La reina abeja

Joan Crawford, más malvada que ninguna…

En el mítico tomo de los años 30 de Mis inmortales del cine de Terence Moix, cuando el escritor y cinéfilo escribe su texto sobre Joan Crawford en un momento dado dice: “el que había de ser su filme más involuntariamente cómico: Queen Bee (es decir, La abeja reina). Puso a prueba el masoquismo de todas las espectadoras que aspirasen a identificarse con ella porque era la mujer más perversa que jamás pisó las mansiones de Georgia. No había maldad que no pudiese infligir a todos los miembros de su familia, dominados por su férrea dictadura. Y, mientras la ejercía, ella iba exhibiendo los mejores modelos de Jean Louis. Era una víbora con piel de visón”. Pues bien, es verdad, ahí reside el encanto de esta película, en la perversidad de su heroína: Eva Phillips. Y es cierto que no puedes evitar que una sonrisa se marque en tu rostro pensando cuál será la próxima perrería, la bordería siguiente o la explosión de nervios desatada que se espera de ella. Sí, también hay desajustes de guion y pequeñas locuras que vuelven todavía más encantador el visionado de esta película.

Eva Phillips gobierna su hogar con una dulce sonrisa, pero bajo sus apariencias y el lujo de su vida solo se oculta una mujer odiosa que lleva la desgracia a todos los que están a su lado. Su maldad es su forma de vida. Siempre suelta, en la intimidad del hogar, sus frases hirientes, sus medias verdades, pero guardando las apariencias y siendo la reina de todas las fiestas. Como dice su joven cuñada Carol (Betsy Palmer, que alcanzaría la gloría en los años 80 en Viernes 13), se comporta como una auténtica abeja reina. El guionista y director Ranald MacDougall adapta para la pantalla grande una novela con tintes de melodrama de Edna L. Lee y la convierte en delirante vehículo para cimentar la fama de Joan Crawford, como dama madura en aquellas gloriosas películas para mujeres con historias fuertes, donde luce sus peinados y elegantes vestidos, y es transgresora por sus comportamientos atípicos. Su Eva Phillips es malvada por naturaleza, no soporta envejecer, quiere seducir a todas horas, y deja traslucir que en el fondo solo quiere ser amada en cuerpo y alma por todos los que la rodean. Ser una reina perpetua en su hogar.

A la casa de los Phillips, llega Jennifer (Lucy Marlow), una joven e inocente prima absolutamente cegada por el glamour de Eva, ella solo ve bondad y solo está agradecida por las oportunidades que esta le ofrece. Pero el desencantado y alcoholizado marido de Eve, Avery (Barry Sullivan), le avisa de que ya abrirá sus bonitos ojos. Y efectivamente desde que llega ve comportamientos extraños en todos los que habitan la masión, que se acrecientan ante la presencia de una “encantadora” Eva. Primero, el encierro perpetuo y el alcoholismo de Avery, las pesadillas de uno de los hijos pequeños de Eva con ella como centro del sueño, el odio no ocultado de la joven cuñada, o la pena que arrastra una mujer que visita la casa y que ha perdido la cabeza…, todo indica a la joven Jennifer que algo ocurre en ese hogar, algo muy oscuro.

El relato avanza según Jennifer va abriendo sus ojos a la realidad, a la forma de ser de Eva. El conflicto y la definitiva apertura de ojos de la joven visitante se da cuando Eva se entera de que su cuñada va a casarse con Jud (siempre maravilloso y atractivo John Ireland), un antiguo empleado del negocio de su marido. Ahí la abeja reina empieza a destaparse ante la inocente joven, que se da cuenta de que también baila a su son. Jud, además de amigo de Avery, fue en el pasado amante de la arpía. Y esta no está dispuesta a dejarle marchar con otra dama, que para más inri tiene menos años. Su maquinaría se pone en marcha y no parará hasta que esa boda no se celebre, aunque vaya demasiado lejos… incluso para ella misma. La tormenta se desata en la mansión y las consecuencias son terribles. Eso sí Eva Phillips siempre lucirá impecable, incluso en sus momentos de máxima furia o cuando pincha su aguijón una y otra vez sobre su marido o sobre los seres que tiene alrededor. No puede soportar ser destronada. Y su trono no deja de estar una y otra vez en peligro.

La abeja reina es un deleite, y sí, quizá como escribía la pluma certera de Moix, involuntariamente cómica…, pero ahí reside todo su encanto, su fuerza y su disfrute total. Merece la pena dejarse llevar por Eva Phillips… y cómo va dejando surgir su aguijón que pica a todos los que viven cerca de ella en esa mansión sureña.

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