Hioliday inn

Feliz Navidad…

Y esta vez toca pasearnos por los fotogramas de Quince días de placer (Holiday Inn, 1942). Es una película navideña de 1942. No es ni de las más recordadas ni de las más conocidas, ni siquiera es redonda ni perfecta y contiene ingredientes para criticarla negativamente, pero tiene otros muchos rescatables… Esto es lo que pasa con la vida de muchos de nosotros: no seremos ni conocidos ni recordados, nuestras existencias no serán ni redondas ni perfectas, probablemente haremos muchas cosas mal, pero muchas otras merecerán la pena… En fin, viviremos, que de eso se trata. Pero la película posee un montón de ingredientes que me sirven para desearos el mejor de los años. La dirigió Mark Sandrich, director que se puso al servicio de Ginger y Fred y dejó obras cumbre de la pareja como Sombrero de copa. Música, danza, burbujas y champán.

En Quince días de placer no falta Fred Astaire. Y a ritmo de claqué es todo más fácil, pese a la complejidad de la danza. Y es que Astaire hace fácil lo difícil. Eso es una buena premisa para la vida y para todo lo que uno se disponga a llevar a cabo. En la película, se disfruta del Fred más elegante, que baila como quiere con sus paterneires (Marjorie Reynolds y Virginia Dale) o que en solitario salta entre petardos como si nada o que muy bebido por pena de amores se marca un gran número de baile, semiinconsciente. A veces la vida es una danza que no para, el cuerpo se mueve, habla y cuenta…

Año 1942 es tiempo de guerra e incertidumbre. Tiempo de amar, tiempo de morir. Muchos soldados en el campo de batalla y sin tener fecha de regreso. Familias rotas y desoladas. Tiempos convulsos. ¿Por qué no desconectar si se puede en la sala de cine o por qué no escuchar una canción que devuelva la nostalgia de las fiestas? Y puede que uno no sea mucho de villancicos, pero de pronto suena uno y se activa el recuerdo. Quince días de placer tiene varias canciones, pero suena por primera vez un villancico en pantalla de cine, que canta Bing Crosby al piano, junto a un árbol de Navidad, en compañía de la mujer que ama. Es «White Christmas». Una canción sobre la nostalgia de fiestas pasadas donde quizá no había tantas ausencias…

Pero esta vieja película recoge más canciones de un compositor de cine, Irving Berlin, que supo poner banda sonora a nuestras vidas. A veces, faltan palabras para expresar cómo se siente uno… y de pronto suena una canción o una melodía que describe exactamente cómo te encuentras o que desata lo que tienes en el interior o contiene las palabras adecuadas para algo que se quiere expresar. Hay otra canción en su banda sonora que se titula «Be careful, it’s my heart»… Cuidado, este es mi corazón… Sí, desnudarse ante aquellos que te quieren (y también ante los que no) y pedir un poco de cuidado, que uno es sensible. Y uno también tendrá cuidado con el corazón del otro. ¿Para qué romperlos?

Holiday Inn

…. y feliz año 2019.

El argumento de Holiday Inn es pequeño, incluso intrascendente, amable. Pero habla de un sueño. Un artista cansado de incertidumbres decide irse al campo a una granja, allí descubrirá que la vida campestre es dura, que no tiene nada de idílica…, pero no renunciará a su sueño sino que lo transformará. Quiere una vida sencilla, idílica y sin ambiciones… Y decide montar en la granja una especie de local, aislado del mundo, con espectáculos y champán… que solo abre durante los días festivos. Donde tendrá también dificultades, rivalidades y penas amorosas…, pero el Holiday Inn será un lugar más cercano a sus sueños, pese a la dificultades y las mezquindades de la vida. Y tratará de a pesar de los pesares, que todo fluya bien y crear buenas veladas y buenos espectáculos de calidad.

Curiosamente la estructura de la película transcurre durante un año y solo en fechas señaladas, en festivos, que es cuando se abre el local. Y nace una historia. De ahí podría salir la estructura de un cuento, la vida de una persona solo en los días festivos del año… Y la vida pasa, transcurre, y todos los años se celebran las mismas fechas. Todos los años se celebra el día del padre, el de la madre, San Valentín y otras fechas conmemorativas… y, por supuesto, Navidad y fin de año… Y en un año ocurren un montón de pequeñas y grandes cosas… Pues bien deseo que todos tengamos un buen 2019, y ¿qué quiere decir eso? Pues que el plato de la balanza de proyectos, sueños y acontecimientos positivos esté más lleno que el plato de la balanza de los problemas, dificultades y obstáculos.

Y seguimos dentro de esta pequeña película, y hay un momento en que a este lugar idílico llegan dos productores de Hollywood. Y, claro, les entusiasma la idea. ¿Qué hacen? Recrear dicho lugar en un estudio enorme y crear la ilusión del Holiday Inn para la pantalla grande. Silencio, se rueda una película. Y ahí a ese plató, va el hombre que no tiene ambiciones, pero sí un sueño, a recuperar a su chica, que ahora es una actriz que idealiza para la pantalla tiempos felices, pero que encierra un corazón triste, sin amor. Y se pone en marcha la magia del cine, las cámaras ruedan y captan la ilusión de que algo hermoso va a ocurrir. Claro, suena otra vez «White Christmas». Y, por supuesto, hay un final feliz con apoteosis de canción y baile. No podía ser de otra manera. Así Quince días de placer de manera sencilla refleja el amor hacia el cine y la pantalla grande. Y ese enigma que hace que quedemos atrapados frente a esa pantalla y tengamos ganas de meternos en una secuencia y que Fred Astaire nos saque a bailar con un sombrero, su frac y una copa de champán…

Así que queridos amigos del ciberespacio… solo desearos una Feliz Navidad y una mágica entrada a un nuevo año de nuestras vidas. Por lo menos, algo sabemos seguro: que compartiremos y veremos un montón de películas. Beso.

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