo que considera una cárcel. Reconoce que Leo la sacó del arroyo, pero el mundo gris que le ofrece a cambio se le hace pequeño y ve la oportunidad para empezar de cero. Sin embargo, Tatum la retiene y ella accede porque es consciente de que puede conseguir dinero fácil y que ese negocio familiar muerto hasta ahora cobre vida y también porque se siente atraída por ese periodista seguro de sí mismo y que parece va a comerse el mundo, aunque pronto entre en guerra con él, pues solo tiene interés en ella por lo que aporta a la noticia. No es precisamente un caballero, sino un depredador.
Lorraine sellará el destino de Tatum de manera imprevista y por miedo. En un momento de desesperación del periodista, que ya es consciente de lo que ha hecho, ante la falta de sensibilidad de la dama (pero que ella nunca le ha ocultado), la ataca con rabia y furia. Esta Cora solo trata de defenderse y sobrevivir.
Ella nada más desea que salir de ese agujero y de ese circo del que se ha beneficiado. Ya le da igual cómo. Tampoco estamos seguros en su última imagen que le vaya a ir mucho mejor en un mundo despiadado en el que los unos aplastan a los otros.
Razón número 7: inspiración en la realidad
Tatum, el protagonista, cuando se topa con el accidente de Leo recuerda un acontecimiento periodístico que no deja de repetir al joven reportero. Por eso, ve que ahí tiene una oportunidad.
El accidente de Leo y todo lo que se monta a su alrededor parte de dos hechos reales que golpearon al público estadounidense. Wilder hace que Tatum nombre uno de ellos y luego se inspira también para contar su historia en el otro. Los dos casos son el de Floyd Collins y Kathy Fiscus.
Collins era como el protagonista, Leo, un explorador de cuevas que se quedó atrapado en una de ellas en 1925. Su historia tuvo una gran cobertura mediática y hubo un periodista que logró entrar varias veces a la cueva y entrevistarle. Dicho profesional ganó el Pulitzer por su trabajo. Floyd Collins no fue rescatado a tiempo. Esa es la historia que recuerda Tatum cuando se encuentra el accidente de Leo.
Por otro lado, Wilder se inspiró también en un caso más reciente en el momento del rodaje, el de la niña Kathy Fiscus, que se cayó en un pozo y su caso no solo fue televisado, sino que miles de personas se acercaron al lugar de los hechos para ser testigos de lo que ocurría. El rescate también fue fallido.
Razón número 8: sensacionalismo
Desgraciadamente, Tatum lo sabe bien. Las noticias de interés humano mueven montañas, pero no precisamente para bien. Y sigue siendo algo totalmente actual y real. Solo hace falta poner el televisor para ver que El gran carnaval es una realidad de cada día.
Si mueren miles de personas en guerras o mueren cada día un montón de gente ahogada en el Mediterráneo para alcanzar la tierra prometida, los lectores, espectadores u oyentes no se movilizan o no sienten tanto como si ocurre una tragedia cercana que afecte a una persona en concreto y toque las emociones más a flor de piel.
Para entender las guerras o lo que ocurre en el Mediterráneo hace falta reflexionar, informarse, pensar y movilizarse. Preocuparse por entender esas noticias es entender el mundo en el que vivimos. Informar bien sobre eso supondría hacer pensar y que la gente abriese los ojos.
Sin embargo, para entender lo que le pasa a Leo, solo hace falta que el público receptor sienta curiosidad, se emocione, empatice, quiera saber cómo acaba esa historia, no hace falta pensar. Son historias que venden y que el público compra ávido. Sube tiradas y audiencias. Estas noticias mal tratadas generan además morbo, espectáculo y alrededor de ellas y se puede montar un gran carnaval. Son carne de sensacionalismo. Es más fácil emocionar, provocar las lágrimas que contar la verdad, hacer pensar y descubrir en que mundo nos movemos.
Razón número 9: sin redención posible
Otra de las bofetadas de El gran carnaval es que no da la oportunidad al antihéroe de redimirse. Sí, se da cuenta de lo que ha hecho, pero no puede mostrar finalmente delante del mundo que es capaz de arreglar el desaguisado que ha causado. No se le da opción a la salvación, a empatizar con él. No solo se ha creado demasiados enemigos, es que ha estirado demasiado la cuerda. Y la realidad le golpea.
Chuck Tatum trata de correr y correr al final, quiere redimirse, pero por un acontecimiento que no se espera, apenas le queda tiempo. Intenta dar unos últimos pasos correctos, pero de nada sirven, solo para parar el circo mediático. Todo es triste, negro, sucio, corrupto y brutal. Al final, solo puede acudir a aquel periódico local que le dio una oportunidad, pero es demasiado tarde…
Razón número 10: un fracaso que ha ganado con el tiempo
La película era tan negativa, tan impactante y devolvía una imagen tan cruel de la sociedad estadounidense que fue uno de los pocos batacazos comerciales que tuvo Billy Wilder, aunque con el tiempo no ha hecho más que crecer su prestigio. En esos años de crecimiento económico, guerra fría y american way of live, poco apetecía una película que devolviese una imagen tan brutal. Aún hoy sigue siendo una de las grandes desconocidas de su filmografía.
El gran carnaval es una buena historia, una película de esas que una vez que la ves, ya no se olvida.
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Me gusta mucho esta película de Wilder y me sumo a las 10 razones que motivan tu amor incondicional a este filme. Wilder siempre decía que él se sentía primero escritor, guionista, creador de historias, antes que director. Me imagino que en su época como reportero ya estaba ese gusanillo por contar historias. Lo que más le divertía de la producción de una película era la fase de elaboración del guion, que solía escribir en compañía (bien de Brackett o de Diamond). Así que esta historia seguro que nació de aquella etapa, como bien dices, de periodista.
Abrazos!
Querido Ethan, a mí también me encanta esta película de Wilder y eso que es bastante dura, pero la historia está tan bien contada y los personajes perfectamente construidos.
Sí, yo creo que él sentía pasión por contar historias. Y, por eso, disfrutaba tanto con la elaboración del guion. Apuntalaba lo que quería contar. Y crear en compañía bien avenida es un placer.
Siempre me ha llamado la atención su etapa como periodista.
Beso
Hildy
Hola Hildy
Me parece muy acertado el titulo de «Ace in the Hole» en sus dos acepciones: tanto por la de «As en la Manga», como por la de «As (de guerra) en el Agujero»; en cambio «El Gran Carnaval» me parece un tanto vago. Es curioso pero el personaje de Kirk podría ser un primo del que hizo con Minnelli en «Cautivos del Mal»… cuyo titulo original es «The Bad and the Beautiful».
Hace no mucho vi una de cine negro serie B que me sorprendió «Shakedown, Joseph Pevney 1950» y el prota es un claro hermano mayor de este Tatum. Además cuenta con esa estrella fugaz que fue Peggy Dow.
Un saludo, Manuel.
Manuel, miles de gracias por ponerme bajo la pista de «Shakedown, Joseph Pevney 1950». ¡Qué ganas de verla!
Y, sí, cambiando de tema, Douglas no tenía miedo de arriesgarse con personajes que no eran precisamente ángeles ni héroes al uso.
Respecto a los títulos, yo soy muy simple, jajaja, y sí me evoca El gran carnaval, ese circo que se monta alrededor del pobre Leo Minosa, pero sin duda es más evocador y ambiguo el título original que tan bien has explicado (qué lujo tenerte).
Beso
Hildy
En realidad no hay una linea clara que separe lo que es informacion de lo que se convierte en espectaculo para el espectador de noticias. Ultimamente he seguido las noticias mas de lo habitual, debido a los conflictos en Iran o Libano, y uno termina preguntandose si los humanos tenemos capacidad para empatizar con lo que vemos, o si esas imagenes de misiles, de explosiones, de humo negro, de edificios destruidos, terminan por dejarnos anestesiados, nos retrotraen a tantos conflictos anteriores a lo largo de la historia que pensamos; bueno, ¿y lo proximo que?
Y los dirigentes tambien parecen ser frios e indiferentes, lo ven todo desde lejos. Como en una partida de ajedrez. Todo estrategia y calculos.
Si, creo que la linea entre informar y convertir las miserias o desgracias ajenas en entretenimiento, en espectaculo, no es clara en nuestro mundo de hoy y Wilder ya pensaba lo mismo hace muchos años y lo mostro en su pelicula.
Quizas solo si nos cae una bomba encima o cerca, ya sea real o metaforica, reaccionamos de verdad, sino permanecemos anestesiados o como mucho asustados de asistir a una guerra total, en un futuro no tan lejano.
«Y mientras las cosas se caian a pedazos nadie prestaba mucha atencion.»
Talking Heads
Hildy querida, no he visto esta película y demoré la lectura de tu texto unos días en la esperanza de encontrarla en streaming, pero no, debí acercarme a tu texto a ciegas y ¡cuántas ganas de ver la película me has dado!
Leyéndote se me ocurren un montón de ideas sueltas, no alcanzan el estatus de reflexiones, así que las tiro aquí como vienen. La primera es que Kirk Douglas nunca estuvo entre mis favoritos, pero qué carrerón interesante que tiene. Sólo con recordar su antihéroe en «Champion» o el nivel de delirio maravilloso que alcanza en «Lust for Life», da para dedicar la vida a recorrer su filmografía.
Lo segundo que he recordado viendo la fotografía de la razón número 6 (y aquí derrapo totalmente y pido disculpas) es la escena de «Charade» en la que Audrey Hepburn le pregunta a Cary Grant cómo hace para afeitarse el hoyuelo del mentón, jaja.-
Y lo tercero, en relación a tu razón número 8 es aquella parte de «His Girl Friday» en la que Cary Grant le grita a su editor por teléfono que quite de la portada todo lo relativo a la guerra en Europa pero que deje en paz lo del gallo «porque es interés humano». Ciertamente, no es nuevo este fenómeno que relatás. La gente se cansa de los fenómenos complejos, que son difíciles de entender, más difíciles aún de explicar y parecen no tener solución y repetirse una y otra vez a lo largo de las décadas. En cambio estas historias pequeñas, que podrían pasarle a cualquiera (como si lo otro no nos estuviera ocurriendo a todos), venden más y se prestan para el carnaval.-
Te mando un abrazo enorme, Bet.-
Querido Luis, efectivamente, a veces, no se sabe si los humanos tenemos capacidad para empatizar con lo que vemos o leemos en los medios de comunicación y si asimilamos lo que pasa. Y cuando se empatiza en exceso, también la impotencia es máxima. También es cierto que en estas circunstancias, con un mundo tan convulso, y con esos dirigentes que, como en ¿Teléfono rojo? Volamos a Moscú, parece que les da exactamente igual que el mundo salte por los aires, uno se siente más títere que nunca.
Efectivamente, como dices, la linea entre informar y convertir las miserias o desgracias ajenas en entretenimiento, en espectáculo, no es clara y Wilder lo refleja increíble en esta peli.
Pero también hay que valorar por suerte la cantidad de buena gente que trata de seguir empatizando, que arrima el hombro y que lucha porque no todo se vaya al garete. Espero que el péndulo pronto alcance a todas esas personas que creen de verdad en un mundo mejor sin tanto odio y polarización. O creer también en todos esos profesionales de los medios, que los hay, que tratan de informar y hacer bien su trabajo.
Incluso en una película tan dura como El gran carnaval hay personajes que te hacen ver qué no todo está perdido.
Beso enorme y mucho.cine
Hildy
Queridísima Bet, ¡qué buenas todas esas ideas sueltas! Sí, Douglas es otro maravilloso actor con hoyuelo en la barbilla. Y como bien dices ¡qué carrerón y qué títulos tiene en su carrera!
Ayyyy, ¡esas noticias de interés humano! Qué buen ejemplo el de Luna nueva o esa otra joya que es Network, la del presentador que tiene bajas audiencias y, de pronto, ante su inminente marcha, anuncia en directo que está harto de todo y va a suicidarse… Y las audiencias cambian…
Cuando pilles El gran carnaval en alguna plataforma, estoy segura de que le vas a sacar muchísimo jugo
Beso enorme
Hildy
Qué maravilla, mi querida Hildy, qué ganas de volver a verla. Demasiado inteligente y aguda para su tiempo, de ahí, en parte, su fracaso. La gente no estaba preparada ni tenía ganas de que le cantaran cuatro verdades básicas, tan importantes para el pensamiento democrático como las cuestiones legales o políticas. El cuarto poder, ya se sabe. Ha habido buenas cintas posteriores sobre periodismo, pero no como esta.
Besos
Mi querido Alfredo, es de esas películas a las que se vuelve con gusto. Siempre hay tropecientas mil cosas en las que fijarse y la fuerza de la historia sigue ahí hoy en día. El binomio cine y periodismo siempre me ha gustado mucho y ha dejado una filmografía que merece la pena seguir el rastro.
Beso
Hildy
Películón querida Hildy. De esas pelis que golpean como un mazazo. Un baño de realidad inolvidable. El primer período en la filmografía de Wilder fue tan demoledor que no me extraña que este film no gustara al público; no hay que olvidar que sus pelis siempre bordeaban la censura. Este film en concreto es tan desagradable y se siente tan extraño (en cuanto a falta de empatía por su protagonista y demás personajes) que provoca sensaciones difíciles de describir por parte del espectador. Todavía recuerdo las sensaciones que me produjo a mí la primera vez que la ví. Estuve muchos días reflexionando sobre ella, replanteándome sobre este mundo en el que vivimos y la naturaleza humana. Este film no ha perdido ni un ápice ni en su argumento ni en su forma. Es una obra maestra que se revaloriza con cada nuevo visionado. Eso sí, es tan dura que, al menos en mi caso, necesito darme tiempo entre un visionado y el siguiente. Así que ya toca volver a verla porque hace años que no la veo.
Aunque amo prácticamente toda la filmografía de Wilder, personalmente adoro mucho más sus pelis del 1959 en adelante (con la excepción de Perdición), tienen más humor y una vena tierna y melancólica que carecen las primeras. A este respecto Wilder expresaba en alguna entrevista que cuanto más feliz fue mayor capacidad tuvo para la denuncia en sus films y, sin embargo, cuanto más triste se sintió en su vida, mayor habilidad tuvo para crear comedias. Curioso. En cualquier caso, un cineasta inmenso.
Unas razones maravillosas, como siempre, querida Hildy. Y qué poco se prodigó Jan Sterling en el cine.
Saludos!!
Querida Hildy, esta cinta es una de mis preferidas de toda la vida,y la veía cada vez que la pillaba en el cable (ahora en Chile cuesta encontrar cine clásico ,excepto en una que otra plataforma de pago)
El título en América hispana fue CADENAS DE ROCA, no muy motivador que digamos.
Concuerdo con todo lo que has dicho,especialmente la maravillosa actuación de Kirk Douglas, un tridente de oro con LA ANTESALA DEL INFIERNO y LOS VALIENTES ANDAN SOLOS
La frase inmortal es «Que un perro muerda a un hombre no es noticia, sí que un hombre muerda a un perro…si no tengo noticias que dar, salgo a la calle y muerdo a un perro»
Yuna trivia final: recuerdo una secuencia de DIAS DE RADIO con la familia pegada al receptor siguiendo el intento de rescate de la niña en el pozo y la angustiada reacción de la madre ante el amargo final.
Besos,IVÁN
Queridísima Isis, qué interesante tu comentario y tú rescate de esas declaraciones donde Wilder explicaba «que cuanto más feliz fue, mayor capacidad tuvo para la denuncia en sus films y, sin embargo, cuanto más triste se sintió en su vida, mayor habilidad tuvo para crear comedias».
Es una manera superinteresante de analizar sus películas.
Efectivamente es una película que te toca, te hace pensar y continúa impactando aún hoy. Y es, desde luego, para verla cada x años… Demasiado dura.
Beso
Hildy
No me extraña que sea una de tus películas favoritas. Qué alegría leerte, Iván. Kirk Douglas está maravilloso con su personaje antipático y sin escrúpulos y cuando los tiene es demasiado tarde.
¡No me acordaba de lo de «Días de radio»! Qué bueno. Solo cuando lo has escrito, he recordado. Otra gran sesión doble sobre cine y medios de comunicación.
Beso
Hildy
Sin negar que estamos ante una excelente película del maestro y una férrea crítica al sensacionalismo y sus derivadas, también hay que reconocer que todo el guion y el desarrollo de la obra está excesivamente diseñado para mostrar de forma demasiado evidente el «carnaval» ético que nos promueve, es decir, sin los matices más complejos y menos evidentes que son necesarios para dotar a la película del rigor que requiere un discurso más limpio e impoluto. La actitud del periodista, la esposa del accidentado, el sheriff o la muchedumbre que buscan el éxito profesional, económico, electoral o el morbo son solo algunos ejemplos que lo ponen de manifiesto. Para ser más precisos, podemos argumentar que para criticar la ruindad que supone hacer espectáculo de la tragedia humana, se adoptan también registros exhibicionistas que no dejan de ser igualmente puro espectáculo, con dosis evidentes de maniqueísmo a la hora de describir personajes y actuaciones, tanto individuales como colectivas. Es el único inconveniente que le observo a la película que nos ocupa. Un fortísimo abrazo querida amiga.
¡Querido Altaica, cuánto tiempo y qué alegría leerte!
Como siempre dejas una interesante reflexión que permite ver y analizar la película desde otra óptica y plantea debate interesante.
Como dices, no deja de ser una buena película porque plantea cosas y hace pensar.
Qué bueno saber de ti.
Beso
Hildy
Hola Hildy,
Me encanta esta película, es una pasada. Wilder siempre fue un director muy cínico pero que escondía su cinismo con su sentido del humor. Incluso en sus películas no cómicas había toques de humor para hacer más digerible esa faceta suya. Esta película siempre me fascinó por ser tan atrozmente pesimista, sin redención y tan tan desencantada. Es como si hubiera expuesto una parte suya en estado puro que luego no quiso volver a mostrar – y el hecho de que de joven hubiera sido periodista lo hace aún más significativo.
Es magnífica, Kirk Douglas está descomunal y el final… bufff. Y qué moderna y tristemente vigente hoy día. No es nada exagerado lo que muestra aquí.
A ver si la revisiono…
Un abrazo.
Querido Doctor Mabuse
Es totalmente cierto que «El gran carnaval» no hace concesiones. Es pesimista, sin redención y absolutamente desencantada. Y la verdad es que sigue vigente y no es en absoluto exagerada. Como dices, la ves y sorprende lo moderna y actual que es.
Kirk Douglas es maravilloso y además se arriesga a tope con este personaje tan negativo, pero a la vez tan creíble en su comportamiento y forma de actuar.
Beso
Hildy
Las diez razones son inapelables. Es una obra mayor. Ahora bien no se si la amo por cuanto los debates morales y éticos que plantea me dejan siempre literalmente hecho polvo.
Es tan lúcida si reflexión sobre los límites a los que puede llegar la condición humana que me noquea. Brutal película, pero no sé si la amo. Un abrazo
Querido, querido Víctor, qué alegría leerte tanto hoy. Sí, es una obra mayor y como dices también brutal. Efectivamente te deja para el arrastre por todo lo que plantea. No, no es una película en la que nos apetecería vivir, ¿verdad?
Beso
Hildy