Amazing grace

Imágenes de leyenda y perpetuación del góspel.

Corría o cabalgaba (el tiempo pasa tan rápido) el año 1972 y Aretha Franklin ya era la indiscutible reina del soul. Sin embargo, en ese momento dio un giro a su carrera y recuperó sus raíces y formación como cantante de góspel. Volvió a la infancia… y a los cánticos en la iglesia. Al seno de su padre y de su madre, ambos eminencias del góspel. Y para recrear lo especial de esos momentos espirituales, se realizó una grabación en directo durante dos días en una pequeña y humilde iglesia: en la Iglesia Bautista Misionera New Temple en Watts, Los Ángeles. Allí Aretha se acompañó del reverendo James Cleveland y de un coro de góspel: The Southern California Community Choir.

La compañía discográfica (también cinematográfica) decidió además grabar el evento y encomendó esta labor a un director de cine que acababa de triunfar con Danzad, danzad, malditos, Sydney Pollack. El resultado fue uno de los discos más vendidos en la historia del góspel, Amazing grace. Sin embargo, la grabación no corrió tanta suerte. Hubo un error técnico, que nunca llegó a ser reconocido por Pollack. Este no llevó claquetas ni realizó las marcas necesarias, con lo que fue imposible sincronizar el sonido en el estudio con las imágenes. Así que este valioso material quedó enterrado. Muchos años después, Pollack, antes de morir, sí que estuvo por la labor de dar luz al material, las nuevas tecnologías harían posible el milagro. En ese momento entró en acción el productor musical Alan Elliott que convirtió en un reto que este concierto viese la luz en las pantallas de cine a pesar de las dificultades. Entre otras, la propia Aretha puso impedimentos legales para que el material pudiese ser exhibido, pero tras su muerte la familia llegó a un acuerdo con Elliott.

Amazing grace tiene un montón de valores: el documento histórico, gráfico, espontáneo y natural de un gran momento musical. El espectador se sumerge en esa iglesia bautista durante dos días y siente las reacciones del público, ve lo que reflejan los rostros, vive situaciones de personas que se levantan, bailan, aplauden, se emocionan, entran en trance, escucha las recomendaciones del reverendo Cleveland ante la presencia de las cámaras o vive problemas técnicos porque unos cables se mojan… Es gente expresando y exteriorizando hasta el éxtasis sus creencias, sin cortapisas. Son dos días de celebración. También reconoce algunos rostros que no se quisieron perder el evento: como Mick Jagger de los Rolling Stone, el propio Pollack trabajando con su equipo o grandes figuras invitadas del góspel puro, que además influyeron en la formación de Aretha: su padre, Clarence LaVaughn Franklin, o la cantante Clara Ward.

Otra razón para disfrutar de este documental es cada una de las canciones y la propia Aretha (con esos primeros planos de su rostro donde se marcan sus gotas de sudor, sus lágrimas, sus ojos cerrados, su disfrute, cómo se mueve, cómo se dirige a los demás, sus ropas, cómo toca el piano). Hay joyas como el cántico que da título al documental Amazing grace (clásicos del repertorio góspel) y una celebración del propio don de Aretha con su voz privilegiada o esa última canción emocionante que es Never grow old. Pero también son especiales Wholy holy, What a friend we have in Jesus (imposible no acordarse de Carole King), Precious memories o Climbing higher mountains.

Esos dos días en una pequeña y humilde iglesia y la reivindicación del góspel dentro de la cultura afroamericana en pleno 1972 también es un acto que tiene que ver con una continuación del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. La familia de Aretha y la propia cantante habían estado muy unidos a Martin Luther King, que cuatro años antes había sido asesinado, pero dejó toda una herencia que no ha dejado de perpetuarse. Además los espirituales negros cargan siglos y siglos de sufrimiento e historia en sus letras y manera de cantarlos. Ahí está el alma de aquellas generaciones de esclavos africanos que eran deportados a la fuerza de su tierra y raíces y llevados a tierras lejanas, a EEUU, que no era una tierra prometida, sino una fuente de desgracia, sufrimiento y dolor.

Después hay otro aspecto que se vislumbra en Amazing grace y pertenece al mundo privado de Aretha y sus relaciones familiares o con otras personas presentes en el evento. Esto llega a su culminación de intimidad en el momento en que su padre en pleno concierto se acerca a la cantante que está al piano y cantando y con un pañuelo blanco recorre su rostro quitándole el sudor. O también su complicidad con el reverendo Cleveland que la arropa en todo momento o con el director del coro. Así como la fuerte presencia de Clara Ward (que moriría un año después), mujer que fue además su mentora, y que parece ser también mantuvo una relación íntima con el padre de Aretha, un hombre que tuvo una larga lista de relaciones.

El documental Amazing grace contagia las ganas de levantarse del asiento y no parar de bailar. Y como dijo un amigo mío, solo hay un pero… Se hace demasiado corto.

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