Hildy Johnson tiene el orgullo de estar siempre junto a una maga de las palabras. Nunca lo dejes. El tecleo de la máquina de escribir pone en marcha los latidos de tu corazón. Sí, es la vida.

Presentación Hormiga blanca

Presentación del libro “Hormiga blanca” en María Pandora (Madrid). En el centro Mónica Sánchez. A su izquierda, la ilustradora Sinsuni Velasco y a la derecha, el sociólogo Luis Enrique Alonso.
Fotografías: Fernando Sánchez.

En agosto se cumplieron doscientos años del nacimiento de Herman Melville, y dejó de herencia toda su obra literaria que se perpetua por los siglos de los siglos. Tanto es así que una escritora del siglo XXI, que nació en Madrid (y tiene sus callejuelas en cada una de sus venas), surcó los mares para enamorarse de México, y capturar sus colores, sus olores y sabores, y esa forma suave de hablar, aunque la vida sea dura. Y se sumergió por las páginas de las novelas, cartas y relatos del autor para atrapar su esencia y derramarla en cinco cuentos que hablan del presente. Eso es Hormiga blanca, la pluma certera de Mónica Sánchez que con ojos de Melville capta las luces y las sombras de ese mundo que cada día tratamos de entender.

Y ya en la cita que abre el libro se entiende mucho de la autora y de su forma de escritura. Rescata una de la líneas de Melville en sus cartas a Hawthorne: “Soy propenso a la alegría y por consiguiente escribo con tristeza”. Los cinco relatos transitan un universo literario que reinterpreta el presente con ecos de historias pasadas, pero lúcidas, imperecederas.

Así en Hormiga blanca el escenario se traslada a la frontera mexicana con EEUU donde la Bestia, esa ballena blanca que no muere, es el tren cuya captura posibilita quizá una salida incierta a la miseria. Un relato que sugiere una nueva épica donde el capitán Ahab, Quequeeg e Ismael vuelven a enfrentarse a la furia y cada uno lucha con sus mejores armas. Y en Preferiría hacerlo la rebeldía pasiva no la ejerce Bartleby el escribiente sino la misteriosa señora M., que prefiere no dejar de trabajar nunca, a todas horas, sin atenerse a las consecuencias de su ritmo frenético porque esconde un dolor sobrecogedor de quien ha visto una realidad social que rompe y destruye. En Benito’s Inn no hay un barco fantasma, sino un establecimiento hotelero inquietante que esconde una injusticia histórica en cada una de sus habitaciones. Amor efímero con fondo eléctrico relata una historia de amor en noche de tormenta con la presencia de un incómodo vendedor de pararrayos. Y en Ágata y el escritor una mujer que espía a su vecino nos explica las claves para narrar una buena historia.

Presentación Hormiga blanca

Momentos mágicos

Pero Hormiga blanca tiene más valores: el libro como objeto preciado y cuidado. Así el universo literario de Mónica Sánchez se mezcla y enriquece con el trazado de las ilustraciones de Sinsuni Velasco. Y la simbiosis de la obra creativa de ambas alimenta y hace llegar más la esencia de cada relato. Cada cuento tiene su ilustración y también su destacado gráfico donde se disparan las palabras que golpean al lector desprevenido: “Preferiría morirme a parar, preferiría matarlo a parar. No me obligue a preferir cosas tan dispares”.

Hormiga blanca encierra entre sus páginas una voz literaria con fuerza y sensibilidad, el trazo elegante de una ilustradora y una voz con siglos de historia que permanece.

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