Identidad borrada

Madre e hijo frente a frente… ante una pesadilla.

De pronto, la cartelera se convierte en un gran periódico abierto, donde se tocan temas de actualidad, y que permiten a la salida debates y reflexiones apasionadas. Y eso ocurre con Identidad borrada que se inspira en la experiencia de Garrard Conley, un buen chico, educado con unos padres de la iglesia baptista, que cuando llega a la adolescencia descubre su homosexualidad, pero por una denuncia malintencionada desde la universidad, tiene que confesárselo a su familia, sin haber asumido todavía su identidad. Estos deciden llevar a su hijo a Love in Action, un centro donde ofrecen una terapia de conversión… Y él, que es un mar de dudas y miedos, en un principio accede. El actor, director y guionista Joel Edgerton crea una historia-pesadilla para su protagonista.

Joel Edgerton ya había debutado como director con un largometraje, El regalo, que revelaba varias característica, que se confirman en su segunda película. Tiene pulso para contar una historia, sabe elegirlas bien; le interesan temas que marcan a los individuos y que les dañan, sobre todo porque sufren la intransigencia de los otros y condicionan su vida futura; se guarda un personaje principal o secundario con aristas inquietantes y sabe rodearse de un buen reparto. Por otra parte, muestra un interés por la puesta en escena, por la manera de contar su historia y por plasmar momentos de una manera determinada, pero también es en el terreno donde se muestran más sus debilidades. Logra secuencias brillantes, pero todavía las encaja en un montaje irregular y las estructuras de sus películas no son redondas.

La película se mueve en dos niveles narrativos, y las transiciones de uno a otro no están del todo conseguidos, ganando en la parte final donde ya transcurre en un solo nivel. Por una parte se nos cuenta el periplo vital del joven Conley en el centro de conversión donde la película adquiere el tono de relato de terror y pesadilla, que va aumentando su intensidad hasta ser insoportable. Esta parte tiene un halo de películas sobre internados y sectas de pesadilla, pero también de instrucciones militares que anulan a las personas a lo Chaqueta metálica de Stanley Kubrick. Y, por otro, se nos cuenta la trayectoria emocional del protagonista, su vida en familia, en su comunidad y el descubrimiento de su homosexualidad en la universidad a través de dos experiencias, una de ellas traumática, y cómo se precipita la revelación de su identidad sexual a su familia, cuando él todavía no está seguro de todo lo que está viviendo y experimentando.

En el nivel emocional, y sobre todo, en la relación con sus padres, es donde consigue el director los momentos más álgidos, sobre todo cuando sale de esa terapia, contada como si fuese un buen relato de terror, y reconstruye la relación con su madre, y sobre todo, con su padre. Así la conversación pendiente entre padre e hijo logra una intensidad y delicadeza que pone un alto punto final a la película.

Por otra parte, se rodea de un reparto que construye sus personajes dando cuerpo a la película. Destaca el trío de padre, madre e hijo con un orondo pero intenso y contenido Russell Crowe, una Nicole Kidman como madre sumisa, que se rebela y decide luchar por la felicidad de su hijo, y un magnífico Lucas Hedges, como adolescente con miedos, confuso, que se ve inmerso en una pesadilla, pero que no quiere renunciar ni borrar su identidad. Los personajes del centro de conversión quedan más difuminados y menos construidos, pero dan ganas de mucho más. Desde el instructor jefe que Joel Edgerton convierte en un personaje inquietante hasta los distintos compañeros del joven, que tratan de torear la instrucción y las humillaciones de diferentes maneras, ahí están rostros como el de Troye Sivan, Xavier Dolan (sí, sí, el director) o Britton Sear.

Identidad borrada no deja sin ganas de una buena charla después de la proyección, más, como decía al principio, abriendo el periódico, y leyendo que estos cursos de conversión, bajo los dictados de distintas iglesias, son todavía algo muy presente…

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