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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Los Miserables

Los Miserables, una crónica de un suburbio parisino.

Un niño con un cóctel molotov en la mano, y con un rostro que no solo denota furia sino también que no tiene nada, absolutamente nada, que perder. Es una imagen que golpea. Como la de un policía que empuña una pistola, y con un rostro al borde del estrés y el colapso por ver cómo todo estalla y se escapa de las manos, sabiendo que nunca pensó que pudiera enfrentarse a una situación así. Y es que Los miserables, el debut de Ladj Ly en el largometraje de ficción, golpea una y otra vez al espectador mostrando fotograma tras fotograma un polvorín a punto de estallar. La violencia acecha a la vuelta de la esquina. Y el estrés de todos los personajes traspasa la pantalla. De los niños en la calle, de los policías patrullando, de los ciudadanos que habitan ese barrio de las afueras de París, de los que tratan de dominarlo a través del sometimiento o a través de la religión… No hay ni un solo respiro, el ritmo es rápido, rápido y en crescendo. No hay vuelta atrás posible. No hay descanso, no hay reposo.

Y sí no hay tiempo de matices y explicaciones sutiles sobre por qué todo es un polvorín. Se supone que el espectador conoce el contexto, conoce la historia de los últimos años. Incluso si uno ha sido espectador de cine y ha ido viendo lo que han contado otros sobre las afueras, sobre los suburbios parisinos (los banlieue), se sabe de qué habla este realizador, de origen maliense, que además viene de ellos y conoce a la perfección el barrio que filma: el barrio de Montfermeil. Ladj Ly presenta un thriller policial donde no hay respiro para ni uno de sus protagonistas.

Desde El odio (1995) de Mathieu Kassovitz, muchas películas han mostrado los banlieue. Y de distintas formas. Como lo hizo Jacques Audiard en Dheepan (2015) o Laurent Cantet en La Clase (2008). Y tampoco han sido pocas películas francesas las que han reflejado la vida de distintas brigadas de policía como Bertrand Tavernier en Ley 627 (1992) o Maïwenn Le Besco en Polisse (2011). Pero Ladj Ly además de saber de qué habla, por haberlo vivido, realiza un paralelismo escalofriante. Toda la trama ocurre como se ha señalado anteriormente en el barrio de Montfermeil. Y en ese mismo barrio, el coche patrulla pasa por un instituto que se llama Víctor Hugo. Y los tres policías bromean con ello. No es casualidad. Allí transcurre también la novela de Los Miserables. Ahí siguen los bajos fondos, ahí continua el sufrimiento, el sometimiento, el miedo, la injusticia, la imposibilidad de salidas… como en la novela. Y el latente latido de la furia, de la rebelión y de la violencia, del caos. Su película se cierra con una cita del autor francés que matiza y explica lo que el director quiere contar: “No hay malas hierbas ni hombres malos, solo malos cultivadores”. Y es reveladora la primera secuencia: el centro de París hasta arriba de jóvenes, muchos de ellos de los suburbios, están de celebración. Es el mundial de fútbol. Y todos entonan felices La Marsellesa. Euforia. Y sobre sus rostros el título de la película Los Miserables. Luego todos vuelven a ese barrio sin salida, con cajas de cerillas por casa, y con la violencia en cada esquina, al acecho.

Un barrio que vemos desde arriba en numerosas ocasiones. Pero ese ojo que todo lo observa es un dron, que nada puede hacer. Solo graba en su tarjeta, un barrio que se desmorona, que arde… Y una de esas grabaciones desata más si cabe el conflicto.

La película cuenta dos días de un policía que acaba de incorporarse a una de las patrullas BAC (la Brigada de Lucha contra la Delincuencia) del barrio. Junto a sus dos nuevos compañeros, dos veteranos, pasa dos vertiginosos días de entrenamiento. Uno termina diciéndole, ante su mirada sobrecogedora durante el primer día de jornada, que no se crea que puede juzgar cuando acaba de llegar, que no sabe nada. Porque nada es blanco o negro, pero tampoco gris. No hay tiempo para la calma y continuamente se le ponen por delante cuestiones morales, que intenta solventar con vértigo, sin tiempo.

Pandillas de niños sin nada que perder, un cachorro de león, un dron que no deja de sobrevolar el barrio, los mafiosos locales, aquellos que tratan de buscar adeptos a través de la religión, los policías que olvidan los límites, un disparo, un niño en el suelo…, un polvorín todos los días a punto de estallar. Y muchos intentando contener. Hasta que se abre una brecha. Y un niño con furia en los ojos se da cuenta, tras una jornada de humillaciones continuas, que no tiene nada que perder.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

8 Comments

  1. 39escalones dice:

    Muy interesante, sin duda, un cóctel atractivo, a priori. No he visto la película, sin embargo; el día que vi su trailer en una sala me quedé con la sensación de que en el trailer me lo habían contado todo. ¿Tengo que replanteármelo?

    Besos

  2. Digamos que te han contado parte…, te han contado el ritmo y la atmósfera. Pero yo vi más cuando la vi entera. A mí me ha parecido bastante interesante. Una ópera prima en ficción a tener en cuenta. Ya había visto alguna cosa del director como documentalista. Es uno de los que filmó A viva voz, sobre un concurso de oratoria entre jóvenes, interesantísimo.

    Beso
    Hildy

  3. Bien de rabia me dio perderme esta. Tendré que esperar al streaming…

  4. Querido Crítico abúlico, la verdad es que es interesante. Ya me contarás.

    Beso
    Hildy

  5. Me ha encantado rememorar el largometraje gracias a tus palabras. Sin duda que la película es un carrusel vertiginoso de tensión y violencia atmosférica que estalla por doquier. Lo mejor, que no juzga a sus personajes, mostrando sus reacciones como fruto de un contexto que es un campo plagado de minas. Y si bien el director nos conduce sobre todo a través del nuevo policía, descubriendo mediante sus experiencias un barrio donde no puedes descuidarte un segundo, no olvida tampoco detenerse en la trastienda íntima de otros personajes relevantes, o incorporar el punto de vista de ese niño que quiere ser ajeno a la dureza imperante, pero que con su dron no deja de ser ese ojo que ve y se siente en la responsabilidad de no apartar la mirada hacia otra parte…

    Tu crítica tiene una estructura circular que casa perfectamente con el sentido de la película: la violencia puede terminar siendo un círculo incesante y cada vez más destructivo si no terminamos quebrándolo.

    Besos.

  6. Sí, querida Ana, qué bonito lo que escribes. Efectivamente, la violencia como ese círculo incesante y destructivo. Recuerdo otras películas sobre el tema con esa estructura circular, ¿te acuerdas de El Odio?¿O también, por ejemplo, American History X?

    Beso
    Hildy

  7. No puedo entender el éxito que ha tenido esta película. El tema es sin duda interesante, pero el guion es flojo flojo, los personajes van dando bandazos en sus prioridades, ahora hay que conseguir la tarjeta de memoria, ahora me olvido durante una escena para ver a los del circo, ahora me preocupa mi madre, ahora me tomo una cerveza con el nuevo al que le he hecho la vida imposible durante todo el día.
    Un horror de guion que me hizo querer rescatar “Dheepan” de Audiard.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

  8. Querido Alberto, qué alegría leerte.
    A mí pese a no ser redonda, me gustó más de lo que esperaba, la verdad. Creo que consigue mostrar un polvorín a punto de estallar.
    Y Audiard, la verdad, es que es un director que me gusta mucho. Tengo que rescatar otra vez Dheepan, recuerdo imágenes poderosísimas. Lo que me pasó cuando la vi es que me gusta tanto el director, que la disfruté menos que otras de él. Pero intuyo que si la rescato de nuevo me va a gustar mucho más.

    Beso
    Hildy

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